{"id":305,"date":"2014-01-31T23:34:44","date_gmt":"2014-01-31T23:34:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogg.chambombo.com\/?p=305"},"modified":"2014-01-31T23:34:44","modified_gmt":"2014-01-31T23:34:44","slug":"soy-un-orco","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.chambombo.com\/?p=305","title":{"rendered":"SOY UN ORCO"},"content":{"rendered":"<p>Tengo que reconocerlo, soy un orco. Antes no, antes era persona normal, casi agradable. Pero las cosas han cambiado, la gente ha cambiado, el mundo ha cambiado y yo, como tengo un cerebro simple y primitivo, como vivo y siento desde la oscuridad de la caverna y me aferro a principios paleol\u00edticos, pues no he cambiado, no he sabido cambiar, me he convertido en un orco. No ha sido de un d\u00eda para otro, ha sido un largo proceso, una elecci\u00f3n. Ten\u00eda varias opciones para escoger. Pod\u00eda haber seguido el camino mayoritario, aceptar el cambio, asimilar las novedades, el progreso, las modas, la conducta y el pensamiento plano y convertirme en otro bien queda m\u00e1s, otro m\u00e1s de los que muestran una mim\u00e9tica sonrisota y guardan las buenas maneras aunque est\u00e9n desollando a su madre en la habitaci\u00f3n de a lado. Yo decid\u00ed ser un orco y me est\u00e1 empezando a gustar. Antes, cuando no era un orco, si ibas de visita a casa de los amigos, hab\u00eda que tener mucho cuidadito para que la conversaci\u00f3n no derivara en seg\u00fan qu\u00e9 temas. Porque por menos que canta un gallo te endosaban el video de la boda. &#8211; Menudo fr\u00edo que hace hoy -, dec\u00edas t\u00fa tan campechano. Y ya te contestaba el cineasta de la casa, &#8211; para fr\u00edo, el que hac\u00eda en mi boda-. Ya est\u00e1, ya tiraba de video y te ve\u00edas sentado de cualquier manera en el brazo de un tresillo, no hay sitio para todos, visionando el video de su boda, el bautizo de Nan\u00edn, la comuni\u00f3n de la peque\u00f1ina y las bodas de plata de su suegro, que es un contable de C\u00f3rdoba al que yo no he visto en mi vida. Te volv\u00edas a casa con los ojos como dos higos y renegando de ti mismo por ser tan educado y cordial, tan bien queda. Ahora ya no hace falta ir a casa de nadie para que te fundan el d\u00eda, la tarde, la ma\u00f1ana. A cualquier hora, en cualquier sitio, tomando vinos, a la salida de un entierro, al bajar de un taxi, da igual d\u00f3nde, alguien saca su m\u00f3vil de \u00faltima generaci\u00f3n y te endosa fotos, videos, las vacaciones en Turqu\u00eda, las primeras cacas del beb\u00e9, un chiste que le mand\u00f3 una prima que tiene una carnicer\u00eda en Sabadell, el \u00faltimo mon\u00f3logo de Johnny Cascarrias, un bulto protuberante y carnoso que le ha salido a su mascota en el mism\u00edsimo, la lista es interminable. Los orcos no miramos videos, no queremos saber de tus vacaciones, nos importa una mierda el bulto, las cacas y tu prima si no est\u00e1 delante. Los orcos estamos aqu\u00ed, ahora, contigo. En fin, a otra cosa.<br \/>\nVoy al dentista, entro en la sala de espera y, como cavern\u00edcola que soy, doy los buenos d\u00edas, hay siete personas, pero deben de ser sordomudas, no me contesta ni Rita. Yo aqu\u00ed suelto una frase que dec\u00eda mi abuelo cuando no saludabas como la educaci\u00f3n aconseja, -\u201ccomo las bestias en la cuadra\u201d. Est\u00e1n todos ocupados con su maquinita mandando informaci\u00f3n al espacio sin tregua, contactando, comunic\u00e1ndose, interactuando, compartiendo. Por eso me miran con cara de reproche. Son gente sociable y cordial con un mont\u00f3n de amigos, no son orcos como yo.  A m\u00ed eso no me importa, ni me molesta, pero, hombre, un buenos d\u00edas para que yo sepa que se me ve, que existo, que ocupo un espacio en esta sala de espera llena de gilipollas, tampoco estar\u00eda mal.  Casi no quedan amigos para compartir el tiempo de ocio, para ir a cenar de vez en cuando, para una velada de charla y risas, nada, que tiran todos de maquinita, y video va y video viene. Mira que foto, mira que chiste, mira que tetas, espera que me llega un guas\u00e1, hostias es el Manu, que est\u00e1 en Puerto Rico, otro, otro, la Choni, que tiene la regla y no va a venir. Yo no s\u00e9 a qu\u00e9 m\u00f3vil atender. Para qu\u00e9 me re\u00fano yo con los colegas, si salgo de aqu\u00ed y no s\u00e9 nada de ellos, que no hemos tenido tiempo para la charla. S\u00e9 m\u00e1s de lo que est\u00e1 pasando a otras personas que no paran de mandar guas\u00e1s. Me largo a mi casita. A leer un rato. A escribir bobadas en mi libreta el\u00e9ctrica, a dormir, a cualquier cosa que no sea ser tan sociable, tan comunicativo, tan receptivo, tan moderno. Que yo soy un orco.<br \/>\n Otra de trenes. Me subo en el tren, que yo lo uso con bastante frecuencia, esta hasta la bandera. Busco mi asiento. Est\u00e1 ocupado por una ancianita. Me dice la ancianita que su asiento es el de el otro lado del pasillo, pero que se ha sentado en el m\u00edo porque el suyo est\u00e1 ocupado por un peregrino alem\u00e1n que vuelve de hacer el camino de Santiago, ya lo dijo cuando subi\u00f3, pero nadie le hizo caso. El germano esta despanzurrado ocupando, \u00e9l y su mochila, los dos asientos y parte del pasillo, porque ya los pies no le cab\u00edan dentro. Son unos pies del cuarenta y cinco por lo menos. Calcetines gordos de lana, que estamos en Diciembre. Solo a un alem\u00e1n se le ocurre venir a hacer el camino de Santiago en este mes. El caso es que el pobrecito, estar\u00e1 cansado, tiene sus piececitos trillados de tanto andar en busca de paz espiritual y jubileo, trillados y sucios, muy sucios. Huelen que apestan los pies del germano. Le doy un toquecito para que se entere de que aqu\u00ed, en Espa\u00f1a, los trenes son compartidos. Un asiento por persona y billete. El muchachote alem\u00e1n abre apenas un ojo, se da la vuelta y sigue con su siesta. Yo le doy un segundo toque, algo m\u00e1s contundente. Ahora ya es otra cosa, ya el peregrino ha vuelto en s\u00ed. Le explico la situaci\u00f3n por se\u00f1as, cosa bien f\u00e1cil, le muestro el billete y apunto con mi dedo de orco a sus pinreles. El muchacho se hace el sueco, pero yo s\u00e9 que es alem\u00e1n. La anciana me mira y est\u00e1 dispuesta a dejar libre mi asiento y continuar el trayecto, hasta Bilbao, seis horas, derechita en el pasillo con tal de no molestar al guiri. Yo, como soy un orco aunque el alem\u00e1n no lo sabe, cojo la mochila, se la planto en la zona de equipaje y retiro sus pies del asiento. Ahora s\u00ed que se ha dado por enterado. Me mira con cara de pocos amigos, porque en Santiago encontr\u00f3 el jubileo y la paz espiritual pero educaci\u00f3n no encontr\u00f3, y chapurrea no s\u00e9 qu\u00e9 en ese idioma suyo. Yo le hablo bien alto en espa\u00f1ol aut\u00e9ntico, de orco de pura cepa, &#8211; Que te pongas las botas, marrano, que hueles a tigre-, mientras me tapo la nariz para que entienda y de regalo le suelto un \u201ccojones\u201d. El resto del viaje nos lo pasamos con las botas puestas, juntitos, sin confianzas. El resto del pasaje no hace nada, no dice nada, no ayuda nada, me miran de soslayo, me ven un poquito desagradable, porque ellos no son orcos.<br \/>\nAntes, cuando no era un orco, a veces era invisible. Llegu\u00e9 a estar quince minutos delante de una ventanilla sin que el funcionario de marras me diera ni los buenos d\u00edas, nada, que no se me ve\u00eda. En cualquier ventanilla, despacho, oficina u organismo, es principio infalible atender primero a los que llaman por tel\u00e9fono y despu\u00e9s a los que nos presentamos all\u00ed. No les gusta verte all\u00ed delante, en persona, mir\u00e1ndoles. No quieren ver personas bien educadas pidiendo papeles. Prefieren que los llames por tel\u00e9fono. En las ventanillas solo se atiende bien y pronto a dos tipos de persona. A las personas importantes y a las personas desagradables. A los bien educados y respetuosos no los quieren ni ver. Yo como no soy importante no me ha quedado m\u00e1s remedio que ser desagradable. Yo tengo que ir en persona porque, cuando llamo por tel\u00e9fono, se huelen que soy un orco y me dejan en espera con el hilo musical hasta que la oreja se me mete para dentro.<br \/>\nOtra. Antes de ser un orco pas\u00e9 mucho tiempo con una sonrisa en la cara escuchando letan\u00edas y conferencias de vendedor de enciclopedias. Por no darle con la puerta en las narices estuve a punto de comprar una hermosa colecci\u00f3n de historia universal de la pintura. No s\u00e9 por qu\u00e9 era universal porque, que yo sepa, solo conocemos pintores en la tierra. Tendr\u00eda que ser historia terrestre de la pintura. Bueno, el caso es que casi me meten en casa la colecci\u00f3n con sus fant\u00e1sticos regalos por ser educado, cordial y sonriente. Por dejar entrar al vendedor, hacer un cafetito y compadecerme de su pesada tarea. \u00c9l no se compadeci\u00f3 de m\u00ed a la hora de firmar la oferta. Menos mal que anduve listo. Ahora ya no me pasan estas cosas. Ahora siempre tengo una frase lista en la rec\u00e1mara, ya no llaman a mi puerta. Cuando llaman me escuchan ellos a m\u00ed y ya no quieren entrar, solo quieren irse, porque soy un orco.<br \/>\nLos orcos no queremos quedar bien, no sonre\u00edmos si no lo merecen, no alabamos  las buenas maneras a cualquier precio, no contestamos bien cuando preguntan por lo que a nadie interesa. Los orcos no nos metemos en lo que los dem\u00e1s hacen o dejan de hacer con su vida, no juzgamos, no nos tragamos letan\u00edas interesadas, ni modas, ni protocolos. Los orcos no molestamos.  A los orcos nos encanta la palabra \u201cNO\u201d.<br \/>\nOtro d\u00eda dir\u00e9 lo que s\u00ed.<br \/>\nHaya salud y suerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tengo que reconocerlo, soy un orco. Antes no, antes era persona normal, casi agradable. 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