LA BIBLIA DE LOS LOCOS SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO 2º

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS.
“Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella…”
Esto se lo preguntaron al mismísimo rey Herodes. No sé qué tipo de estrella o señal usaban estos magos de pacotilla, que en lugar de llevarlos directamente hasta el niño les hizo dar de morros con Herodes. Tampoco dice en ningún sitio que fueran tres, ni que fueran reyes, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, y desde luego nada de que Baltasar fuese negro. Solo se habla aquí de magos de oriente. Investigando sobre este asunto he encontrado algunas explicaciones pero, lo que es en la Biblia, no lo dice en ninguna parte. Yo, después de mucho consultar, he decidido escribir aquí la más fiable a mi modo de ver. Le pregunté a un consumado experto sobre el tema. Mi sobrino, seis años tiene. Dice que, efectivamente, los reyes magos son tres. Se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar. Baltasar es negrito. Viajan en camello y cualquiera puede comprobarlo cada año por navidad por muy palurdo que sea.
Yo con esto de los tres reyes magos me he llevado una gran decepción. Menuda patraña. Con la cantidad de golosinas, agua para los camellos y zapatillas que se han puesto en miles de hogares y resulta que en La Biblia ni se menciona a estos tres. No solo se ha engañado a los niños haciéndoles creer que volvían cada año con regalitos, se nos ha engañado a todos. Todos los padres del mundo haciéndoles el trabajo y ganando para ellos una estupenda reputación, y no existieron nunca. Nunca. NUNCA.
Bueno, pues como esta es La Biblia de los Locos, voy a explicar yo cómo es que sí existieron. Los reyes magos eran tres vendedores de enciclopedias puerta a puerta. No eran magos pero como se daba el caso de que el noventa por ciento de las enciclopedias que vendían, se las vendían a gente que no sabía leer, hoy sigue pasando, pues la gente pensaba que algo de magos tenían que tener. Además vendían mucho y por eso aunque no eran reyes vivían como tales. Entonces fue que llegaron al portal de Belén porque se enteraron por unos pastores. Los pastores como todos sabemos se pasan mucho tiempo en soledad, sin otra cosa que hacer que ojear todo lo que cae en sus manos, y aunque muchos no supieran leer, se distraían mirando los santos (ilustraciones), por eso compraban enciclopedias y trataban con estos vendedores. Los pastores eran los únicos que sabían lo del niño Jesús y las profecías y así fue como los tres vendedores acabaron en el portal de Belén, porque allí había tumulto y personal al que endilgarle otra enciclopedia. Baltasá no era negro, Baltasá(la erre se la pusieron después) era el encargado de atizar la lumbre y atender el fogón allí donde acampaban, por eso andaba tiznado todo el día. Eso se puede ver también en nuestros días, que en muchas de las cabalgatas se ve claramente que Baltasar no es negro, que va tiznado. En el portal de Belén vendieron mucha mercancía porque entre pastores, curiosos y creyentes se juntó una muchedumbre toda la noche. En atención a aquella humilde familia, que soportaba tanto ajetreo con paciencia y amabilidad, le dejaron al niño un montón de regalos además de una edición especial de la “Enciclopedia del Saber de Todo lo Habido y lo por Haber” encuadernada en piel de camello palestino. Cuando se dio por terminada la celebración y bienvenida, al amanecer, y fueron a emprender de nuevo viaje comprobaron que les faltaban dos de los tres camellos, por eso, desde entonces, vienen a traer regalos y presentes, pero clandestinamente, sin público.
LA HUIDA A EGIPTO. MATANZA DE LOS INOCENTES Y REGRESO A NAZARET.
Al igual que en el antiguo testamento, la vida de los elegidos, profetas, jueces o mesías, tiene un principio y condición ineludible, la huida. El Señor Dios se aparece en sueños a José para que pongan tierra de por medio. A Herodes, rey con un amplísimo historial de crueldades y salvajismo, le ha parecido muy mal que los magos de oriente no le dieran aviso del lugar en que había nacido el rey de los judíos. Así es que todos los niños de la comarca que tengan menos de dos años, que se olviden de cumplir más. Vamos a degollarlos a todos. Otra matanza, que en este libro ya es cosa común. Matar todos los niños de dos años para abajo es cosa salvaje que no tiene disculpa, es cierto. Yo siempre he imaginado este episodio como una masacre, con montones de niños inocentes ajusticiados, al estilo de este libro, a machetazo limpio, por la brava mientras sus madres y padres gritan desconsolados y se tiran de los pelos. Sin embargo, después de consultadas algunas fuentes, parece ser que Herodes nunca hizo semejante cosa. Y si la hizo, los niños menores de dos años nacidos en Belén en aquel tiempo no llegarían a la docena, cantidad que hoy en día tenemos más que degollada para el telediario de las tres sin que sepamos a qué Herodes atribuírsela.
“Al morir Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel…”
Antes de esto, con motivo de la matanza infantil arriba dicha, había huido José con su virginal esposa y el niño a toda mecha pero en dirección contraria. A mí, este José, con tantos sueños, sustos y revelaciones me da un poco de lástima. Él, un carpintero tranquilo y bonachón sin otro afán que sacar virutas con su garlopa, anda ahora corriendo escondido de un lado para otro, tirando de un burro, con el corazón en un puño, durmiendo a ratos entre sueños y revelaciones, con todo el peso de la divina misión sobre sus espaldas. Del burro nunca se ha dicho nada. Ni su nombre ni filiación alguna, aunque pudiera ser que también haya sido un embuste, que salga en las postales porque queda bien, entrañable y la huida y posterior regreso lo hicieran a pinrel.
EL NIÑO JESÚS EN JERUSALÉN.
Cuando el niño Jesús tenía doce años sus padres lo llevaron a las fiestas de Jerusalén, no sé si en burro o andando. Cuando acabaron las fiestas y emprendieron regreso, el niño Jesús se quedó en Jerusalén y sus padres no se dieron cuenta, creyendo que iba en la caravana con otros parientes. Al siguiente día volvieron a buscarlo y lo encontraron en el templo dando palique a los doctores, admirándolos con su inteligencia, dice el libro. Un niño normal se habría quedado jugando a pica, al escondite inglés o filisteo, atiborrándose de la repostería típica del lugar, pero el Mesías no, el Mesías se quedó contrastando pareceres con los doctores y disertando sobre temas serios. Esto a todas luces indica que el niño ya entonces era raro, un niño raro. Cuando sus padres le recriminaron por esto y por el disgusto que tenían, el muchachito les contestó:
“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi padre?”
Y aquí, en la biblia de los locos, este es el momento en que el Mesías se llevaría una buena bofetada por contestón. Que en aquellos tiempos no estaba mal visto ni hubiera extrañado a nadie. Pobre José, además del susto, tener que aguantar esto sabiendo como sabemos que hijo suyo, lo que se dice suyo, no es.- ¿Los asuntos de tu padre? -Pues a ver quién te ha criado desagradecido. ¿Dónde estaba tu padre cuando las caquitas?
ALTO EN EL CAMINO Y ACLARACIÓN.
Voy a hacer aquí un alto y aclaración porque, aunque parezca mentira, en este libro que tengo delante, o faltan páginas, o faltó la iluminación acostumbrada a la hora de escribirlo. Digo esto porque nos hemos quedado sin la infancia y pubertad del Mesías. Nada, que no dice el libro ni una palabra más de las ya dichas. Se nos van los escribientes a contar lo que hizo y predicó Jesucristo con treinta años. ¿A que parece mentira que haya tanto que contar de sus últimos tres años de vida, de su milagrosa concepción, de magos y pastores, de Herodes y niños muertos y nada del Jesús con granos y la edad del pavo? Vamos a ver: Si ya se sabía que este niño era cosa del Señor Dios. Si anduvieron los magos de oriente indagando más de la cuenta porque había una estrella que lo anunciaba. Si se mataron criaturas de menos de dos años por causa de su nacimiento. ¿Cómo es posible que le perdieran la pista hasta los treinta años?
¡VAMOS A VER! ¿CÓMO ES POSIBLE QUE NADIE SEPA NADA DE ESTE NIÑO? ¿ES QUE EN ESTE LIBRO NO SE VA A CONTAR NADA CON NORMALIDAD, O QUÉ?
Se me han de perdonar las voces del párrafo anterior, pero es que hay cosas en este libro que me enfurecen.
Ya decía el Señor Dios en capítulos anteriores que este era un pueblo cabezón y de poca memoria. De ninguna diría yo.
Dando por sentado que fuera el nacimiento de Jesús tal y como aquí se cuenta, con tan misteriosa concepción, a nadie hubiera extrañado que, dentro del milagro, naciera el niño con treinta años cumplidos y barba cerrada. Con bien poca fe de más se habría tenido el asunto por cosa ordinaria y corriente, porque con nacimiento tan fantástico, y muerte tan trascendental como la que tuvo, se echa de menos una infancia y juventud en este libro. Es verdad que la infancia existe fuera de él, en los llamados evangelios apócrifos, pero yo ya tengo bastante con dar término a esta empresa sin meterme en otras nuevas.
PREDICACIÓN DE JUAN.
“Juan tenía un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.”
Dicho así, más parece un hippy montonero que un profeta. Pero este Juan es el artífice del bautismo. Predicaba en el desierto de Judea, confesaba los pecados y bautizaba gritando a los cuatro vientos la venida del hijo de Dios, la hora de la verdad, el juicio final, el acabose. No anduvo fino en los cálculos, porque él lo creía cercano y llevamos dos mil años sin que llegue tal cosa. Yo, que también soy casi profeta, no puedo adelantar fechas, pero llegar llegará, creo que sin aviso previo, porque estamos haciendo méritos para conseguirlo sin que medie ningún Dios en ello, por nuestra cuenta. Si habrá o no juicio final, eso no lo sé, yo creo que vamos a ser aniquilados todos, sin preguntar. Por supuesto que yo, después de escribir esto, en el juicio final no tengo posibilidades, el Señor Dios me apuntará con el dedo y me señalará el camino al infierno sin mediar palabra. La sorpresa será para otros que creen tener el cielo ganado y se van a venir por la misma puerta.
Tanto empeño puso Juan que hasta él se llegó el mismísimo Jesús para ser bautizado, cosa a la que Juan puso trabas, que no es cosa normal que bautice el profeta al mesías profetizado. Es verdad que el Mesías se nos presenta al bautizo algo mayorcito ya, que con las maneras que apuntaba cuando tenía doce años, en las fiestas de Jerusalén platicando con los doctores, podría esperarse un entendimiento más temprano, pero así es como nos lo cuentan aquí. Se ha de decir aquí que Juan el Bautista y Jesús, el Mesías, eran primos, por parte de madre, claro, según se deduce de lo escrito en este libro. Yo no sé si lo que tal vez empezó como un juego siendo niños, (que no sería de extrañar que los pequeñuelos jugasen por aquél entonces a ser profetas unos, mesías otros, centuriones los más brutos, sacerdotes y filisteos dispuestos a crucificarse unos a otros y toda esa mezcolanza de personajes y amenazas con que los mayores andaban) se les fue de las manos a medida que crecieron.
-Que tú eres el Mesías, Jesús, que te lo digo yo. Que llevo años aquí en el desierto diciéndolo y bautizando al personal, y comiendo saltamontes con mi vestido de pelo de camello y mi cinturón de cuero a la cintura.
-Vale. Venga, ahora me bautizas y ya me pongo yo a predicar también.
Allí se abrieron los cielos, bajó el espíritu de Dios en forma de paloma y se oyó la voz del todopoderoso: “Este es mi hijo amado, mi predilecto.”
Y hacía pero que mucho tiempo, en este libro, que el Señor Dios no hablaba así, directamente, sin intermediarios.
Así queda confirmado, sin género de duda, que Jesús es el mesías, el hijo de Dios. Y Juan el Bautista, aplicando la lógica asnal que me caracteriza, es el sobrino de Dios, que no es moco de pavo. Al que no lo tenga claro más le valdría preparar sus tiernas carnes para el fuego abrasador del infierno profundo. Allí nos vemos.

 

REFLEXIONES NAVIDEÑAS II (CARTA A LOS REYES MAGOS)

Queridos Reyes Magos:
Soy un niño de cincuenta y ocho años y hace ahora cincuenta que dejé de escribirles. Dejé de hacerlo porque en la escuela me enteré por otros niños mayores de que lo suyo era todo una patraña. Me enteré en el kiosco al que acudíamos a fumar mientras las inocentes criaturas de nuestra misma edad seguían disfrutando del recreo allá en el patio y creyéndose a pies juntillas que entraban ustedes por la ventana con camellos y todo. Me lo dijo Balboa, que ya por aquel entonces apuntaba maneras y falta de piedad. No empatizaba, que dirían ahora. El caso es que me enteré y dejé de escribir esas cartas que nunca llegarían a parte alguna. Aunque bien pensado nunca agradecí a Balboa que fuera tan honesto conmigo, cruel sí, pero honesto a carta cabal, porque él pensaba que con unos hombrecitos como nosotros, que arriesgábamos reputación y nalgas para fumar un pitillo a escondidas, no pegaba ya esa ignorancia ñoña. Cuando lo soltó allá en el kiosco, entre volutas de humo, lo dijo como si fuera una cosa sin importancia para que la importancia recayera toda en su persona. Se armó una buena trifulca porque alguno de los ignorantes no encajó la revelación como encajamos estas cosas los hombres bien templados. Yo, por el contrario, le di una larga chupada a mi cigarrillo, miré de soslayo a Balboa entrecerrando un ojo y dije lentamente, con parsimonia, como sin ganas, -Ya me lo temía, no me coges de nuevas, Balboa. Más tarde, cuando salí de la escuela, ya lloré camino de casa todo lo que quise, pero allí, en el kiosco, allí aguanté el tipo.
Entonces, se preguntarán sus majestades, si no crees en nosotros ¿por qué nos escribes?
Pues es que ahora vuelvo a creer. No me ha quedado otro remedio que volver a creer un montón de mentiras que ya tenía abandonadas. Me trago, cada día, una mentira detrás de otra, sin descanso. En la tele, en el periódico, en internet, en la puta sopa. Los que tienen sueldos, pensiones y privilegios de emperador piden más sacrificio y menos protesta. Dan lecciones de honradez los que meten la mano en el cajón y tragan a dos carrillos. Pregonan trabajo duro y sacrificio los vividores de coche oficial, profesionales de la comisión y la mordida. Hablan de bienestar, de derechos, de logros, metas, avances, éxitos, beneficios y recompensas los que las disfrutan y reparten. Piden respeto por la ley y la justicia los que la tienen comprada. Y todo me lo creo. Todo. Por eso me ha costado muy poco volver a creer en ustedes, los Reyes Magos de Oriente. Ha sido súper fácil, que diría mi prima la cursi.
Bueno, ahora voy con la parte de petición que me corresponde.

Queridos Reyes Magos:
Quiero un traje de político de la talla 54 para poder mentir, comer, viajar y follar a costa del erario público, tener pensión asegurada y todos esos privilegios sin importancia que mis votantes me otorgan con alegría y aplauso.
Instrucciones de entrega.
Dejaré la puerta de mi casa abierta para que no tengan ustedes que andar a sus años saltando por las ventanas ni corriendo riesgos innecesarios. Una vez en el pasillo, la segunda puerta de la derecha es el dormitorio de mi madre, ya es mayorcita la pobre y tiene el sueño ligero, entren despacito y con cuidado porque como despierten a mi madre salgo y los deslomo. Los camellos se dejan fuera, ataditos en la baranda del porche.
No busquen golosinas porque no voy a dejarles ninguna, que los he visto estos días en la tele y están ustedes algo más que fondones.
P. D.
A ver si una puta vez traen ustedes lo que les pido.

 

LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.

Yo, como ha sido mi costumbre desde que inicié este particular análisis, seguiré en esta segunda parte de “La Biblia de los locos” regalando alegremente esta ignorancia que me consume y dejaré que sean otros, mucho más instruidos, los que juzguen. Estos, los instruidos, han manejado este mundo desde tiempos inmemoriales, han decidido lo que sí y lo que no, lo que es cierto y lo que es falso, lo que se ha de hacer y lo que no se ha de hacer. A mí, lo que han hecho con el mundo en estos miles de años, me espanta. No sé que habría sido del mundo si otros más ignorantes y menos preparados hubieran tenido vela en este entierro, pero sospecho que no lo habrían hecho peor. Yo, personalmente, aprecio más los consejos y opiniones de los que esta clase culta y formada considera ignorantes sin instrucción, porque están libres de dogmas y de catecismo interesado y por eso, como parte de este colectivo de borricos, digo lo que digo. Soy un borrico desde mi más tierna infancia. Así que me llegué a la escuela, ya certificaron esta condición. No progresaba adecuadamente, no prestaba la atención que mis maestros creían merecer, no participaba del maravilloso proceso de aprendizaje planeado para mí. Tenía la cabeza en otros asuntos más interesantes, divertidos, placenteros y humanos. Hoy, aceptada esta condición, disfruto de ella y veo la vida desde una perspectiva diferente y extraña para todos aquellos que progresaron adecuadamente, prestaron atención y se creyeron la fritanga educativa de los instruidos. Veo la vida con mis gafas oscuras, muy oscuras, con cristales ahumados. Me las ha recetado el oculista, no me las quito porque, no sé si a ustedes también les pasa, o si será la edad, el caso es que cada día veo más gilipollas. Digo esto porque se sepa qué tipo de cavernícola montaraz es el autor de esto que tienes ante los ojos.
Seguiré pues con el Nuevo Testamento. No sé por qué sigue llamándose así si tiene años suficientes como para llamarle viejo.
LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.
CAPÍTULO 1º
Al lector. “Si encuentras una verdad, algo importante que decir, ni se te ocurra abrir la boca”.
Concluida la lectura trivial e ignorante del Antiguo Testamento debería de haber quedado claro y explicado para todos, los miembros del pueblo elegido y los que no lo somos, que el Señor Dios hace y deshace a su antojo, que no tiene que rendir cuentas ante nadie, que los hombres no tienen que entender las divinas razones y que esto que estás leyendo es uno más de los pecados que acostumbramos a cometer los que, a modo de relleno, poblamos la tierra sin haber sido elegidos. No es de extrañar, pues no se espera otra cosa de nosotros que el deambular desorientado entre el terror divino y la bestialidad a la que nos inclina nuestra humana condición, la mía por lo menos. Hora disfrutamos de la paz y el progreso, hora nos exterminan por ocupar un espacio reservado a los que, a los ojos de Dios, lo merecen. Yo lo prefiero así. Que nadie tenga para mí un plan, ni expectativa tan elevada, que convierta mi paso por la tierra en una sucesión de pruebas estúpidas. Que no tenga yo un glorioso paraíso sin el que poder quedarme, ni el deseo de lograrlo que me trastorne el espíritu convirtiéndome en esclavo de las reglas que lo alcanzan.
Empieza el Nuevo Testamento con los evangelios. Son cuatro. Tres sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Y el de Juan. Si alguien está esperando que yo explique aquí por qué estos cuatro y no otros, por qué estos nombres y categorías, se ha equivocado de libro, eso queda bien claro leyendo el cuento de los tres cerditos. Tampoco pienso explicar el por qué este Nuevo Testamento discurre paralelo y cumpliendo mansamente las profecías del Antiguo Testamento. Cada cual lo interprete según su criterio, si es que ha sido capaz de conservarlo formando parte de este rebaño amaestrado en que nos hemos convertido. Baste decir que estos cuatro evangelios son los que la iglesia católica reconoce como inspirados por Dios, y esto mismo me hace a mí dudar de ellos. El por qué otros no estaban inspirados por el Señor Dios, es algo que explican los doctores de la iglesia con argumentos y razones que ya sabemos todos a qué suenan.
Jesucristo se limitó a predicar la buena nueva al pueblo sin escribir cosa alguna, que se sepa. Nada tiene de extraño dando por sentado que es hijo, según se asegura en este libro, del mismísimo Señor Dios. Al igual que su padre lo suyo es iluminar, por medio del espíritu santo, a aquellos que han de escribir su palabra y hechos, sin dejar ni una letra propia y así, al leer el Nuevo Testamento, nos encontramos ante la misma disyuntiva que nos presentaba el Antiguo Testamento. ¿Es lo que leemos palabra de Dios y verdad? ¿O es palabra de hombre y por lo tanto atiborrada de mentiras?
Yo, después de tantas horas dedicadas a la lectura de las creaciones, maravillas y prodigios de su santo padre, no quiero asegurar nada. Sospechas tengo, pero seguro solo estoy de una cosa, “la que no hace distinción”, me ha de llegar y acabarme. A mí y a todos. Es verdad que mandar un hijo al matadero, para redimir a quienes han de matarlo, es cosa que cuadra con las divinas ocurrencias que ya conocemos y es hecho cuya comprensión no está al alcance de mi pobre condición. Porque a mí estas ocurrencias que se dan por divinas, como divinas no las entiendo. Como humanas, salidas de mente humana, iluminada además, sí. Ya las entiendo. .
Dicho esto seguiré con mi lectura ignorante y despreocupada. Y escribiendo sin otra iluminación que la bombilla acostumbrada.
Siguiendo con lo que en este libro es tradición, los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas son, básicamente, la misma cosa contada tres veces. Repetición. El de Juan también cuenta esto mismo, pero con otro aire. También es costumbre que sean contados los hechos y milagros por gente que no estuvo en ellos. Yo, que tampoco estuve allí, lo contaré una vez sola, a mi ignorante entender y manera, basándome en lo que ellos y otros escribieron y sin atreverme a suponer que lo que yo escribo ahora fuera alguna vez verdad cierta.
LOS ASCENDIENTES DE JESUS.
Lo primero: genealogía completa desde Abrahán hasta la concepción virginal de Jesús. Aunque de la concepción virginal, Marcos y Juan en su evangelio no parecen saber nada. Es cosa bien extraña que naciendo Jesucristo de mujer virgen no hagan estos escribientes ni mención. A mí me parece tanto milagro este como separar las aguas del mar Rojo, si no más. Porque las aguas son al fin y al cabo aguas, sometidas a unas leyes físicas que el Señor Dios controla a la perfección, pero las mujeres no están sometidas a ninguna ley física. Ni entonces ni ahora hay ley física que explique ni controle lo que una mujer puede hacer o no hacer según su propio criterio, ni un Dios capaz de manejar esos genios. Otra cosa me pregunto: si, según se cuenta en este relato, es José quien desciende del rey David, y la virgen María concibió por medio del espíritu santo, sin tener relaciones con José, ¿cómo se puede mantener que Jesús descienda del rey David? Cientos de expertos y estudiosos se han encargado de explicar esta curiosa cuestión con argumentos irrefutables, es decir, indemostrables, es decir, que cada uno crea lo que le venga en gana. Lo que sí está claro es que, por parte de su madre, el árbol genealógico de Jesús está llenito de mujeres de dudosa reputación. Tamar, que se hace pasar por prostituta. Rajab, que es prostituta declarada. Rut, que tuvo que meterse debajo de alguna manta y Betsabe que engendró a Salomón entre homicidio y adulterio. Esto no es cosa mía, esto lo dice el libro. Con estos antecedentes la vida de este chico ya promete. A mí me gusta.
ANUNCIO Y NACIMIENTO DE CRISTO.
Aquí el Señor Dios va a mostrar de nuevo su poder en asunto de concepciones. Un nuevo reto, pues ya no se trata de hacer concebir a una hembra estéril, cosa más que dominada a estas alturas, sino de hacer concebir a una mujer sin que nadie le toque un pelo. Y esto ya requiere, o más poder para realizarlo, o más fe para creérselo. Ya había quedado bien claro en el Antiguo Testamento que al Señor Dios estos asuntos de la concepción y fertilidad femenina le apasionan, ahora, en esta nueva entrega, asistimos a un nuevo y más ambicioso proyecto. La concepción sin contacto. Ojito, porque esta tecnología en según qué manos…
María era una joven virgen prometida a un hombre descendiente de David, llamado José. Un día, cuando María estaba quitando bolas a un jersey de lana, se le apareció un ángel que se llamaba Gabriel y le dijo:
-Oye María, si te cuento una cosa no te la crees.
María, asustada por el fogonazo que desprenden los ángeles al aparecerse, le contesto sorprendida.
-¡Ay por favor! ¿Qué me dices?
-Agárrate.- dijo Gabriel, y sacándose de la pechera una libreta de apuntes leyó –Vas a ser la madre del hijo de Dios. Vas a concebir un hijo altísimo. No, perdón, del Altísimo.
-¿Pero cómo? Dijo María. –Si yo no tengo relaciones.
A lo que el ángel Gabriel, mirándola de arriba abajo, le contestó.
– Pues, querida mía, no será porque no las merezcas. Bueno, a lo que vamos, tú queda tranquila. Eso es cosa nuestra. Ya el espíritu santo tiene instrucciones precisas.
Y allí se quedó María, pensando cómo explicarle al pobre José que un ángel del Señor había decidido arruinarles la boda.
Conviene recordar que en aquel tiempo era cosa más que común la aparición de un ángel del Señor en cualquier vereda, sendero o encrucijada, con órdenes, mensajes o promesas, según convenga a la historia y a lo que el Señor Dios tenga en proyecto. Y esto que contado hoy, en boca de una virgen, daría mucho que hablar y con los huesos de María en alguna clínica siquiátrica, no extrañó entonces a nadie.
Por si acaso, el Señor Dios mandó un ángel para que, en sueños, sin fogonazos ni sobresaltos, pusiera a José en antecedentes. José creyó, aceptó y consintió. Ni una mala palabra salió de su boca. Tengamos también en cuenta que los ángeles, en aquellos tiempos, encajaban muy mal la falta de fe en sus apariciones. Y tenían potestad, otorgada directamente por el Señor Dios, para dejarte ciego, mudo o tullido si ponías en duda sus palabras. Y esto también ayuda a creer. Sí señor.
Ahora, la época presente, estas cosas importantes te las dan por escrito y con tres copias, para que no haya falsas interpretaciones y quede constancia de qué es lo que se dijo, cómo se dijo, cuándo se dijo y quién lo dijo. Sin fogonazos ni angelotes.

REFLEXIONES NAVIDEÑAS

OTRA NAVIDAD Y JESUCRISTO QUE NO VUELVE
Aquí está otra vez. Yo juraría que no han pasado 365 días, que cuando era pequeño los años duraban más. La Navidad, el nacimiento de Cristo, el hijo del Señor Dios, ese que gobierna el universo todo, todo. Que es capaz de manejar la creación de una supernova más allá del universo conocido, sin dejar de tener un ojo puesto en cualquier hincha de la Ponferradina, a ver qué pecados comete. Un tío increíble el Señor Dios. Nos hizo a su imagen y semejanza. Esto tiene que ser afirmación humana, porque un Dios que se precie y se tenga por tal, no puede andar por el inmenso orbe cacareando a los cuatro vientos que este ser atolondrado y estúpido es imagen y semejanza suya. Sería el hazme reír de los demás Dioses. Los dioses de los otros, los malos. Afirmaciones del ser humano, verdades irrefutables, dogmas inequívocos. Como que la tierra era plana y el sol giraba a su alrededor. Nada de malo tendrían estas verdades si no fuera el hombre tan aficionado a inventarlas como a matar al que no se las crea. Así, matando cada cual con su verdad, nos hemos presentado en esta Navidad 2015
Yo, personalmente, lo que se dice en persona, no he matado a nadie. Animales tampoco. Todos los que me como llegan a mi mesa ya muertos, perfectamente etiquetados y con su registro sanitario. Ya sé lo que está pensando mucha gente pero no quiero hablar de esto, no voy a hablar de esto, yo no he matado a nadie, no te escucho, no te oigo, no no no no la la la la la la la la la la la la la…
A ver, coincidiendo con esta Navidad, yo quiero presentar una queja, hacer una petición al sumo hacedor. Se me trajo a este mundo sin contar conmigo para nada. Además yo creo que demasiado pronto porque llegué siendo un perfecto inútil. Incapaz de nada. Me hubiera gustado presentar esta queja entonces, pero ni hablar podía. Y aún cuando hubiera sabido hablar, ¿cómo consigo yo que mi queja sea tenida en cuenta y se le dé la importancia necesaria si apenas sujeto la cabeza quieta y me hago las necesidades encima? Es verdad que se me ha ido el tiempo entre unas cosas y otras y me he metido en los cincuenta sin presentarla, pero así lo hago con más fundamento.
“Que no me gusta el sitio, jefe, que me cambies de destino».
Bueno, aquí lo dejo, que ando muy atareado tensando la zambomba para los villancicos, poniendo nacimiento, árbol, espumillón, luces, guirnaldas y una sonrisota de oreja a oreja.
Haya salud y suerte.

LOS NIÑOS NO

No paro de pensar. Yo le llamo pensar. Ya me lo decían en la escuela, cuando solo era un renacuajo, que me pasaba los días “pensando” mientras los demás niños atendían al maestro. Ahora, ya mayor, como no presté atención a lo que el maestro decía, pienso mucho por mi cuenta, tontamente, sin método ni restricciones. Fijarse que digo mucho, no digo bien. Yo sé lo que está pasando aquí. El mundo, con toda su gente dentro, anda perdido y ocupado en sus asuntos. No tiene este mundo tiempo para tonterías. Hay cosas más importantes que hacer cada día que preocuparse de si este planeta y las criaturas que en el hacen vida van bien, o van mal. Esto, todos lo sabemos, es secundario. Pasa que hay un montón de vagos, con demasiado tiempo libre, que prefieren pensar esas idioteces en lugar de trajinar de sol a sol para labrarse un futuro y una posición desahogada para…??… para quien sea. Yo no soy creyente, ni me gusta hablar del padre de nadie, pero Jesucristo, o lo que cuentan de él, sí me cae bien. Si su padre era, o no era, el que él decía a mí me da igual. Otros creen en él y en su padre a pies juntillas, pero hacen lo que les da la gana y no lo que se predicó aquí hace dos mil años. Bien, que hagan lo que quieran. Si lo hicieran como el predicó, sin la codicia, esto tendría otro color, y olor, muy distinto. Digo lo del olor porque a mí me huele a podrido. Jesucristo tendría que darse otra vuelta por aquí y echar un vistazo al patio, que se nos mueren los niños de hambre en este planeta mientras pasan cientos de aviones sobre sus cabezas. Yo sigo pensando. A ver, ¿cuántos quilos de perritos calientes podría cargar un Boeing 747? Dice la wikipedia que son ciento doce toneladas. Bueno pues no vamos a cargarlo a tope, no vaya a ser que se caliente. Vamos a dejarlo en cien toneladas de cada viaje. Es verdad que con perritos calientes caminan estos chiquillos hacia una obesidad casi segura, que esas arterias van obstruirse y que, seguramente, padecerán enfermedades vasculares que darán con sus huesos en la tumba. A lo mejor sería recomendable una dieta más sana y equilibrada. Nada, quieto el avión. Por algo nuestros gobernantes no se los llevan, ellos sí piensan bien, sí escucharon lo que decía el maestro. Ya lo dije, yo pienso mucho, no bien.
Aquí se cometen a diario barbaridades que nosotros, como especie estúpida y necia que somos, tenemos por rutina, pero, ¿los niños?, parece inexplicable que se nos mueran de hambre los niños en este tiempo de derroche, consumo y montones de basura que vivimos, mientras nos preocupamos de si algún futbolista anda triste. Sí, tendría que volver por aquí Jesucristo, pero con más palo y menos prédica. Si viene otra vez con la intención de redimir pecadores que se prepare, porque a estas alturas, con el número de pecadores y la cantidad, calidad y naturaleza de nuestros pecados, tiene un trabajo grande y penoso. A convertir ya no hace falta que venga que dentro de los suyos propios, en su propia iglesia, tiene pecadores más que de sobra para crucificarlo, al menos, una docena de veces. También depende de dónde caiga esta vez. Aquí, en occidente, seguramente no lo crucificaríamos así que lo de resucitar al tercer día no procede. Un hombre como él predicando por las calles el amor, la generosidad, la compasión y todas esas inconveniencias, y diciendo que es el hijo de Dios, acabaría en algún sanatorio mental, eso sí, con la correcta medicación y supervisión de un equipo médico de fantásticos profesionales. Lo que no sé es si babeando por los pasillos redimiría nuestros pecados igual que en la cruz. Puede que sí, que redimiera nuestros pecados, casi todos nuestros pecados, lo de los niños no, eso no creo que tenga redención. Hoy me ha dado por esta cuestión de los niños, ya ves. Pura demagogia. Como no presté atención a lo que decía el maestro confundo las cosas. No me enteré de que lo que es pura verdad y pone en peligro tanta comodidad, ahora se llama demagogia y lo que era demagogia y permite seguir con este ritmo de burdel que llevamos, ahora es verdad cierta. Podemos echar la culpa a toda esa manada de sopla poyas que gobiernan nuestras vidas, gente vendida a Don dinero. Podemos dejar que se ocupen del asunto los misioneros, que tienen enorme corazón y usan la conciencia. O sencillamente seguir hacia adelante, pasar un mal traguito de vez en cuando, aportar alguna moneda y llevar con resignación la idea demagoga y populista de que somos todos unos hijos de la grandísima puta.
Haya salud y suerte.