{"id":150,"date":"2012-01-05T09:20:35","date_gmt":"2012-01-05T16:20:35","guid":{"rendered":"http:\/\/45.33.111.17\/?p=150"},"modified":"2012-01-05T09:20:35","modified_gmt":"2012-01-05T16:20:35","slug":"historias-del-tren","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.chambombo.com\/?p=150","title":{"rendered":"HISTORIAS DEL TREN."},"content":{"rendered":"<p>Yo viajo mucho en tren y, ahora que lo pienso, no he felicitado la navidad. No he tenido ganas. De hecho sigo sin tenerlas y ya casi no queda navidad. Al que le haga ilusi\u00f3n, que se d\u00e9 por felicitado. Yo viajo mucho en tren, ya lo dije. Es una actividad que a veces me gusta y a veces no. Depende mucho del tipo de viajeros con los que comparto vag\u00f3n. He visto de todo. He escuchado las mil y una conversaciones entre viajeros de todo tipo y condici\u00f3n. He visto situaciones de lo m\u00e1s variopintas, sorprendentes, rid\u00edculas, un poco de todo. He visto viajeros capaces de hablar durante cuatro horas seguidas sin descanso mientras su acompa\u00f1ante suplica un minuto de silencio, un minuto de intimidad para suicidarse. He visto otros que reparten su charla de asiento en asiento, buscando entre los dem\u00e1s alguien con quien compartir esas estupideces tan importantes que tiene que comunicar. Los he visto educados y corteses, mal educados y est\u00fapidos. Los he visto agradables, y desagradables. De todo tipo los he visto. Esta vez he visto  algo nuevo, algo que no hab\u00eda visto antes en un vag\u00f3n de tren. Es cosa com\u00fan, y muy razonable cuando el viaje se hace largo, que los viajeros estiren las piernas paseando vag\u00f3n arriba y abajo, pero esta vez la cosa pinta de lo m\u00e1s surrealista. El viajero en cuesti\u00f3n es un hombre de entre sesenta y setenta a\u00f1os, m\u00e1s cerca de la T que de la S. Apenas mide un metro y cincuenta cent\u00edmetros, es regordete, est\u00e1 calvo y tiene un fino bigotillo. Est\u00e1 de pie al fondo del vag\u00f3n, preparado y esperando a que el pasillo quede despejado. Mantiene una postura extra\u00f1a, como si esperara un pistoletazo de salida y eso hace que algunos viajeros nos fijemos en \u00e9l. Tambi\u00e9n hace se\u00f1as para que le despejen el pasillo. Una vez que el pasillo queda limpio, de un extremo al otro del vag\u00f3n, el hombre se arranca a correr. El abuelo Marat\u00f3n est\u00e1 entre nosotros. Es una carrera de pasitos cortos y r\u00e1pidos. Vag\u00f3n adelante va su calva dando saltitos. Desde donde yo estoy sentado tengo dos terceras partes del vag\u00f3n por delante y una por detr\u00e1s. A mi altura, al otro lado del vag\u00f3n, hay un matrimonio, ya mayor, dando cuenta de su almuerzo. Tienen su taper de pollo, su tortilla, su pan y son de Monforte. Detr\u00e1s de ellos, repanchigado en su asiento, viaja un barbudo entrado en quilos que me mira y pregunta: -\u00bfA este qu\u00e9 le pasa? Yo no tengo ni idea de qu\u00e9 le puede pasar a un anciano que se arranca a correr por el vag\u00f3n de un tren en marcha. Otros viajeros advierten al abuelo Marat\u00f3n de lo peligroso que puede resultarle un tropez\u00f3n con cualquier bolso, pierna, o chaqueta de las que sobresalen por todo el pasillo. El abuelo Marat\u00f3n sigue su carrera sin prestar o\u00eddos a las muchas, much\u00edsimas, sugerencias y recomendaciones que van surgiendo por todo el vag\u00f3n. Los almuerzos y charlas se interrumpen, todo el vag\u00f3n est\u00e1 pendiente del abuelo Marat\u00f3n. Yo lo estoy viendo venir y pensando que, en un bandazo de los muchos que da este tren, Marat\u00f3n se la pega. Ahora viene hacia nosotros, mantiene un equilibrio precario porque el tren se mueve bastante. Trae la misma cara que pondr\u00eda si estuviera corriendo por encima del vag\u00f3n en lugar de por dentro. Menudo bandazo, ahora s\u00ed. Marat\u00f3n se desv\u00eda de su trayectoria, colisiona con la parte alta de un asiento, rebota como un mu\u00f1eco de trapo, pierde adherencia en las ruedas, tropieza con no sabemos qu\u00e9 y estrella su bigotito contra el cabezal de un asiento, justo el que est\u00e1 por delante del matrimonio de Monforte. La dentadura de arriba ha ido a parar al taper de pollo. Marat\u00f3n est\u00e1 incrustado debajo del asiento que tengo detr\u00e1s. Ha sido un alunizaje vertiginoso, como el rayo ha ido Marat\u00f3n a meterse debajo del asiento. El barbudo gordito lo mira y le dice:-\u00a1Ya hab\u00edas tardao! Entre los m\u00e1s cercanos hacemos por incorporarlo, lo sacamos como podemos. Lo sentamos. Marat\u00f3n nos mira y parece sonre\u00edr, pero no est\u00e1 sonriendo, es que la dentadura de abajo est\u00e1 fuera de su sitio y, aunque tiene la boca cerrada, los dientes se le quedan fuera. Intenta coloc\u00e1rselos pero, conmocionado como est\u00e1, se le van al suelo. Parecen de goma porque dan un par de botes y quedan justo en medio del pasillo, justo donde el barbudo regordete acaba de pisar con una de sus enormes botas, justo debajo. No eran de goma, los ha hecho tres cachos. El abuelo Marat\u00f3n presenta adem\u00e1s en la calva un ara\u00f1azo inciso contuso con dos trayectorias bien diferenciadas. Estamos buscando uno de sus zapatos por debajo de los asientos, en un radio de cinco metros, y sigue sin aparecer. La mujer de Monforte le pregunta lo que todos querr\u00edamos saber: -\u00bfPero bueno, a qui\u00e9n se le ocurre ponerse a correr por aqu\u00ed? \u00bfNo puede darse un paseo como todo el mundo? Ya le contesta su propio marido: -Este est\u00e1 majareta, te lo digo yo. Marat\u00f3n recoge los restos del alunizaje y vuelve a su asiento rasc\u00e1ndose la calva. Por el camino le devuelven el zapato perdido. El barbudo vuelve a repanchigarse, los de Monforte suspenden el almuerzo. Yo sigo sin creerme del todo lo que acabo de ver.<br \/>\nTodo esto lo he visto yo, tal y como lo cuento. Yo ven\u00eda ensimismado en mis cosas, pensando que esta navidad me parec\u00eda menos navidad que otras. Que los espa\u00f1olitos de Espa\u00f1a los ve\u00eda yo\u2026 como  resignados, un poco flojos, ap\u00e1ticos, tibios, no s\u00e9. Como si este a\u00f1o los Reyes Magos llegaran para llevarse cosas y no para dejar regalos. Entonces apareci\u00f3 Marat\u00f3n y nos alegr\u00f3 el viaje.<br \/>\nPara el a\u00f1o que entra, el 2012, haya salud y suerte. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo viajo mucho en tren y, ahora que lo pienso, no he felicitado la navidad. 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