LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 7º

RETORNO DE JACOB A LA TIERRA DE CANAÁN.
Con las tretas arriba mencionadas el ambiente se enrareció bastante y Jacob, que tenía la virtud heredada de saber cuándo ausentarse, preparó el petate y con sus mujeres e hijos, y sus cabras de rallas, se largó a camello. Se dio a la fuga, sin dar aviso a Labán el arameo, como ya es costumbre. Solo al Señor Dios han de rendir cuentas los elegidos.
“Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres en camellos y, con todo su ganado y todo lo que había adquirido en Padán Arán, se puso en camino hacia Isaac, su padre, a la tierra de Canaán. Mientras Labán se había ido al esquileo de sus ovejas. Raquel robó los ídolos familiares de su padre…”
“Al tercer día Labán se enteró de que Jacob había huido y, tomando consigo a sus hermanos, le persiguió por espacio de siete días, hasta darle alcance en los montes de Galaad…”
“Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lia y en la de las esclavas, pero no encontró nada. Pasó luego a la de Raquel, pero ésta había tomado los ídolos y los había escondido debajo de la albarda del camello, sentándose encima de ellos. Labán rebuscó por toda la tienda, pero no los encontró. Raquel le dijo: No se enfade mi señor si no puedo levantarme ante él, pues tengo lo que es habitual en las mujeres. Así él buscó y rebuscó, pero no pudo encontrar sus ídolos.”
Raquel, que era algo larga de manos, no pudo evitar llevarse unos recuerditos sin importancia que a punto estuvieron de causar un grave incidente. Y Labán busca que te busca enfurecido. Pero nuestra querida Raquelina, digna esposa de Jacob, haciendo gala de serenidad y temple salvó la situación y, aludiendo a la sangre caliente, demostró su sangre fría.
RETORNO DE JACOB A PALESTINA.”
Vuelve Jacob a Palestina, a su tierra. Un Jacob al que el miedo, a que su hermano Esaú cumpla la palabra que dio de darle muerte, se le ha metido en el cuerpo. Jacob, el amo y señor de inmensos rebaños, el ingeniero genético creador de rebaños a rayas, el elegido por el Señor Dios, muerto de miedo. Manda mensajeros que agasajen a Esaú con regalos, presentes y bonitas palabras. Le reza a su Dios protector. Divide sus pertenencias en campamentos para evitar que su hermano acabe con todo. En fin, que es una pena ver a todo un personaje bíblico en tal estado de nervios. También sorprende un poco la poca fe que le tiene a su Señor Dios, que de otras mucho peores sacó a su padre, y a su abuelo, y malo será que no haya algún terror divino a mano para aplicarle a Esaú si el caso lo requiere.
JACOB LUCHA CON DIOS.”Jacob se quedó solo, y un hombre estuvo luchando con él hasta despuntar el alba. El hombre, viendo que no le podía, le dio un golpe en la articulación del muslo y se la descoyuntó durante la lucha con él…” ”Él le preguntó: ¿Cómo te llamas? Contestó: Jacob. Y el hombre añadió: Tu nombre no será ya Jacob, sino Israel, porque te has peleado con Dios y con los hombres y has vencido. Jacob le preguntó: Por favor ¿Cómo te llamas? El respondió: ¿Por qué quieres saber cómo me llamo? Y allí mismo le bendijo…” “He visto a Dios cara a cara y he quedado con vida.”
Este Jacob me desconcierta. Tan asustado como un cordero por la amenaza de su hermano Esaú y aquí le tenemos luchando, cuerpo a cuerpo, con el mismísimo Dios, como un jabato. Y parece ser que no lo hacía del todo mal, que tuvo el Señor Dios que descoyuntarle una pierna porque amanecía ya y no había forma de reducirlo. Me cuesta imaginar a todo un Dios en semejante refriega de camelleros y más me cuesta creer que, ante la bravura de Jacob, tuviera que dar fin a la lucha con una traidora y ruin patada en una pierna. Yo me inclino a pensar que la patada, aunque aquí dice que fue en una pierna, se la llevó Jacob en los mismísimos, que así es como mejor se zanja una pelea. Esta no es digna actitud del que todo lo puede. Yo no soy capaz de imaginar a todo un Señor Dios dando patadas en las piernas a sus elegidos. Y Jacob ya no se llama Jacob, se llama Israel. Y es desde este día que los israelitas no comen el nervio ciático, porque ahí fue donde Jacob recibió la patada y yo no sé qué razón movió a los israelitas a tomar esta medida.
JACOB SE ENCUENTRA CON ESAÚ”… Él pasó delante de ellos y se postró siete veces en tierra antes de acercarse a su hermano. Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se echó a su cuello y lo besó, y los dos se echaron a llorar.”
Bueno pues Jacob ya no se llamará Jacob, que bien clarito se lo dijo el Señor Dios en el anterior capítulo, pero aquí en este libro no se han dado por enterados.
Después de tanto miedo y tantas precauciones resultó que el temido Esaú no tenía nada de rencoroso el hombre, y las trampas de las que fue víctima en el pasado se las devolvió a Jacob con abrazos y besos de verdadero hermano. Esaú, el tontorolo bravucón del que nada habíamos vuelto a saber, el que no fue elegido por el Señor Dios, ni bendecido por su padre, el que vendió su primogenitura por un plato de lentejas y se casó con, al menos, cuatro cananeas. Este Esaú nos ha dado, sin tanto rezo ni tanta promesa, sin golpes de pecho ni divinos pactos, una bonita lección de bondad y corazón. Siempre me cayó bien este hombre.
En esta misma situación, otros, no sé si habríamos actuado con tanto cariño y comprensión, sin rencores. Matarlo a palos, como había prometido, no, pero ponerlo a comer lentejas hasta que le salieran por las orejas, a lo mejor sí.
DINA ULTRAJADA.”Dina, la hija que Lía dio a Jacob, salió a ver a las mujeres del país. Siquén, hijo de Jamor, el príncipe de aquella tierra, la vio, la raptó, la violó y durmió con ella. Se quedó prendado de DINA, la hija de Jacob, la amó y le habló tiernamente al corazón.”
Dice aquí: La vio; nada de malo hay en verla. La raptó; pues no está bien, aunque tampoco hay que rasgarse las vestiduras si nos atenemos al trato que en este libro se da a las mujeres. La violó; esto ya es más gordo, cierto es que unos capítulos más atrás, Lot, entregaba a sus hijas vírgenes a los vecinos de Sodoma para que hicieran con ellas lo que quisieran, pero era su padre, había consentimiento paterno y aquí no lo hay. Y durmió con ella; esto sí que no, después de la violación, esto es alevosía y regodeo. La amó y le habló tiernamente al corazón; no creo yo que este chico estuviera bien de la cabeza.
He aquí a la pobre Dina, ultrajada como dice el enunciado, y a dos de sus hermanos, Simeón y Leví, dispuestos a castigar la ofensa como Dios manda y nunca mejor dicho, porque el castigo bien se pareció a los que el mismísimo Señor Dios aplica. Voy yo a relatárselo a grosso modo porque se vea que no exagero.
Hecha la ofensa, acuerdan los unos con los otros, siendo los unos Simeón y Leví y los otros el rufian Siquén y su padre Jamor, que para entregar a Dina en matrimonio al muchacho han de circuncidarse, él y todos los varones de su pueblo, a lo que acceden sin remilgos, ofreciéndo además su tierra para que se quede a vivir entre ellos Jacob y toda su prole. Conseguido esto dice el libro: “Al tercer día de la circuncisión, cuando el dolor era más fuerte, dos de los hijos de Jacob, Simón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, entraron a mansalva en la ciudad y mataron a todos los varones. Pasaron por la espada a Jamor y a su hijo Siquén, recogieron a Dina de la casa de Siquén y se marcharon. Los hijos de Jacob acometieron a todos los heridos y saquearon la ciudad por haber deshonrado a su hermana. Se apoderaron de sus ovejas, vacas y asnos, de todo cuanto había en la ciudad y en el campo y de todos sus bienes; se llevaron prisioneros a todos los niños y a las mujeres y saquearon lo que había en las casas.”
Bueno, pues más ya no se puede castigar. Ni el Señor Dios hubiera castigado tan bien y a lo grande, no señor. Por cierto, en esta refriega no se ha dejado ver el Dios de Israel
Me parece a mí que, ya metidos en castigo, aprovecharon para quedarse con cuatro cosillas. ¿Cómo castigarían estos hombres un homicidio con premeditación si castigan así una violación que acabó en boda? No quiero ni pensarlo. ¡Qué bárbaro! Seguramente estos mismos ofendidísimos hermanos, antes de la violación, la habrían vendido por media docena de camellos y unas sandalias.
Y se llevaron prisioneros a todos los niños y las mujeres. ¿Y qué va a ser de estos pobres rapazuelos? Toda su vida pagando con esclavitud la lujuria de sus gobernantes. Pues no han cambiado tanto las cosas hasta hoy
Anda que no habría mujeres por aquellos campos para ir a violar precisamente a Dina, la hija de Jacob. Con lo perjudicial que resulta tener un problema con un patriarca de estos, que siempre acaban igual, él enriquecido enormemente y los demás en la completa ruina o muertos
¿Y la pobre Dina? Raptada primero, violada a continuación, entregada como esposa después, al final viuda y viviendo con sus hermanos que, por lavar su honor, a mí me parece que la hicieron una desgraciada. Si ya una mujer tiene bien poco valor en este libro estando nuevecita: ¿Qué valor puede tener ultrajada y viuda?
JACOB EN BETEL.”Dios dijo a Jacob: Levántate, vete a vivir a Betel y levanta allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de la presencia de tu hermano Esaú.”
Bendito Jacob, siempre huyendo y abandonando lugares por la puerta trasera. No es extraño que, después de la salvajada de sus hijos, Dios le aconseje darse a la fuga. Dice aquí el libro que por si acaso alguien tenía en mente vengarse o perseguir a Jacob, ya el Señor Dios dejó caer sobre aquella tierra una buena dosis de “terror divino.” Yo no sé lo que es, pero se me pone la carne de gallina. ¿Quién iba a vengarse? Si mataron a todos los hombres, se llevaron las ovejas, vacas, asnos y esclavizaron niños y mujeres. ¿Quién iba a vengarse? ¿Los gatos dando arañazos? Eso es desaprovechar el terror divino.
NACIMIENTO DE BENJAMÍN Y MUERTE DE RAQUEL.
Murió Raquel en el parto y fue sepultada en el camino de Belén. Qué fatalidad, ir a morir precisamente en el parto, con lo mucho que cuesta al Señor Dios en este libro hacer fecundas a las mujeres. También se nos dice aquí de pasada que Rubén, hijo de Jacob, por aquel entonces “se llegó” a Bhilá, una de las famosas concubinas de papá. Yo en esto no veo nada malo, porque he sido educado en la creencia de que lo que hay en casa es de todos, no importa si es una chaqueta, una ración de calamares, o una concubina.
Isaac también expiró, anciano y lleno de días. No es poco, morir anciano y lleno de días cuando, siendo niño, te has librado de una cuchillada en el altar de los holocaustos. Que no es el Señor Dios amigo de rechazar agradables sacrificios de primogénitos. Esaú y Jacob lo sepultaron.
Es curioso que, siendo como es hoy lo más común que las mujeres sobrevivan a sus maridos, en este libro a los patriarcas no los sobrevive ni una. Esto de ser elegido del Señor Dios es una garantía de que al menos, viuda, no vas a dejar.
Por cierto. ¿Alguien más se ha dado cuenta de que en lo que llevamos de Biblia no ha aparecido ni un solo perro, el mejor amigo del hombre? A lo mejor por aquel entonces, los perros, todavía eran bestias campestres, sin domesticar. O andaban algo asustadizos entre tanta venganza y castigo. Como perro, no se podría estar muy tranquilo cerca de según qué personajes sin tener siempre presente que, de cualquier parte, te puede caer un fogonazo, o entran en tu pueblo y se pasan por la espada a todo ser vivo, o se pone a llover y ya dependes de un sorteo para sobrevivir en un arca. Esto, en los perros, causaría un estrés que seguramente los llevaría a vivir en las montañas, lejos de los “hechos a semejanza”.
DESCENDENCIA DE ESAÚ.
Pueden ustedes escoger nombre, el catálogo es extenso.
LOS SUEÑOS DE JOSÉ” José tenía diecisiete años cuando iba a apacentar el rebaño con sus hermanos, los hijos de Bhilá y de Zilpa, mujeres de su padre. Y José contó a su padre la mala fama que tenían sus hermanos. Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque era el hijo de su ancianidad y le hizo una túnica con mangas largas. Sus hermanos vieron que su padre lo amaba más que a todos ellos, y le cobraron tal odio que no podían hablarle con cariño.”
Algo chivato el mozalbete, el preferido de papá con su túnica de mangas largas, y tiene toda la pinta este José de ser el que suceda a su padre, Jacob, como elegido del Señor Dios. No hay manera de que aparezca uno, entre los elegidos del Señor Dios, que se vista por los pies. Unos, mentirosos, otros, tramposillos y ahora este, un chivato que seguramente acabará enormemente enriquecido. Y ya estamos con las preferencias y distingos que tantos problemas acarrearon en anteriores relatos.
“José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos. Les dijo: Escuchad el sueño que he tenido, estábamos atando gavillas en el campo, y en esto que mi gavilla se levanta y se queda derecha, mientras que las vuestras se ponen alrededor y se inclinan ante la mía. Sus hermanos respondieron: ¿Es que vas a ser tú rey y señor nuestro? Y le odiaban todavía más por sus sueños y por sus palabras. José tuvo otro sueño…”
Todos a los diecisiete años hemos tenido fantásticos sueños, muchos de ellos, al igual que José, sobre gavillas, u otras cosas, que se levantaban y se quedaban derechas. Algunos aún hoy los recuerdo, pero nos hemos cuidado muy mucho de pasarnos el día dando la lata con ellos, o de buscarles fabulosas explicaciones. Esto pinta muy mal.
JOSÉ VENDIDO POR SUS HERMANOS.
Se veía venir y menos mal que no lo mataron, porque intenciones no faltaron, que lo dice el libro, y no hubiera sonado extraño teniendo los hermanos que tiene, que yo todavía recuerdo el castigo que Simeón y Leví se corrieron por lo de Dina ultrajada. Yo creo que tuvo suerte si tenemos en cuenta cómo se las gastan en este libro los ofendidos, excepción hecha de Esaú, que pensaba, perdonaba y se casaba según su propio criterio. Lo vendieron por veinte monedas de plata a una caravana de ismaelitas que iba a Egipto. La famosa túnica de mangas largas, hecha unos zorros y ensangrentada, se la presentaron a Jacob como prueba de que al bueno de José se lo había merendado una fiera. Y tenía que ser una fiera terrible y muy hambrienta, porque no se dejó ni los huesos. Jacob, el pobre, se tragó la historia y quedó destrozado de dolor. Habría sido menos doloroso, y más creíble, contarle que su hijo José se largó a Egipto tras perder la cabeza por una esclava abisinia, locamente enamorado el jovencito. Aunque solo fuera por humanidad hacia Jacob, que eso lo entiende cualquier padre. Y Jacob más que nadie, que su queridísima esposa Raquel le costó catorce años de trabajos.
Hay que tener un poco más de tacto a la hora de relacionarse con los hijos, que estos distingos y preferencias son cosas muy delicadas, aunque uno sea hijo natural y los otros unos hijos de puta, ¡perdón! de esclava. Tampoco los sueños de José ayudaron mucho a mejorar la situación.
JUDÁ Y TAMAR.
Por aquel tiempo, Judá, uno de los doce hijos de Jacob, decidió cambiar de aires y marcharse lejos de sus hermanos. Se fue a otra tierra y tomó por mujer a una cananea, supongo yo que sabiendo la pésima reputación que las cananeas tienen a los ojos del Señor. La cananea en cuestión le dio tres hijos, Er, Onán y Selá. Judá buscó mujer para su primogénito Er, pero éste, por alguna razón no agradó al Señor Dios y lo quitó de en medio dejando una flamante viuda de nombre Tamar. Era entonces deber de cuñado casarse con la viuda y “llegándose a ella” conseguir la descendencia que el difunto no pudo lograr y esto le correspondió a Onán, el segundo en edad. Onán, sin saber que jugaba con fuego, derramaba su semen en tierra cada vez que se llegaba a la viuda para no dar hijos a su difunto hermano.”Desagradó al Señor lo que hacía, y le hizo morir” Así las gasta el Señor Dios. No eran tiempos aquellos de andar desperdiciando semen. Con tal cantidad de mujeres estériles y los castigos de unos y de otros diezmando la población, la supervivencia de la especie no lo permitía. Hoy, por el contrario, con la superpoblación del planeta y la supervivencia garantizada, ya la masturbación no está tan castigada. Hasta hace no muchos años, aquí, donde yo hago vida, la masturbación seguía produciendo ceguera, desecación de la médula, enanismo y gustirrinín. Esto nos lo decían, principalmente, los curas. Que no sé yo que podían saber ellos de algo que, se supone, no practicaban. Pero ahora es incluso recomendada y aconsejable para una vida sexual sana y satisfactoria. Esto lo dicen expertos en el tema. Sicólogos, sexólogos y un sinfín de entendidos que, yo supongo, han pasado mucho tiempo practicando, estudiando y experimentando sobre el asunto.
Judá, viendo que se quedaba sin hijos, devolvió a su nuera Tamar con su padre hasta que Selá, el tercero de los hermanos, estuviera más crecidito para cumplir los deberes de cuñado. No creo yo que Selá, después de ver a sus hermanos perder la vida ante aquella gafada hembra, tuviese ninguna prisa por crecer.
Pasó el tiempo, Judá se quedó viudo y olvidó cumplir lo que era de ley con su nuera Tamar. Cuando el luto por su esposa había pasado ya, con la disculpa del esquileo, Judá se fue de putas con su amigo Jirá y aunque él no la reconociera, víctima de ese extraño fenómeno, que se da a menudo en este libro, de no reconocer a nadie una vez que estas metido en cama, la prostituta era Tamar. Esto lo dice aquí bien claro:”Entonces ella se quitó sus vestidos de viuda, se cubrió con un velo y, disfrazada, se sentó a la entrada de Enáyim, junto al camino de Timan, pues veía que Selá había crecido y no se había casado con ella. Judá la vio y la tomó por una prostituta, pues había cubierto su rostro. Se apartó del camino hacia ella y le dijo: Déjame hacer el amor contigo. No sabía que era su nuera. Ella le respondió ¿Qué me vas a dar por hacer el amor conmigo? Y él le dijo: Te mandaré un cabrito del rebaño. Pero ella repuso: Bien, pero me has de dar una prenda hasta que lo mandes. Él preguntó: ¿Qué prenda quieres? Y ella respondió: Tu sello, el cordón del que cuelga y el bastón que llevas en la mano. El se los dio, hizo el amor con ella y la dejó embarazada. Luego ella se levantó y se fue. Se quitó el velo y volvió a ponerse la ropa de viuda.”
Solo a Judá se le ocurre andar de putas y no llevar dinero.
“Unos tres meses después le contaron a Judá: Tu nuera Tamar se ha prostituido y ha quedado encinta. Judá dijo: Que sea sacada y quemada. Cuando ya la iban a sacar, mandó decir a su suegro: Yo he quedado encinta del hombre a quien pertenece todo esto. Mira, por favor, de quién son este sello, este cordón y este bastón.”
Pronto se le bajaron los humos, y digo humos por parecerme aquí lo apropiado hablando de quemar a un semejante, cuando vio su propio bastón y el sello. Allí recibió Judá una gran lección, aunque yo habría propuesto incrementar el escarmiento con alguna que otra pedrada. No por putero que, siendo viudo, es él muy libre de envilecerse como más le plazca, sino por el doble rasero.
JOSÉ EN EGIPTO “José había sido llevado a Egipto. Putifar, egipcio eunuco del Faraón y capitán de la guardia, se lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí. El Señor estaba con José y todo le salía bien.”
Dice el libro que el Señor estaba con José y todo le salía bien. Vaya novedad. Así, en poco tiempo, lo encontramos en Egipto como administrador y manda más de todo cuanto su amo, Putifar, posee, excepto de su mujer, claro está. José, además de ser bendito del Señor, era guapo y esbelto, y claro, son demasiadas cosas juntas para pasar desapercibido a los ojos de la mujer de Putifar. Todos sabemos ya cuán lascivos eran los egipcios y parece ser que también sus mujeres. Ella, y solo ella, fue quien propuso la comisión de adúlteras actividades al bueno de José. El hombre propone y Dios dispone, pero cuando la que propone es la mujer de Putifar la cosa se pone fea. José, dice aquí el libro, se negó a semejante felonía y consiguió con esta negativa el despecho de la hembra, y ésta, preparó la encerrona que dio con los huesos de José en presidio.
Los huesos de José en presidio por culpa de una hembra. Y es que en este libro, las mujeres, parece ser que siempre acarrean castigos con su conducta, problemas maritales con su esterilidad, venganzas fraternales con sus preferencias y un sin fin de otras inconveniencias que en adelante conoceremos. No sé si es esto un mensaje intencionado, “de esos que este libro no tiene, “o un sentimiento misógino oculto en el escribiente, o es palabra de Dios.
Me pregunto ¿Qué es palabra de Dios, y qué no, en este libro gordo?
LOS SUEÑOS DE LOS RECLUSOS.
Como el Señor Dios seguía con José y todo le salía bien. No sé yo hasta qué punto es “ir bien” dar con tus huesos en presidio por un lío de faldas. Así lo dice aquí, “halló favor a los ojos del jefe de la prisión. Éste confió a José todos los presos de la cárcel.” Allí fueron a parar, a la cárcel, por causas no referidas dos importantes oficiales del Faraón, el panadero y el copero. Como en la cárcel no se duerme tan cómodo como en palacio sufrían estos dos personajes sudorosas pesadillas a las que no encontraban explicación. Por suerte o por desgracia para ellos allí estaba José, experto en oniromancia como ya sabemos, que les aclaró, palabra por palabra, el significado de tan molestos sueños. Según José, el copero saldría de prisión y volvería a servir al Faraón. El panadero, por el contrario, acabaría colgando de una cuerda. Excusado es decir que José fue infalible en sus interpretaciones.
LOS SUEÑOS DEL FARAÓN.
Otro soñador sin consuelo, el Faraón. En Egipto hace mucho calor y la hora de la siesta no es el mejor momento para quedarse traspuesto a cabeza descubierta bajo el sol. Luego se tienen sueños inexplicables y visiones carnavalescas. El Faraón soñaba con siete vacas gordas y lozanas, siete, y otras tantas flacas que las devoraban. Con espigas grandes y hermosas, siete, y otras tantas marchitas que las devoraban. El copero del Faraón, que había recuperado su puesto, recordó cómo José dominaba el asunto de los sueños y allá que se lo llevaron. Así dijo José:
Siete vacas = siete años.
Vaca gorda = buen año.
Por lo tanto;
Siete vacas gordas = siete años buenos.
Aplicando esta misma ley pero a la inversa tenemos que:
Siete vacas flacas = siete años malos.
Con una sencilla suma obtenemos la cifra resultante;
Catorce años.
Aplíquese el mismo razonamiento para las espigas.
Una vez más, José, se mostró infalible.
NOTA
Yo esta vez no he soñado nada. Ya son tantos los sueños en este capítulo, y tan transcendentales que, los míos, banales y producidos por una mente ignorante y primitiva se han quedado para mejor ocasión. Podría haber soñado con ver esta Biblia de los Locos, como la original, en todas las mesitas de noche. Eso no lo creo posible, sería demasiado soñar. Aunque algo ya tengo conseguido, porque lo que sí hay es un ejemplar en cada papelera de las más de un centenar de editoriales de habla hispana a las que mandé el manuscrito. Por algo se empieza.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 6º

MUERTE Y SEPULTURA DE SARA.
Y con estas, y otras ya contadas, acabaron con la dulce Sara. Ciento veintisiete años de alegrías y rabias. Sara, la madre del pueblo elegido, hembra estéril que tuvo un hijo a sus noventa y tantos, ha muerto.
Que se atreva a reírse, en este libro, ya solo nos queda Abrahán.
MATRIMONIO DE ISAAC.
Abrahán, ya viejo, manda a su más fiel criado en busca de una esposa digna para su hijo Isaac, que no sea cananea por supuesto. Ciega había de ser la confianza en tal criado para encomendarle tan delicada misión. Es el caso que, el criado, encomendándose al Señor y siguiendo sus indicaciones, encontró a Rebeca que, casualmente, era prima segunda de Isaac, y la trajo a su amo. A juzgar por la cantidad de regalos y presentes que, según el relato, repartió el criado a diestro y siniestro, también podría decirse que a Isaac le compraron esposa, que tampoco es de extrañar, porque no es empresa fácil convencer a una moza de que abandone vida y familia y se embarque en matrimonio con un fulano que ni siquiera se molesta en buscarla él mismo. Una de dos, o es un vago redomado, o es tan feo…
“Isaac introdujo a Rebeca en la tienda de Sara, la tomó y fue su mujer. La amó, y se consoló de la muerte de su madre.”
Ansioso debía de estar Isaac esperando, que ni media palabra cruzó con su flamante mujercita y allí, en la tienda de su difunta madre, la tomó para sí. Tampoco era cuestión de rechazar sin más la que había sido, a todas luces, escogida por voluntad del mismísimo Señor Dios en tierras lejanas, que las de tierras cercanas, por ser cananeas, estaban vedadas a Isaac. Cosas del Señor Dios.
MUERTE DE ABRAHÁN.
Abrahán ya viejo, pero no tanto, aún tomó tras la muerte de Sara otra mujer llamada Queturá de la que tuvo, sin mediar milagro alguno, otros seis hijos. A esto le llamo yo saber envejecer. A estos, los hijos de sus concubinas según dice el relato, les hizo donaciones y los alejó de Isaac. Parece ser que, una vez viudo, el amigo Abrahán recobró una vitalidad y un gusto por la reproducción desmesurado para su edad. Mala suerte el que su amada esposa, Sara, fuera estéril hasta los noventa años, porque si no ellos solitos se habrían bastado para poblar la tierra prometida. Por otra parte es natural que, siendo tan reproductivo, aleje de Isaac a sus otros herederos, para evitar futuros pleitos que solo conducen a la desintegración de un jugoso capital conseguido con esfuerzo, sufrimiento y la ayuda del Señor Dios.
“Abrahán vivió ciento setenta y cinco años. Murió en buena vejez, anciano, lleno de días y fue a reunirse con sus antepasados.”
No es para tener queja la existencia del bueno de Abrahán y la apacible forma de terminarla. Casi se hace extraño que un hombre como Abrahán, con las peripecias y aventuras que en este libro se relatan, muera de forma natural, si por natural entendemos la vejez y progresiva pérdida de energías. Tampoco habría extrañado a nadie que un camellero errante se hubiera topado de morros con el cadáver de Abrahán, tirado en una cuneta con evidentes signos de violencia. Que hay Faraones muy rencorosos, esclavas despechadas, herederos de segunda. No habría sido tan raro en aquellos tiempos, ni en estos.
DESCENDENCIA DE ISMAEL.
Nombres, más nombres.
ESAÚ Y JACOB.”Abrahán engendró a Isaac el cual, a la edad de cuarenta años, se casó con Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Arán, y hermana de Labán. Isaac rezó al Señor por su mujer, que era estéril. El Señor lo escuchó, y Rebeca quedo encinta.”
¡Rebeca estéril! Esto es una maldición. Gracias al Señor Dios que una vez más convirtió en fértil a una hembra estéril, Isaac y Rebeca tuvieron hijos. Parece ser que ya en aquellos tiempos tenían las parejas serios problemas para tener hijos y que no es cosa de hoy como yo pensaba, solo que por aquel entonces los tratamientos de fertilidad los llevaba directa y exclusivamente el Señor Dios. Ventaja para las mujeres, que no tenían que someterse a las barbaridades por las que tienen que pasar hoy, ni meter en el cuerpo los venenos que hoy se meten, aunque siempre bajo estricta supervisión y consejo médicos, con todo bajo control y sin que exista ningún riesgo para ellas, ¡Ja! También estos jugando a ser Dios.
Dos fueron los hijos dice aquí, Esaú y Jacob. Esaú nació primero, rubio, velludo, tontorolo y bravucón, con afición a la caza y esto agradó a su padre, Isaac. Jacob nació agarrado al talón de su hermano Esaú y no sé yo que explicación dar a este detalle, pero pienso buscarla, que no pasó desapercibido al escribiente. Jacob era hombre tranquilo y amante del campo y esto agradó a su madre, Rebeca, y ya empezamos con ligeras discrepancias, con lo peligrosas que en este libro acaban resultando. Pronto dio muestras Jacob de poseer aptitudes más que suficientes para convertirse en el futuro elegido del Señor Dios. Lo primero y más importante era conseguir la primogenitura que correspondía a su hermano Esaú, porque en este libro se da una tremenda importancia a los primogénitos, unas veces para bien y otras para exterminarlos, como tendremos oportunidad de apreciar. Aprovechando el desfallecimiento con que Esaú llegaba a casa tras un día de campo, Jacob le compró la famosa primogenitura por un plato de lentejas que tenía preparadas. Dice el libro: “así menospreció Esaú su primogenitura.” Pues será diferencia de criterio, pero a mí me parece este Jacob algo cabroncete. Nuestro querido Jacob, no cabe duda, ha salido a su abuelo.
ISAAC EN GUERAR.”Hubo hambre en el país (otra distinta de la que hubo en tiempo de Abrahán) e Isaac se fue a Guerar con Abimelec… Isaac se estableció en Guerar. Las gentes del lugar le preguntaban si Rebeca era su mujer, y él respondía que era su hermana, pues tenía miedo de decir que era su mujer; porque como Rebeca era muy bella pensaba que aquellos hombres podían matarle.”
Cuestión de familia parece ser, la misma estrategia que su difunto padre Abrahán. El truco de la hermanita. Pero claro con semejantes bestias, y no de las campestres, ignorantes de la creencia popular que asegura que las guapas son tontas y dispuestos a matar al que tengan por marido, no es de extrañar. Estoy empezando a pensar que el Señor Dios escoge a sus elegidos porque tienen mujeres guapísimas. Tan hermosas y despampanantes que, allí dónde va, se ven obligados a recurrir a tretas y componendas de catadura más que dudosa.
Yo supongo, leyendo estas cosas, que la población femenina, en aquellos tiempos, era un auténtico batallón de adefesios y la masculina una caterva de memos lujuriosos, y por eso una mujer hermosa causaba conmoción y cataclismo entre los varones. Menos mal que aquí Abimelec, según el relato, un día, mirando por la ventana, se percató de la situación y prohibió bajo pena de muerte tocarles un pelo. Un poco repetitivo el guión. ¿No?
Por cierto, no quiero seguir sin antes aclarar el asunto de nacer Jacob agarrado al talón de su hermano. La verdad es que poca explicación he encontrado. Todo se reduce a que el nombre Jacob, según dicen, significa “el que sujeta por el tobillo”, o “el que suplanta”. A mí me parece más acertada esta última. ¿Quién lo dice? Pues expertos, estudiosos, profesores de teología, yo qué sé. Aquí lo digo yo. Explicar no explica nada pero parece ser que en el nombre ya le iba el destino.
“Isaac sembró la tierra donde estaba, y aquel año recolectó cien veces más. ¡Tanto le bendijo el Señor! Se enriqueció y se fue enriqueciendo más y más, hasta llegar a ser riquísimo. Poseía rebaños de ovejas y vacas y numerosa servidumbre. Los filisteos comenzaron a tenerle envidia, por lo que cegaron y llenaron de tierra los pozos…”
Otro extraño mensaje de esos me llega cuando leo este párrafo y, sin quererlo, establezco una sospechosa relación entre la bendición de Dios y la facilidad para hacer fortuna. Dios te bendice, eres agradable a los ojos de Dios y acabas podrido de dinero, tienes generosas cosechas, tus rebaños se multiplican milagrosamente, te enriqueces más y más y tu Señor, en su inmensa bondad, te mima. Y parece ser que el Señor Dios solo mima a algunos, a pesar de ser todo poderoso, no tiene tiempo para todos, o tal vez estos otros no son lo bastante buenos para enriquecerse y tener rebaños y generosas cosechas. Es posible que no se pueda ser patriarca si no se está lo suficientemente enriquecido, o viceversa. Yo el mensaje no acabo de entenderlo, o lo entiendo y no me gustan un pelo estas bendiciones del Señor Dios. En circunstancias tan favorables me parece a mí bien fácil seguir a tu Dios, o ir delante, como prefieras. Mientras, otros pueblos de la tierra nadan en la miseria con la firme creencia de que el Señor vela por ellos.
Yo estoy bautizado. Hice la primera comunión en tiempo y forma adecuados. He llevado vida más que correcta. Nunca me he quedado con nada que no fuese mío. He practicado, de pequeño, la confesión, el arrepentimiento, la penitencia, la limosna y la castidad. No he insultado, agredido o vejado a ninguna otra de las criaturas que conmigo comparten el planeta. Me considero persona justa e íntegra entre tanta carnavalada como veo. Algo ignorante, eso sí. Pues aún así no he tenido suerte. Mis rebaños no crecen enormemente. Cosechas, no hay cosechas. Servidumbre, no tengo. Las riquezas, me rehúyen. Y por más que escucho no te oigo, Señor Dios, nada, que no oigo voces. ¿Qué pasa?
No es de extrañar que ahora, en este tiempo que nos ha tocado vivir, todo individuo persiga ser el patriarca de su propio reino, es decir, enriquecerse y poseer todos aquellos bienes que ansía, cual burro detrás de su zanahoria. Es hoy regla y costumbre que se juzgue al burro por las zanahorias que ha conseguido, que se rinda pleitesía, con admiración de oveja, al que teniendo este libro por almohada, y el dinero por castigo, vive el cielo en esta vida. Otros, teniendo el infierno en esta, se consuelan con el cielo de la otra. Todos sabemos que a los pobres, bienaventurados ellos, el cielo los espera con las puertas abiertas. Un cielo precioso, llenito de agujas para pasar camellos por sus ojos.
Yo, el enriquecimiento desmesurado, desde la más tierna infancia lo había entendido como algo bien cercano a Satanás y cosa poco agradable a los ojos del Señor Dios. Supongo que una vez más, y ya estoy acostumbrado, no entendí las enseñanzas, no capté el mensaje, no presté atención.
Tanta riqueza y bendición de Dios levantó envidias entre los filisteos y la situación degeneró en la guerra de los pozos, Isaac abre un pozo y los filisteos se lo tapan y así una y otra vez hasta que Abimelec, el pobre Abimelec, que no sé cómo llegó a viejo, viendo su patria convertida en un queso y convencido de que el Señor Dios protegía a Isaac, selló un pacto con el bendito del Señor.
También se nos informa de que Esaú a la edad de cuarenta años se casó con Judit y con Basmat, dos mujeres hititas que amargaron la vida a Rebeca y a su marido Isaac. El por qué no se relata en la edición que yo manejo, pero no hace falta, porque son mujeres, y en este libro ya se sabe como las mujeres complican y desbaratan planes y situaciones. Además son mujeres hititas, que ya es una doble y penosa condición. Si no tenían cuernos no andaría la cosa muy lejos.
BENDICIÓN DE ISAAC A JACOB.”Isaac era ya viejo y se había quedado ciego…” Rebeca dice a su hijo preferido, Jacob:”…Acabo de oír a tu padre decir a tu hermano Esaú: Tráeme caza y prepárame un guisado para que coma y te bendiga delante del Señor antes de morir. Hijo mío escúchame y haz lo que te mando. Vete al rebaño y tráeme dos cabritos. Yo prepararé a tu padre un guisado como a él le gusta, y tú se lo llevarás a tu padre para que lo coma y después te bendiga antes de morir. Jacob respondió a su madre Rebeca: Tu sabes que mi hermano Esaú es hombre velludo y yo lampiño; si mi padre me palpa, se dará cuenta de que le estoy engañando, y yo atraería sobre mí una maldición en lugar de la bendición. Su madre le respondió: Tu maldición, hijo mío, caiga sobre mí. Tú obedéceme; ve y tráeme los cabritos. Él fue a buscar los cabritos y se los trajo a su madre, que preparó el guiso como a su padre le gustaba. Tomo después Rebeca vestidos de Esaú, su hijo mayor, los más bonitos que tenía en casa, y se los puso a Jacob, su hijo menor. Con las pieles de los cabritos cubrió sus manos y la parte lisa de su cuello, y puso en las manos de Jacob el guiso que ella había preparado y el pan.”
Francamente, no me esperaba yo esto de Rebeca, maquinando en la sombra el destino de su hijo favorito, Jacob, en perjuicio de su otro hijo, Esaú. El engaño, la mentira vil, la forma y manera de conseguir la bendición que no te corresponde. Y Jacob, todo un personaje bíblico, disfrazado como un vulgar carnavalero para engañar a su padre viejo y ciego. Qué vergüenza tratar así al pobre Isaac cuando ya tiene un pie en el cementerio y el otro por el camino, que ya ni distingue la caza del cabrito, ni a los hijos que tiene.

“Jacob se acercó a su padre y le dijo: ¡Padre! Aquí estoy, respondió él. ¿Quién eres hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Soy Esaú, tu primogénito.”
Parece ser que el pobre Isaac no sabía que Esaú había perdido la primogenitura con el asunto de las lentejas.
“He hecho lo que me mandaste; levántate y come la caza, para que después me bendigas. Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo la has encontrado tan pronto, hijo mío? Él respondió: Porque el Señor, tu Dios, me la ha puesto en las manos. Isaac dijo a Jacob: Acércate, hijo mío, para que yo te palpe, a ver si eres mi hijo Esaú o no. Jacob se acercó a su padre Isaac, el cual, después de haberle palpado, dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú. Y no le reconoció porque las manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y se dispuso a bendecirle. Pero todavía insistió: ¿Eres tú de verdad mi hijo Esaú? Y respondió: Si, yo soy. Entonces le dijo: Acércame la caza para que coma y después te bendiga. Jacob se la acercó y comió; también le trajo vino y bebió. Después Isaac, su padre, le dijo: Ahora acércate y bésame, hijo mío. Él se acerco y lo besó. Y cuando Isaac sintió la fragancia de sus vestidos le dijo así: Oh, el olor de mi hijo es como el olor de un campo fértil que el Señor ha bendecido…””… Tan pronto como Isaac acabó de bendecir a Jacob y este salió de su presencia, volvió de la caza su hermano Esaú. Preparó también él un guisado, se lo llevó a su padre y le dijo: Levántese mi padre y coma de la caza de su hijo para que me bendiga. Isaac le dijo: ¿Quién eres tú? Él respondió: Yo soy Esaú, tu hijo primogénito. Isaac sintió un fuerte estremecimiento y dijo: ¿Pues quién ha sido el que me ha traído la caza? Yo he comido de ella antes de que tú vinieras, y lo he bendecido, y ¡Bendito será!
Yo no creo que sea cosa conveniente esperar a estar tan viejo para dar las bendiciones. Te despistas un poco y le largas la bendición al mastín del rebaño y a ver después quien se la quita. Según esto, la cosa está clara. Si engañas a tu padre, te disfrazas como un carnavalero, imitas la voz de tu hermano y sibilinamente robas para ti la bendición que no te corresponde, es fácil que el Señor Dios te colme de lo que sea. Ahora, si ves la desnudez de tu padre recién amanecido y se lo cuentas a alguien, te cae una maldición que perdurará de generación en generación hasta el final de los días. Si de repente oyes un portazo y se te ocurre mirar atrás, a ver qué ha sido eso. ¡ZAS! Convertido en azucarillo para siempre. Efectivamente la cosa está clara.
Cuando Esaú oyó las palabras de su padre gritó con gran fuerza su amargura, y dijo a su padre: Bendíceme también a mí, padre mío. Pero este respondió: Tu hermano ha venido con engaño y se ha llevado tu bendición…””Desde entonces Esaú aborreció a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y se dijo: Están próximos los días en que se hará el duelo por mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob.”
Esto se lo hacen a Esaú. A Caín esto no se lo hacen, porque coge una quijada, de lo que sea, y homicidio que te casco.
Y el Señor Dios que ni se inmuta. Bien clarito queda aquí que tiene el Señor Dios raseros distintos para medir bellaquerías y maldades según quien las comete. Por eso yo no sé a qué atenerme con él. Puede condenarte a ti y a toda tu descendencia a la esclavitud por un simple chivatazo, convertirte en estatua de sal por una simple miradita, o puede enriquecerte inmensamente por ser un tramoyista enreda bailes.
No es de extrañar que el infeliz Esaú prometiera liquidar a su “particular” hermano. Eso sí, cuando su padre haya muerto, todo un detalle.
Este libro, ser es muy serio, pero cuenta unas escenas que parece un guión de comediantes.
Leyendo estas encerronas, y otras que aquí se han relatado, casi parece una broma aquel engaño que sufrieron nuestros primeros padres, obra de la serpiente, el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había creado, y que le costó a ella una dieta de polvo a perpetuidad y a nosotros el paraíso. Es de suponer que por ser pecado original y primero, el Señor Dios, a modo de ejemplo, lo castigó tan duramente. Después, como se está comprobando, puso el listón mucho más bajo. Al menos para sus elegidos.
ISAAC DESPIDE A JACOB.
Jacob, con su flamante bendición y su amenaza de muerte, aconsejado por su mamá, lió el petate y puso tierra de por medio. Cuando se despidió de su padre recibió una única orden:”No te cases con una cananea. Anda vete a Padán Arán a casa de Betuel, padre de tu madre, y cásate con una de las hijas de Labán, hermano de tu madre.”
Jacob, búscate una prima. Porque no hay cosa mejor que casarse entre familia, y preparar un batiburrillo, de tíos, primos, consuegros y genes, que garantice la subnormalidad de la descendencia. Como así ha sido.
NUEVO MATRIMONIO DE ESAÚ.
Esaú, que oyó este consejo, se procuró una cananea para casarse por tercera vez. Y menos mal, porque si no, no quiero imaginar a qué grado de degeneración habría llegado la especie. A mí me cae bien este Esaú.
LA ESCALERA.”Jacob salió de Berseba con dirección a Jarán. Llegó a cierto lugar y se dispuso a pasar allí la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una piedra, la puso por cabecera y se acostó. Tuvo un sueño. Veía una escalera que, apoyándose en la tierra, tocaba con su cima el cielo, y por la que subían y bajaban los ángeles del Señor…”
Jacob sueña con la famosa escalera y no es de extrañar que tuviese sueños tan raros usando una piedra por almohada. Es posible que fuera escalera y puerta de entrada en la casa de Dios. Yo comprendo que el paso del tiempo y la bellaquería, que iba en aumento entre los hombres, convencieran al Señor Dios para retirar la escalera y cerrar la puerta, de manera que ni en sueños se pudiera dar con ella. Aquí, en este mismo lugar, hizo Jacob una promesa. Fue la siguiente:”Si Dios está conmigo, me protege en este viaje que estoy haciendo y me da pan para comer, vestidos para cubrirme y puedo volver sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios.”
Bueno, no está mal, yo también saldría de viaje así.
JACOB ENTRA EN CASA DE LABÁN.”…Cuando Labán oyó que había llegado su sobrino Jacob, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Jacob contó a Labán todo lo sucedido. Labán le dijo: ¡En verdad, tú eres hueso mío y carne mía! Y Jacob se quedó con él. Pasado un mes, Labán le dijo a Jacob: ¿Por ser sobrino mío, me vas a servir de balde? Dime cuál ha de ser tu salario. Labán tenía dos hijas. La mayor se llamaba Lía y la menor Raquel. Lía tenía los ojos tiernos, mientras que Raquel era guapa y de lindo semblante. Jacob amaba a Raquel, y dijo: Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor. Y Jacob sirvió siete años por Raquel, que le parecieron unos días; tan grande era el amor que le tenía. Después dijo a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para que viva con ella… Labán invitó a todas las gentes del lugar y dio un gran banquete. Por la noche tomó a su hija Lía y se la trajo a Jacob, que se unió a ella. A la mañana siguiente Jacob se dio cuenta de que era Lía, y dijo a Labán: ¿Qué es lo que me has hecho? ¿No te he servido yo por Raquel? ¿Por qué me has engañado? Y Labán respondió: En nuestra tierra no es costumbre dar la menor antes que la mayor.”
Ya podía haberlo dicho, Labán, siete años antes. Menudo cuajo que tiene este hombre. Parece ser que Jacob, a pesar de ser aún joven, ya padecía algo de la ceguera que aquejó a su padre cuando era viejo, y Labán le coloca a su hija mayor, no vaya a quedar para vestir santos, cosa que en este libro tendría mucho futuro por cierto, en lugar de la pequeña Raquel, la que le gustaba al despistado de Jacob. Él, que tan buena maña se daba en esto de los engaños.
En aquellos tiempos antiguos la vida no permitía confianzas ni despistes a la hora de meterte en la cama, lugar por el que los primeros pueblos sentían especial predilección a la hora de dar gato por liebre. Así venimos observándolo a lo largo de nuestra lectura. También se puede apreciar que, tal vez por ser los primeros tiempos, al hombre, cuando se metía en la cama, o le faltaban sentidos, o le fallaban los que hoy tenemos. Yo otra explicación no encuentro.
Y así se ganó Jacob catorce años al servicio de su tío Labán, que yo prefiero a Caín antes que tener un tío como este, a cambio de sus dos hijas. Precio a todas luces desorbitado a juzgar por el valor que en este libro se les da a las hembras, aún siendo vírgenes, y dando por sentado que no son cananeas. Las cananeas, lo hemos podido apreciar con Esaú, se entregan en matrimonio sin tanto cambio, ni trato, ni gaitas.
HIJOS DE JACOB.”El Señor vio que Lía era despreciada y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril.”
¡Qué fatalidad! Quién lo iba a decir, Raquel estéril y Lía fecunda como una coneja. Algo impensable a estas alturas de relato. Es el caso que Lía, la del cambiazo, le dio a Jacob cuatro hijos. Ante semejante panorama, Raquel, que era estéril, no se le ocurrió otra cosa que meterle a su marido Jacob una batería de esclavas en su cama, y este, como buen marido, se llegó a ellas y las preñó a todas en repetidas ocasiones. Lía, que por razones desconocidas después del cuarto hijo se había quedado estéril, hizo lo mismo que su hermana y aquí tenemos a Jacob llegándose a una esclava detrás de otra. Estos patriarcas de la antigüedad, escoger mujer no fue oficio que dominaran, y así el Señor Dios se veía constantemente enmendando con sus milagros el desatino de sus elegidos. Y lo que no arreglaba él lo arreglaban las mujeres echando mano de sus esclavas, cediéndoles gustosamente su lugar en el lecho y consiguiendo de esta manera dar hijos al matrimonio. El hombre mientras tanto de mujer en mujer, como semental obediente a la frase de “llégate a ella”. Un novelón de primera. Y Jacob, llegándose a esposas y esclavas sin descanso, con once hijos y una hija. No sé yo si no correrán peligro las cabras. Ya lo dice la canción:”No hay que llegar primero, hay que saber llegar.”
Bien claro queda aquí que si la especie humana ha salido adelante ha sido gracias a las esclavas, que todavía no sabemos de ninguna que fuera estéril, no señor.
ENRIQUECIMIENTO DE JACOB.
Ya estaba tardando en enriquecerse este Jacob, si bien es cierto que catorce años le han costado las dos mujeres que tiene. Lo que se cuenta aquí no ha de extrañar a nadie, sabiendo como sabemos quien era el padre y quien el abuelo del bueno de Jacob. Digno sucesor y heredero de tales personajes y, en lo que a tretas y engaños se refiere, muy por encima de ellos en originalidad, innovación y estrategia. Lean, lean.
“Pero ¿Cuándo podré hacer yo también algo por mi casa? Labán respondió: ¿Qué he de darte? Y Jacob le dijo: No tendrás que darme nada. Si haces lo que voy a proponerte, volveré a apacentar tus ovejas. Yo pasaré hoy en medio de tus rebaños y pondré aparte todas las ovejas negras y todas las cabras manchadas. Esas reses serán mi salario. Mi honradez testimoniará por mí después; cuando vengas a verificar mi salario, toda res que no sea manchada entre las cabras y negra entre las ovejas, que sea un robo por mi parte…” “… Jacob siguió apacentando el resto de los rebaños de Labán. Buscó varas verdes de álamo, almendro y plátano, las descortezó e hizo en ellas franjas blancas, dejando así al descubierto lo blanco de las varas. Colocó las varas, así descortezadas, unas frente a otras en las pilas y abrevaderos adonde iban a beber los ganados, los cuales se encelaban al ir a beber. Y así, apareándose delante de las varas, engendraban y parían crías rayadas o manchadas.””… de este modo se enriqueció enormemente y tuvo numerosos rebaños, esclavos y esclavas, camellos y asnos.”
Colocar las mágicas varitas y lo que con ellas consiguió no es idea que se le ocurra a cualquiera. He de reconocer que el amigo Labán, que esclavizó a Jacob catorce años a cambio de sus dos hijas mediante sucia permuta, no se merecía otra cosa. Poco sabía él que se enfrentaba a Jacob, maestro y virtuoso de la genética y el engaño donde los haya. Ovejas y cabras llenitas de rayas y sin mediar el Señor Dios, él solito, por propia iniciativa. Un genio este Jacob. Leyendo lo que aquí se nos cuenta, buen cuidado en adelante con la decoración de la estancia en la que el lecho conyugal tiene aposento, mucha atención y buen tino a la hora de escoger el cuadro, alfombra o tapiz que adorne nuestra cabecera. ¿Qué aspecto podrían tener los hijos de la pareja que ingenuamente copule ante la abstracta presencia de un lienzo postmoderno? De esos que ni postura tienen.
OTRA VEZ SOÑANDO
En los campos que veo en mi sueño brilla un cálido y luminoso sol. Adán el gorrino camina directo hacia la sombra de una enorme encina. Se ha deshecho de la botas, las ha unido con una cuerda y las lleva colgadas en su hombro. Bajo la encina está Esaú descansando en las horas de más calor, dormitando plácidamente. Adán se acomoda a su lado, en la fresca sombra del árbol, y no dice nada. Se pasan así un buen rato, hasta que Adán se queda dormido y los ronquidos del gorrino despiertan a Esaú.
-¿Pero qué coño es esto? Exclama Esaú entre aturdido y asustado al ver aquello que ronca a su vera.
Adán levanta sus gafas lentamente y casi sin abrir los ojos contesta
-Bueno, bueno. No te alteres, Esaú. Yo soy Adán.
Esaú mira al gorrino, las gafas de sol que lleva, las botas de goma que tiene por almohada y solo sale un gruñido de interrogación de su garganta.
Adán le comenta
-Vaya sombra macanuda que te has buscado amigo Esaú. Aquí es donde mejor se está mientras Lorenzo siga atizando.
-¿De dónde sales? ¿Me conoces? Le pregunta Esaú.
-Claro. Contesta Adán. – Eres Esaú. Yo conozco casi todo por estos andurriales. De hecho, en tu última boda, aunque tú no me viste, estuve merodeando por allí y tomándome algún refrigerio. Tenía ganas de conocerte. Esas bodas tuyas, con mujeres que no gustan a tu padre, siempre me han llamado la atención.
-Mi padre ¿qué sabe él? Contestó Esaú. – Si está ya medio ciego y se pasa el día diciendo esas cosas que dice que oye. Dice que oye una voz que cada día le ordena unas cosas. Él y mi hermano andaban todo el día con esas historias. A mí no me interesan. Yo me caso con quien quiero. ¿Qué tal un trago? Tengo un vino aquí bien fresquito a la sombra.
Adán chasqueó la lengua y le pegó un buen trago a la cantimplora de cuero que Esaú le alargó.
-Sí señor, un buen traguito. Dijo Adán.
¿Qué es eso que traes en los ojos? Preguntó Esaú
-Son unas gafas de sol. Las pones y no te molesta ni a estas horas. Me las hizo el tipo ese que le habla a tu padre. Mientras decía esto se las ofrecía a Esaú.
-Ten, pruébalas. Ya verás
Esaú se puso las gafas de sol y se quedó perplejo con ellas.
-¡Coño! Menudo invento. Es como estar a la sombra. Y esas cosas verdes ¿qué son? Preguntó señalando las botas.
-Eso son botas de goma. Dijo Adán.-Me las dio con las gafas. Son estupendas para andar por el campo, entre piedras, maleza y sobre todo cuando hay agua. En los días de calor, como hoy, me las quito porque se te asan los pies. Pruébalas si quieres, verás que cosa más cojonuda de botas.
Esaú se puso las botas y dando grandes zancadas por los alrededores dijo.
-Sí que son cosa interesante, ya lo creo. Tendré que hacerme unas. Aunque no sé de dónde sacaría tu zapatero este cuero tan extraño.
Esaú devolvió a Adán las gafas y las botas y los dos se sentaron con la espalda apoyada en la enorme encina. Hacía calor pero allí, a la sombra del árbol, escuchando el murmullo de la siesta, estaban bien campechanos los dos. Como si fueran viejos conocidos compartiendo el pellejo de vino.
Mientras Esaú echaba otro trago Adán preguntó.
-¿Cómo es eso de que vendiste tu primogenitura a tu hermano Jacob por un plato de lentejas?
-¿Por un plato de lentejas? Dijo Esaú sorprendido. –Yo, a mi hermano Jacob, se la regalé. Se la regalé porque a mí eso me da igual. Se la regalé porque llevaba años dándome la tabarra con ese asunto. Por pesado y cansino. Para que me dejara en paz y se fuera con ese cuento por el mundo adelante. A buscarse una mujer que nos sea Cananea como las mías, una mujer que cumpla eso que mi padre llama los designios del Señor. Allá ellos. A mí me parecen payasadas. Toma un trago, Adán, que eso es lo que llevamos por delante.
-Sí, tomaré otro traguito, que el día lo merece. Contestó Adán. -Además yo sé que lo que la gente dice y cree tiene poco que ver con lo que de verdad pasa. Las habladurías vienen de gente con vida y afanes miserables, así tienen que ocuparse en dar fama a los que la viven a su manera sin preocuparse de otros. Tú, Esaú, eres un tipo peculiar. Yo, que he visto la obra desde el primer día, y hasta lo que ha de ser he visto, podría decir que tienes algo de rock and roll. Sí señor. Tú no lo entiendes, pero es así.
-Tú sí que eres raro. Dijo Esaú. – Nunca vi cosa igual ni oí hablar de nada semejante. Apareces por aquí con esas cosas raras, preguntas por asuntos que nadie conoce y hablas de cosas que nadie entiende. Tú sí que eres raro, Adán.
-Yo solo ando dando vueltas por la obra, echando un vistazo a lo que va pasando y, de vez en cuando, me echo una charlada. No todos me dan conversación, no te creas. Algunos andan demasiado ocupados con sus delirios como para prestarme atención. Dijo Adán mientras cerraba los ojos y se dejaba de nuevo vencer por el sueño.
-Por aquí puedes volver cuando quieras, que un traguito de vino, un tantín de queso y charla, eso lo tienes asegurado. De eso se encarga Esaú.
Allí durmiendo quedaron los dos cuando yo despertaba.

Y DALE CON LA NAVIDAD

Una vez más, como cada año, me pregunto si he de felicitar la Navidad a aquellos que, a falta de algo mejor, echan el tiempo leyendo en esta libreta eléctrica. Me lo pregunto porque no me gusta nada el bien-queda. Yo no soy un bien-queda. No me pinto una sonrisa bien gorda en los morros por la mañana para ir luciendo los dientes todo el día, venga o no a cuento. La sonrisa es cosa bien bonita que no todos merecen así porque sí. Yo no soy el corte inglés para andar deseando a todo zurriburri feliz año, amor y paz. Yo, como ya se dijo en esta libreta, soy más bien un orco. Ya apuntaba maneras cuando era pequeño y, yo supongo, será por eso que nunca me convencieron del todo estas fiestecitas tan cristianas y pasteleras. Cuando aún era un niño, y creía esa patraña de los reyes magos, siempre los tuve por tres auténticos hijos de puta. A los niños pobres nos traían regalos pobres, a los niños ricos regalos y más regalos de primera categoría. Qué reyes magos eran esos que discriminaban de esa forma a las tiernas criaturas que soñábamos con ellos y dejábamos golosinas hasta para los camellos. No. A mí nunca me cayeron bien sus majestades de Oriente. Me habría gustado esperarlos despierto y decirles cuatro cosas. -A ver, ¿qué pasa con mi carta? ¿Que no sabéis leer o qué?- Pero siempre llegaban cuando dormía. Para no tener que dar la cara. Para entregar los regalos de los pobres y largarse por la falsa como si fueran ladrones. Seguro que a los niños ricos los despertaban y les contaban bonitas historias del Oriente ese del que venían. Seguro. Hasta les dejarían darse una vuelta, por los inmensos pasillos de su mansión,  en sus camellos gordos, tripudos y desdentados de tanta golosina y azúcar como habrían zampado en las casas de los pobres mientras dormían. Además venían el último día, cuando ya no queda Navidad para jugar con los regalos. Menudo trío de bellacos. Anda y que les…
Pues me ha quedado una felicitación bien chula. Sí señor.
Haya salud y suerte

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 5º

Ojo con el relato que a continuación nos regala el sagrado libro.
DESTRUCCIÓN DE SODOMA. “Cuando los dos ángeles llegaron a Sodoma, al atardecer, Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. Al verlos se levantó, fue a su encuentro, se postró rostro en tierra y les dijo: Por favor, señores, venid a casa de vuestro siervo y pasad allí la noche; lavaos los pies, y mañana por la mañana seguiréis vuestro camino. Ellos le respondieron: No, pasaremos la noche en la plaza. Pero él insistió tanto que se fueron con él y se hospedaron en su casa. Les preparó comida, coció panes sin levadura y comieron. No se habían acostado todavía, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, jóvenes y ancianos, todo el pueblo sin excepción, cercaron la casa. Llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están esos hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos para que abusemos de ellos. Lot salió, cerró la puerta y les dijo: Hermanos míos, os suplico que no cometáis tal maldad. Escuchad: Yo tengo dos hijas vírgenes; os las voy a sacar fuera, y haced con ellas lo que queráis; pero no hagáis nada a estos hombres, puesto que han entrado a la sombra de mi tejado. Ellos le respondieron: Quítate de ahí. Y se decían: Este vino como emigrante y quiere constituirse en juez; haremos contigo peor que con ellos. Le empujaron violentamente y trataron de romper la puerta. Pero los dos hombres sacaron su brazo, metieron a Lot con ellos en casa y cerraron la puerta; y dejaron ciegos a los hombres que estaban ante la puerta, desde el más joven hasta el más anciano, de tal modo que no pudieron encontrar la puerta… Yernos, hijos e hijas y todos los tuyos que estén en la ciudad, sácalos de este lugar, pues hemos venido aquí para destruir este lugar porque las quejas contra él ante el Señor son muy grandes, y el Señor nos ha enviado para destruirlo.”
Los sodomitas, que pueblo tan particular. Francamente original el modo y manera de conseguir que dos forasteros se sientan como en casa. Nada mejor que el coito anal para romper el hielo y limar asperezas, dicho esto sin doble sentido, claro. La verdad es que la degeneración era generalizada según se dice aquí, que era todo el pueblo sin excepción. Y Lot, tan acostumbrado a estos desmanes en su pueblo, dispuesto a entregar a sus dos hijas vírgenes a cambio de sus dos invitados. No sé si esto es más decente y menos degenerado que aquello. Esto es un buen vecino y lo demás son gaitas. Desde luego mucha estima no es que les tuvieran a las mujeres en este pueblo.
“Y destruyó estas ciudades y toda la vega, todos los habitantes de las ciudades y toda la vegetación del suelo… La mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal.”
Ya está aquí el Señor Dios con aquello que mejor sabe hacer. Castigar a mansalva. Aniquilando hombres, bestias y vegetación del suelo, esta vez a base de azufre y fuego, nada de agua.
Este libro habla de creación, de futuro y de procreación. Ciertamente.
Pondremos a salvo a Lot y su familia y el Señor Dios hará llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego del Señor desde el cielo. Aniquilación del vicio y la maldad, y la mujer de Lot, por mirar atrás, convertida en estatua de sal por curiosona. No me parece equitativo, por una simple miradita semejante castigo. Otros han cometido autenticas canalladas y no recibieron castigo alguno, y no miro a nadie. ¿Cuál es aquí el mensaje? El Señor Dios aniquilando pecadores degenerados, de conducta aberrante. Entregado a la loable empresa de borrar el mal de la faz de la tierra, intentando que el hombre recobre una existencia digna en la que el bien gobierne sus actos y así, como de soslayo, convierte en estatua de sal a una mujer cuyo mayor pecado fue mirar atrás. Pregunto yo al Señor Dios: ¿Para qué la dejas marchar? ¿Para qué le das falsas esperanzas de salvación? Haberla calcinado en Sodoma con todos los demás. ¿Tan grave es, entre tanto degenerado, que un ama de casa eche una miradita a ver como los fríes? ¿No te parece a ti más grave entregar dos hijas vírgenes a una turba de depravados? Creo recordar que Caín mató a su hermano y lo dejaste morir de viejo. Yo habría hecho lo mismito que la mujer de Lot. A ver cuántos mortales, de carne y hueso, serían capaces de salir de Sodoma sabiendo que dejan atrás un episodio bíblico, un castigo divino ejemplar, con azufre y fuego del Señor lloviendo del cielo y tus vecinos friéndose por las dos caras, “over easi” que dicen los yanquis, y no echar una miradita. Además, alguien más tuvo que echar la miradita y contarlo, si no, ¿cómo nos hemos enterado nosotros?
ORIGEN DE LOS MOABITAS Y DE LOS AMONITAS.”Lot subió de Soar y se estableció en la montaña, y con él también sus dos hijas. La mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo y no queda varón en la región que pueda juntarse con nosotras como hace todo el mundo. Emborrachemos a nuestro padre y acostémonos con él, y así tendremos descendencia de nuestro padre. Aquella misma noche emborracharon a su padre, y fue la mayor y se acostó con él sin que este se diera cuenta de que ella se acostaba y se levantaba. Al día siguiente, la mayor dijo a la menor: La noche pasada dormí yo con mi padre; emborrachémosle también esta noche y te acuestas tú con él, y así tendremos descendencia de nuestro padre, y la menor se acostó con él; y tampoco se dio cuenta de que ella se acostaba y se levantaba. De este modo las dos hijas de Lot quedaron encinta de su padre. La mayor tuvo un hijo, y le llamó Ben Ammí; es el padre de los actuales amonitas.”
Bueno, de tal palo, tal astilla. Estas son aquellas famosas dos que su papá ofrecía a sus vecinos. Y claro, a ver ahora quién les para los pies. De Sodoma tenían que ser. Y esto pasa porque el Señor Dios, por una miradita de nada, nos dejó al pobre Lot viudo, sin hembra a la que llegarse. Además, las órdenes primeras del Señor Dios fueron bien claras, multiplicaos. Pues otro remedio no había.
Queda aquí demostrado que el sueño de los ancianos, en aquellos primeros tiempos, era muy, muy profundo. Y las mujeres muy, muy perversas. Después, con el paso del tiempo y el lógico desgaste de la especie, el sueño de los ancianos se ha vuelto escaso y ligero. Las mujeres no sé si han cambiado para mejor o no, yo supongo que sí, a juzgar por lo que de ellas se cuenta y el trato que reciben en este libro, solo a mejor podían ir. Sin embargo no dice aquí nada de que fueran estas dos amantísimas hijas castigadas por semejante felonía, que a lo mejor por aquel entonces no era ninguna felonía. Por mucho menos, por echar una miradita a su padre desnudo, el Señor Dios, condenó a Cám a la esclavitud. En este libro, para un ignorante como yo, no hay un criterio claro por el que guiarse, no hay criterio.
ABRAHÁN EN GUERAR.”Abrahán se instaló en Guerar. Abrahán decía que Sara, su mujer, era su hermana. Abimelec, rey de guerar, mandó que le trajeran a Sara. Pero Dios visitó Abimelec en sueños, de noche, y le dijo: Vas a morir a causa de la mujer que has tomado, porque es una mujer casada. Abimelec, que todavía no la había tocado, dijo: Señor, ¿matarás también a un inocente? ¿No me dijo él que era su hermana y ella que él era su hermano? Yo hice esto con buena conciencia; por eso te he impedido pecar contra mí y no te he dejado tocarla. Ahora devuélvesela a ese hombre. Él es profeta, e intercederá por ti para que vivas… Abimelec tomó ovejas y vacas, siervos y siervas y se los dio a Abrahán… Tienes delante de ti mi territorio; habita donde quieras.
¿No es este el famoso timo de la hermanita que tan buenos resultados le dio a Abrahán en Egipto? Creo recordar que el Señor Dios no tuvo tantas contemplaciones con el Faraón en aquella ocasión. Me pregunto qué pudo ver el pobre Abimelec en una anciana, de más de noventa años, para perder el sentido como un colegial. Yo estoy convencido de que Sara tuvo que ser una mujer de belleza sublime para seguir causando estragos entre los hombres con sus noventa añitos. Y sigo sin adivinar qué motivos tiene el Señor Dios para proteger a Abrahán como si de un hombre recto y justo se tratara, cuando a todas luces carece de escrúpulos a la hora de enriquecerse. Por otra parte resulta, cuanto menos curioso, como estando los hombres en un principio hechos a imagen y semejanza del Señor Dios, han podido degenerar de tal manera, que así que ponen los ojos en una bella mujer, enseguida piensan en liquidar al marido y hacerse con la hembra. Muy curioso, sí.
NACIMIENTO DE ISAAC.”El Señor visitó a Sara como había dicho, y cumplió en ella cuanto había anunciado.
Dicho así, yo prefiero no enredarme con interpretaciones picantes del asunto, que no sería la primera vez, según antiguas y paganas leyendas, que un Dios se acopla con una mortal. Si no que se lo pregunten a sus hijos, los del Señor Dios, aquellos que en un capítulo anterior recorrían la tierra quedándose con las mujeres que más les gustaban. Prefiero no enredarme.
Isaac, así se va a llamar el muchacho deseado, que significa “aquel que hará reír”, “aquel con el que Dios reirá”. Porque antes había hecho reír a Sara y Abrahán. Que también en esto hay mensaje. Aunque aquí, en este libro, de la risa del Señor Dios, hasta ahora, no se ha dicho nada, ni de ninguna criatura, hecho, situación o circunstancia que pudiera provocarla. Nada, de risas divinas, nada.
“Sara concibió y dio un hijo a Abrahán ya en su vejez, en el tiempo predicho por Dios.”
El milagro prometido se ha consumado. Abrahán y Sara, un par de viejecitos, son padres de un hermoso bebe, Isaac. Tuvo que ser bien difícil la crianza. Estos dos viejecitos tenían que estar sanos como robles porque aguantar los berrinches y pataletas típicas del bebe, las madrugadas de insomnio, cambiar los pañales y darle su papillita con los temblores de manos normales a esa edad, es casi tanto milagro como haberlo tenido. En Isaac continuará el Señor Dios su proyecto, y a Ismael, el hijo que Abrahán tuvo con la esclava Agar, lo destina a vivir en el desierto, para que no moleste a su hermano Isaac a la hora de repartir la herencia y se convierta en un gran tirador de arco, que lo dice el libro.
Ser un gran tirador de arco es actividad más acorde con su condición de hijo de esclava. Esto lo digo yo.
PACTO DE ABRAHÁN CON ABIMELEC.
Abrahán, como siempre, trajinando pactos y negocios con el amedrentado Abimelec que, después de lo visto, ya sabe que hay que llevarse bien con el protegido del Señor Dios, y no con su mujer, no vaya a ser que por un asuntillo de nada extermine a todo un pueblo con bichos y todo.
SACRIFICIO DE ISAAC.”Después de esto, Dios quiso probar a Abrahán, y le llamó: ¡Abrahán! ¡Abrahán! Este respondió: Aquí estoy. Y Dios le dijo: Toma ahora a tu hijo, al que tanto amas, Isaac, vete al país de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto en un monte que yo te indicaré.”
De verdad digo que a mí estos episodios me cuesta imaginarlos, visualizarlos. Lo intento y visualizo a Abrahán, que todavía no se ha acostumbrado a la hache esa que le colocó el Señor Dios en el nombre, con más de cien años, cara de asombro y tratando de recordar qué fue lo que comió, o bebió, que le produce alucinaciones tan demenciales y rocambolescas
-Qué raíz, hierba o mierda seca comí yo para escuchar esta voz que escucho diciendo semejante “estulticia”.
Y aquí fue, estoy seguro, la primera vez que se utilizó esta palabra en la historia de la lengua y de la humanidad, porque hacía falta. Por eso visualizo también al Señor Dios repitiéndole a Abrahán la mamarrachada esta tres o cuatro veces. Y Abrahán, asombrado, golpeándose la cabeza y deseando no haber sido elegido, ni haber firmado pacto alguno con semejante botarate de creador. – ¿Pero tú, Señor Dios, estás bien? ¿En tus cabales? Pero después de darme un hijo a mis cien años, después de hacer pasar a Sara,” estéril”, por un embarazo a sus noventa, con el peligro que tiene un parto a estas edades, ¿ahora me vienes con esto? No será mejor que te acuestes, que tú más de siete días no estás acostumbrado a trabajar.
Ya estamos, de viaje otra vez. Seguramente yo soy incapaz de entender qué divinas causas mueven a un Dios creador, todo él perfección y justicia, a experimentar con ideas tan pérfidas y dolorosas para los que, se supone, son sus elegidos. Si esto hace con ellos, ¿Qué no podrá hacer con los que no lo son? Tal vez los pueblos que sufren miseria, muerte y calamidades solo están pasando alguna de estas originales pruebas divinas a las que son sometidos los elegidos o, por el contrario, no habiendo sido elegidos, pueblan el planeta a modo de relleno, como las bestias campestres, y sus vidas y peripecias no le importan ni a Dios.
“Luego tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. Entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo y le dijo ¡Abrahán! ¡Abrahán! Éste respondió: Aquí estoy. Y el ángel le dijo: No lleves tu mano sobre el muchacho, ni le hagas mal alguno. Ya veo que temes a Dios, porque no me has negado a tu hijo, tu hijo único.”
Perdóneseme si en algo ofendo pero yo creo que aquí el libro no dice verdad. Hijo único lo sería, en todo caso, de Sara, que Abrahán, lo dice en este libro bien claro, ya tenía alguno más. Tampoco tengo yo muy claro que fuese un ángel del Señor el que detuvo a Abrahán. Yo creo que, conociendo a Abrahán y sus andanzas, Sara estaría sobre ojo, que para ella sí que era el hijo único, y viendo los preparativos y componendas que se traía su marido, siguiéndolo a prudencial distancia, le salió al camino con un garrote y le quitó las ganas de ofrendas y tonterías de patriarca.
-Si le tocas un pelo a mi Isi, te deslomo a palos, desgraciado. Tú siempre con tus bobadas y tierras prometidas y zarandajas. Siempre hablando, oyendo voces que te llaman y recibiendo encargos de ese Señor tuyo. ¿No es un Dios? Pues que lo haga Él y se deje de meterte a ti en tanto fregao. Idiota, que eres un idiota. Andar peregrinando por ahí, igual que un lelo, buscando dónde acuchillar a tu hijo… Te doy un palo en la cabeza y verás como ya no vuelves a escuchar voces. Majadero.
Al final solo era una broma pesada, acorde con la mente suprema que la concibió. Y todo este riesgo después de haber obrado milagros para que Sara quedara encinta. Menos mal que Abrahán no estaba algo sordo, que no sería tan raro a su edad, porque si no, para cuando el ángel del Señor quisiera pararlo, ya Isaac tenía una cuchillada y nos habríamos quedado sin la numerosa descendencia que necesita este proyecto. Ya me veo al Señor Dios escogiendo otro viajante casado con una hembra estéril. A mí estas ocurrencias, que en el libro se le atribuyen al Señor Dios, me suenan muy mucho a ocurrencias de cerebro humano. Humano y enfermo.

SOÑANDO OTRA VEZ.
En mi sueño veo a Abrahán afanoso de acá para allá, acarreando piedras y leña con las que construir un bonito altar en el que sacrificar a su hijo predilecto, Isaac, que está a pocos metros de allí, atado de pies y manos, mirando boquiabierto el trajín que se trae su padre. Abrahán no se ha dado cuenta de que un gorrino, con gafas de sol y botas de goma, se acerca con andares campechanos. Cuando lo ve Adán el gorrino está parado junto a Isaac. Abrahán, después de sobresaltarse, lo mira entrecerrando los ojos, intentando adivinar qué nueva aparición o fenómeno inexplicable es aquel. De dónde puede haber salido un personaje semejante, irreconocible hasta para él, un elegido acostumbrado a ver y hablar con ángeles y enviados del mismísimo Señor Dios. Aquello era un gorrino, eso es seguro. Pero erguido, con gafas de sol y botas de goma, él no lo había visto jamás.
Adán el gorrino baja un poco las gafas con su pezuña y, mirando a Abrahán por encima de ellas, le dice.
- ¿Qué andas haciendo?
- Estoy preparando todo esto. – Contesta Abrahán – tengo un encargo, algo que hacer. El Señor Dios me ha hablado, es algo importante. Tú no lo entenderías.
Adán señaló a Isaac, allí atado, y dijo.
- Sí, tiene que ser algo importante. Y muy raro. Tener a tu hijo aquí, atado de pies y manos, no parece un encargo de andar por casa. Parece que fueras a sacrificarlo como si fuera un carnero.
- Es su deseo. – Contesta Abrahán. – Él me lo ha ordenado. Me colmará de bendiciones si hago esto. Multiplicará mi descendencia.
- Pues en este caso más bien parece que está dividiendo esa descendencia tuya. – Le responde Adán con una irónica sonrisa. – Y para multiplicaciones yo creo que estás algo mayorcito ya. Ese afán que tienes por multiplicarte no cuadra muy bien con esta facilidad para liquidar a tu único hijo.
– El Señor obra milagros. Contesta Abrahán.
Adán, sentado en una piedra junto a Isaac, le contesta.
- Sí que obra milagros. ¿Te parece poco milagro conseguir que un padre sacrifique a su hijo como si fuera carnero? Si sacrificas a este no sé qué pensará su madre. Eso sí que va a ser un milagro, convencer a tu esposa para que multiplique tu descendencia, después de esta chaladura.
Abrahán ya tiene el altar terminado, un montón de piedras y leña, y empieza a pasear nervioso con un cuchillo en la mano mientras murmura.
- Tengo que cumplir la voluntad de mi Señor. Yo solo soy su humilde servidor.
Adán el gorrino se levanta para inspeccionar el altar, da un par de vueltas a su alrededor y asiente con la cabeza diciendo.
- Sí señor, ya está listo. Solo tienes que, como humilde siervo de tu Dios, coger a tu hijo amado y acuchillarlo. Si eres capaz de hacerlo, yo, desde luego, no te arriendo las ganancias. No creo que entonces te sirva de mucho esa humildad de la que hablas. Sería más humilde reconocerte incapaz de semejante disparate, cortar las ataduras a tu hijo y aceptar el castigo del tipo este que tú y yo sabemos. O, ya puestos a ofrecer vidas, deja a tu hijo y ofrece la tuya, que ya estás para criar malvas.
Abrahán, fastidiado, le contesta.
- Y tú ¿quién eres que hablas así? ¿Qué sabes de todo esto?
-Yo soy Adán, y doy gracias por no haber tenido padre, un padre como tú. Ando dando vueltas por la obra. He visto todo lo que el tipo este ha hecho y deshecho. Hasta que él empezó con todo esto, aquí no había mucho qué ver. Después ya no sabe uno dónde mirar, que en todas partes tiene materia y asuntos que resolver. Y no siempre le salen bien las cosas, que no todos son humildes siervos como tú, ni tienen sus bendiciones. Quién te dice que no cambia mañana de opinión y os vais tú y toda esa descendencia prometida a comer azufre, para colmar de bendiciones a otro, igual que hoy sacrificas a tu hijo. No sería la primera vez, ¿sabes? A él no le gusta mucho que yo ande husmeando por aquí hablando con vosotros. Él habría preferido que no me conocierais, pero a mí me gusta ver cómo van las cosas y, francamente, esto de tener atado a tu hijo de pies y manos y el cuchillo listo para dañar, no me parece síntoma de que aquí vayan bien las cosas. Yo, que tú, soltaría al chico y me lo pensaría un rato antes de darle gusto al Señor Dios y disgusto a tu señora esposa. ¿Cuándo acabes con esto qué harás? ¿Cuál va a ser tu vida? ¿Te consolará la multiplicación de tu descendencia de haber sacrificado a tu hijo favorito? Será la descendencia de un tarado. Mientras decía esto, como quien no quiere la cosa, Adán el gorrino iba soltando las ataduras de Isaac.
Abrahán contestó
¿Y qué puedo hacer? El Señor me ha colmado de bienes. He de obedecer y seguir sus designios. He de ofrecer a Isaac, mi hijo amado.
Adán concluyó   

-Pues qué vas a hacer, lo que hace la gente a tu edad. Dar paseos, contar historias, vigilar las obras y no andar por aquí sacrificando hijos, idiota. Y acompañó lo dicho dándole una colleja a Abrahán en el cogote.
- Ahí te quedas, yo me voy a seguir con mi garbeo, no quiero tener nada que ver con estas chifladuras que os traéis tú y el tipo este.
Adán se va valle abajo sin volver la vista y yo me despierto sin saber quién salvó a Isaac del cuchillo, si un ángel del Señor, o un gorrino con gafas de sol y botas de goma.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 4º

PACTO DE DIOS CON NOÉ.”Dios dijo a Noé y a sus hijos: Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra… Yo establezco mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes… Solo una cosa no debéis comer, carne que tenga aún dentro su vida, esto es, su sangre. Yo pediré cuenta estrecha de la sangre de cada uno de vosotros; se la pediré a los animales y al hombre: a cada uno le pediré cuenta de la vida de su hermano… Este es mi pacto con vosotros: Ningún ser viviente volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio, ni volverá a haber diluvio que arrase la tierra… El arco iris aparecerá en las nubes, y yo, al verlo, me acordaré de mi pacto perpetuo entre Dios y todos los seres vivientes de la tierra.”
Llenad la tierra, bueno, pues la tierra la hemos llenado. ¿Y ahora? No dejó dicho qué tenemos que hacer ahora, una vez la hemos llenado. También hemos vaciado de sangre unos cuantos bichos antes de comérnoslos. Una vez vaciados, a alguien se le ocurrió hacer morcillas, y no sé si con esto se ofende o no al Señor Dios, porque se come la sangre, pero no dentro del bicho. Otros nos los hemos comido con sangre y todo. Tampoco parece que tuviera el Señor Dios mucha fe en su propia memoria. Otros se hacen un nudo en el pañuelo para recordar algo importante, el Señor Dios crea el arco iris, y parece que este sí le quedó bien, que hasta hoy no ha necesitado retoque alguno. Tampoco es que el hombre haya demostrado tener mucha memoria, algunas cosas las recordamos mejor que otras. Lo de ser fecundos no se nos ha olvidado, lo demás no sé yo.
LOS HIJOS DE NOÉ.”Los hijos de Noé salidos del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Noé fue agricultor y plantó una viña. Bebió su vino, se emborrachó y se quedó desnudo en el interior de la tienda. Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre y corrió afuera a decírselo a sus hermanos. Sem y Jafet tomaron un manto, se lo echaron sobre la espalda y, yendo hacia atrás vuelto el rostro, cubrieron, sin verla, la desnudez de su padre. Cuando Noé despertó de su borrachera, se enteró de lo que había hecho su hijo menor, y dijo: ¡Maldito sea Canaán! Sea el último de los esclavos de sus hermanos. Y añadió: ¡Bendito sea el Señor Dios de Sem! ¡Que Canaán sea su esclavo! ¡Haga Dios que se propague Jafet, que habite en la tienda de Sem y que Canaán sea su esclavo!
Nos hablan aquí de borrachera, la que se cogió el bueno de Noé. No es de extrañar, el acabar dándose a la bebida, después de vivir todo un diluvio y tener sobre tus espaldas la supervivencia de toditas las especies. Demasiada presión. De todos es conocido el lamentable estado en que uno se despierta después de una buena juerga, la resaca y el humor de perros. La de Noé debió ser una borrachera de tomo y lomo a juzgar por el humor con que se despertó. Después de beber sin sentido y bailar en pelotas por la tienda, se despierta como un energúmeno y no se le ocurre nada mejor que pagarlo con el tonto de Cam, que se fue con el cuento a sus hermanos. Dos chivatos como él, por lo visto, que entran en la tienda con un manto a las espaldas, yendo hacia atrás, vuelto el rostro para cubrir sin verla, la desnudez de su padre. Dos neuróticos, me parecen a mí, escandalizados de la desnudez de su propio padre. A cambio Noé los cubre de gloria y esclaviza al infeliz de Cam.
Según documentación que obra en mi poder, el consumo excesivo de alcohol puede producir episodios de priapismo y es posible que, tras los excesos de la víspera, amaneciera el bueno de Noé con la moral por todo lo alto, el arma en ristre, y que su hijo Cam, un poco estúpido, se fuera con el cuento a sus hermanos, pero resulta algo curioso tanto escándalo viniendo como vienen estos personajes de compartir ciento cincuenta días de encierro en el arca. Acaso allí, en el arca, con sus mujeres, miles de animales y muy poco sitio para intimidades, ¿No vivieron situaciones tanto y más comprometidas que esta? No parece que aquella dura experiencia les sirviera de mucho a juzgar por las tonterías en que aquí se ocupan.
¿Y este Noé es el que el Señor Dios escogió de entre todos los humanos para sobrevivir al diluvio? ¿Un hombre que le pega al vino y padece severos brotes de mal humor? Yo tenía entendido que era un tipo justo, integro y no sé cuántas cosas más. Eso sí, con un pronto que…
LOS PUEBLOS DE LA TIERRA. “Esta es la descendencia de los hijos de Noé.”
He aquí otra lista de hijos y nietos que fundan ciudades y naciones, y que parece ser, fueron el origen de los distintos pueblos que en el mundo han sido. He aquí un estupendo arsenal para aquellos que, teniendo un hijo, deseen colocarle un bonito nombre bíblico.
LA TORRE DE BABEL.”Toda la tierra hablaba una misma lengua y usaba las mismas palabras. Los hombres al emigrar de oriente, se encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: ¡Ea! Hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego. Se sirvieron de los ladrillos en lugar de piedras, y de betún en lugar de argamasa. Luego dijeron: ¡Ea! Edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo. Hagámonos famosos y no andemos más dispersos por la tierra.”
Una misma lengua en toda la tierra. Todos a una colaborando. Parece que el diluvio cambió algo las cosas. Aunque ya entonces tenía el hombre ese desmesurado afán por conseguir la fama. Ese mismo afán que hoy es peste y plaga.
“El Señor descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando, y dijo: He aquí que todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua, y este es solo el principio de sus empresas. Nada les impedirá llevar a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y confundamos su lenguaje para que no se entiendan los unos con los otros.”
Pues el que no entiende aquí nada soy yo. No hace demasiado tiempo veíamos al Señor Dios apesadumbrado por la maldad del hombre y sus disputas, porque la violencia reinaba sobre la tierra. Encolerizado abriendo las compuertas del cielo para poner fin a la barbarie. Ahora sin embargo, tampoco parece agradarle el que piensen como un solo pueblo, que hablen y se entiendan en una misma lengua. Así es que, para favorecer el prospero negocio de las academias de idiomas, confunde sus lenguas preparando un guirigay en el que llevamos cinco mil años. No me parecen a mí muy normales estos cambios de opinión. Tal vez la soledad del Señor Dios, el vivir solo acaba dando al individuo un carácter, unas costumbres y manías que no tienen fácil explicación para el resto, mucho menos en este caso. ¿Cómo podemos unos simples mortales entender las motivaciones y conductas de un Dios todo poderoso? Por eso yo ahora, en estos tiempos que vivimos, me pregunto si no será un error el camino que llevamos. Si este afán que tenemos por entendernos unos con otros y hacer del inglés un idioma universal no será causa de la ira del Señor Dios, si no nos acarreará otro de sus castigos. Yo, por si acaso, aviso.
LOS ASCENDIENTES DE ABRAHÁN, CON H INTERCALADA.
De nuevo el escribiente nos regala una buena lista de nombres y números para colocarnos en lo que el libro llama historia de los patriarcas, con Abrán como primer protagonista. Hasta aquí, hasta Abrán, todos éramos unos. Cristianos, judíos y musulmanes. Es a partir de aquí que la cosa se nos complicó.
VOCACIÓN DE ABRÁN, SIN H INTERCALADA.”El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y vete al país que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo; te bendeciré y engrandeceré tu nombre. Tú serás una bendición… Por ti serán bendecidas todas las comunidades de la tierra… Abrán partió, como le había dicho el Señor, y Lot se fue con él. Tomó consigo a Saray, su mujer, y a Lot, su sobrino, con todas las cosas que poseía y los esclavos adquiridos en Jarán. Y se pusieron en camino hacia la tierra de Canaán.”
No sé qué pensaría de esto Teraj, padre de Abrán, pero estoy seguro de que hoy muchos padres agradecerían que el Señor Dios se llegara hasta sus hogares y dijera a sus hijos: “sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre”, y búscate un piso, que tienes cuarenta y tres años.
No sabemos qué es lo que pretende el Señor Dios sacando al pobre Abrán de su pacífica existencia para lanzarlo a un peregrinaje desbocado, que según dice este capítulo, desde Canaán se fue a Siquén, de Siquén al oriente de Betel, y de Betel partió en dirección a Negueb, haciendo ofrendas, levantando altares y siguiendo siempre las directrices de su Señor Dios. Vete allí, sube a la montaña, levanta un altar, bájate al río, vuelve atrás, mata un cordero, acércate al pozo, tira dos veces, retrocede a la casilla diecisiete. Se diría que el Señor Dios gusta de jugar a la oca. En fin, veamos a dónde nos lleva la historia de este Abrán al que el Señor Dios tiene en tan alta estima, que en un solo párrafo le ha dado más bendiciones a él que en todo lo anteriormente leído.
ABRÁN EN EGIPTO “Hubo un hambre en aquel país, y Abrán bajó a Egipto para estarse allí porque el hambre se había agravado en el país. Al llegar allí dijo a Saray, su mujer: Mira, tú eres una mujer muy hermosa. Tan pronto como te vean los egipcios, dirán: Es su mujer; a mí me matarán y a ti te dejarán con vida. Por favor, di que eres mi hermana, para que se me trate bien gracias a ti, y en atención a ti respeten mi vida…”
De lo anterior se deduce que los habitantes de Egipto, los egipcios, eran unas malas bestias que rezumaban lascivia por cada poro de su piel, incluido su Faraón que fue quien quiso quedarse con la supuesta “hermanita” de Abrán. O bien sufrían en aquel país una escasez de hembras asfixiante que hacía peligrar su futuro como nación, y por eso estaban dispuestos a cualquier cosa, incluido el homicidio, si así se procuraban una. Hoy día, a pesar de que el número de mujeres es muy superior al de hombres, sigue habiendo sin embargo infinidad de mentalidades egipcias que, no conformes con la que como mujer han elegido, están siempre dispuestos a quedarse con la de otro.
A cambio, Abrán recibió buen trato y un sustancioso capital entre ovejas, bueyes, asnos, siervos, siervas, camellos y asnas, así lo dice el libro.
“Pero el Señor castigó con grandes plagas al Faraón y a su casa por lo de Saray, la mujer de Abrán.”
El Faraón en cambio recibió todo tipo de plagas por pensar con los huevos.
Y es que ante el Señor Dios, Él sabrá por qué, hay asuntos en los que no sirve de nada alegar ignorancia.
“El Faraón mandó llamar a Abrán y le dijo: ¿Qué me has hecho? ¿Por qué me dijiste que era tu hermana, dando lugar a que yo la tomase por mujer? Ahí tienes a tu mujer, tómala y vete. Y el Faraón dio órdenes a sus hombres, que lo condujeran a la frontera, y con él a su mujer y todo cuanto poseía.
Algo fullero me está resultando a mí este Abrán, que no dice aquí si contestó algo a las razonables preguntas del Faraón. Seguramente andaría cabizbajo diciendo con la boca pequeña; verá usted señor Faraón, es que yo creí, que pensé, que me habían dicho, pero que fue sin querer oiga. Y se largó de Egipto pero sin devolver un céntimo del botín obtenido con el engaño. ¡Angelito!
Nunca se me habló a mí de la Biblia reflexionando o poniendo en tela de juicio los castigos y las plagas que recibe un Faraón ignorante de la verdad como consecuencia de las mentiras de un elegido. O explicando cómo es que un elegido del Señor Dios se enriquece haciendo pasar a su esposa por hermana, que casi roza el proxenetismo la cosa. Desde luego, cuando cuentas con el cariño y la preferencia del Señor Dios, todo tiene otro color.
REGRESO A PALESTINA “De Egipto Abrán subió al Negueb con su mujer, con todo cuanto poseía y con Lot. Abrán se había hecho muy rico en ganados, plata y oro… Lot, que acompañaba a Abrán, tenía también rebaños, ganados y tiendas. El país era insuficiente para poder estar los dos allí; tenían demasiados bienes para poder habitar juntos. Surgieron discordias entre los pastores de Abrán y los de Lot.”
Se fueron muertos de hambre y vuelven con tantos rebaños y ganancias que no caben en el mismo país. Surgieron discordias dice aquí. Si es que tanta abundancia en casa del pobre ya sabemos todos a lo que lleva. Antes, en la miseria, eran uña y carne, ahora la abundancia les causa problemas. Lo decía mi abuela: A la que nunca tuvo bragas, las costuras le hacen llagas.
“Abrán se estableció en la tierra de Canaán y Lot en las ciudades de la vega, llegando con sus tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran unos malvados y grandes pecadores contra el Señor.”
Lot que se nos va con sus pertenencias a la vega del Jordán hasta Sodoma, ciudad de malvados y pecadores, como no podía ser de otra manera con semejante nombre. Abrán mientras tanto…
“El Señor dijo a Abrán: Levántate, recorre el país a lo largo y lo ancho, porque a ti te lo voy a dar.”
Y Abrán contestaría: Señor Dios, que tenga usted en cuenta que es mucho ganado y hacienda lo que llevo conmigo, que salir a recorrer a lo ancho y a lo largo, así, solo por recorrer…Que yo ya tengo una edad.
Y aquí estamos otra vez con el jueguecito de la oca. También tiene sus desventajas lo de ser elegido por el Señor Dios. Es que no para quieto este Abrán.
BATALLA DE LOS CUATRO REYES.
Se habla aquí de cuatro reyes, aunque en el relato aparecen más de una docena de reales majestades, que es costumbre en este libro el dar más nombres y datos de los que se pueden asimilar. Los cuatro del enunciado, parece ser que un poco artos de lo que fuese, formaron equipo y decidieron dar un repasito por el valle y sus aledaños, repartiendo estopa a la diestra y a la siniestra, algo muy común entre aquellos pueblos antiguos, que no conocieron otro ocio que procrear y viceversa, por compensar, digo yo, y evitar así un excesivo aumento demográfico en la zona. La cosa les fue bien porque les dieron para el pelo a los reyes de Sodoma y Gomorra, ciudades infestadas de pecadores contra el Señor. Pero cometieron un error. Se llevaron prisionero a Lot, sobrino y compinche de Abrán. Y eso si que no, que Abrán es el ojito derecho del Señor Dios. Cuando la noticia llegó a oídos de Abrán, éste, con ese temperamento que caracteriza a los personajes de este libro y que yo supongo sea hereditario, preparó un ejército con trescientos dieciocho valientes y, con nocturnidad y rapidez, devolvió las cosas a su sitio y a su sobrino a casa. Los reyes de Sodoma y Gomorra, naturalmente, quedaron muy agradecidos y el de Sodoma le dijo así:
”Bendito seas, Abrán del Dios altísimo, que creó el cielo y la tierra, y bendito sea el Dios altísimo, que ha puesto en tus manos a tus enemigos. Devuélveme las personas y toma para ti los bienes. Abrán le respondió: Juro mano en alto, al Señor que creó el cielo y la tierra: Yo no tomaré nada de lo que es tuyo, ni tan siquiera un hilo, ni una correa de tu zapato. Así no podrás decir. Yo he enriquecido a Abrán. Para mí nada.”
Y se quedó tan ancho el amigo Abrán. No sé qué opinará el Faraón de Egipto de esta repentina nobleza que inunda el corazón de Abrán, que no quiere ovejas, ni camellos, ni siervos, ni nada de lo que con tanta alegría se llevó de Egipto hace dos capítulos.
¿Y los cuatro reyes? A lo mejor después de meter en cintura a los de Sodoma y Gomorra, pecadores impenitentes contra el Señor, se esperaban que el Señor Dios se lo tuviera en cuenta, pero no, el Señor Dios está con Abrán.
PACTO DEL SEÑOR CON ABRÁN.”No temas, Abrán, yo soy tu escudo. Tu recompensa será muy grande.”
¿Todavía más grande? Hay que ver el cariño que le tiene el Señor Dios a este hombre.
“Abrán respondió: Señor Dios, ¿Qué me vas a dar? Yo estoy ya para morir sin hijos, y el heredero de mi casa será ese Eliécer de Damasco. No me has dado descendencia, y uno de mis criados será mi heredero. Entonces el Señor le dirigió la palabra y le dijo: No, no será ese tu heredero, si no uno salido de tus entrañas…Aquel día el Señor hizo un pacto con Abrán en estos términos: A tu descendencia doy esta tierra, desde el torrente de Egipto hasta el gran río, el Éufrates.”
De pacto se nos habla aquí. Entre el Señor Dios que todo lo puede, y Abrán, que todo se lo cree, ya viejo y sin herederos. Y habiendo en la tierra cientos de jóvenes sanos, en edad de procrear sin necesidad de milagros, el Señor Dios, que gusta de mostrar su inmenso poder, escoge a este par de ancianos para realizar su pacto y dar a su descendencia la tierra que va desde el torrente de Egipto hasta el gran río Éufrates. Y los que, hasta entonces, vivieran en tan lindo lugar no le importan a nadie y seguramente tendrán otra versión de este milagroso pacto. Milagroso por tratarse de dar descendencia a un anciano que tiene por mujer a Saray, una hembra estéril. Porque Saray era estéril. Vaya, que cosa, en una mujer tenía que estar el fallo.
NACIMIENTO DE ISMAEL. “Saray, la mujer de Abrán, no le había dado hijos, pero ella tenía una esclava egipcia llamada Agar…Saray tomó a Agar, su esclava egipcia y se la dio por mujer a Abrán, su marido. Abrán tuvo relaciones con Agar, la cual concibió; y cuando se vio encinta, miraba con desprecio a su señora…Yo puse a mi esclava entre tus brazos, y ella, al verse embarazada, me mira con desprecio ¡Que el Señor juzgue entre nosotros! Abrán respondió a Saray: Mira, tu esclava está en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca. Saray la maltrató y ella se escapó.”
Creo que el verdadero milagro está en la generosa conducta de Saray que, viendo peligrar la realización del milagro, no dudó en ceder su lugar en el lecho conyugal a su esclava egipcia. A todo esto, Abrán ni palabra, que no es de buena educación rechazar regalos y menos si la voluntad del Señor Dios anda por medio. ¡Ojo! Que Abrán está cumpliendo la voluntad de su Dios y su parte en el pacto, nada que ver con la conducta de un viejo verde y lascivo que gusta de retozar con jovencitas extranjeras de carnes prietas y firmes. Esto, en un patriarca, no cabe. Fue un acto puro de inseminación, limpio y noble, en el que para nada se dio lugar a la intervención de Satanás.
Todos sabemos ya que, a pesar de los planes que el Señor dispone, las mujeres improvisan sobre la marcha los suyos propios según sus sensaciones y arrebatos, y esto no parece que estuviera así previsto en las especificaciones de fabricación, más bien parece que la mujer, por su cuenta y riesgo, las ha ido desarrollando, practicando y mejorando a lo largo de la historia. Por otra parte el amigo Abrán, fiel a su muy particular filosofía, se escabulle del asunto permitiendo que Saray maltrate a su esclava. ¿Y la semilla que amorosamente depositó en el vientre de la obediente esclava? ¿Y si por culpa de un mal golpe se malogra el embarazo? ¿Y si sufriera malformaciones el feto? ¿Y si naciese el niño idiota? Que no sería extraño teniendo el padre que tiene.
Es natural que más tarde, cuando Agar dio a luz a Ismael, el Señor Dios dijera de él:
“Será un potro salvaje; su mano será contra todos y la de todos contra él. Vivirá en contra de todos sus hermanos.”
Lo que me temía
EL PACTO Y LA CIRCUNCISIÓN.”No te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque yo te constituyo padre de una multitud…Este es el pacto que guardareis entre yo y vosotros, y tu descendencia después de ti: Todos los varones serán circuncidados. Circuncidareis vuestro prepucio, y esta será la señal del pacto entre yo y vosotros… Saray, tu mujer, no se llamará más Saray; su nombre será Sara. Yo la bendeciré y te haré tener de ella un hijo. Yo la bendeciré, y de ella nacerán pueblos y saldrán reyes. Abrahán cayó rostro en tierra y se puso a reír diciéndose a sí mismo: ¿A un hombre de cien años le podrá nacer un hijo, y Sara a los noventa años podrá ser madre?”
Eso mismo me preguntaba yo y también a mí me da la risa. Sin embargo la risa importante aquí es la que le da a Abrahán. Que aquí no se había reído nadie, y menos de una ocurrencia del Señor Dios. Que, en un repente, te borra esa risa de la cara con un fogonazo de azufre y adiós patriarca.
Por si acaso la vida podía resultar monótona en aquellos tiempos, ya el Señor Dios se encarga de improvisar pactos y sellarlos de manera rocambolesca. Lo primero a cambiarse el nombre para que suenen más bíblicos y menos gallegos. Además, después del enorme disgusto que tuvimos con las esclava egipcia, que a punto estuvo de costarnos la separación de un matrimonio ya mayor, ahora resulta que si el Señor quiere, puede obrar el milagro y darle un hijo a Sara, anciana estéril. ¡Qué bárbaro!
Esto es un pacto y hay que sellarlo. ¿Cómo? Cortándose una rodajita de la piel que recubre el glande. ¿Pero a quién se le ocurre? ¿Es que no había otro sitio de dónde cortar? ¡Hombre, por favor!
Al Señor Dios, al parecer, solo le interesa pactar y reconocer a los varones del pueblo elegido. De las hembras ni palabra. Estas es indiferente de que pueblo sean. Son hembras, concebidas y dispuestas para albergar en su vientre la semilla del varón y punto. No sé si esto pudiera ser privilegio porque todas son tenidas por elegidas, sean del pueblo que sean, o desprecio porque, sean del pueblo que sean, sirven para procrear y hacer tortas de pan. A mí me huele a lo segundo.
En este caso concreto/ beneficio han obtenido/ de esta ambigua condición/ pues no quiero imaginar/ de dónde habría que cortar/ conociendo al Señor Dios.
Sin embargo y a pesar de todos estos detalles que, en este libro, apuntan hacia los varones como favoritos, el hijo del que han de nacer reyes y pueblos, que el Señor Dios prometió a Abrán, ése, tiene que nacer de Sara. Es decir, que el Señor Dios quiere la perpetuación por línea materna. Los hijos engendrados por esclavas gustosamente cedidas, y yo supongo que gustosamente aceptadas (Gustosamente= Con gusto), esos no sirven. No importa si la hembra en cuestión tiene noventa años. Los milagros están para hacerse.
Ya sé que eran entonces otros tiempos y que otro, más instruido que yo, analizaría el libro con una cierta perspectiva. Perspectiva que los entendidos y doctores usan cuando les conviene y les viene bien y olvidan cuando les parece peor. Si se habla de un Dios todopoderoso, todo sabiduría y amor, el paso del tiempo no es disculpa. O se es, o no se es, mi querido Señor Dios.
No sabría decir desde que párrafo o capítulo pero algo está cambiando en este libro. Me da la sensación de que este Señor Dios se nos está transformando, está evolucionando, sus planteamientos se me empiezan a parecer sospechosamente a los planteamientos humanos. Sus reacciones, sus expectativas y hasta sus objetivos empiezan a resultarme familiares. No sé, creo que está perdiendo ese halo de divino creador en favor de los intereses a los que se debe el escribiente. A mí, este Señor Dios, la verdad, no me gusta un pelo. Así es que, en adelante, haré menos por transcribir literalmente lo que en este libro figura, y que cualquiera puede leer adquiriendo un ejemplar de los muchos que hay a la venta, y más por relatarlo según mi criterio y entendimiento.
Sigamos pues.
LA APARICIÓN EN MAMBRÉ.”El Señor se apareció a Abrahán junto al encinar de Mambré, cuando estaba sentado ante su tienda en pleno calor del día. Alzó los ojos y vio a tres hombres de pie delante de él.”
Mambré es el nombre de un encinar donde Abrahán plantó su tienda, y allí se presentó el Señor Dios con otros dos amigos cuando más apretaba el calor. Y no quiero decir con esto que por hacer tantísimo calor, la aparición fuese fruto de las alucinaciones del hirviente cerebro de Abrahán. Abrahán se mostró hospitalario y muy atento con los visitantes y estos le recordaron su pacto y la intención de convertir a Sara en la madre más anciana de la humanidad. Ante semejante idea, a Sara, que amablemente preparaba tortas de pan, se le escapó la risa por entre los dos dientes que le quedaban y, aunque más tarde lo negó, Dios, que todo lo ve y todo lo oye, le dijo:”Si, tú te has reído.” Y parece cosa sin importancia pero en lo que llevo de Biblia, llantos, iras, odios, pecados y castigos los que quieras, pero risas ni una. Solo este matrimonio de ancianos parece verle la gracia al asunto este del pacto. El Señor Dios se largó con sus dos acompañantes en dirección a Sodoma, a poner las cosas en su sitio. Abrahán, que para las trifulcas tiene un sexto sentido, se largó con ellos, a repartir estopa. Todavía no hemos olvidado el diluvio y ya el Señor Dios tiene que volver a tomar medidas drásticas. Todas las creaciones del Señor Dios sobre la tierra pueden tenerse por maravillas, a excepción del hombre, el hombre no. Con el hombre el Señor Dios no acierta. Yo puedo ser un ignorante, prueba de que la perfección con la que nos creó no alcanzó a todos, pero aún desde esa ignorancia, puedo verlo. Con el hombre, el Señor Dios no acierta.
ABRAHÁN INTERCEDE POR SODOMA.”EL Señor dijo: Las quejas contra Sodoma y Gomorra son muy grandes, y su pecado, muy grave. Voy a bajar a ver si realmente han obrado o no según las quejas que han llegado hasta mí; lo voy a comprobar.”
Parece ser que por entonces el Señor Dios todavía estaba interesado en el mantenimiento de su obra. No se dice aquí cómo ni por qué cauces llegaron las quejas a sus divinos oídos, ni se da nombres de los chivatos. No se puede hoy decir lo mismo, que en los últimos dos mil años no se le ha vuelto a ver por el sitio, cosa que, por otra parte, es de agradecer, porque no quiero pensar siquiera en las dimensiones del castigo que nos estaremos mereciendo. Si para los tiempos de Noé ya correspondía un diluvio, a estas alturas no creo que podamos redimirnos con toda la galaxia en llamas. El Señor Dios va a aniquilar estas ciudades porque es muy grande la degeneración alcanzada en ellas por el ser humano, pero si tenemos en cuenta que el primero de los humanos, Caín, despachó a las primeras de cambio a su hermano Abel, no me parece tanta la degeneración.
Abrahán, el consentido del Señor Dios, abusando de la debilidad que por él sentía el creador se puso realmente pesado con salvar a Sodoma de la destrucción. Yo supongo que sería porque su sobrino Lot vivía allí, como ya sabemos. Pero el Señor Dios no encontró ni siquiera diez hombres justos por los que perdonar a la ciudad.
RECORDATORIO – Todos los comentarios de esta obra están hechos desde la ignorancia.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS

Capítulo 3º
CAÍN Y ABEL.”El hombre tuvo relaciones con su mujer, la cual concibió, dio a luz a Caín y dijo: He tenido un hombre gracias al señor. Tuvo después a su hermano Abel. Abel fue pastor, y Caín agricultor. Pasado algún tiempo, Caín presentó al Señor una ofrenda de los frutos de la tierra. También Abel le ofreció los primogénitos más selectos de su rebaño. El Señor miró complacido a Abel y su ofrenda, pero vio con desagrado a Caín y su ofrenda. Caín entonces se encolerizó y su rostro se descompuso”
Teniendo en cuenta que Adán y Eva fueron creados, o formados, ya creciditos y listos para la reproducción, no sabemos si el asunto este de la coyunda les fue explicado por el Señor Dios, o si los dejó que aprendieran por su cuenta, como yo. Es natural que, después del desahucio, no tuvieran otro consuelo que darse cariño entre ellos, porque allí no había nadie más. El caso es que tenemos aquí dos hermanotes sanos y robustos, con todo un planeta a su disposición, que presentan sus ofrendas al Señor Dios. Y un Señor Dios que, sin que sepamos muy bien por qué, mira complacido a Abel y con desagrado a Caín. Es que los agricultores siempre han tenido mala prensa, y desde el principio de los tiempos parece ser. Es posible que sean algo brutotes y desconfiados, pero en aquel entonces no habían tenido tiempo ni para demostrarlo y claro, estas preferencias mal disimuladas solo traen rencores y envidias, y estos traen odios que luego acaban como acaban. No sé si será cierto eso de que esconde la Biblia mensajes cifrados, revelaciones secretas que solo los muy versados en la materia consiguen descifrar, el caso es que leyendo este capítulo yo no puedo dejar de imaginarme a Abel como un hombre alto, guapo, más bien rubio, de miembros proporcionados, mirada franca e inteligente y de buenos modales. A Caín, por el contrario, me lo imagino más bien chaparro, paticorto, de tez colorada, ojos hundidos y mirada esquiva, mal encarado y con una sola ceja de oreja a oreja. ¿De dónde me ha llegado a mí este mensaje? No lo sé, seguramente sean ideas preconcebidas por mi torpe cerebro. Por otra parte, es más que sorprendente que de los dos primeros humanos de pura cepa, Caín y Abel, porque sus padres no eran humanos, que los hizo el Señor Dios del polvo uno y de la costilla la otra, ya uno de ellos le cae mal al creador, ya ves tú. Al Señor Dios no le cae del todo bien el amigo Caín. Una vez terminada la trabajosa y sublime obra de crear el mundo no parece que al Señor Dios le agrade la dieta vegetariana que Caín le ofrece. Ha sido mucho el esfuerzo y ha de compensarse con algo de mayor sustancia y alimento, como los corderos de Abel. Yo pensaba que todo un Señor Dios misericordioso no podía tener sentimientos tan humanos, tan ruines diría yo, hacia los que son creación suya. Sigamos con la lectura.
“Caín dijo a su hermano Abel: Vamos al campo. Cuando se encontraron en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y le mató”
Esto se veía venir, se veía venir. Para ser Dios, yo lo veo falto de tacto. ¿Por qué dejar a Caín en mal lugar delante de su hermano facilitando las envidias y malos sentimientos? Si es un Dios que todo lo sabe y puede felicitar a Abel discretamente, tumbados a la sombra de alguna magnífica encina, mirando las ovejitas pastar mientras Caín se desloma bajo un sol de justicia labrando la tierra con su azadón, renegando de su perra suerte. Esto se nos va de las manos. Sobre la tierra, recién creada, tenemos una pareja de desobedientes y mentirosos, Adán y Eva. Caín, el primero de los nacidos de un padre y una madre, un asesino confeso. Y un cadáver, el de Abel. Aquí ya empieza a hacer falta un forense. Muerto Abel, que apuntaba buenas maneras, nuestra ascendencia es para hacer pocas fiestas y claro, tampoco se nos pueden pedir hazañas con semejante lastre en el expediente. Con estos orígenes no podía esperarse nada bueno. Seis días de intensa labor, creando aguas de arriba y aguas de abajo, creando tierra y firmamento, plantas y frutales, peces, reptiles, ganados, fieras, monstruos marinos, hombres, mujeres, de todo creó el Señor Dios pero no creó un vigilante. Un vigilante hacía mucha falta aquí.
Caín dijo al Señor:”Mi iniquidad es tan grande que no puedo soportarla. Tú me echas de aquí y tengo que ocultarme a tu mirada; errante y vagabundo andaré sobre la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará”. El Señor le dijo:” No será así; si alguien mata a Caín, lo pagará siete veces”.
A Caín le preocupa que alguien pueda matarlo pero ¿Quién puede matar a Caín? Como no lo maten su padre y su madre por desgraciado. Que yo sepa aquí no hay nadie más.
Puede pensarse también que todo esto no sea otra cosa que trucos de creador, para que parezca lo que no es y sea lo que no parece. Es decir, que teniendo el Señor Dios bien claro desde un principio que el hombre no había de descender de Abel, tan bellamente creado, si no de Caín el envidioso, por enriquecer el guión y conceder al hombre algún protagonismo, nos ha distraído con este drama fraterno y homicida. Pero claro, de ser así, no es amor y bondad lo que me inspira a mí el Señor Dios con este asunto de cargarse al bueno de Abel cuando ya su padre y su madre le habían cogido cariño. Eso sí, desconcertante, el Señor Dios es bien desconcertante. Podría pensarse, esperarse y hasta sospecharse un castigo de tomo y lomo para el amigo Caín, no olvidemos que estamos hablando del primer homicidio en la historia de la humanidad, con agravantes de alevosía y premeditación, y estas cosas han de cortarse de raíz, pero, y esto no hay razonamiento humano ni divino que lo explique, ni un pelo se le puede tocar al homicida. Andará errante y vagabundo por el mundo, seguramente con algún circo, y ya veremos si cómo trapecista llega más lejos que cómo labrador. Si ya en el principio de los tiempos tenemos enigmas semejantes, no me extraña que cinco mil años después necesitemos ocho enfoques, y pastillas para el dolor de cabeza, si queremos entender algo.
Yo empiezo a no creerme ni una letra. ¿Cómo puede ser que a todo un Señor Dios, capaz de crear obra tan sublime, le estén desmantelando el mundo entre tres desgraciados y una culebra?
LOS CAINITAS.”Caín se alejó de la presencia del Señor y habitó el país de Nod, al oriente de Edén. Caín tuvo relaciones con su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc…”
¿Con su mujer? ¿De dónde ha salido esta hembra? Esta inesperada aparición de una hembra descontrolada sugiere improvisación por parte del escribiente, quien quiera que fuese, que escribió este capítulo. Así es difícil tomarse en serio un libro que es tenido por palabra de Dios. Bien está que haya que creerse, a base de mucha fe, que se hizo el mundo en siete días con todo lo que lleva dentro, pero si también las matemáticas empiezan a fallar aquí, no hay enfoque que lo soporte. El Señor Dios había creado ganado, fieras del campo, bestias, reptiles, plantas, y un montón de cosas más, pero en ningún sitio se dijo que formara más mujer que Eva. Lo raro es que habiendo otra mujer por esos andurriales, en este libro, no le echen la culpa de lo de Abel. Porque yo no me creo que, así por las buenas, Caín matara a su hermano de un estacazo. Ahora, si hay una mujer de por medio, la cosa cambia. Esto, supongo yo, es un relato figurado con intención de explicar lo que no tiene explicación, con intención de poner orden donde solo ha habido caos, o con otra intención ¿Qué intención? ¡Otra!
LOS SETITAS.”Adán tuvo de nuevo relaciones con su mujer, y esta dio a luz un hijo, a quien puso por nombre Set, porque Dios, dijo, me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, al que mató Caín”
A ver si con este tenemos más suerte porque, con Abel muerto y Caín en el destierro, la vejez de Adán y Eva, los únicos manufacturados directamente por el Señor Dios y que tan alto apuntaban, pinta de lo más penosa. Por suerte para todos Caín anda lejos de aquí, errante y vagabundo, y Set podrá criarse sin tener que vigilar su espalda.
DE ADÁN A NOÉ.”He aquí la lista de los descendientes de Adán…”
Este capítulo, que nos transporta en el tiempo desde Adán hasta Noé, es una maraña de hijos, nietos, primos, suegros y consuegros que parece letanía de aldeano bien informado, de esos que podemos encontrar en cualquiera de nuestros pueblos, controlando las idas y venidas de toda persona o vehículo que se mueva. Informando de los mejores itinerarios, de la historia de personas y familias enteras y de sucedidos y acontecimientos que hayan tenido lugar en los últimos tres siglos. Una sola pregunta. ¿Sabría usted, buen hombre, dónde vive Juan Manuel? Y todo su conocimiento es puesto al servicio de la respuesta: -Sí hombre sí, Juanín, el hijo de Eusebio, que está casado con la prima de Pascual, el hijo de doña Matilde. Que vivieron muchos años en la casona de Don Demetrio, el médico. Aquel sí que era un buen médico y mejor persona, que si no llega a ser por él, a Ernestín, el del barrio de abajo, lo meten en la cárcel cuando le dio la pedrada al conductor del coche de línea. Dicen que cuando se retiró dejó a la paisana y se lió con esta otra, con la viuda de Don Anselmo, el practicante, que tenía un capital fuera de serie, que lo amasaron con el estraperlo después de la guerra. Anda que no hicieron perras… Y así, sin respirar, nos coloca la historia en Noé, nieto de Matusalén, aquel que vivió tantos años, que estuvo casado con…
HISTORIA DE NOÉ CON DILUVIO Y TODO.”Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron por esposas las que más les gustaron”
Ya empieza a ser costumbre en este libro, bien fea por cierto, aludir, de sopetón y por las buenas, a personajes y asuntos de los que no teníamos conocimiento ni sospecha, y seguir con el relato como si tal cosa. Se nos viene el diluvio encima por nuestra gran maldad, y sería cierto no lo niego, pero esto de los “hijos de Dios” de flor en flor, llevándose las hijas de los hombres, las que más les gustaban, no ayuda nada. Pero nada.
Los hijos de Dios y como hijos de Dios se quedaron con las mujeres que más les gustaron. No sé de dónde salieron estos invitados a la creación tan sedientos de bellas mujeres. Si eran hijos de Dios y podían escoger las más hermosas mujeres, también podían haberle echado una mano a su padre y evitar el carnaval en que se está convirtiendo la gran obra. Dudo mucho de la información que tenía el que escribió todo esto. Parece ser que en el principio, cuando la tierra era soledad y caos y las tinieblas cubrían el abismo, el Señor Dios no había estado tan desocupado como yo creía, que ya tenía unos cuantos hijos, que aquí lo dice bien claro.
“El Señor dijo: Mi espíritu no permanecerá por siempre en el hombre porque es de carne. Sus días serán ciento veinte”
Pues haberlo hecho de p v c, que no se pudre. Parece ser que el Señor Dios está algo desencantado con haber creado al hombre a su imagen y semejanza así es que, se acabó el vivir seiscientos, setecientos o mil años. Ciento veinte y listo, a excepción de Noé, que pudo vivir novecientos cincuenta años, por lo que supongo que enterró a todos sus bisnietos.
“Al ver el Señor que la maldad de los hombres sobre la tierra era muy grande y que siempre estaban pensando en hacer el mal, se arrepintió de haber creado al hombre sobre la tierra, y con gran dolor dijo: Exterminaré de la superficie de la tierra al hombre que he creado, hombres y animales, reptiles y aves del cielo, todo lo exterminaré, pues me pesa haberlos hecho. Pero Noé encontró gracia a los ojos del Señor”
Sí, va a ser mejor mandarlo todo a la porra que andar parcheando aquí y allá, porque se está desgobernando todo de una forma y manera que más que un Dios todopoderoso hace falta uno todo-paciencioso. Ahora bien, condenar al exterminio, por causa del hombre, a todo ser viviente, me parece excesivo. ¿Qué culpa tienen los animales, a excepción de la serpiente, de que el hombre le saliera tan pérfido y desobediente? ¿Qué culpa tiene una vaca, que pasa sus días pastando pacíficamente la verde hierba, la transforma en leche, la almacena en sus grandes ubres y regala nuestros paladares con su blanca y energética producción? Si la peor maldad que una vaca ha cometido en su vida es espantar moscas con el rabo y estas, las moscas, ya saben el riesgo que corren al revolotear por los alrededores de ciertos orificios. ¿Qué culpa tiene una linda paloma paseando su barriga, ahora en dirección norte, ahora en dirección oeste, ahora voy, ahora vengo y me doy la vuelta y vuelvo a venir? Tal vez en un vuelo rasante, incapaz de contener su esfínter y apurada por la desgraciada ingestión de una fruta en mal estado, se vio en la vergonzosa situación de aliviar su vientre sobre otro ser vivo que la fatalidad colocó en el blanco. No, decididamente no hay razón para incluir en el castigo exterminador a todos estos seres que inocentemente pululan por el planeta. Tiempo después, con más calma, el Señor Dios aminoró el castigo.
“Noé era un hombre justo, íntegro, y entre sus compañeros seguía los caminos de Dios. Engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida delante de Dios y toda llena de violencia…Dios dijo a Noé: He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencia por causa de los hombres. Voy a exterminarlos a todos ellos juntamente con la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas…Yo voy a enviar sobre la tierra un diluvio de aguas para destruir a todo ser viviente que hay bajo el cielo. Todo cuanto hay sobre la tierra morirá. Contigo, en cambio, estableceré un pacto: Entrarás en el arca tú y tu mujer, tus hijos y sus mujeres. De todos los seres vivientes meterás contigo en el arca una pareja de cada especie…”
Este Noé, todo un ejemplo, justo, integro dice aquí y que se hace difícil de creer después de lo visto, fue quien nos libró de desaparecer del planeta y agradecidos debiéramos estarle humanos y bestias, que todos tuvimos cabida en el arca salvadora. No pudo el Señor Dios exterminarnos, a pesar de su monumental enfado y de que razones no le faltarían, no pudo, había en su corazón lugar para apiadarse aunque solo fuera de una parejita de cada. Es muy duro exterminar y destruir todo aquello en lo que has puesto la más grande ilusión, desterrar la esperanza, renunciar a todo. Muy duro.
“Era el año seiscientos de la vida de Noé, el día diecisiete del mes segundo, cuando irrumpieron todas las fuentes del abismo y se abrieron las compuertas del cielo. Y la lluvia cayó sobre la tierra por espacio de cuarenta días y cuarenta noches…Todo lo que tiene hálito de vida en sus narices, todo lo que habita la tierra seca, todo pereció. Todos los seres vivientes sobre la superficie de la tierra fueron exterminados; hombres y bestias salvajes, reptiles y aves del cielo desaparecieron de la tierra. Únicamente quedó Noé y los que estaban con él en el arca. La inundación de las aguas sobre la tierra duró ciento cincuenta días”
Desde luego, además de las obras del Señor Dios, también impresionan los castigos. Que, cuarenta días con sus noches con las compuertas del cielo abiertas y las fuentes del abismo sin parar, son mucho tiempo, mucho agua. Dice aquí que solo Noé y los del arca se salvaron, que perecieron todos los seres vivientes sobre la superficie de la tierra. ¿Y los peces? ¿También los peces perecieron? Porque no parece lógico que mueran los peces por causa del agua. ¿Acaso estaba el agua envenenada? ¿O es que por alguna desconocida razón el castigo no iba con ellos?
El caso es que las aguas permanecieron cubriéndolo todo durante ciento cincuenta días. Son muchos días para pasárselos recluidos en un arca de ciento cincuenta metros de largo por veinticinco de ancho y quince de alto, toda llenita de animales de todas las especies que pueblan la tierra, que yo creo que no caben, con sus graznidos, mugidos y rugidos, y lanzando al exterior, cada día, toneladas de excrementos. Me atrevo a imaginar que la situación era insostenible. Desde otro punto de vista, si tenemos en cuenta que Noé había vivido ya seiscientos años, para él, ciento cincuenta días vienen a ser tres semanas de las nuestras.
Creo además que, aún sin los animales, habría sido bien difícil la convivencia en el arca. Tres nueras juntas en un arca, con ciento cincuenta días para analizar, estudiar, comparar y juzgar a los hermanos, cuñadas y padres del que tienen por marido…Ciento cincuenta días para demostrar a su hombre que no es valorado por los suyos como él se merece. Ciento cincuenta días de letanía machacona. –Que a ti no se te tiene en cuenta. -Que tus hermanos siempre se salen con la suya. – A ti no te escucha nadie. –Mira tu cuñadita, siempre en el mejor catre. –A ti siempre te toca limpiar las mierdas. –Yo no tengo por qué aguantar caras de asco de las pedorras de cuñadas que tienes. –Tú podrías llevar este barco solo, pero te apoquinas. –Que mira que tu padre ya está mayor –Parece que no tienes sangre en las venas. –Pero a mí no, ¡eh! A mí esta familia tuya no me torea…
Tres nueras, ciento cincuenta húmedos días, en un arca. No sé si realmente hemos valorado en lo que vale la hombrada de Noé y esposa. No sé.
“Noé levantó un altar al Señor y, tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos sobre él. El Señor aspiró el perfume agradable y se dijo: No maldeciré más la tierra por causa del hombre, porque los impulsos del corazón del hombre tienden al mal desde su adolescencia”
No hay nada que no pueda resolverse con una buena barbacoa y buena voluntad, aunque el amigo Noé debería andarse con tiento a la hora de asar pollos, que con esto del diluvio tenemos los justos para repoblar. Porque yo supongo que estas aves puras para el holocausto las habrían metido en el arca a mayores de las parejitas correspondientes. No quiero imaginar que lo primero que hiciera Noé después del diluvio fuera la extinguir un par de especies.
“Jamás volveré a castigar a los seres vivientes como acabo de hacerlo. Mientras dure la tierra, sementera y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche no cesarán más”
Bueno, también nos habríamos arreglado sin el frío, el invierno y la sementera. En fin que el Señor Dios no nos va a castigar más con semejante chaparrón, aunque sea nuestra conducta abominable y nuestro paso por la tierra una maldición. No sé qué dirán de esto los habitantes del planeta que se quedan sin casa dos veces al año por culpa de huracanes y riadas. El resto podemos apreciar en el presente que el Señor Dios está cumpliendo su promesa, a pesar de que nunca pudo imaginar lo lejos que el hombre podía llegar innovando en el apasionante mundo del mal y la barbarie. Demasiado confiado. ¿No?
Simple comentario, sin ánimo de juzgar: ¿Así es como creó Dios el mundo? Vaya una manera de complicar su pacífica existencia. Los hombres le salieron rematadamente desobedientes, las mujeres con demasiada iniciativa, la serpiente impresentable, Adán medio tonto, Eva una mentirosa, Caín un asesino. ¿De dónde se puede deducir que Dios es perfección? ¿De la creación de las bestias campestres? ¿Qué sería de nosotros si también las bestias hubieran comido del árbol prohibido?
En el principio, según se decía en este mismo libro, la tierra era soledad y caos y las tinieblas cubrían el abismo; y el espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas. Ahora, en tiempos de Noé, tenemos luz, y tarde y mañana, pero el resto a mí se me parece bastante.
Si es este libro una explicación ¿Qué es lo que explica? ¿A quién le queda claro? ¿Es que quien lo escribió entendía algo, fumaba hierba? ¿Qué fue del árbol prohibido? ¿Podríamos nosotros hacernos con un injerto?
Podría estar haciendo preguntas seis días y el séptimo descansar.
Lo sé, nada hay más triste, que cause más sonrojo que una persona, en este caso yo, intente razonar sobre aquello para lo que no está preparada. Una mente simple, sin cultivar, esperando captar con sus cavernícolas razonamientos un mensaje destinado solo para sabios. Espero con impaciencia el momento en que alguno de estos sesudos personajes que todo lo entienden, que estudian, manejan y comprenden el significado todo de la santa Biblia, decidan rescribirla con explicaciones al margen para los que, ignorantes como yo, no acabamos de ver la mano de Dios en todo esto y nos perdemos en lo literal. Espero que alguno de estos sabihondos, o todos, decidan contar la verdad y exculpar a Dios, si es que lo hay, de toda esta mascarada. La simple y pura verdad de que lo escrito en este libro no tiene que ver con otro Dios que el hombre. El hombre y su afán de poder, de dominio, de propiedad. El hombre y sus miserias. El hombre creado a imagen y semejanza de un Dios; la estupidez. Yo siempre he pensado que, después del diluvio, el Señor Dios nos creyó extinguidos y ya nunca más volvió por el sitio.
OTRA VEZ EN SUEÑOS.
En mi sueño acaba de terminar el diluvio. Las aguas han bajado y Noé sale del arca. Desde la montaña en la que encalló el arca, echa un vistazo a la tierra y se queda pasmado. Aquello que viene hacia él es un gorrino con botas de goma y gafas de sol. Adán, con aire campechano, camina monte arriba metiendo un curioso ruido con sus botas de goma llenas de agua. Cuando llega donde está Noé se quita las gafas y dice
-Así que tú eres el famoso Noé. Yo vengo hecho una sopa.
Noé está asombrado mirando al personaje y no es capaz de contestar.
-Menudo chaparrón eh? Voy a vaciar las botas que ya no puedo con ellas.
Por fin Noé es capaz de decir
-En seiscientos años que tengo no había visto llover así, ni nada parecido a ti. ¿Tú quién eres? ¿Cómo es que sigues vivo?
Adán le contesta. -Sería muy largo de contar. Yo soy Adán. Yo ya estaba aquí cuando el tipo este empezó las obras. Mucho antes de eso yo ya me pasaba la vida chapoteando en la charca. Por eso el agua no me molesta demasiado. Y sigo vivo porque no tengo nada que ver con este asunto entre los hombres y Dios. Es un buen tipo, a mí me regaló las gafas de sol y las botas, pero hay que andarse con cuidado, nunca se sabe muy bien qué es lo que está tramando. A ti, por lo menos, ya te había avisado del chaparrón este, y a mí me da lo mismo, yo me seco las botas y listo, pero al resto creo que se los ha llevado por delante. ¡Menudo genio!
Noé lo mira con asombro, perplejo con lo que Adán dice y habla de su Señor Dios mientras vuelve a ponerse las botas, se quita las gafas y pasea alrededor del arca, estudiando detenidamente la embarcación de la que ha salido Noé. Mientras, Noé, lo sigue con curiosidad, no acaba de creer que aquella criatura siga tan campante después del diluvio que, se supone, ha exterminado a todo ser vivo que no sea él y sus acompañantes en el arca. Adán lo mira y dice.
–Tienes un buen jaleo ahí adentro con tanto bicho.
- No me hables -contesta Noé –No puedes imaginarte qué temporadita llevamos ahí dentro.
- Todo sea por salvar el pellejo. Dice Adán.
- Pues no creas que ha sido fácil.-Dice Noé – que ahí dentro hay bichos que muerden, otros embisten sin aviso, los hay de picadura mortal, una odisea. Estamos vivos de milagro.
- Y nunca mejor dicho. Asiente Adán
- El Señor – dice Noé levantando la vista al cielo – está con nosotros. A su misericordia le debemos el estar aquí ahora.
- Desde luego – contesta Adán – esto del aguacero sí que ha sido cosa suya, ahora, misericordia, no sé yo si se le puede llamar. Y mientras decía esto limpiaba sus gafas en la túnica que Noé llevaba puesta.
- Era mucha la iniquidad entre los hombres – continua Noé – y el maligno gobernaba sus corazones. Si quieres algún trapo, ahí dentro tengo paños para limpiar eso que traías en los ojos.
No, no te preocupes. – Contesta Adán. – Ya veo que has estado escuchando a tu Señor Dios pero, para mi gusto, lo veo demasiado aficionado a la tabla rasa y a las medidas radicales. No te creas todo lo que dice. Yo conocí a tu abuela Eva. Nos corrimos algunas juergas cuando el tipo este la echó del paraíso. Una mujer estupenda, sí señor. – Adán se queda pensativo unos segundos y concluye – lo que te digo, demasiado radical para mi gusto, un temperamento algo voluble.
Noé escuchaba todo esto y miraba al horizonte, donde las aguas se retiraban lentamente y descubrían un planeta de desolación y cadáveres, ya sin ser vivo alguno que pudiera causar enojo al Señor Dios.
- Ahí tienes – le dice Adán –sin pecadores, todo para ti. Es una pena que no haya quedado nadie. Había gente interesante en esta fanfarria, ahora creo que te vas a ver un poquito solo.
- Mi Señor lo ha querido así. Contesta Noé mientras va recogiendo la poca leña húmeda que hay a su alcance. La envuelve en una especie de yesca que saca de su túnica y se dispone a encender un fuego sin dejar de murmurar alabanzas al Señor Dios.
- Hombre- dice Adán. –Si vas a preparar algo, yo si me apuntaría a un bocadito.
- No es para comer. Contesta Noé. –Es para hacer ofrendas a mi Señor.
- Bueno, entonces me voy, quiero ver cómo ha quedado la obra después del aguacero. No quiero andar por aquí cuando soltéis esa recua y aparezca el tipo este con sus órdenes.
Adán se encasqueta las gafas, saluda a Noé con su pezuña, como lo haría un soldado perezoso, y se va monte abajó por donde había llegado, dejando a Noé restregándose los ojos, intentando saber si es verdad o alucinación el gorrino con gafas de sol y botas de goma que ve alejarse silbando entre dientes.