LA BIBLIA DE LOS LOCOS SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO 3º

LAS TENTACIONES DE JESÚS.
“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre.”
Así, recién bautizado, sin tiempo ni para pensárselo, se ve Jesús en el desierto. Allí le anduvo el demonio buscando las vueltas al bueno de Jesús, pero nada pudo. Esto son cosas del Señor Dios. Llevar a su hijo amado, su predilecto, al desierto para ser tentado. Dice que después de cuarenta días de ayuno, al final tuvo hambre. Y ¿qué esperaba? Lo que no sé es como siguió hablándose con su padre después de cabronada semejante. Cuarenta días sin un triste saltamontes con miel que llevarse a la boca y seguir vivo, otro milagro. El Señor Dios tiene un camino, un estilo propio para componer sus designios. Le gustan estas cosas y no voy a llegar yo, dos mil años más tarde, a ponerlas en tela de juicio. Siempre le han gustado, desde el principio de los tiempos nos ha colocado episodios de este tipo, Él, o los que se apuntaron a escribir esto que tengo entre las manos. Por ejemplo: Le gusta el número cuarenta. Es más, yo diría que es su número favorito.
En el diluvio, ¿cuántos días estuvo lloviendo con las compuertas del cielo abiertas? Cuarenta, sí señor.
Moisés, ¿cuántos días estuvo con el Señor Dios sin bajar del monte Sinaí? Cuarenta, otra vez.
Israel, pueblo elegido, ¿Cuántos años vagó por el desierto comiéndose el maná famoso? Exactamente, cuarenta.
La mujer, según se dijo en este libro, después de dar a luz a un barón será impura por siete días y continuará purificando su sangre treinta y tres días más, que sumados a los siete anteriores nos da, ¿qué cifra? Cuarenta que te casco.
El ayuno de Jesús, ¿cuántos días nos ha durado? Cuarenta, justos y clavados.
Alí Babá, ¿de cuántos ladrones hablamos? Ni más ni menos que cuarenta. Ya sé, no tiene nada que ver con la biblia.
Son enigmas, números mágicos con mensajes cifrados, o descifrados, yo qué sé. El que tenga interés que indague sobre el número cuarenta, u otros que también aparecen con frecuencia en este libro. También es curioso cómo, a lo largo del mucho tiempo que transcurre en este sagrado libro, de los personajes que van y vienen con sus cuitas y gazapos, se nos cuentan sus ascendientes y descendientes, su concepción milagrosa o no, su edad, sus mujeres y concubinas, las cabras que tenían, de todo, sin embargo con el demonio, que sigue siendo el mismo de la primera página, en ningún caso se ha perdido un momento para darnos algún dato más sobre él. Solo que se ha pasado la historia toda maquinando tentaciones, que se le da bien, porque es hoy el día que las sigue fabricando y cada día de más calidad, más elaboradas. Que yo las he tenido y visto que ni contarlas puedo.
JESÚS LLEGA A GALILEA.
“Jesús, impulsado por el espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.”
Impulsado por el espíritu. Dicho así, más que una paloma, parece que regresó a Galilea en una moto Vespa.
JESÚS, RECHAZADO EN NAZARET.
Aquí, en la sinagoga de Nazaret, fue donde Jesús empezó a decir verdades, con el peligro que acarrean estas cosas entre los judíos de la época. Esta fue la primera:
“Ningún profeta es bien recibido en su tierra”
La broma casi le cuesta la piel, que se lo llevaron a la cima del monte donde estaba edificada la ciudad con intención de despeñarlo, digo yo que por hacer cierta la máxima que tan alegremente había expuesto. Sin embargo la cosa se quedó en susto, porque dice el libro: “Pero Jesús pasó por en medio de todos y se fue” Esto podría considerarse el primero de sus milagros. Que la muchedumbre esta, famosa por su afición a las lapidaciones y masacres, se quede paralizada mientras el faltón se vuelve a su casa sin despeinarse, está muy cerca de lo milagroso. Muy cerca.
CURA A UN ENDEMONIADO.
Aquí el asunto ya se escapa al común entendimiento. Porque no sabemos lo que entonces entendían por endemoniado. Hoy en día este trabajo lo resuelven un montón de sicopedagogos y especialistas en trastornos antisociales de la conducta. Hay todo un arsenal de sabiondos, sabelotodo dispuestos a desmantelarle el cerebro y volvérselo a montar al primer síntoma del desgraciado. Un minucioso examen de su comportamiento lleva a estos especialistas a descubrir sin ningún género de duda la causa de las dolencias mentales del paciente. Así puede darse el caso de que todo provenga de vivencias o traumas de su infancia y juventud. Hay que tener mucho cuidado con los niños porque el día de mañana puedes tener en casa un monstruo sicópata. Por eso hoy en día se permite a los niños hacer cualquier estupidez que se les antoje, para que no se traumaticen y se conviertan en monstruos mañana, es mejor que sean monstruos ya, desde la infancia. Acabada la terapia uno se queda peor que cuando la empezó, pero con un montón de trucos, recursos y pastillas para que no se note. Nada que ver con un milagro.
JESÚS CURA A LA SUEGRA DE PEDRO Y A OTROS MUCHOS.
Lo mismo da que sean fiebres, que cualquier otra dolencia, que a todos imponía las manos y los sanaba. De ellos salía la enfermedad y los demonios si los hubiere, y en este caso es fácil que los hubiera por tratarse de una suegra, que todos sabemos cuán dados son los demonios a intervenir en ellas. Dice el libro que los demonios salían gritando:”Tú eres el hijo de Dios” y él los mandaba callar. Yo he visto casos en los que quien grita es directamente la suegra, sin demonios. Este hombre pasó a la historia por ser el hijo de Dios, que no es poca cosa, pero como médico también podría haber pasado. Ya no te digo si se hubiese dedicado a sacar demonios alojados en suegras. Yo tengo que reflexionar sobre este tema. Es increíble como esta intervención diabólica en las suegras se viene produciendo desde la antigüedad. ¿Por qué esta dolencia no se manifiesta en la mujer hasta que no se convierte en suegra? ¿O es que tienen un gen encubierto que se activa en cuanto se casa la descendencia? No sé. Tendré que investigarlo.
JESÚS RECORRE GALILEA.
“Debo anunciar también el reino de Dios a las demás ciudades, porque para esto he sido enviado. Y marchó a predicar en las sinagogas por toda galilea.”
Desde luego al que le toca en este libro llevar a cabo una misión, la que sea, lo mismo da como patriarca, que como profeta, que como mesías, ya puede preparar las sandalias, porque lo que es andar de un lugar a otro sin descanso, eso, lo tiene garantizado. Bien claro tenía Jesús que la campaña de propaganda era importante. Marketing lo llaman hoy.
JESÚS CURA A UN LEPROSO.
En cuestiones médicas no parece haber secretos para el Mesías. El los sana y ellos se marchan pregonando a voces el milagro, a pesar de que Jesús les pide que guarden silencio. Poco conocía Jesús al género humano si creía que después de sanar cómo sana, alguien se iba a quedar calladito. Sanar milagrosamente de una enfermedad y no poder airearlo a los cuatro vientos es peor que seguir enfermo. Así las cosas ya todo el mundo sabe de los prodigios y Jesús tiene que evitar las ciudades y tumultos.
“Andaba fuera de poblado, en lugares solitarios, y acudían a él de todas partes.”
CURA A UN PARALÍTICO.
Estando Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa, y se organizo un tumulto más que importante. Todos querían curación y consejo y ya no cabían. Entonces se presentaron cuatro trapecistas acompañando a un paralítico, pero no había manera de llegar al Mesías, así que ni cortos ni perezosos se subieron al tejado, hicieron un boquete donde estaba Jesús y por allí descolgaron al paralítico con su camilla. Jesús, viendo tanta fe le perdonó los pecados (yo creo que el paralítico venía a otra cosa). Podían haberse caído todos por el boquete abajo y entonces el milagro habría sido otro. Había entre la multitud allí reunida algunos maestros de la ley y se preguntaron:
” ¿Cómo habla así este? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”
No sé qué hacían en casa de Jesús estos señores con tantas ganas de pleito. Jesús, para que vieran que el hijo de Dios tiene poder para eso y para más, curó al paralítico, que salió de allí por su propio pie(a esto es a lo que venía el paralítico, creo yo), limpio de pecado y más contento que unas pascuas. No sabemos qué fue de la camilla ni quién reparó el agujero del tejado, porque en estas reuniones y jaranas, cuando se acaban, la gente se va cada uno a su casita y nadie quiere saber nada de los desperfectos causados.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO 2º

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS.
“Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella…”
Esto se lo preguntaron al mismísimo rey Herodes. No sé qué tipo de estrella o señal usaban estos magos de pacotilla, que en lugar de llevarlos directamente hasta el niño les hizo dar de morros con Herodes. Tampoco dice en ningún sitio que fueran tres, ni que fueran reyes, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, y desde luego nada de que Baltasar fuese negro. Solo se habla aquí de magos de oriente. Investigando sobre este asunto he encontrado algunas explicaciones pero, lo que es en la Biblia, no lo dice en ninguna parte. Yo, después de mucho consultar, he decidido escribir aquí la más fiable a mi modo de ver. Le pregunté a un consumado experto sobre el tema. Mi sobrino, seis años tiene. Dice que, efectivamente, los reyes magos son tres. Se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar. Baltasar es negrito. Viajan en camello y cualquiera puede comprobarlo cada año por navidad por muy palurdo que sea.
Yo con esto de los tres reyes magos me he llevado una gran decepción. Menuda patraña. Con la cantidad de golosinas, agua para los camellos y zapatillas que se han puesto en miles de hogares y resulta que en La Biblia ni se menciona a estos tres. No solo se ha engañado a los niños haciéndoles creer que volvían cada año con regalitos, se nos ha engañado a todos. Todos los padres del mundo haciéndoles el trabajo y ganando para ellos una estupenda reputación, y no existieron nunca. Nunca. NUNCA.
Bueno, pues como esta es La Biblia de los Locos, voy a explicar yo cómo es que sí existieron. Los reyes magos eran tres vendedores de enciclopedias puerta a puerta. No eran magos pero como se daba el caso de que el noventa por ciento de las enciclopedias que vendían, se las vendían a gente que no sabía leer, hoy sigue pasando, pues la gente pensaba que algo de magos tenían que tener. Además vendían mucho y por eso aunque no eran reyes vivían como tales. Entonces fue que llegaron al portal de Belén porque se enteraron por unos pastores. Los pastores como todos sabemos se pasan mucho tiempo en soledad, sin otra cosa que hacer que ojear todo lo que cae en sus manos, y aunque muchos no supieran leer, se distraían mirando los santos (ilustraciones), por eso compraban enciclopedias y trataban con estos vendedores. Los pastores eran los únicos que sabían lo del niño Jesús y las profecías y así fue como los tres vendedores acabaron en el portal de Belén, porque allí había tumulto y personal al que endilgarle otra enciclopedia. Baltasá no era negro, Baltasá(la erre se la pusieron después) era el encargado de atizar la lumbre y atender el fogón allí donde acampaban, por eso andaba tiznado todo el día. Eso se puede ver también en nuestros días, que en muchas de las cabalgatas se ve claramente que Baltasar no es negro, que va tiznado. En el portal de Belén vendieron mucha mercancía porque entre pastores, curiosos y creyentes se juntó una muchedumbre toda la noche. En atención a aquella humilde familia, que soportaba tanto ajetreo con paciencia y amabilidad, le dejaron al niño un montón de regalos además de una edición especial de la “Enciclopedia del Saber de Todo lo Habido y lo por Haber” encuadernada en piel de camello palestino. Cuando se dio por terminada la celebración y bienvenida, al amanecer, y fueron a emprender de nuevo viaje comprobaron que les faltaban dos de los tres camellos, por eso, desde entonces, vienen a traer regalos y presentes, pero clandestinamente, sin público.
LA HUIDA A EGIPTO. MATANZA DE LOS INOCENTES Y REGRESO A NAZARET.
Al igual que en el antiguo testamento, la vida de los elegidos, profetas, jueces o mesías, tiene un principio y condición ineludible, la huida. El Señor Dios se aparece en sueños a José para que pongan tierra de por medio. A Herodes, rey con un amplísimo historial de crueldades y salvajismo, le ha parecido muy mal que los magos de oriente no le dieran aviso del lugar en que había nacido el rey de los judíos. Así es que todos los niños de la comarca que tengan menos de dos años, que se olviden de cumplir más. Vamos a degollarlos a todos. Otra matanza, que en este libro ya es cosa común. Matar todos los niños de dos años para abajo es cosa salvaje que no tiene disculpa, es cierto. Yo siempre he imaginado este episodio como una masacre, con montones de niños inocentes ajusticiados, al estilo de este libro, a machetazo limpio, por la brava mientras sus madres y padres gritan desconsolados y se tiran de los pelos. Sin embargo, después de consultadas algunas fuentes, parece ser que Herodes nunca hizo semejante cosa. Y si la hizo, los niños menores de dos años nacidos en Belén en aquel tiempo no llegarían a la docena, cantidad que hoy en día tenemos más que degollada para el telediario de las tres sin que sepamos a qué Herodes atribuírsela.
“Al morir Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel…”
Antes de esto, con motivo de la matanza infantil arriba dicha, había huido José con su virginal esposa y el niño a toda mecha pero en dirección contraria. A mí, este José, con tantos sueños, sustos y revelaciones me da un poco de lástima. Él, un carpintero tranquilo y bonachón sin otro afán que sacar virutas con su garlopa, anda ahora corriendo escondido de un lado para otro, tirando de un burro, con el corazón en un puño, durmiendo a ratos entre sueños y revelaciones, con todo el peso de la divina misión sobre sus espaldas. Del burro nunca se ha dicho nada. Ni su nombre ni filiación alguna, aunque pudiera ser que también haya sido un embuste, que salga en las postales porque queda bien, entrañable y la huida y posterior regreso lo hicieran a pinrel.
EL NIÑO JESÚS EN JERUSALÉN.
Cuando el niño Jesús tenía doce años sus padres lo llevaron a las fiestas de Jerusalén, no sé si en burro o andando. Cuando acabaron las fiestas y emprendieron regreso, el niño Jesús se quedó en Jerusalén y sus padres no se dieron cuenta, creyendo que iba en la caravana con otros parientes. Al siguiente día volvieron a buscarlo y lo encontraron en el templo dando palique a los doctores, admirándolos con su inteligencia, dice el libro. Un niño normal se habría quedado jugando a pica, al escondite inglés o filisteo, atiborrándose de la repostería típica del lugar, pero el Mesías no, el Mesías se quedó contrastando pareceres con los doctores y disertando sobre temas serios. Esto a todas luces indica que el niño ya entonces era raro, un niño raro. Cuando sus padres le recriminaron por esto y por el disgusto que tenían, el muchachito les contestó:
“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi padre?”
Y aquí, en la biblia de los locos, este es el momento en que el Mesías se llevaría una buena bofetada por contestón. Que en aquellos tiempos no estaba mal visto ni hubiera extrañado a nadie. Pobre José, además del susto, tener que aguantar esto sabiendo como sabemos que hijo suyo, lo que se dice suyo, no es.- ¿Los asuntos de tu padre? -Pues a ver quién te ha criado desagradecido. ¿Dónde estaba tu padre cuando las caquitas?
ALTO EN EL CAMINO Y ACLARACIÓN.
Voy a hacer aquí un alto y aclaración porque, aunque parezca mentira, en este libro que tengo delante, o faltan páginas, o faltó la iluminación acostumbrada a la hora de escribirlo. Digo esto porque nos hemos quedado sin la infancia y pubertad del Mesías. Nada, que no dice el libro ni una palabra más de las ya dichas. Se nos van los escribientes a contar lo que hizo y predicó Jesucristo con treinta años. ¿A que parece mentira que haya tanto que contar de sus últimos tres años de vida, de su milagrosa concepción, de magos y pastores, de Herodes y niños muertos y nada del Jesús con granos y la edad del pavo? Vamos a ver: Si ya se sabía que este niño era cosa del Señor Dios. Si anduvieron los magos de oriente indagando más de la cuenta porque había una estrella que lo anunciaba. Si se mataron criaturas de menos de dos años por causa de su nacimiento. ¿Cómo es posible que le perdieran la pista hasta los treinta años?
¡VAMOS A VER! ¿CÓMO ES POSIBLE QUE NADIE SEPA NADA DE ESTE NIÑO? ¿ES QUE EN ESTE LIBRO NO SE VA A CONTAR NADA CON NORMALIDAD, O QUÉ?
Se me han de perdonar las voces del párrafo anterior, pero es que hay cosas en este libro que me enfurecen.
Ya decía el Señor Dios en capítulos anteriores que este era un pueblo cabezón y de poca memoria. De ninguna diría yo.
Dando por sentado que fuera el nacimiento de Jesús tal y como aquí se cuenta, con tan misteriosa concepción, a nadie hubiera extrañado que, dentro del milagro, naciera el niño con treinta años cumplidos y barba cerrada. Con bien poca fe de más se habría tenido el asunto por cosa ordinaria y corriente, porque con nacimiento tan fantástico, y muerte tan trascendental como la que tuvo, se echa de menos una infancia y juventud en este libro. Es verdad que la infancia existe fuera de él, en los llamados evangelios apócrifos, pero yo ya tengo bastante con dar término a esta empresa sin meterme en otras nuevas.
PREDICACIÓN DE JUAN.
“Juan tenía un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.”
Dicho así, más parece un hippy montonero que un profeta. Pero este Juan es el artífice del bautismo. Predicaba en el desierto de Judea, confesaba los pecados y bautizaba gritando a los cuatro vientos la venida del hijo de Dios, la hora de la verdad, el juicio final, el acabose. No anduvo fino en los cálculos, porque él lo creía cercano y llevamos dos mil años sin que llegue tal cosa. Yo, que también soy casi profeta, no puedo adelantar fechas, pero llegar llegará, creo que sin aviso previo, porque estamos haciendo méritos para conseguirlo sin que medie ningún Dios en ello, por nuestra cuenta. Si habrá o no juicio final, eso no lo sé, yo creo que vamos a ser aniquilados todos, sin preguntar. Por supuesto que yo, después de escribir esto, en el juicio final no tengo posibilidades, el Señor Dios me apuntará con el dedo y me señalará el camino al infierno sin mediar palabra. La sorpresa será para otros que creen tener el cielo ganado y se van a venir por la misma puerta.
Tanto empeño puso Juan que hasta él se llegó el mismísimo Jesús para ser bautizado, cosa a la que Juan puso trabas, que no es cosa normal que bautice el profeta al mesías profetizado. Es verdad que el Mesías se nos presenta al bautizo algo mayorcito ya, que con las maneras que apuntaba cuando tenía doce años, en las fiestas de Jerusalén platicando con los doctores, podría esperarse un entendimiento más temprano, pero así es como nos lo cuentan aquí. Se ha de decir aquí que Juan el Bautista y Jesús, el Mesías, eran primos, por parte de madre, claro, según se deduce de lo escrito en este libro. Yo no sé si lo que tal vez empezó como un juego siendo niños, (que no sería de extrañar que los pequeñuelos jugasen por aquél entonces a ser profetas unos, mesías otros, centuriones los más brutos, sacerdotes y filisteos dispuestos a crucificarse unos a otros y toda esa mezcolanza de personajes y amenazas con que los mayores andaban) se les fue de las manos a medida que crecieron.
-Que tú eres el Mesías, Jesús, que te lo digo yo. Que llevo años aquí en el desierto diciéndolo y bautizando al personal, y comiendo saltamontes con mi vestido de pelo de camello y mi cinturón de cuero a la cintura.
-Vale. Venga, ahora me bautizas y ya me pongo yo a predicar también.
Allí se abrieron los cielos, bajó el espíritu de Dios en forma de paloma y se oyó la voz del todopoderoso: “Este es mi hijo amado, mi predilecto.”
Y hacía pero que mucho tiempo, en este libro, que el Señor Dios no hablaba así, directamente, sin intermediarios.
Así queda confirmado, sin género de duda, que Jesús es el mesías, el hijo de Dios. Y Juan el Bautista, aplicando la lógica asnal que me caracteriza, es el sobrino de Dios, que no es moco de pavo. Al que no lo tenga claro más le valdría preparar sus tiernas carnes para el fuego abrasador del infierno profundo. Allí nos vemos.

 

REFLEXIONES NAVIDEÑAS II (CARTA A LOS REYES MAGOS)

Queridos Reyes Magos:
Soy un niño de cincuenta y ocho años y hace ahora cincuenta que dejé de escribirles. Dejé de hacerlo porque en la escuela me enteré por otros niños mayores de que lo suyo era todo una patraña. Me enteré en el kiosco al que acudíamos a fumar mientras las inocentes criaturas de nuestra misma edad seguían disfrutando del recreo allá en el patio y creyéndose a pies juntillas que entraban ustedes por la ventana con camellos y todo. Me lo dijo Balboa, que ya por aquel entonces apuntaba maneras y falta de piedad. No empatizaba, que dirían ahora. El caso es que me enteré y dejé de escribir esas cartas que nunca llegarían a parte alguna. Aunque bien pensado nunca agradecí a Balboa que fuera tan honesto conmigo, cruel sí, pero honesto a carta cabal, porque él pensaba que con unos hombrecitos como nosotros, que arriesgábamos reputación y nalgas para fumar un pitillo a escondidas, no pegaba ya esa ignorancia ñoña. Cuando lo soltó allá en el kiosco, entre volutas de humo, lo dijo como si fuera una cosa sin importancia para que la importancia recayera toda en su persona. Se armó una buena trifulca porque alguno de los ignorantes no encajó la revelación como encajamos estas cosas los hombres bien templados. Yo, por el contrario, le di una larga chupada a mi cigarrillo, miré de soslayo a Balboa entrecerrando un ojo y dije lentamente, con parsimonia, como sin ganas, -Ya me lo temía, no me coges de nuevas, Balboa. Más tarde, cuando salí de la escuela, ya lloré camino de casa todo lo que quise, pero allí, en el kiosco, allí aguanté el tipo.
Entonces, se preguntarán sus majestades, si no crees en nosotros ¿por qué nos escribes?
Pues es que ahora vuelvo a creer. No me ha quedado otro remedio que volver a creer un montón de mentiras que ya tenía abandonadas. Me trago, cada día, una mentira detrás de otra, sin descanso. En la tele, en el periódico, en internet, en la puta sopa. Los que tienen sueldos, pensiones y privilegios de emperador piden más sacrificio y menos protesta. Dan lecciones de honradez los que meten la mano en el cajón y tragan a dos carrillos. Pregonan trabajo duro y sacrificio los vividores de coche oficial, profesionales de la comisión y la mordida. Hablan de bienestar, de derechos, de logros, metas, avances, éxitos, beneficios y recompensas los que las disfrutan y reparten. Piden respeto por la ley y la justicia los que la tienen comprada. Y todo me lo creo. Todo. Por eso me ha costado muy poco volver a creer en ustedes, los Reyes Magos de Oriente. Ha sido súper fácil, que diría mi prima la cursi.
Bueno, ahora voy con la parte de petición que me corresponde.

Queridos Reyes Magos:
Quiero un traje de político de la talla 54 para poder mentir, comer, viajar y follar a costa del erario público, tener pensión asegurada y todos esos privilegios sin importancia que mis votantes me otorgan con alegría y aplauso.
Instrucciones de entrega.
Dejaré la puerta de mi casa abierta para que no tengan ustedes que andar a sus años saltando por las ventanas ni corriendo riesgos innecesarios. Una vez en el pasillo, la segunda puerta de la derecha es el dormitorio de mi madre, ya es mayorcita la pobre y tiene el sueño ligero, entren despacito y con cuidado porque como despierten a mi madre salgo y los deslomo. Los camellos se dejan fuera, ataditos en la baranda del porche.
No busquen golosinas porque no voy a dejarles ninguna, que los he visto estos días en la tele y están ustedes algo más que fondones.
P. D.
A ver si una puta vez traen ustedes lo que les pido.

 

LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.

Yo, como ha sido mi costumbre desde que inicié este particular análisis, seguiré en esta segunda parte de “La Biblia de los locos” regalando alegremente esta ignorancia que me consume y dejaré que sean otros, mucho más instruidos, los que juzguen. Estos, los instruidos, han manejado este mundo desde tiempos inmemoriales, han decidido lo que sí y lo que no, lo que es cierto y lo que es falso, lo que se ha de hacer y lo que no se ha de hacer. A mí, lo que han hecho con el mundo en estos miles de años, me espanta. No sé que habría sido del mundo si otros más ignorantes y menos preparados hubieran tenido vela en este entierro, pero sospecho que no lo habrían hecho peor. Yo, personalmente, aprecio más los consejos y opiniones de los que esta clase culta y formada considera ignorantes sin instrucción, porque están libres de dogmas y de catecismo interesado y por eso, como parte de este colectivo de borricos, digo lo que digo. Soy un borrico desde mi más tierna infancia. Así que me llegué a la escuela, ya certificaron esta condición. No progresaba adecuadamente, no prestaba la atención que mis maestros creían merecer, no participaba del maravilloso proceso de aprendizaje planeado para mí. Tenía la cabeza en otros asuntos más interesantes, divertidos, placenteros y humanos. Hoy, aceptada esta condición, disfruto de ella y veo la vida desde una perspectiva diferente y extraña para todos aquellos que progresaron adecuadamente, prestaron atención y se creyeron la fritanga educativa de los instruidos. Veo la vida con mis gafas oscuras, muy oscuras, con cristales ahumados. Me las ha recetado el oculista, no me las quito porque, no sé si a ustedes también les pasa, o si será la edad, el caso es que cada día veo más gilipollas. Digo esto porque se sepa qué tipo de cavernícola montaraz es el autor de esto que tienes ante los ojos.
Seguiré pues con el Nuevo Testamento. No sé por qué sigue llamándose así si tiene años suficientes como para llamarle viejo.
LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.
CAPÍTULO 1º
Al lector. “Si encuentras una verdad, algo importante que decir, ni se te ocurra abrir la boca”.
Concluida la lectura trivial e ignorante del Antiguo Testamento debería de haber quedado claro y explicado para todos, los miembros del pueblo elegido y los que no lo somos, que el Señor Dios hace y deshace a su antojo, que no tiene que rendir cuentas ante nadie, que los hombres no tienen que entender las divinas razones y que esto que estás leyendo es uno más de los pecados que acostumbramos a cometer los que, a modo de relleno, poblamos la tierra sin haber sido elegidos. No es de extrañar, pues no se espera otra cosa de nosotros que el deambular desorientado entre el terror divino y la bestialidad a la que nos inclina nuestra humana condición, la mía por lo menos. Hora disfrutamos de la paz y el progreso, hora nos exterminan por ocupar un espacio reservado a los que, a los ojos de Dios, lo merecen. Yo lo prefiero así. Que nadie tenga para mí un plan, ni expectativa tan elevada, que convierta mi paso por la tierra en una sucesión de pruebas estúpidas. Que no tenga yo un glorioso paraíso sin el que poder quedarme, ni el deseo de lograrlo que me trastorne el espíritu convirtiéndome en esclavo de las reglas que lo alcanzan.
Empieza el Nuevo Testamento con los evangelios. Son cuatro. Tres sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Y el de Juan. Si alguien está esperando que yo explique aquí por qué estos cuatro y no otros, por qué estos nombres y categorías, se ha equivocado de libro, eso queda bien claro leyendo el cuento de los tres cerditos. Tampoco pienso explicar el por qué este Nuevo Testamento discurre paralelo y cumpliendo mansamente las profecías del Antiguo Testamento. Cada cual lo interprete según su criterio, si es que ha sido capaz de conservarlo formando parte de este rebaño amaestrado en que nos hemos convertido. Baste decir que estos cuatro evangelios son los que la iglesia católica reconoce como inspirados por Dios, y esto mismo me hace a mí dudar de ellos. El por qué otros no estaban inspirados por el Señor Dios, es algo que explican los doctores de la iglesia con argumentos y razones que ya sabemos todos a qué suenan.
Jesucristo se limitó a predicar la buena nueva al pueblo sin escribir cosa alguna, que se sepa. Nada tiene de extraño dando por sentado que es hijo, según se asegura en este libro, del mismísimo Señor Dios. Al igual que su padre lo suyo es iluminar, por medio del espíritu santo, a aquellos que han de escribir su palabra y hechos, sin dejar ni una letra propia y así, al leer el Nuevo Testamento, nos encontramos ante la misma disyuntiva que nos presentaba el Antiguo Testamento. ¿Es lo que leemos palabra de Dios y verdad? ¿O es palabra de hombre y por lo tanto atiborrada de mentiras?
Yo, después de tantas horas dedicadas a la lectura de las creaciones, maravillas y prodigios de su santo padre, no quiero asegurar nada. Sospechas tengo, pero seguro solo estoy de una cosa, “la que no hace distinción”, me ha de llegar y acabarme. A mí y a todos. Es verdad que mandar un hijo al matadero, para redimir a quienes han de matarlo, es cosa que cuadra con las divinas ocurrencias que ya conocemos y es hecho cuya comprensión no está al alcance de mi pobre condición. Porque a mí estas ocurrencias que se dan por divinas, como divinas no las entiendo. Como humanas, salidas de mente humana, iluminada además, sí. Ya las entiendo. .
Dicho esto seguiré con mi lectura ignorante y despreocupada. Y escribiendo sin otra iluminación que la bombilla acostumbrada.
Siguiendo con lo que en este libro es tradición, los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas son, básicamente, la misma cosa contada tres veces. Repetición. El de Juan también cuenta esto mismo, pero con otro aire. También es costumbre que sean contados los hechos y milagros por gente que no estuvo en ellos. Yo, que tampoco estuve allí, lo contaré una vez sola, a mi ignorante entender y manera, basándome en lo que ellos y otros escribieron y sin atreverme a suponer que lo que yo escribo ahora fuera alguna vez verdad cierta.
LOS ASCENDIENTES DE JESUS.
Lo primero: genealogía completa desde Abrahán hasta la concepción virginal de Jesús. Aunque de la concepción virginal, Marcos y Juan en su evangelio no parecen saber nada. Es cosa bien extraña que naciendo Jesucristo de mujer virgen no hagan estos escribientes ni mención. A mí me parece tanto milagro este como separar las aguas del mar Rojo, si no más. Porque las aguas son al fin y al cabo aguas, sometidas a unas leyes físicas que el Señor Dios controla a la perfección, pero las mujeres no están sometidas a ninguna ley física. Ni entonces ni ahora hay ley física que explique ni controle lo que una mujer puede hacer o no hacer según su propio criterio, ni un Dios capaz de manejar esos genios. Otra cosa me pregunto: si, según se cuenta en este relato, es José quien desciende del rey David, y la virgen María concibió por medio del espíritu santo, sin tener relaciones con José, ¿cómo se puede mantener que Jesús descienda del rey David? Cientos de expertos y estudiosos se han encargado de explicar esta curiosa cuestión con argumentos irrefutables, es decir, indemostrables, es decir, que cada uno crea lo que le venga en gana. Lo que sí está claro es que, por parte de su madre, el árbol genealógico de Jesús está llenito de mujeres de dudosa reputación. Tamar, que se hace pasar por prostituta. Rajab, que es prostituta declarada. Rut, que tuvo que meterse debajo de alguna manta y Betsabe que engendró a Salomón entre homicidio y adulterio. Esto no es cosa mía, esto lo dice el libro. Con estos antecedentes la vida de este chico ya promete. A mí me gusta.
ANUNCIO Y NACIMIENTO DE CRISTO.
Aquí el Señor Dios va a mostrar de nuevo su poder en asunto de concepciones. Un nuevo reto, pues ya no se trata de hacer concebir a una hembra estéril, cosa más que dominada a estas alturas, sino de hacer concebir a una mujer sin que nadie le toque un pelo. Y esto ya requiere, o más poder para realizarlo, o más fe para creérselo. Ya había quedado bien claro en el Antiguo Testamento que al Señor Dios estos asuntos de la concepción y fertilidad femenina le apasionan, ahora, en esta nueva entrega, asistimos a un nuevo y más ambicioso proyecto. La concepción sin contacto. Ojito, porque esta tecnología en según qué manos…
María era una joven virgen prometida a un hombre descendiente de David, llamado José. Un día, cuando María estaba quitando bolas a un jersey de lana, se le apareció un ángel que se llamaba Gabriel y le dijo:
-Oye María, si te cuento una cosa no te la crees.
María, asustada por el fogonazo que desprenden los ángeles al aparecerse, le contesto sorprendida.
-¡Ay por favor! ¿Qué me dices?
-Agárrate.- dijo Gabriel, y sacándose de la pechera una libreta de apuntes leyó –Vas a ser la madre del hijo de Dios. Vas a concebir un hijo altísimo. No, perdón, del Altísimo.
-¿Pero cómo? Dijo María. –Si yo no tengo relaciones.
A lo que el ángel Gabriel, mirándola de arriba abajo, le contestó.
– Pues, querida mía, no será porque no las merezcas. Bueno, a lo que vamos, tú queda tranquila. Eso es cosa nuestra. Ya el espíritu santo tiene instrucciones precisas.
Y allí se quedó María, pensando cómo explicarle al pobre José que un ángel del Señor había decidido arruinarles la boda.
Conviene recordar que en aquel tiempo era cosa más que común la aparición de un ángel del Señor en cualquier vereda, sendero o encrucijada, con órdenes, mensajes o promesas, según convenga a la historia y a lo que el Señor Dios tenga en proyecto. Y esto que contado hoy, en boca de una virgen, daría mucho que hablar y con los huesos de María en alguna clínica siquiátrica, no extrañó entonces a nadie.
Por si acaso, el Señor Dios mandó un ángel para que, en sueños, sin fogonazos ni sobresaltos, pusiera a José en antecedentes. José creyó, aceptó y consintió. Ni una mala palabra salió de su boca. Tengamos también en cuenta que los ángeles, en aquellos tiempos, encajaban muy mal la falta de fe en sus apariciones. Y tenían potestad, otorgada directamente por el Señor Dios, para dejarte ciego, mudo o tullido si ponías en duda sus palabras. Y esto también ayuda a creer. Sí señor.
Ahora, la época presente, estas cosas importantes te las dan por escrito y con tres copias, para que no haya falsas interpretaciones y quede constancia de qué es lo que se dijo, cómo se dijo, cuándo se dijo y quién lo dijo. Sin fogonazos ni angelotes.

REFLEXIONES NAVIDEÑAS

OTRA NAVIDAD Y JESUCRISTO QUE NO VUELVE
Aquí está otra vez. Yo juraría que no han pasado 365 días, que cuando era pequeño los años duraban más. La Navidad, el nacimiento de Cristo, el hijo del Señor Dios, ese que gobierna el universo todo, todo. Que es capaz de manejar la creación de una supernova más allá del universo conocido, sin dejar de tener un ojo puesto en cualquier hincha de la Ponferradina, a ver qué pecados comete. Un tío increíble el Señor Dios. Nos hizo a su imagen y semejanza. Esto tiene que ser afirmación humana, porque un Dios que se precie y se tenga por tal, no puede andar por el inmenso orbe cacareando a los cuatro vientos que este ser atolondrado y estúpido es imagen y semejanza suya. Sería el hazme reír de los demás Dioses. Los dioses de los otros, los malos. Afirmaciones del ser humano, verdades irrefutables, dogmas inequívocos. Como que la tierra era plana y el sol giraba a su alrededor. Nada de malo tendrían estas verdades si no fuera el hombre tan aficionado a inventarlas como a matar al que no se las crea. Así, matando cada cual con su verdad, nos hemos presentado en esta Navidad 2015
Yo, personalmente, lo que se dice en persona, no he matado a nadie. Animales tampoco. Todos los que me como llegan a mi mesa ya muertos, perfectamente etiquetados y con su registro sanitario. Ya sé lo que está pensando mucha gente pero no quiero hablar de esto, no voy a hablar de esto, yo no he matado a nadie, no te escucho, no te oigo, no no no no la la la la la la la la la la la la la…
A ver, coincidiendo con esta Navidad, yo quiero presentar una queja, hacer una petición al sumo hacedor. Se me trajo a este mundo sin contar conmigo para nada. Además yo creo que demasiado pronto porque llegué siendo un perfecto inútil. Incapaz de nada. Me hubiera gustado presentar esta queja entonces, pero ni hablar podía. Y aún cuando hubiera sabido hablar, ¿cómo consigo yo que mi queja sea tenida en cuenta y se le dé la importancia necesaria si apenas sujeto la cabeza quieta y me hago las necesidades encima? Es verdad que se me ha ido el tiempo entre unas cosas y otras y me he metido en los cincuenta sin presentarla, pero así lo hago con más fundamento.
“Que no me gusta el sitio, jefe, que me cambies de destino”.
Bueno, aquí lo dejo, que ando muy atareado tensando la zambomba para los villancicos, poniendo nacimiento, árbol, espumillón, luces, guirnaldas y una sonrisota de oreja a oreja.
Haya salud y suerte.

LOS NIÑOS NO

No paro de pensar. Yo le llamo pensar. Ya me lo decían en la escuela, cuando solo era un renacuajo, que me pasaba los días “pensando” mientras los demás niños atendían al maestro. Ahora, ya mayor, como no presté atención a lo que el maestro decía, pienso mucho por mi cuenta, tontamente, sin método ni restricciones. Fijarse que digo mucho, no digo bien. Yo sé lo que está pasando aquí. El mundo, con toda su gente dentro, anda perdido y ocupado en sus asuntos. No tiene este mundo tiempo para tonterías. Hay cosas más importantes que hacer cada día que preocuparse de si este planeta y las criaturas que en el hacen vida van bien, o van mal. Esto, todos lo sabemos, es secundario. Pasa que hay un montón de vagos, con demasiado tiempo libre, que prefieren pensar esas idioteces en lugar de trajinar de sol a sol para labrarse un futuro y una posición desahogada para…??… para quien sea. Yo no soy creyente, ni me gusta hablar del padre de nadie, pero Jesucristo, o lo que cuentan de él, sí me cae bien. Si su padre era, o no era, el que él decía a mí me da igual. Otros creen en él y en su padre a pies juntillas, pero hacen lo que les da la gana y no lo que se predicó aquí hace dos mil años. Bien, que hagan lo que quieran. Si lo hicieran como el predicó, sin la codicia, esto tendría otro color, y olor, muy distinto. Digo lo del olor porque a mí me huele a podrido. Jesucristo tendría que darse otra vuelta por aquí y echar un vistazo al patio, que se nos mueren los niños de hambre en este planeta mientras pasan cientos de aviones sobre sus cabezas. Yo sigo pensando. A ver, ¿cuántos quilos de perritos calientes podría cargar un Boeing 747? Dice la wikipedia que son ciento doce toneladas. Bueno pues no vamos a cargarlo a tope, no vaya a ser que se caliente. Vamos a dejarlo en cien toneladas de cada viaje. Es verdad que con perritos calientes caminan estos chiquillos hacia una obesidad casi segura, que esas arterias van obstruirse y que, seguramente, padecerán enfermedades vasculares que darán con sus huesos en la tumba. A lo mejor sería recomendable una dieta más sana y equilibrada. Nada, quieto el avión. Por algo nuestros gobernantes no se los llevan, ellos sí piensan bien, sí escucharon lo que decía el maestro. Ya lo dije, yo pienso mucho, no bien.
Aquí se cometen a diario barbaridades que nosotros, como especie estúpida y necia que somos, tenemos por rutina, pero, ¿los niños?, parece inexplicable que se nos mueran de hambre los niños en este tiempo de derroche, consumo y montones de basura que vivimos, mientras nos preocupamos de si algún futbolista anda triste. Sí, tendría que volver por aquí Jesucristo, pero con más palo y menos prédica. Si viene otra vez con la intención de redimir pecadores que se prepare, porque a estas alturas, con el número de pecadores y la cantidad, calidad y naturaleza de nuestros pecados, tiene un trabajo grande y penoso. A convertir ya no hace falta que venga que dentro de los suyos propios, en su propia iglesia, tiene pecadores más que de sobra para crucificarlo, al menos, una docena de veces. También depende de dónde caiga esta vez. Aquí, en occidente, seguramente no lo crucificaríamos así que lo de resucitar al tercer día no procede. Un hombre como él predicando por las calles el amor, la generosidad, la compasión y todas esas inconveniencias, y diciendo que es el hijo de Dios, acabaría en algún sanatorio mental, eso sí, con la correcta medicación y supervisión de un equipo médico de fantásticos profesionales. Lo que no sé es si babeando por los pasillos redimiría nuestros pecados igual que en la cruz. Puede que sí, que redimiera nuestros pecados, casi todos nuestros pecados, lo de los niños no, eso no creo que tenga redención. Hoy me ha dado por esta cuestión de los niños, ya ves. Pura demagogia. Como no presté atención a lo que decía el maestro confundo las cosas. No me enteré de que lo que es pura verdad y pone en peligro tanta comodidad, ahora se llama demagogia y lo que era demagogia y permite seguir con este ritmo de burdel que llevamos, ahora es verdad cierta. Podemos echar la culpa a toda esa manada de sopla poyas que gobiernan nuestras vidas, gente vendida a Don dinero. Podemos dejar que se ocupen del asunto los misioneros, que tienen enorme corazón y usan la conciencia. O sencillamente seguir hacia adelante, pasar un mal traguito de vez en cuando, aportar alguna moneda y llevar con resignación la idea demagoga y populista de que somos todos unos hijos de la grandísima puta.
Haya salud y suerte.

CHARITO, LA RUBIA DE ARMAS TOMAR.

En una pequeña ciudad, encima de la puerta de una cantina, había un enorme cartel en el que podía leerse, en letras grandes y mayúsculas, LOS COJOS NO PUEDEN ENTRAR EN ESTE LOCAL. Severiano, el dueño del establecimiento, había colocado aquel letrero cuando su mujer, Charito, rubia de armas tomar y cuerpo concebido para el pecado, lo dejó plantado para liarse con Fito el cojo. Salieron pitando a bordo de un potente descapotable que Fito se compró con el dinero de un boleto premiado. Nunca se volvió a saber de ellos. A Severiano, le llegaron los papeles del divorcio de manos de un abogado y acabó firmándolos a cambio de una bonita cifra. Charito, la rubia de armas tomar, no solo había abandonado a Severiano. Días después de su estampida apareció muerto un mecánico del pueblo. Se llamaba Leo. Lo encontraron colgando de una cuerda, desnudo y con una foto de Charito garabateada a sus pies. La nota decía: “Me mato por imbécil, y rezo, desde lo más profundo de mi concupiscencia, para que el cojo y esta mala puta revienten contra cualquier poste”. Toda la ciudad anduvo revuelta y murmurando unos cuantos días con aquel asunto de Charito, del mecánico suicida y de la perfecta redacción y caligrafía de la nota manuscrita
Fue un domingo cualquiera después de misa, con la cantina repleta de gente, cuando algunos parroquianos vieron que se acercaba un cojo. A medida que se acercaba observaron que la cojera era la característica menos llamativa de aquel individuo. Nadie le habría puesto el sobrenombre de “el cojo” al personaje que se acercaba lentamente a la cantina. Vestía todo él de negro y la piel tostada que se adivinaba entre la barba de ocho días parecía parte del vestuario. Dos finísimas rendijas, que parecían hechas con una cuchilla, con unas pestañas finas, blancas y cortas indicaban que allí detrás, bajo el ala del sombrero, pudiera haber ojos. Con otra cuchillada le habían hecho la boca. No tenía labios. Parecía hecho en cartón piedra por un fabricante de marionetas. El cojo se iba haciendo más y más grande a medida que se acercaba a la puerta. En la cantina, avisados los unos por los otros, todo el mundo estaba pendiente de lo que pasaba en la puerta. Muchos salieron a la calle buscando lugar a salvo de lo que pudiera pasar. Otros se quedaron dentro, por ver si el cojo entraba o no entraba. Lo que era seguro es que nadie había visto en toda su vida un cojo tan enorme y siniestro como aquel.
Cuando llegó a la puerta y leyó el enorme letrero el cojo no se inmutó. Se rascó la nuca con parsimonia por debajo del ala del sombrero y en aquella boca sin labios se dibujo una sonrisa extraña que dejaba ver tres dientes de oro. Echó otro vistazo desganado al cartel, se ajustó el sombrero mientras agachaba la cabeza para evitar golpearse con el marco y, mientras entraba en la cantina, con voz cansada dejó salir silbando por entre aquellos dientes. – Atajo de hijos de puta- Dio dos pasos dentro de la cantina, se paró y miró desafiante alrededor. Nadie dijo una palabra, la mayoría disimuló como si aquello de que un cojo entrara en la cantina fuera cosa anodina y sin sustancia. El cojo caminó hasta la barra y allí pidió un vaso bien grande de vino. Mientras el cojo bebía alguno de los presentes, deseoso de tragedia, se llegó hasta casa de Severiano para decirle que un cojo, grande y siniestro, se estaba bebiendo un buen vaso de vino en su local y que no tenía aspecto de asustarse fácilmente. Cuando Severiano llegó a la cantina el cojo estaba sentado a una mesa, tenía un cuaderno delante y dibujaba distraído con un lápiz. A nadie parecía importarle que un cojo bebiera tranquilamente en una cantina donde no había entrado un cojo en los últimos treinta años. Severiano se acercó decidido a echar a aquel cojo de su establecimiento pero se quedó mudo cuando vio lo que dibujaba en su cuaderno. Era una mujer desnuda, rubia, despampanante, era Charito, la rubia de armas tomar, en sus mejores tiempos. Al pie del dibujo había escrito en letras grandes y mayúsculas –ES DE LAS RUBIAS DE QUIEN HAS DE MANTENERTE ALEJADO, NO DE LOS COJOS.
Haya salud y suerte.

EL PUTÓN VERBENERO

Yo, una vez, fui adolescente. También pasé por ese tiempo de granos, pelos nuevos y despiste a partes iguales. Me hacía mayorcito y nadie de mi entorno parecía enterarse. En la sociedad de mis tiempos no había sitio para desórdenes de carácter emocional, así que solo los amigos, con tu misma enfermedad, ofrecían amparo y comprensión. Había que apañarse sin molestar demasiado. Nadie hablaba de si eras o no eras adolescente, se hablaba de si te estabas volviendo idiota o qué. No conocí entonces a nadie que tuviera que pasar por la consulta de un sicopedagogo porque la adolescencia le hiciera enfermar. Cada uno anduvo su camino y entre todos paliamos como pudimos la falta de clínicas especializadas en el tratamiento de nuestras disfunciones y la fingida ceguera de unos padres insensibles a las tremendas dificultades que supone el apetito voraz por las personas del otro sexo. Unos antes, otros después, salimos de aquello sin grandes secuelas, o al menos yo no las percibí en mis amigos, seguramente porque, cuando habíamos iniciado esta etapa, nuestro estado mental ya era de difícil calificación. Eran tiempos duros.
Hoy la cosa ha cambiado y yo no quiero entrar en juicios ni valoraciones. A mí me tocó vivir antes de que se descubriera que la pubertad es una enfermedad sibilina y que, al menor síntoma, se ha de poner al adolescente en manos de cualificados profesionales. Porque los tiempos han avanzado y antes no sabíamos que lo que parecían granos inofensivos y pelusilla que se convierte en pelo, podía ser la somatización de horribles trastornos que frustrarían de por vida nuestro crecimiento y trayectoria. Hoy el adolescente ha de tener un seguimiento por parte de sus mayores, su conducta ha de moverse en los parámetros de normalidad que los profesionales consideran ajustada y manejable. No podemos consentir que nuestros hijos se pasen cuatro o cinco años haciendo el idiota, como hicieron sus padres, en un mundo como el que tenemos. Gracias a Dios, hoy, están a salvo. Nosotros no. Nunca estuvimos a salvo, por eso quiero recordar aquí a ese personaje que alivió en mucho la falta de tanto profesional como hoy tenemos. El putón verbenero.
A mí me sacó del abismo en una sola sesión. Sin diagnóstico previo, sin análisis ni seguimientos. En el asiento de atrás de un Seat 850, azul. Atrás quedaron las tristezas existenciales y los brotes de no sé qué me pasa. Arrancó de mí la idiotez adolescente ya sabemos cómo. Nada me pidió a cambio, nunca utilizó esa información contra mi persona y nunca pude agradecerle su impagable labor. Vilipendiada siempre, criticada sin compasión por los mismos que antes que yo habían pasado por su consulta y despreciada por aquellas que teniendo las mismas ganas, por miedo y falta de carácter, te negaban el tratamiento. Hoy, con los antecedentes penales ya prescritos, andan por el mundo como las demás, haciendo lo que sea que les ha tocado hacer, sin que nadie les reconozca ni agradezca tanta alegría y ayuda altruista como derrocharon, tantas adolescencias difíciles y desviadas que devolvieron a su cauce.
El putón verbenero, altruista ella, atrevida y sin dobleces, inmune a críticas y chismorreos. Muy por delante de su tiempo. Yo, desde aquí, le doy las gracias. Haya salud y suerte.

AL PUEBLO INGRATO-(Contestación 2ª)

Yo soy votante rústico, rural, del pueblo. Voy a contestar por escrito a su proclama, aunque a mí me parece que méritos han hecho para hacerlo con la garrota. La garrota la tengo inactiva desde hace no sé cuánto tiempo y ya se nota, ya, que se me ha perdido el respeto y se me vapulea sin miedo alguno ni precaución. Ahora, en estos tiempos que corren, está mal visto que un aldeano como el que escribe se llame a la garrota para evitar insolencias, faltas de respeto e indecencias como las que ustedes cometen. Otra cosa sería si no tuviera yo los ochenta años que tengo, que tendría la garrota bailando de unas costillas a las siguientes de tanto cabrón como ha medrado en este sin dios que tienen ustedes en marcha. Así, con la garrota activa, no vendrían ustedes por aquí tan ufanos y complacientes, con promesas tan estupendas como falsas cuando quieren el voto, ni tendrían el descaro de dar lección y consejo a quienes han demostrado con largueza ser más trabajadores, más honrados, más solidarios y menos codiciosos que esa ralea suya. Bien se ve que vienen ustedes de familia licenciosa y corrompida, que no supo darles los valores y principios que nos piden a nosotros. Que si su padre hubiera tenido la garrota más a mano no habrían salido ustedes tan desmemoriados, fulleros y de manos largas.
La cosa tiene mala solución, porque han extendido ustedes la podredumbre hasta los mismos cimientos de esos partidos suyos, que no son otra cosa que criadero de tiralevitas con ganas de tocar pelo y engordar en vanidad. Hasta las gentes de pueblo, como yo, han sucumbido a esa peste suya que convierte la codicia y el servilismo en virtudes rentables. Ahora la boina está mal vista, a no ser que la lleve un artista de esos que medran y comen a la sombra de ustedes. La boina es cosa rural y con mala prensa, la prensa que ustedes, los del traje y la corbata, se han encargado de darle. También los currelas son cosa vulgar, sin estilo ni cultura. Gente bruta que no aprecia el auténtico sentido de los tiempos modernos que vivimos, que no está preparada para tomar las riendas más allá de soltar el voto, que necesitan la tutela y el gobierno de ustedes. Ahí arriba, en el gobierno, han olvidado que la boina y los currelas son los que han pagado esos trajes caros con los que se disfrazan ustedes, esos autos lujosos en los que se saltan los semáforos, esos despachos fresquitos en verano y calentitos en invierno, esos sillones de buen cuero donde restriegan sus culos, las carreras universitarias de postín que sus hijos estudian en Canadá, los trenes de altas velocidades con los que favorecen a sus amigos, las buenas carreteras que cuestan diez veces más para cubrir sus vicios, la sanidad pública que apechuga con sus clínicas privadas, y hasta el marisco, las putas y todos esos vicios a los que se han acostumbrado y que pagan con nuestros dineros.
Yo, seguramente porque soy rústico y me aprieta la boina, me inclino a pensar que a ustedes les está haciendo falta una buena dosis de garrota, para que tengan en la memoria lo mucho que a sus paisanos nos ha costado sacar adelante un país tan lleno de ansiosos, ladrones y fulleros, para que sus madres no se avergüencen de haberlos traído al mundo y nosotros no tengamos que acordarnos de ellas con tanta frecuencia, para que les quede algo de decencia y esperanza a los que vienen detrás, para que los de su ralea mantengan las manitas bien lejos de la bolsa común y dejen de ver como normal el zampar a puñados. Un buen repaso de garrota, sin excesos, lo justo. Para que se vayan calentitos a dormir y se les quiten las ganas de medrar tan sin decoro y esa risita putera con que nos obsequian desde su púlpito. Pero, como digo, soy paisano rústico, tosco, sin estudios, no tuve la suerte de pasar por una universidad en la que suavizaran este afán mío por la garrota.
Haya salud y suerte

AL PUEBLO INGRATO-(Contestación 1ª)

No puedo encabezar esta carta, como es costumbre hacerlo, con el “queridos señores gobernantes”. No puedo porque no son queridos, no son señores y no son gobernantes. Son ustedes una caterva de gorrinos insaciables. No me pidan literatura y buenas maneras porque ya estoy un poco harto de tanto idolatrar las apariencias y los buenos modos. Estoy más que harto de que me sonrían por delante mientras me la juegan por detrás. Harto de esa buena educación y buenos modos que ustedes reparten con una mano mientras con la otra, la de trileros, barajan los votos, reparten y amañan, y desvalijan sin duelo ni hartazgo lo que juran respetar. Harto de los que, entre ustedes, se proclaman justos y honrados mientras comparten privilegios, mantel y putas con banqueros y corruptos. Harto de esa cultura subvencionada, pija y simplona que nos quiere a todos iguales y sonrientes. No me pidan buenas maneras.
Yo no soy una oveja modorra de las que depositan el voto y les conceden confianza y carta blanca. Yo soy un lobo. No un lobo solitario o antisistema planeando terrores, de esos que ustedes cacarean a los cuatro vientos. Yo no quiero violencias contra la gente de bien, no. Yo soy un lobo ibérico que cometo cada día lo que para ustedes es el peor de los atentados, pensar por mi cuenta y mantener mi propio criterio.
No me pidan que eduque a mis hijos en la obediencia que ustedes necesitan. No voy a inculcarles ese espíritu suyo del sacrificio ni la cultura del esfuerzo que ustedes patrocinan pero no practican. No voy a inculcarles la paciencia para soportar gobernantes indignos, mediocres y payasos. No quiero que se labren un futuro a base del trabajo que ustedes proponen, con sueldos miserables para mis hijos y sueldos indecentes para los suyos. No quiero inculcarles un espíritu de lucha para salvarse ellos y olvidar a su vecino. No quiero que se levanten, cada mañana, con la resignación para aceptar las migajas que ustedes tienen para ellos. No quiero que mis hijos vivan y pierdan, con la cabeza gacha y los brazos caídos, lo que su abuelo consiguió de frente con la cara partida. Yo prefiero educarlos en el valor y la dignidad de la persona para cambiarlo todo y apearles a ustedes, vividores, indecentes y bellacos. Una caterva de parásitos indigna del pueblo que la soporta.
Haya salud y suerte.