{"id":462,"date":"2015-05-05T07:43:18","date_gmt":"2015-05-05T07:43:18","guid":{"rendered":"http:\/\/45.33.111.17\/?p=462"},"modified":"2015-05-05T07:43:18","modified_gmt":"2015-05-05T07:43:18","slug":"charito-la-rubia-de-armas-tomar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.chambombo.com\/?p=462","title":{"rendered":"CHARITO, LA RUBIA DE ARMAS TOMAR."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En una peque\u00f1a ciudad, encima de la puerta de una cantina, hab\u00eda un enorme cartel en el que pod\u00eda leerse, en letras grandes y may\u00fasculas, LOS COJOS NO PUEDEN ENTRAR EN ESTE LOCAL. Severiano, el due\u00f1o del establecimiento, hab\u00eda colocado aquel letrero cuando su mujer, Charito, rubia de armas tomar y cuerpo concebido para el pecado, lo dej\u00f3 plantado para liarse con Fito el cojo. Salieron pitando a bordo de un potente descapotable que Fito se compr\u00f3 con el dinero de un boleto premiado. Nunca se volvi\u00f3 a saber de ellos. A Severiano, le llegaron los papeles del divorcio de manos de un abogado y acab\u00f3 firm\u00e1ndolos a cambio de una bonita cifra. Charito, la rubia de armas tomar, no solo hab\u00eda abandonado a Severiano. D\u00edas despu\u00e9s de su estampida apareci\u00f3 muerto un mec\u00e1nico del pueblo. Se llamaba Leo. Lo encontraron colgando de una cuerda, desnudo y con una foto de Charito garabateada a sus pies. La nota dec\u00eda: \u201cMe mato por imb\u00e9cil, y rezo, desde lo m\u00e1s profundo de mi concupiscencia, para que el cojo y esta mala puta revienten contra cualquier poste\u201d. Toda la ciudad anduvo revuelta y murmurando unos cuantos d\u00edas con aquel asunto de Charito, del mec\u00e1nico suicida y de la perfecta redacci\u00f3n y caligraf\u00eda de la nota manuscrita<br \/>\nFue un domingo cualquiera despu\u00e9s de misa, con la cantina repleta de gente, cuando algunos parroquianos vieron que se acercaba un cojo. A medida que se acercaba observaron que la cojera era la caracter\u00edstica menos llamativa de aquel individuo. Nadie le habr\u00eda puesto el sobrenombre de \u201cel cojo\u201d al personaje que se acercaba lentamente a la cantina. Vest\u00eda todo \u00e9l de negro y la piel tostada que se adivinaba entre la barba de ocho d\u00edas parec\u00eda parte del vestuario. Dos fin\u00edsimas rendijas, que parec\u00edan hechas con una cuchilla, con unas pesta\u00f1as finas, blancas y cortas indicaban que all\u00ed detr\u00e1s, bajo el ala del sombrero, pudiera haber ojos. Con otra cuchillada le hab\u00edan hecho la boca. No ten\u00eda labios. Parec\u00eda hecho en cart\u00f3n piedra por un fabricante de marionetas. El cojo se iba haciendo m\u00e1s y m\u00e1s grande a medida que se acercaba a la puerta. En la cantina, avisados los unos por los otros, todo el mundo estaba pendiente de lo que pasaba en la puerta. Muchos salieron a la calle buscando lugar a salvo de lo que pudiera pasar. Otros se quedaron dentro, por ver si el cojo entraba o no entraba. Lo que era seguro es que nadie hab\u00eda visto en toda su vida un cojo tan enorme y siniestro como aquel.<br \/>\nCuando lleg\u00f3 a la puerta y ley\u00f3 el enorme letrero el cojo no se inmut\u00f3. Se rasc\u00f3 la nuca con parsimonia por debajo del ala del sombrero y en aquella boca sin labios se dibujo una sonrisa extra\u00f1a que dejaba ver tres dientes de oro. Ech\u00f3 otro vistazo desganado al cartel, se ajust\u00f3 el sombrero mientras agachaba la cabeza para evitar golpearse con el marco y, mientras entraba en la cantina, con voz cansada dej\u00f3 salir silbando por entre aquellos dientes. \u2013 Atajo de hijos de puta- Dio dos pasos dentro de la cantina, se par\u00f3 y mir\u00f3 desafiante alrededor. Nadie dijo una palabra, la mayor\u00eda disimul\u00f3 como si aquello de que un cojo entrara en la cantina fuera cosa anodina y sin sustancia. El cojo camin\u00f3 hasta la barra y all\u00ed pidi\u00f3 un vaso bien grande de vino. Mientras el cojo beb\u00eda alguno de los presentes, deseoso de tragedia, se lleg\u00f3 hasta casa de Severiano para decirle que un cojo, grande y siniestro, se estaba bebiendo un buen vaso de vino en su local y que no ten\u00eda aspecto de asustarse f\u00e1cilmente. Cuando Severiano lleg\u00f3 a la cantina el cojo estaba sentado a una mesa, ten\u00eda un cuaderno delante y dibujaba distra\u00eddo con un l\u00e1piz. A nadie parec\u00eda importarle que un cojo bebiera tranquilamente en una cantina donde no hab\u00eda entrado un cojo en los \u00faltimos treinta a\u00f1os. Severiano se acerc\u00f3 decidido a echar a aquel cojo de su establecimiento pero se qued\u00f3 mudo cuando vio lo que dibujaba en su cuaderno. Era una mujer desnuda, rubia, despampanante, era Charito, la rubia de armas tomar, en sus mejores tiempos. Al pie del dibujo hab\u00eda escrito en letras grandes y may\u00fasculas \u2013ES DE LAS RUBIAS DE QUIEN HAS DE MANTENERTE ALEJADO, NO DE LOS COJOS.<br \/>\nHaya salud y suerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una peque\u00f1a ciudad, encima de la puerta de una cantina, hab\u00eda un enorme cartel en el que pod\u00eda leerse, en letras grandes y may\u00fasculas, LOS COJOS NO PUEDEN ENTRAR EN ESTE LOCAL. 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