LOS NIÑOS NO

No paro de pensar. Yo le llamo pensar. Ya me lo decían en la escuela, cuando solo era un renacuajo, que me pasaba los días “pensando” mientras los demás niños atendían al maestro. Ahora, ya mayor, como no presté atención a lo que el maestro decía, pienso mucho por mi cuenta, tontamente, sin método ni restricciones. Fijarse que digo mucho, no digo bien. Yo sé lo que está pasando aquí. El mundo, con toda su gente dentro, anda perdido y ocupado en sus asuntos. No tiene este mundo tiempo para tonterías. Hay cosas más importantes que hacer cada día que preocuparse de si este planeta y las criaturas que en el hacen vida van bien, o van mal. Esto, todos lo sabemos, es secundario. Pasa que hay un montón de vagos, con demasiado tiempo libre, que prefieren pensar esas idioteces en lugar de trajinar de sol a sol para labrarse un futuro y una posición desahogada para…??… para quien sea. Yo no soy creyente, ni me gusta hablar del padre de nadie, pero Jesucristo, o lo que cuentan de él, sí me cae bien. Si su padre era, o no era, el que él decía a mí me da igual. Otros creen en él y en su padre a pies juntillas, pero hacen lo que les da la gana y no lo que se predicó aquí hace dos mil años. Bien, que hagan lo que quieran. Si lo hicieran como el predicó, sin la codicia, esto tendría otro color, y olor, muy distinto. Digo lo del olor porque a mí me huele a podrido. Jesucristo tendría que darse otra vuelta por aquí y echar un vistazo al patio, que se nos mueren los niños de hambre en este planeta mientras pasan cientos de aviones sobre sus cabezas. Yo sigo pensando. A ver, ¿cuántos quilos de perritos calientes podría cargar un Boeing 747? Dice la wikipedia que son ciento doce toneladas. Bueno pues no vamos a cargarlo a tope, no vaya a ser que se caliente. Vamos a dejarlo en cien toneladas de cada viaje. Es verdad que con perritos calientes caminan estos chiquillos hacia una obesidad casi segura, que esas arterias van obstruirse y que, seguramente, padecerán enfermedades vasculares que darán con sus huesos en la tumba. A lo mejor sería recomendable una dieta más sana y equilibrada. Nada, quieto el avión. Por algo nuestros gobernantes no se los llevan, ellos sí piensan bien, sí escucharon lo que decía el maestro. Ya lo dije, yo pienso mucho, no bien.
Aquí se cometen a diario barbaridades que nosotros, como especie estúpida y necia que somos, tenemos por rutina, pero, ¿los niños?, parece inexplicable que se nos mueran de hambre los niños en este tiempo de derroche, consumo y montones de basura que vivimos, mientras nos preocupamos de si algún futbolista anda triste. Sí, tendría que volver por aquí Jesucristo, pero con más palo y menos prédica. Si viene otra vez con la intención de redimir pecadores que se prepare, porque a estas alturas, con el número de pecadores y la cantidad, calidad y naturaleza de nuestros pecados, tiene un trabajo grande y penoso. A convertir ya no hace falta que venga que dentro de los suyos propios, en su propia iglesia, tiene pecadores más que de sobra para crucificarlo, al menos, una docena de veces. También depende de dónde caiga esta vez. Aquí, en occidente, seguramente no lo crucificaríamos así que lo de resucitar al tercer día no procede. Un hombre como él predicando por las calles el amor, la generosidad, la compasión y todas esas inconveniencias, y diciendo que es el hijo de Dios, acabaría en algún sanatorio mental, eso sí, con la correcta medicación y supervisión de un equipo médico de fantásticos profesionales. Lo que no sé es si babeando por los pasillos redimiría nuestros pecados igual que en la cruz. Puede que sí, que redimiera nuestros pecados, casi todos nuestros pecados, lo de los niños no, eso no creo que tenga redención. Hoy me ha dado por esta cuestión de los niños, ya ves. Pura demagogia. Como no presté atención a lo que decía el maestro confundo las cosas. No me enteré de que lo que es pura verdad y pone en peligro tanta comodidad, ahora se llama demagogia y lo que era demagogia y permite seguir con este ritmo de burdel que llevamos, ahora es verdad cierta. Podemos echar la culpa a toda esa manada de sopla poyas que gobiernan nuestras vidas, gente vendida a Don dinero. Podemos dejar que se ocupen del asunto los misioneros, que tienen enorme corazón y usan la conciencia. O sencillamente seguir hacia adelante, pasar un mal traguito de vez en cuando, aportar alguna moneda y llevar con resignación la idea demagoga y populista de que somos todos unos hijos de la grandísima puta.
Haya salud y suerte.

CHARITO, LA RUBIA DE ARMAS TOMAR.

En una pequeña ciudad, encima de la puerta de una cantina, había un enorme cartel en el que podía leerse, en letras grandes y mayúsculas, LOS COJOS NO PUEDEN ENTRAR EN ESTE LOCAL. Severiano, el dueño del establecimiento, había colocado aquel letrero cuando su mujer, Charito, rubia de armas tomar y cuerpo concebido para el pecado, lo dejó plantado para liarse con Fito el cojo. Salieron pitando a bordo de un potente descapotable que Fito se compró con el dinero de un boleto premiado. Nunca se volvió a saber de ellos. A Severiano, le llegaron los papeles del divorcio de manos de un abogado y acabó firmándolos a cambio de una bonita cifra. Charito, la rubia de armas tomar, no solo había abandonado a Severiano. Días después de su estampida apareció muerto un mecánico del pueblo. Se llamaba Leo. Lo encontraron colgando de una cuerda, desnudo y con una foto de Charito garabateada a sus pies. La nota decía: “Me mato por imbécil, y rezo, desde lo más profundo de mi concupiscencia, para que el cojo y esta mala puta revienten contra cualquier poste”. Toda la ciudad anduvo revuelta y murmurando unos cuantos días con aquel asunto de Charito, del mecánico suicida y de la perfecta redacción y caligrafía de la nota manuscrita
Fue un domingo cualquiera después de misa, con la cantina repleta de gente, cuando algunos parroquianos vieron que se acercaba un cojo. A medida que se acercaba observaron que la cojera era la característica menos llamativa de aquel individuo. Nadie le habría puesto el sobrenombre de “el cojo” al personaje que se acercaba lentamente a la cantina. Vestía todo él de negro y la piel tostada que se adivinaba entre la barba de ocho días parecía parte del vestuario. Dos finísimas rendijas, que parecían hechas con una cuchilla, con unas pestañas finas, blancas y cortas indicaban que allí detrás, bajo el ala del sombrero, pudiera haber ojos. Con otra cuchillada le habían hecho la boca. No tenía labios. Parecía hecho en cartón piedra por un fabricante de marionetas. El cojo se iba haciendo más y más grande a medida que se acercaba a la puerta. En la cantina, avisados los unos por los otros, todo el mundo estaba pendiente de lo que pasaba en la puerta. Muchos salieron a la calle buscando lugar a salvo de lo que pudiera pasar. Otros se quedaron dentro, por ver si el cojo entraba o no entraba. Lo que era seguro es que nadie había visto en toda su vida un cojo tan enorme y siniestro como aquel.
Cuando llegó a la puerta y leyó el enorme letrero el cojo no se inmutó. Se rascó la nuca con parsimonia por debajo del ala del sombrero y en aquella boca sin labios se dibujo una sonrisa extraña que dejaba ver tres dientes de oro. Echó otro vistazo desganado al cartel, se ajustó el sombrero mientras agachaba la cabeza para evitar golpearse con el marco y, mientras entraba en la cantina, con voz cansada dejó salir silbando por entre aquellos dientes. – Atajo de hijos de puta- Dio dos pasos dentro de la cantina, se paró y miró desafiante alrededor. Nadie dijo una palabra, la mayoría disimuló como si aquello de que un cojo entrara en la cantina fuera cosa anodina y sin sustancia. El cojo caminó hasta la barra y allí pidió un vaso bien grande de vino. Mientras el cojo bebía alguno de los presentes, deseoso de tragedia, se llegó hasta casa de Severiano para decirle que un cojo, grande y siniestro, se estaba bebiendo un buen vaso de vino en su local y que no tenía aspecto de asustarse fácilmente. Cuando Severiano llegó a la cantina el cojo estaba sentado a una mesa, tenía un cuaderno delante y dibujaba distraído con un lápiz. A nadie parecía importarle que un cojo bebiera tranquilamente en una cantina donde no había entrado un cojo en los últimos treinta años. Severiano se acercó decidido a echar a aquel cojo de su establecimiento pero se quedó mudo cuando vio lo que dibujaba en su cuaderno. Era una mujer desnuda, rubia, despampanante, era Charito, la rubia de armas tomar, en sus mejores tiempos. Al pie del dibujo había escrito en letras grandes y mayúsculas –ES DE LAS RUBIAS DE QUIEN HAS DE MANTENERTE ALEJADO, NO DE LOS COJOS.
Haya salud y suerte.

EL PUTÓN VERBENERO

Yo, una vez, fui adolescente. También pasé por ese tiempo de granos, pelos nuevos y despiste a partes iguales. Me hacía mayorcito y nadie de mi entorno parecía enterarse. En la sociedad de mis tiempos no había sitio para desórdenes de carácter emocional, así que solo los amigos, con tu misma enfermedad, ofrecían amparo y comprensión. Había que apañarse sin molestar demasiado. Nadie hablaba de si eras o no eras adolescente, se hablaba de si te estabas volviendo idiota o qué. No conocí entonces a nadie que tuviera que pasar por la consulta de un sicopedagogo porque la adolescencia le hiciera enfermar. Cada uno anduvo su camino y entre todos paliamos como pudimos la falta de clínicas especializadas en el tratamiento de nuestras disfunciones y la fingida ceguera de unos padres insensibles a las tremendas dificultades que supone el apetito voraz por las personas del otro sexo. Unos antes, otros después, salimos de aquello sin grandes secuelas, o al menos yo no las percibí en mis amigos, seguramente porque, cuando habíamos iniciado esta etapa, nuestro estado mental ya era de difícil calificación. Eran tiempos duros.
Hoy la cosa ha cambiado y yo no quiero entrar en juicios ni valoraciones. A mí me tocó vivir antes de que se descubriera que la pubertad es una enfermedad sibilina y que, al menor síntoma, se ha de poner al adolescente en manos de cualificados profesionales. Porque los tiempos han avanzado y antes no sabíamos que lo que parecían granos inofensivos y pelusilla que se convierte en pelo, podía ser la somatización de horribles trastornos que frustrarían de por vida nuestro crecimiento y trayectoria. Hoy el adolescente ha de tener un seguimiento por parte de sus mayores, su conducta ha de moverse en los parámetros de normalidad que los profesionales consideran ajustada y manejable. No podemos consentir que nuestros hijos se pasen cuatro o cinco años haciendo el idiota, como hicieron sus padres, en un mundo como el que tenemos. Gracias a Dios, hoy, están a salvo. Nosotros no. Nunca estuvimos a salvo, por eso quiero recordar aquí a ese personaje que alivió en mucho la falta de tanto profesional como hoy tenemos. El putón verbenero.
A mí me sacó del abismo en una sola sesión. Sin diagnóstico previo, sin análisis ni seguimientos. En el asiento de atrás de un Seat 850, azul. Atrás quedaron las tristezas existenciales y los brotes de no sé qué me pasa. Arrancó de mí la idiotez adolescente ya sabemos cómo. Nada me pidió a cambio, nunca utilizó esa información contra mi persona y nunca pude agradecerle su impagable labor. Vilipendiada siempre, criticada sin compasión por los mismos que antes que yo habían pasado por su consulta y despreciada por aquellas que teniendo las mismas ganas, por miedo y falta de carácter, te negaban el tratamiento. Hoy, con los antecedentes penales ya prescritos, andan por el mundo como las demás, haciendo lo que sea que les ha tocado hacer, sin que nadie les reconozca ni agradezca tanta alegría y ayuda altruista como derrocharon, tantas adolescencias difíciles y desviadas que devolvieron a su cauce.
El putón verbenero, altruista ella, atrevida y sin dobleces, inmune a críticas y chismorreos. Muy por delante de su tiempo. Yo, desde aquí, le doy las gracias. Haya salud y suerte.

AL PUEBLO INGRATO-(Contestación 2ª)

Yo soy votante rústico, rural, del pueblo. Voy a contestar por escrito a su proclama, aunque a mí me parece que méritos han hecho para hacerlo con la garrota. La garrota la tengo inactiva desde hace no sé cuánto tiempo y ya se nota, ya, que se me ha perdido el respeto y se me vapulea sin miedo alguno ni precaución. Ahora, en estos tiempos que corren, está mal visto que un aldeano como el que escribe se llame a la garrota para evitar insolencias, faltas de respeto e indecencias como las que ustedes cometen. Otra cosa sería si no tuviera yo los ochenta años que tengo, que tendría la garrota bailando de unas costillas a las siguientes de tanto cabrón como ha medrado en este sin dios que tienen ustedes en marcha. Así, con la garrota activa, no vendrían ustedes por aquí tan ufanos y complacientes, con promesas tan estupendas como falsas cuando quieren el voto, ni tendrían el descaro de dar lección y consejo a quienes han demostrado con largueza ser más trabajadores, más honrados, más solidarios y menos codiciosos que esa ralea suya. Bien se ve que vienen ustedes de familia licenciosa y corrompida, que no supo darles los valores y principios que nos piden a nosotros. Que si su padre hubiera tenido la garrota más a mano no habrían salido ustedes tan desmemoriados, fulleros y de manos largas.
La cosa tiene mala solución, porque han extendido ustedes la podredumbre hasta los mismos cimientos de esos partidos suyos, que no son otra cosa que criadero de tiralevitas con ganas de tocar pelo y engordar en vanidad. Hasta las gentes de pueblo, como yo, han sucumbido a esa peste suya que convierte la codicia y el servilismo en virtudes rentables. Ahora la boina está mal vista, a no ser que la lleve un artista de esos que medran y comen a la sombra de ustedes. La boina es cosa rural y con mala prensa, la prensa que ustedes, los del traje y la corbata, se han encargado de darle. También los currelas son cosa vulgar, sin estilo ni cultura. Gente bruta que no aprecia el auténtico sentido de los tiempos modernos que vivimos, que no está preparada para tomar las riendas más allá de soltar el voto, que necesitan la tutela y el gobierno de ustedes. Ahí arriba, en el gobierno, han olvidado que la boina y los currelas son los que han pagado esos trajes caros con los que se disfrazan ustedes, esos autos lujosos en los que se saltan los semáforos, esos despachos fresquitos en verano y calentitos en invierno, esos sillones de buen cuero donde restriegan sus culos, las carreras universitarias de postín que sus hijos estudian en Canadá, los trenes de altas velocidades con los que favorecen a sus amigos, las buenas carreteras que cuestan diez veces más para cubrir sus vicios, la sanidad pública que apechuga con sus clínicas privadas, y hasta el marisco, las putas y todos esos vicios a los que se han acostumbrado y que pagan con nuestros dineros.
Yo, seguramente porque soy rústico y me aprieta la boina, me inclino a pensar que a ustedes les está haciendo falta una buena dosis de garrota, para que tengan en la memoria lo mucho que a sus paisanos nos ha costado sacar adelante un país tan lleno de ansiosos, ladrones y fulleros, para que sus madres no se avergüencen de haberlos traído al mundo y nosotros no tengamos que acordarnos de ellas con tanta frecuencia, para que les quede algo de decencia y esperanza a los que vienen detrás, para que los de su ralea mantengan las manitas bien lejos de la bolsa común y dejen de ver como normal el zampar a puñados. Un buen repaso de garrota, sin excesos, lo justo. Para que se vayan calentitos a dormir y se les quiten las ganas de medrar tan sin decoro y esa risita putera con que nos obsequian desde su púlpito. Pero, como digo, soy paisano rústico, tosco, sin estudios, no tuve la suerte de pasar por una universidad en la que suavizaran este afán mío por la garrota.
Haya salud y suerte

AL PUEBLO INGRATO-(Contestación 1ª)

No puedo encabezar esta carta, como es costumbre hacerlo, con el “queridos señores gobernantes”. No puedo porque no son queridos, no son señores y no son gobernantes. Son ustedes una caterva de gorrinos insaciables. No me pidan literatura y buenas maneras porque ya estoy un poco harto de tanto idolatrar las apariencias y los buenos modos. Estoy más que harto de que me sonrían por delante mientras me la juegan por detrás. Harto de esa buena educación y buenos modos que ustedes reparten con una mano mientras con la otra, la de trileros, barajan los votos, reparten y amañan, y desvalijan sin duelo ni hartazgo lo que juran respetar. Harto de los que, entre ustedes, se proclaman justos y honrados mientras comparten privilegios, mantel y putas con banqueros y corruptos. Harto de esa cultura subvencionada, pija y simplona que nos quiere a todos iguales y sonrientes. No me pidan buenas maneras.
Yo no soy una oveja modorra de las que depositan el voto y les conceden confianza y carta blanca. Yo soy un lobo. No un lobo solitario o antisistema planeando terrores, de esos que ustedes cacarean a los cuatro vientos. Yo no quiero violencias contra la gente de bien, no. Yo soy un lobo ibérico que cometo cada día lo que para ustedes es el peor de los atentados, pensar por mi cuenta y mantener mi propio criterio.
No me pidan que eduque a mis hijos en la obediencia que ustedes necesitan. No voy a inculcarles ese espíritu suyo del sacrificio ni la cultura del esfuerzo que ustedes patrocinan pero no practican. No voy a inculcarles la paciencia para soportar gobernantes indignos, mediocres y payasos. No quiero que se labren un futuro a base del trabajo que ustedes proponen, con sueldos miserables para mis hijos y sueldos indecentes para los suyos. No quiero inculcarles un espíritu de lucha para salvarse ellos y olvidar a su vecino. No quiero que se levanten, cada mañana, con la resignación para aceptar las migajas que ustedes tienen para ellos. No quiero que mis hijos vivan y pierdan, con la cabeza gacha y los brazos caídos, lo que su abuelo consiguió de frente con la cara partida. Yo prefiero educarlos en el valor y la dignidad de la persona para cambiarlo todo y apearles a ustedes, vividores, indecentes y bellacos. Una caterva de parásitos indigna del pueblo que la soporta.
Haya salud y suerte.

AL PUEBLO INGRATO

Queridos votantes:
Habiendo llagado a este consejo de ministros noticia de vuestro estado de ansiedad y desconcierto, de vuestra necesidad de tutela y dirección, para desterrar de vuestra diaria rutina la incertidumbre y daros clavo al que agarrarse, nos proponemos con el presente escrito, como señores y amos que somos, aclarar vuestras dudas, despejar vuestra preocupación y proporcionaros las certezas que necesita un pueblo holgazán y soñador como vosotros, para regenerar la virtud y disciplina que os ayude a convertiros en el pueblo laborioso, obediente y entregado que vuestros gobernantes merecemos. Albergamos en este consejo la esperanza de que sea recibido este discurso, y el ímprobo trabajo que desinteresadamente hemos puesto en él, con la alegría de un pueblo agradecido y sabedor de cuan inútiles serían sus vidas y afanes sin la dedicación y renuncia de aquellos que desde este consejo nos sacrificamos diariamente para gobernaros.
Obediencia y abnegación es cuanto necesitáis. Si atendiera el pueblo a estas, y menos a las reivindicaciones y algaradas, mejor camino llevaría y más descansada vida le daría a aquellos que, renunciando al propio beneficio y con vocación de servicio, sufrimos los sinsabores y perjuicios de gobernar, con rectitud y conducta ejemplar, a pueblo tan ingrato y desleal.
No ha de haber entre vosotros, pueblo llano e ignorante, cosa más digna y que más os engrandezca que la obediencia ciega y el trabajo duro. Obediencia a una ley justa y protectora que nos mantenga a nosotros, ejemplo de honradez y decencia, a salvo de los recelos y la inquina del pueblo envidioso que gobernamos. Una ley recta que castigue y enmiende la innata tendencia a delinquir que anida en vuestros corazones. Una ley pura que deje meridianamente clara la frontera que separa a las honorables personas que altruistamente nos sacrificamos para llevar el timón, de las ovejas modorras que sesteáis en la cubierta. El trabajo dignifica y eleva vuestra baja condición, y lo eleva en mayor medida cuanto más sacrificio supone. Así, siendo el trabajo penoso, cuanto menos sea el jornal que recibáis por vuestra labor, mayor es el sacrificio que por vuestra nación hacéis, mayor por tanto la dignidad y el honor que generosamente os reconocemos. Y si se diera el caso que ni siquiera trabajo tuvierais, no habéis de culpar a este consejo, ni pedirlo como derecho, sino engrandeceros en el sufrimiento y dar gracias de que a pesar de vuestra total inutilidad y lo innecesario de vuestra existencia, seguís teniendo el privilegio de ser gobernados por aquellos que, pudiendo atender otros mejores negocios, nos entregamos a lo público en cuerpo y alma.
Seguid pues aportando sin queja el fruto de vuestro esfuerzo diario, renunciad con alegría a tantos placeres insanos que os envilecerían, olvidar sueños pueriles y los deseos enfermizos de acaparar bienes materiales que en nada mejoran a la persona. Conduciros con obediencia y generosidad para con vuestra patria y madre. Sembrad en vuestros hijos e hijas la semilla de la obediencia y el orgullo de servir y entregar el voto mansamente, sin esperar nada a cambio, así también el agradecimiento hacia aquellos que han de dirigir los designios de un pueblo holgazán y desagradecido que, gracias a nuestra entrega y sacrificio, ha conseguido sentir la modernidad y el progreso como propios.
No habéis de sentir frustración, desprecio ni cólera por la vida de ostentación y privilegios que vuestros gobernantes soportamos, muy al contrario, pues es cosa de mucho orgullo y satisfacción que un pueblo, tan falto de instrucción, desconfiado y corto de miras, alcance a mantener el gobierno y dirección de estirpe tan gloriosa e inmerecida como la que nosotros suponemos y que, a pesar de vosotros, podamos vuestros gobernantes vivir y perpetuarnos sin ninguna cuenta que rendir, ni conducta que cuidar. Criad pues hijos que nos defiendan y protejan, hijas que nos sirvan y, si están de buen ver, nos consuelen y acompañen en esta ingrata y sacrificada labor de dar hijos, grandeza y dignidad a este pueblo ignorante y holgazán que no entiende, ni merece, otra cosa que palo y desprecio. En muestra de nuestra enorme generosidad olvidaremos vuestros odios y rencores, vuestra inquina por nuestra impagable labor para, una vez más, recoger y convertir vuestro voto desganado y simplón en garantía y razón para nuestro engorde y mejora, que mejorando nosotros, mejora la imagen que como pueblo tendréis en el mundo. Nada hay que defina mejor a un pueblo que la condición de aquellos que elige para su gobierno. No vamos a extendernos más en este escrito porque queda, con lo dicho, meridianamente clara nuestra condición y la vuestra, vuestras obligaciones y nuestros derechos. Laborad pues sin desfallecer y obedeced nuestras directrices sin titubeos. Nosotros, como padres amantísimos, haremos bueno el refrán que la sabiduría popular, la vuestra, nos otorga, “cuando seas padre comerás huevos…”

Haya salud y suerte.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 15º

JOB.
Ahora, siguiendo con esta lectura mía, voy a comentar el libro de Job, que es figura conocida por todos, o eso creo yo, y porque me está haciendo falta algo de su legendaria paciencia.
Dicen los expertos, otra vez, que el libro de Job está compuesto, en su mayor parte, por bellísimos versos. Aquí es donde me doy cuenta de que yo nunca seré un experto. No digo que los versos no tengan un cierto encanto para según quién, pero bellísimos, lo que se dice bellísimos, yo no los veo.
“Había en el país de Hus un hombre llamado Job, hombre perfecto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal.”
Poco más se puede decir de este hombre. Si era un hombre perfecto, pues era un hombre perfecto. Semejante cosa no se ha dicho, en lo que tengo leído, de ningún otro. Era además inmensamente rico, el más grande de todos los orientales. En este libro se fijan mucho en los hombres de inmensa fortuna y muy poco en los pobretones. Parece ser que sin dinero es difícil llegar a ser mentado en esta historia, porque ser un hombre perfecto o un patriarca digno acarrea muchos gastos, supongo yo.
“Y el Señor dijo a Satán: ¿Has reparado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, hombre recto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal. Satán respondió ¿Es que Job teme a Dios desinteresadamente?”
Aquí el Señor Dios y Satán hacen una especie de apuesta sobre la solidez de Job y sus creencias. Que se sepa bien a las claras que las perrerías que sufre el bueno de Job fueron idea de Satán. Así, de un día para el siguiente, se quedó Job sin bueyes, asnas, camellos, ovejas, siervos e hijos. Entonces Job se rasgó las vestiduras y se rapó la cabeza. Pero no maldijo a su Dios.
Se reúnen de nuevo el Señor Dios y Satán y engordan la apuesta. Total, hasta ahora solo se han cargado unos cuantos camellos, unas asnas, algún rebaño con sus pastores, siete hijos y tres hijas. ¿Qué es eso ante la grandeza y magnitud de la bondad infinita del universo y la justicia eterna y el destino del cosmos todo? ¿Eh, qué es eso, palurdos?
“Satán salió de la presencia del Señor e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job, con un cascote de teja para rascarse, fue a sentarse sobre las cenizas.”
Hombre, ya puestos, la llaga podía haber sido benigna. Aquí tenemos a Job mondo y lirondo, en la miseria y llagado, y casi es de agradecer que no le hayan quitado también el cascote de teja. Su mujer, a estas alturas, ya no entiende que Job aguante sin maldecir a ya sabemos quién. El resto del relato se lo pasa Job discutiendo con tres amigos que acuden a visitarlo. A decirle que algo habrá hecho para que el Señor Dios lo castigue así. Job sigue fiel a sus creencias y defiende su inocencia. Aquí es donde nos regala el libro esos bellísimos versos que decían los estudiosos. Son muchos. Yo voy a mostrar aquí uno de los poemas que, sin llegar a bellísimo, me parece interesante.
Así le dice Job al Señor:
Falta de todo consuelo.
Por eso no cerraré mi boca,
voy a quejarme en la amargura de mi alma.
¿Soy yo el monstruo marino,
para que pongas guardia en torno a mí?
Si digo:” Mi lecho me consolará
mi cama aliviará mi sufrimiento”
entonces con sueños tú me espantas,
con visiones me aterras.
¡Ay! Preferiría mi alma el estrangulamiento,
la muerte a estos dolores.
Me estoy disolviendo, no viviré para siempre;
déjame, pues mis días son un soplo.
¿Qué es el hombre para que de él así te ocupes,
para que pongas en él tu pensamiento,
para que le visites todas las mañanas
y a cada instante le sometas a pruebas?
¿Hasta cuándo seguirás vigilándome?
¿No me dejarás ni tragar saliva?
Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti con ello,
oh guardián de los hombres?
¿Por qué me has hecho blanco tuyo?
¿Por qué te causo inquietud?
¿Por qué mi ofensa no toleras
y no ignoras mi delito?
Muy pronto yaceré en el polvo;
me buscarás, y ya no existiré.
Al final, dice el libro:
“Y el Señor restituyó a Job en su antigua condición por haber intercedido a favor de sus amigos; más aún, el Señor duplicó todos los bienes que Job tenía primero…Tuvo además catorce hijos y tres hijas”
Ya, pero aquellos primeros siete hijos y tres hijas que tenía, aquellos, no volverán, ni los siervos tampoco. Ocurrencias divinas.
SALMOS.
Son muchos. Si alguien decide leerlos todos, hágase en más de una sesión. Si alguien decide leerlos todos de una vez absténgase, en las siguientes veinticuatro horas, de conducir o manejar maquinaria pesada.
PROVERBIOS.
Son unos cuantos también, pero mucho más interesantes a mi entender. Tampoco son para leer de una vez, pero de vez en cuando echarles un vistazo, una vez en la vida, y aprender algo, como ya dije más atrás, no estaría mal para estos tiempos que vivimos.
QOHÉLET. (Eclesiastés)
Toda riqueza, toda sabiduría, todo trabajo y afán del hombre sobre la tierra no es otra cosa que vanidad y esfuerzo inútil. Convendría leerlo a todos aquellos que se afanan en este mundo de oropel y pavoneo. Interesante relato este.
CANTAR DE LOS CANTERES.
Pues eso.
SABIDURÍA.
Y yo qué sé, hijos.
SIRÁCIDA.
Más sabiduría. Se puede leer.
Si alguno de los locos que ha ido a dar con sus ojos en este delirio que ando componiendo, quiere por gusto, o penitencia, leerlos todos, tiene mi bendición. Puede encontrar aquí, en estos libros y poemas, todos los mensajes, enigmas, profecías y consejos que se pueda imaginar. Seguramente no resultarán apasionantes para una mayoría, sin embargo, leerlos, siempre causará un daño infinitamente menor que ver la tele.
LIBROS PROFÉTICOS.
Patriarcas, jueces, reyes, sacerdotes. Ahora tocan los profetas. Son muchos y repetitivos, como es habitual en este libro. También el Señor Dios está con ellos. Él los elige e ilumina. Todos sabemos, o sospechamos, lo que aquí se nos va a contar, no una vez más, no, cientos. Como sea que esto no es un estudio histórico, ni un análisis exhaustivo letra por letra, sino una chanza satírica, voy a exponer a continuación una relación de palabras, sin elaboración literaria ni nexo alguno, de la que cualquiera de los locos que aquí pasamos el tiempo puede deducir bien a las claras lo que se cuece en los libros proféticos.
Amenazas. Castigos. El día del Señor. Juicio de Dios y castigo de Judá. Escándalo de Israel. Destierro. Restauración. Destrucción. Pecado. Ceguera del pueblo elegido. Juicio. Castigo. Israel desobedece. Jeremías. Caída de Babilonia. Santificar el sábado. Más pecados de Israel. Castigo inminente. Visión desoladora. Quejas del Señor. Infidelidad del pueblo para con su Dios. Promesa. La espada del Señor. Plegarias. Sacrificios. Castigo. Babilonia que vuelve a caer. Lamentaciones. Miserias interminables. Corrupción de Israel. Castigo. Perversión. Ruina. Devastar. Extirpar. Quemar. Abrasar. Fulminar. Degollar. Aniquilar. Asolar. Exterminar.
Claro como el agua.
Y así, amados míos, se da fin en el libro al antiguo testamento.
Lejos quedan aquellos primeros seis días de frenética creación. Aquellos proyectos de paraíso y solaz existencia. Aquel Señor Dios que miraba complacido su obra. Aquel amor paternal con que fuimos creados y que ha venido a parar, o degenerar, en las últimas palabras del texto anterior, que hablan de lo contrario. Tan lejos que es posible que nunca existiera, que sea una quimera.
A partir de aquí, de lo ya leído, yo no tengo noticias de posteriores apariciones del Señor Dios. Sea en forma de nube, sea en persona, no ha vuelto a dejarse ver por ojos de mortal. Enviados que se dicen en su nombre y apariciones de subalternos parece ser que si se han dado con posterioridad, pero el Señor Dios, con su fuego, su resplandor y su carácter, no. En su ausencia, ya el hombre mismo se ha encargado de castigar, aniquilar y humillar a sus semejantes de todas las formas y maneras imaginables. En lo que a calamidades y vilezas se refiere nada tenemos que aprender, que estamos muy por encima de los castigos divinos. En su nombre, el del Señor Dios, se han amasado reinos y fortunas suficientes para desterrar el hambre y la miseria del planeta todo. Pero no se han usado para esto.
SOÑANDO.
Terminado el antiguo testamento, he soñado otra vez con Adán el gorrino. Voy a cerrar este particular análisis contando mi sueño. Este fue el sueño:
Estoy entrando en una cafetería, una bonita cafetería de nuestro tiempo. Hay un murmullo de conversaciones y está sonando algo de Creedence. Al fondo, en un apacible rincón, está Adán, con sus gafas de sol, repanchigado en un sillón de dos plazas con las piernas estiradas. Se ha quitado las botas de goma y me hace señas para que me acerque. Ahora estamos los dos, uno frente a otro, mano a mano con una botella de orujo y dos cafés. Adán tiene en sus manos un ejemplar de un libro que ni siquiera existe, es la biblia de los locos. Está abierto por las últimas páginas. Adán está ojeando esta misma conversación.
-Así que tú eres el famoso Chambombo. Yo soy Adán.
Yo quiero hablar pero, como esto es un sueño, no puedo, lo intento pero no puedo. Solo habla él. Yo no puedo decirle que ese no es mi nombre, que solo es un seudónimo, una palabra que me gusta. Que el libro no existe y que no puede leerse en él algo que está pasando ahora.
-Vaya cafetería bonita esta. Sí señor. -Te preguntarás qué pinta un gorrino como yo en toda esta historia. Claro que tú pensarás que solo soy un sueño. Una ilusión. Un gorrino con gafas y botas de goma que nadie sabe de dónde ha salido. ¿A ti te gustan las gafas de sol? Yo estoy encantado con ellas. Es lo mejor que me podía regalar el tipo este, ya sabes de quién hablo. Ahora las cosas parece que han cambiado bastante, francamente, tenéis unas cuantas cosas bien interesantes en lo que no es paraíso. Ya lo creo.
-Tú no te preocupes- me decía Adán viendo que yo quería hablar y no podía.
-Vaya orujo rico que tenéis por aquí. Y el café tampoco está mal, no señor.
Adán el gorrino se quitó las gafas de sol y se puso a limpiarlas con una servilleta de papel. Yo pensaba que unas gafas de sol no podían durar tanto tiempo como se les suponía a las que llevaba Adán, ni en sueños. Lo normal es perderlas, que se abran las patillas, que se les caiga un cristal, pero las de Adán estaban flamantes. Adán me contestó sin necesidad de que yo abriera la boca.
-Yo no tengo ni idea. El caso es que aquí están, sin un rasguño. Son bien guapas. Las gafas de sol y las botas de goma, el tipo este, me las hizo a conciencia. Ya sabes, otras cosas no le salieron tan bien.
De repente, porque esto fue un sueño, allí en la mesa, con nosotros estaba la santísima trinidad. Los tres. El Señor Dios, su hijo Jesús y el espíritu santo, que es una especie de luz con alas. Adán el gorrino ni se inmutó. Se sirvió un vasito de orujo, se lo echó al coleto, volvió a ponerse las gafas y dijo:
-Ya estamos todos, la cuadrilla al completo. Porque tú de esto no sabes nada –me dijo apuntándome con su pezuña –pero antes éramos una cuadrilla, la santísima cuadrilla. Los no creados. Aunque en el principio de todo yo no los conocía, yo solo chapoteaba en la charca sin otra preocupación que respirar. Pero los no creados éramos cuatro: el Señor Dios, creador, amo y señor de todo cuanto es, a Él se le ocurrió todo este carrusel; su hijo Jesús que es uno con Él; el espíritu santo, que no llega a la categoría de Dios pero también es increado y divino, y yo, Adán el gorrino, que soy mucho menos que todos ellos. Yo no soy el pecado, solo soy el libre albedrío. Sin mí, el tipo este, no habría podido decidir si hacer, o no hacer. Antes éramos cuatro. Aunque yo entonces no tenía ni idea de que formaba parte de nada, ni de todo esto que te estoy contando, ni de los planes de nadie. Después, cuando me llevé a Eva a conocer lo que no era paraíso y decidió no volver, estos tres me culparon de todo y me sacaron de la cuadrilla. Ya siempre hablaron de mí como el origen del pecado.
El Señor Dios miró a Adán con mucha tranquilidad y le contestó.
-Nadie te ha echado de ninguna parte, Adán. Tú siempre has recorrido el mundo a tus anchas. Nunca has querido ser parte de nada. Vas y vienes sin que nadie sepa de dónde sales o a dónde te diriges. Entraste en el paraíso sin aceptar mi prohibición. Aunque es cierto que a nadie engañaste ni empujaste a nada, podrías haberte quedado en alguna charca de lo que no era paraíso. El paraíso era cosa nuestra. Eva no tendría que haberte conocido nunca y todo habría ido como la seda.
Adán los miraba mientras se bebía otro sorbo de orujo. Luego mirándome a mí dijo:
-Es que el paraíso estaba muy bien, muy bonito, bien rematado, pero allí no había futuro. El tipo este hace cosas increíbles, yo lo he visto, pero tiene ideas muy raras, algo peregrinas. Seres humanos obedientes, alabando a su Señor por los siglos de los siglos, sin otra cosa que hacer que disfrutar de un feliz y dichoso aburrimiento. Un paraíso lleno de simples. No sé.
Luego, mirándolos a ellos:
-Es verdad que lo que no era paraíso se ha torcido, no ha ido muy bien, pero porque no han querido. Porque, si quisieran, iría tan bien como el mejor de vuestros paraísos. Eva escogió su suerte, pero solo para ella. Hoy, cualquier hombre puede escoger la suya, no es algo que no puedan enmendar. ¿Qué culpa tengo yo de lo que tus creaciones deciden? No es mi culpa. Yo solo curioseo por la obra, aquí y allá, dando conversación y contando lo que veo. Nada pido y nada ofrezco.
Ahora, en el sueño, la santísima trinidad ya no está con nosotros. Adán se calza las botas con parsimonia y se bebe otro sorbito. Cuando posa su vaso ya no estamos en la cafetería, lo posa encima de la piedra en la que estamos sentados. Estamos en campo abierto pero Creedence sigue sonando.
-Bueno muchacho –me dice con su sonrisa de gorrino. –Yo sigo mi camino. Ya nos veremos y echamos otra parrafada. Voy a ver cómo van las cosas por ahí.
Yo me quedo sentado en la piedra mientras Adán el gorrino ajusta sus gafas de sol y se va con su andar campechano. El ruido de sus botas de goma se va perdiendo, fundiéndose con la música de Creedence y yo lo veo alejarse hacia lo que no es sueño.

Yo aquí, aprovechando que se da por terminado el antiguo testamento, voy a hacer un descanso antes de continuar con el nuevo. Tengo que cargar las pilas para enfrentarme a su lectura con el optimismo y buen humor con que empecé, tengo que estar seguro de que tanta lectura no ha mermado la ignorancia desde la que nace este análisis y en la que quiero seguir. Tal vez, llegados a este punto, puede alguien pensar que ha sido mi lectura irrespetuosa con aquello que otros consideran sagrado. Alguien que, seguramente, no se encuentra entre aquellos a los que esta biblia pertenece, los locos. Alguien que carece de la bondad y benevolencia que con los locos se ha de practicar. “La biblia de los locos” es esta cavilación sin espurios objetivos. Se supone que la otra, la sagrada, la que alimenta sublimes propósitos, es para hombres y mujeres cuerdos entre los que yo, ni por asomo, quiero encontrarme. Como loco, mi intención no ha sido otra que usar en esta vida el buen humor con que, el Dios que sea, me ha puesto en esta tierra. Si lo hizo a imagen y semejanza suya no lo sé, yo no alcanzo a sospechar lo que otros aseguran.

                                                                    FIN

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 14º

REYES.
Salomón pudo dedicarse a otras faenas y artes que no fueran de guerra. De todos es conocida la tan mentada sabiduría de Salomón, los famosos juicios de Salomón, sus escritos, sus enormes riquezas. El templo que alzó en Jerusalén para que por fin el arca de la alianza se esté quietecita. También fueron famosas sus levas de trabajo obligatorio para llevar a cabo sus muchos proyectos arquitectónicos, que no le granjearon el cariño de sus súbditos precisamente. Otra cosa famosa fue su amor por las mujeres, que dice el libro:
“Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, esto es, de las naciones de quienes había dicho el Señor a los israelitas: “No os unáis con ellas en matrimonio, pues inclinarán vuestro corazón hacia sus dioses”
Madre mía, que cantidad de amor y que desobediencia tan repetitiva. Pero no hemos de culpar a Salomón. Bien claro lo dice aquí, que son estas mujeres las que tiran por tierra tanta sabiduría, tanto buen juicio y una trayectoria que nos parecía imposible para este pueblo. Ni siquiera Salomón, el más sabio, escapó a la maldición de este libro, las mujeres, ellas, y solo ellas, fueron las culpables de que Salomón olvidara los principios de su Señor Dios.
A partir de aquí, de la muerte de Salomón, el pueblo de Israel se divide, todavía más, y volvemos a lo de siempre. A las pendencias y el natural desorden que tanto nos gusta. Todo esto porque lo quiere el Señor Dios, que son sus designios, y no por otra cosa.
Acabado el reinado de Salomón se nos espesa este libro un poco con los reyes y escaramuzas ya típicas. Son muchos reyes para nombrarlos todos y muy parecidas sus desventuras a las ya contadas. Como fue época de revueltas, diferencias y adoraciones indeseables a los ojos del Señor Dios, se dice, de muchos de ellos:
“Hizo lo que es malo a los ojos del Señor, como habían hecho sus antepasados y no se apartó de los pecados con los que habían hecho pecar a Israel.”
De otros, los menos, dice:
“Hizo lo que es justo a los ojos del Señor.”
Aún así, ninguno pudo enderezar el rumbo, ya acostumbrado, de este particular pueblo elegido.
LIBRO PRIMERO DE LAS CRÓNICAS.
Yo no he visto más nombres juntos en toda mi vida. Descendientes de David, de Abrahán, que nos los vuelven a recordar, de Selá, de Judá, de Rubén, de Leví, de Benjamín y de muchísimos más. Genealogías enteras. Alguna profecía. Victorias, normas, sacerdotes con su nombre, instrucciones y censo, que el censo siempre ha sido una pasión de este pueblo. Yo esto no pienso comentarlo. No le veo la gracia.
LIBRO SEGUNDO DE LAS CRÓNICAS.
Más de lo mismo. Esto, a lo mejor al pueblo de Israel, o a los que a él pertenecen, pueda interesarles. Más reyes, más pecados, más nombres. Así hasta que el Señor Dios, supongo que un poco arto ya, castiga a Israel y decide mandar a Nabucodonosor, de Babilonia, a someter, conquistar y desperdigar a su pueblo querido. Así que de aquel templo flamante que teníamos en Jerusalén ya solo quedan ruinas. Porque en este libro, las guerras ganadas se ganan por y para el Señor Dios, y las que se pierden no es que las ganen otros pueblos ayudados por sus dioses, no señor, las ganan ayudados por el mismo Dios de Israel, que se cambia de bando para castigar, porque ha escogido un pueblo que no hay por dónde cogerlo. Así, a Israel, todo cuanto le ha pasado y pasa en este libro lo es por causa y designio de su Dios. Porque así estaba escrito. Y, si algo no coincide, es porque este Señor Dios ya sabemos todos que tiene un carácter muy particular, que cambia y descambia según su divino criterio, sin aviso previo, y puede enojarse y castigar o premiar por muy variados motivos, así que se escribe después de que pase y todos tan campantes.
Así que ya tenemos otra vez al pueblo elegido exiliado y repartido por pecador y olvidadizo. Otra vez soñando con volver.
ESDRAS. NEHEMÍAS. TOBÍAS.
El pueblo elegido que se vuelve a su Jerusalén querida. A reconstruir el templo famoso, que lo dice y lo manda Ciro, rey de Persia. Impulsado por el Señor Dios, claro está, que cada día se nos vuelve más enrevesado a la hora de favorecer a su pueblo. Se nos da aquí cuenta de toditos los desterrados que se vuelven de Babilonia. Manos a la obra con el templo. Unos dicen que sí, otros dicen que no, cosa normal tratándose de Israel, y las obras del templo suspendidas. Los samaritanos que no. Ahora ya sí. Templo concluido. Esdras que vuelve desde Babilonia. ¿Que quién es Esdras? Uno. Nos dice aquí el libro todos sus antecesores hasta Aarón. El caso es que el Señor está con él. Esdras, dice aquí, está apesadumbrado por los matrimonios con extranjeras, que al Señor Dios sabemos que no le agradan y da igual repetirlo que no. Da igual castigarlo que no. Israel a lo suyo. Esto de las mujeres extranjeras es algo que se arrastra desde los primeros relatos de este libro. No sé cómo siendo tan perniciosas para los planes del que todos sabemos, no se ha decidido a exterminarlas por alguno de los muchos medios de los que ha hecho gala. Sin embargo las ha dejado ahí, como tentación para sus elegidos. Y seguramente, y esto lo escribo sin ánimo de ofender, las mujeres israelitas no sean las más atractivas del planeta, pero esto podía haberlo resuelto el Señor Dios. Igualito que hizo a las suecas. Si no tiene más misterio. Se acabó el liarse con cananeas, jebuseas o filisteas. Se llena la tierra prometida de mujeres israelitas pero hechas con el molde de las suecas. A mí me parece más fácil, para un Señor Dios como este, que separar la luz de las tinieblas.
Nehemías, otro que siente dolor por su pueblo y el triste destino que se busca. También está con él el Señor Dios. La muralla de Jerusalén hecha trizas. Cincuenta y dos días de obra y muralla nueva. Listas de nombres. Renovación de alianza. Matrimonios con extranjeras. Refrescando la memoria de Israel, que yo creo que no tiene.
Tobías. Aquí el libro se nos torna más didáctico para contarnos la vida y sufrimientos te Tobit, padre de Tobías. Mucho más entrañable y cotidiano este relato que los anteriores. Algún milagro suelto, que esto es la Biblia, los buenos consejos que da a su hijo y el feliz matrimonio de éste. Nada de amenazas y degollinas, que no es poco. El Señor Dios aquí no aparece, delega en un ángel, Rafael. Esto está escrito por alguien mucho más positivo y menos amargado que de costumbre.
JUDIT.
Otro relato, en este libro, con nombre de mujer. Esto es cosa bien extraña. Parece ser que solo en la Biblia cristiana tiene presencia este cuento. Se nos cuenta aquí que Nabucodonosor de Asiria andaba algo gallito, con ganas de hacerle la guerra a su vecino Arfaxad. Solicitó Nabucodonosor la ayuda y cooperación de otros pueblos, vecinos suyos, y estos contestaron que no, que se dejara de zarandajas, que a ver quién se creía él que era. Este asunto no gustó nada al rey de Asiria, así que, lleno de ira, como no podía ser de otra manera, prometió vengar con creces el menosprecio sufrido. Salió Nabucodonosor vencedor en la reyerta con Arfaxad y concentró todas sus fuerzas en vengar la ofensa arriba dicha. Holofernes era su general victorioso y allá lo mandó, a devastar vecinos, a borrarles la sonrisa burlona. Holofernes con su ejército avanza tierra adelante, arrasando ciudades, degollando amos y ganados, quemando cosechas de trigo y sembrando terror. Todo iba como la seda para Holofernes hasta que llegó y sitió Betulia, ciudad de israelitas. Los israelitas mientras, muy asustados, clamaban y suplicaban a su Señor Dios, ayunaban, se cubrían de ceniza, se vistieron con saco, se pusieron cilicios en sus carnes, en fin, toda esa parafernalia que tan conveniente ha resultado hasta el momento para que el Señor Dios acuda en su ayuda. Los jefes israelitas le dan de plazo cinco días al Señor Dios para venir en su ayuda, antes de entregarse en manos de Holofernes, y como el Señor Dios no aparece, aparece Judit, mujer viuda de armas tomar como se verá a continuación. Lo primero que hace Judit es leer la cartilla a sus jefes, por gallinas y por atreverse a dar plazos al Señor Dios. Después, dice el libro que salió de Betulia “Rica y bellamente ataviada.” A pasearse entre las tropas de Holofernes. Detienen a Judit y la llevan ante su general. Judit comunica su deseo de ayudar a Holofernes a apoderarse de toda la montaña sin perder un solo hombre. Holofernes y sus ayudantes se lo tragan todo sin pestañear. ¿Por qué? Porque dice el libro:
“Cuando Judit se presentó ante él y sus ayudantes, todos se quedaron maravillados de la belleza de su rostro. Ella se postró en tierra, pero los ayudantes la levantaron.”
Ahora sí, ahora ya se entiende. Esto que se cuenta aquí, que los hombres se vuelvan atolondrados ante los encantos de lindas y provocativas mujeres, es historia antigua, pero hoy, no nos engañemos, lo sabemos, sigue pasando. Que yo lo veo. Que para vender potentes moto-sierras, y otras cosas, siempre se anuncian en llamativas fotografías, manejadas por hembras despampanantes, de atributos carnales más que soberanos. Que luego, una vez en el bosque cortando leña, nunca aciertas a encontrarte con ellas, pero te encuentras con una moto-sierra, o lo que sea, mucho más grande, cara y ostentosa de lo que querías, podías y necesitabas.
“Judit asiste al banquete de Holofernes… Judit entró y se sentó. Holofernes sintió una fuerte pasión por ella y un ardiente deseo de poseerla; desde que la había visto aguardaba el momento de seducirla…Holofernes estaba encantado de tenerla cerca, y bebió tal cantidad de vino…”
A lo mejor pensaba embriagar a Judit a base de vino y le pasaba como me pasa a mí. Yo no puedo intentar emborrachar a nadie, al segundo trago ya no me acuerdo de cuál era la meta perseguida. El pobre Holofernes perdió la cabeza por Judit. Y la perdió literalmente, es decir, que Judit, cuando se quedaron solos, porque Holofernes era lo que quería, quedarse a solas con tan bella hembra, se la cortó de dos tajos bien dados. Después se la llevó a su pueblo, la cabeza, y la pusieron en las murallas para amedrentar, desmoralizar y poner en fuga al invasor. Listo. Todo un ejército a la desbandada por la calentura de su capitán general. Soldados, recios y firmes, corriendo encogidos por los campos y veredas. Judit, después de este episodio, fue aclamada por su pueblo y tuvo una vida tranquila y santa. Lo dice aquí. El Señor Dios no apareció en los cinco días de plazo, pero ya sabemos todos que detrás de todo lo bueno que acontece a Israel, y lo malo que acontece a otros pueblos, siempre está su mano. Esta vez Judit, una mujer, fue su instrumento. Cosa extraña. Mucho están cambiando las cosas. No aparece el Señor Dios tan a menudo como era su costumbre, ni realiza milagros en persona, sino a través de otros ángeles, jueces, profetas y hasta mujeres. Dice su pueblo querido, el elegido entre todos los de la tierra, que el Señor Dios está con ellos, o contra ellos, según, cómo y cuándo, claro. Pero que todo es cosa de su Dios. Sin embargo eso lo dicen solo ellos, y no presentan otra prueba que el repetirlo hasta el hartazgo, el empacho, la saturación. Cosa que no me sorprende después de la lectura que traigo entre manos, donde queda claro como el agua lo repetitivo, cabezón, empecinado y bruto que ha sido y es el pueblo elegido. Es posible que también el Señor Dios se esté cansando.

ESTER.
Le están cogiendo gusto. Otra mujer. Ester, que era israelita, llegó a reina. Llegó después de que el rey Asuero se cansara de la esposa que tenía, porque era desobediente y no acudía a sus llamadas. Asuero, para buscarle una sustituta, organizó un casting entre las jóvenes vírgenes y hermosas de las provincias. Ester pasó el casting y salió elegida. Ya está. El resto es lo de siempre, Israel amenazado con el exterminio, Ester que intercede ante su marido y se da vuelta la tortilla, Israel exterminando a los que lo iban a exterminar a él. Y el Señor Dios que no aparece, pero que está detrás de todo. Que sí. Que sí. Que ya lo sabemos…
LIBRO PRIMERO DE LOS MACABEOS.
Otro largo tostón, por lo repetitivo de la intención que no por la historia, sobre las idas y venidas, los pleitos, las guerras, las purificaciones, plegarias, promesas…Ahora Israel obedece. Ahora no obedece. Hoy restauramos el culto. Hoy adoramos becerros. Guerras con estos. Guerras con los otros…Con los de más allá. A quien haya tenido la inmensa fortuna, o desgracia, de nacer en el seno de este incomparable pueblo, el elegido, a lo mejor le interesa leer la historia de sus antepasados. A los locos, que damos título a esta particular Biblia, esto de dar aire divino a cosa mundana, no nos afecta, interesa ni atañe.
LIBRO SEGUNDO DE LOS MACABEOS.
Sería lo normal que este libro fuese continuación del anterior. Pues no.
Este es igual de espeso pero escrito, según los expertos, en modo narrativo patético, o género literario patético. Si esto lo dicen expertos no seré yo quien les lleve la contraria ni ponga en duda su dictamen. Para una vez que estamos de acuerdo…
LIBROS SAPIENCIALES Y POÉTICOS.
Tampoco estos libros son continuación de lo hasta aquí leído. Son, como dice su enunciado, sabiduría popular, con aire didáctico, artístico y poético.
Muy bonitos unos. Infumables otros. Son siete. Casi todo versos. La Biblia en verso. Eso es lo que es. Hay que ser muy fervoroso cristiano, o israelita, o experto en temas bíblicos para leer algunos de estos libros y encontrarlos amenos. Mucho menos si antes ya te has leído todo lo anterior, como es el caso. Yo no recomiendo a nadie, ni loco ni cuerdo, este trabajo en que yo me he metido. Porque para decidir lo que sí comento, o no comento, he de leerlo todo. Y bien me parece a mí que, con esto, estoy cumpliendo penitencia por pecados que aún no he cometido. Sin embargo, cumplida esta penitencia, sí recomiendo la lectura de otros como Qohélet (o Eclesiastés), Proverbios y Sirácida. De ellos, cada cual puede juzgar lo que interesa o no a su persona. Yo sé bien que no es tiempo, este que vivimos, de leer con detenimiento antiguos textos que, al criterio de muchos, nada pueden aportar a lo que creemos sabido. Textos que, vengan del Dios que vengan y hablando de justicia, conciencia y verdad, son tenidos por vetustos y caducos por una sociedad y tiempo en el que poco o ningún sentido tiene la sabiduría de la que aquí se habla. Ha escogido el hombre un camino, para pisotear y hacer barro, bien alejado de los nobles principios y las buenas razones. A pesar de esto, cuando el hombre entienda, compruebe y vea, seguramente tarde, que el camino escogido lleva a perdición y sus valores y certezas solo son humo, mucho de lo que aquí está escrito seguirá siendo verdad, conciencia y justicia. Aunque, lamentablemente, no nos haya servido para nada.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 13º

NÚMEROS.
A Israel interesa este capítulo pues aquí se censa y se vuelve a censar a todo el pueblo. También a todo aquel que, no habiendo prestado la atención necesaria a lo ya leído, quiera refrescar la memoria una y cien veces sobre las mismas cuestiones. Estatuto de los levitas, censo de los levitas, las quejas del pueblo, los deberes y derechos de los sacerdotes, casos de impureza, nuevo censo del pueblo, idolatría de Israel, sacrificio diario, rescate de los primogénitos, el sábado, la pascua, fronteras de la tierra prometida, ley de herencia de las mujeres y un sin fin de estos asuntos en los que tenemos centrado al Señor Dios. Yo lo he leído con gran sacrificio, todo sea dicho, pero no pienso analizarlo, no señor, que sería muy triste echar a perder lo que para mí ha sido un ameno y divertido análisis, repitiendo las tabarras de Moisés. Además, un estudio concienzudo de todo esto iría en detrimento del espíritu con el que empecé y echaría por tierra la reputación de ignorante que tantos años me ha costado conservar.
Se acabó Números.
DEUTERONOMIO.
Más de lo mismo pero ahora aderezado con los discursos y sermones del amigo Moisés, al final de la peregrinación por el desierto del pueblo elegido, a las puertas de su anhelada tierra prometida y a punto ya de pasar a mejor vida.
El amigo Moisés que tan poca afición tenía a la palabra en su juventud, se nos muestra aquí como orador inagotable, repitiendo una y cien veces lo que ya todos sabemos, contando y recontando hechos, leyes, preceptos y amenazas, muchas amenazas. Natural es tanta repetición si es Israel quien escucha, que bien claro ha quedado en este libro cuan desmemoriado y cabezón es este pueblo. Yo, que bien podría pasar por miembro de este pueblo si nos atenemos a lo cabezón y desmemoriado, voy a salpicar este análisis con algunas curiosidades que, por ignorante, me llaman la atención.
SOBRE EL HIJO REBELDE.
Dice aquí que, si tienes un hijo indócil y rebelde que no obedece ni siquiera con castigos, lo llevarás ante los ancianos, que hoy día están juntitos todos en geriátricos, y allí todos tus conciudadanos lo matarán a pedradas. Se acabó la desobediencia juvenil, amigos.
EXCLUSIÓN DEL CULTO
En la asamblea del Señor, además de otros muchos, no será admitido el que tenga testículos aplastados o el pene amputado. ¿Por qué? No se dice aquí. Yo, desde mi ignorancia, soy incapaz de imaginar las causas para esta exclusión.
LIMPIEZA EN LOS CAMPAMENTOS
El Señor Dios está en todo. Esto es lo que ordena para el soldado. “Llevarás en tu equipaje una paleta, con la cual harás un hoyo en la tierra y luego lo taparás, después de haber hecho en él tus necesidades. El Señor, tu Dios, está en medio de tu campamento para protegerte y librarte de tus enemigos.” Eso es, el Señor Dios está en medio para protegerte, y mal va a protegerte si tiene que andar pendiente de no pisar mierdas.
DIVORCIO
Si te casas con una mujer y luego no te gusta por haber encontrado en ella algo indecente, aquí no dice qué, le das por escrito un certificado de divorcio, la echas de casa y listo. Ni abogado, ni gastos, ni gaitas.
HUMILDAD Y MODERACIÓN
De esto, en occidente, no queda apenas. Dice aquí el libro bien claramente. “No explotes al pobre y al indigente, ya sea uno de tus hermanos o uno de los extranjeros que viven en tus ciudades. Págale cada día su salario, antes de ponerse el sol, pues es pobre y espera impaciente su jornal” Yo creo que no necesita comentario alguno, ni siquiera para alguien tan ignorante como yo.
HONESTIDAD
Si cuando dos hermanos se están pegando, que es cosa muy fea, la mujer de uno de ellos se acerca a la refriega y, para librar a su marido de la tunda, agarra al otro por sus partes, le cortarás las manos sin compasión. Así lo dice aquí. No se puede consentir que la mujer de tu hermano te toque los huevos.
MALDICIONES
Voy a reflejar aquí alguna de las maldiciones que sufrirán los que no observen las leyes del Señor Dios, solo un poquito porque el párrafo entero pone los pelos de punta. “Maldito será el fruto de tus entrañas y el producto de tu tierra, malditos los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas…El Señor mandará contra ti maldición, angustia y pánico en todas tus empresas…hará que la peste se pegue a ti hasta que te consuma…te herirá de agotamiento, fiebre, inflamación, calor sofocante, sequía, herrumbre y tizón…El Señor te herirá con plagas, con tumores, sarna y tiña…te herirá de locura, ceguera y delirio”. No sigo porque no me atrevo, se me está quitando el buen humor, pero sigue con cosas peores. El que quiera que lo lea (Deuteronomio 28-15)
Incluidas ya estas curiosidades, voy a permitirme soslayar el análisis de otras tantas cosas ya sabidas, analizadas y estudiadas. Que ya he tenido un gran trabajo con su lectura. Muchas menos hojas tendría este libro si no repitiera tantísimas veces las cosas. Por eso, con la misma ignorancia que voy demostrando capítulo tras capítulo, liquido aquí el Pentateuco. ¡Listo!
Ha sido agotadora la lectura. Una lectura de la que no han surgido certezas sino preguntas:
¿Qué, quién, cómo era y es el Señor Dios?
¿Todo bondad infinita y misericordia?
¿Terror divino, azufre, fuego y castigo?
¿Qué criterio, si es que lo tenía, siguió para escoger a sus elegidos?
¿Por qué nunca dio a su pueblo una mujer como guía?
¿Por qué sus apariciones han disminuido hasta desaparecer en nuestros días?
¿Por qué tenemos un mundo miserable si tuvimos tan bondadoso principio?
¿Por qué en este libro no se ríe nadie?
Podrían hacerse muchas más preguntas y esperar una respuesta transcendental y reveladora. Yo solo puedo dar una respuesta ignorante y simple.
La respuesta: PORQUE LA BIBLIA ES PALABRA DE LOS HOMBRES
Y a mí no me convence. No me creo ni una letra de las muchas palabras, órdenes, promesas y amenazas que aquí se cuentan como cosa del Señor Dios. No me lo creo. Tenemos un Señor Dios aleteando inofensivamente sobre las aguas que por su cuenta y riesgo, sin que sepamos por qué, decide iluminar el abismo, desterrar las tinieblas y crear un alegre paraíso. Además de esto, haciendo gala de su inmensa bondad y excelencia, crea un sin fin de especies que lo pueblen y disfruten. Como colofón crea al hombre para gobernarlo todo. Este colofón sobraba. El hombre se multiplica sobre la tierra y forma familias y pueblos, todos hijos del Señor. Pues no. Solo uno es pueblo digno y elegido. A los demás, garrote. Y aquel Señor Dios creador, alegre, cercano y misericordioso, a estacazo limpio detrás de cualquiera que le tosa a sus favoritos. Esto no cuadra, no encaja en lo que se venía contando. Chirría. Rechina. Cruje. Huele. Apesta. Hiede.
Terminado el pentateuco, le quedan al antiguo testamento un montón de libros históricos y narrativos. Como sea que no explican nada nuevo de cómo el mundo fue hecho y puesto en marcha, sino más bien al contrario, de cómo empezó a degenerar en esta carnavalada, haré de ellos un análisis relajado y acorde con mi falta de instrucción y mi nivel de ignorancia. Eludiré aburrir al lector con leyes, normas y obligaciones que tanto gustaban de repetir los que gobernaron y dirigieron los dudosos pasos de este pueblo elegido, y que en este libro ocupan un altísimo porcentaje del papel empleado. Recrearé, a mi gusto y manera y según mi particular criterio, los personajes y pasajes de más relevancia histórica, aquellos que nos ayudan a comprender un poco mejor el cómo y por qué hemos llegado hasta donde hoy estamos, o nos ayudan a no entender absolutamente nada. No es necesario que recuerde, al que tenga aquí los ojos puestos, la existencia de las tan cacareadas y famosas claves con las que arrojar algo de luz sobre nuestra lectura. Yo voy a dar una de estas claves, extraída directamente de la penosa experiencia que como analista estoy adquiriendo. Y digo penosa porque no la he adquirido por mis conocimientos, estudios, o agudeza mental. No señor, la he adquirido a base de leer y releer cincuenta veces la misma frase, el mismo relato, la misma página. Sin embargo, creo sinceramente que es la más reveladora de las claves, la que más luz arroja para disipar las tinieblas que han vuelto a reinar después de aquellas otras que el Señor Dios había aclarado. La que más me ha ayudado a ordenar el caos que ha vuelto a reinar después de aquel otro que el Señor Dios acomodó. La clave no es otra que, incluir en la ecuación a resolver, el factor ganancia. La rentabilidad, el provecho, el lucro. El factor dinero que diríamos hoy. La ecuación se resuelve por sí sola. En La Biblia y fuera de ella. Yo doy esta clave, pero no pienso usarla en mi lectura, no señor, yo seguiré leyendo desde el buen humor y sin aspirar a ganancia alguna por ello.
LIBROS HISTÓRICOS Y NARRATIVOS.
JOSUÉ.
Parece ser que por fin el Señor Dios dará la tierra prometida a su pueblo. Aquella que mana leche y miel, que a ti te la voy a dar le decía a Abrahán y a otros después que él. Bueno, pues esa tierra prometida está ocupada, llena de gente, y alguien tiene que hacer el trabajo sucio, o sea exterminar, y el correspondiente reparto. Ese fue Josué.
Lo primero es cruzar el Jordán, que es actividad que gusta mucho al Señor Dios y a su pueblo. Otro milagro hidrológico de esos y el pueblo elegido cruzando ríos, como siempre, en seco, sin mojarse las sandalias. A continuación se cuenta aquí la caída de Jericó a manos de Israel. Josué manda unos espías, el Señor Dios está con ellos, lo sabemos, pero por si acaso se procuran la ayuda de una prostituta, de nombre Rajab, que traiciona a los suyos para favorecer a los que ya sabemos. Tenemos a Jericó rodeada por el pueblo israelita en procesión silenciosa, siguiendo las indicaciones del Señor Dios, dando vueltas alrededor de la ciudad. Y así siete días. Esperando la orden. No para atacar, sino para dar al unísono un grito espeluznante y aterrador. Estas son las órdenes del Señor Dios, que ya sabemos de la originalidad de sus ocurrencias. Ante semejante grito las murallas de Jericó se derrumbaron y la ciudad cayó en manos de Israel. No se nos dice en el libro qué tipo de palurdo con diploma de ingeniero las construyó. Es decir, que Jericó fue tomada por los israelitas, a voces. Para que luego digan que por hablar más alto no se tiene más razón. Con las murallas derruidas es fácil imaginarse el resto del plan. Entregar al exterminio todo lo que hay en la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Incluso los bueyes, ovejas y asnos, pasándolos a filo de espada. Solo quedó viva la famosa prostituta colaboracionista y su familia. No me digan que no es admirable el mucho amor que le tiene el Señor Dios a su pueblo y el poco que le tiene a los demás.
JUECES.
Hecho el reparto de la tierra, y resueltos otros asuntillos y promesas con el Señor Dios que tanto gustaban a estos patriarcas, Josué pasa a mejor vida. Ya sabemos, por las historias anteriormente contadas, que no hay cosa más inestable y voluble que el pueblo elegido cuando se queda descabezado, sin patriarca. Esta no podía ser la excepción. Ya estamos como es costumbre. El pueblo adorando chuflas y el Señor Dios encorajinado. Solución: el Señor Dios proporcionando jueces, que llaman aquí, para que su pueblo tenga a quien obedecer, seguir y admirar. También algún que otro castigo, claro, que también es costumbre. Uno de estos jueces, o héroes, fue Sansón, que lo voy a comentar aquí por ser el más conocido para un ignorante como yo.
Como todo patriarca que se precie, o juez que se llaman ahora, Sansón viene al mundo después de que el Señor Dios, por medio de un milagro, haga fecunda a su madre, que era estéril, y ya son multitud. El niño nacerá consagrado al Señor y nada de cortarle el pelo, que en él residirá su fuerza descomunal. Por aquel entonces los filisteos oprimían al pueblo elegido y a Sansón el melenudo no se le ocurrió otra cosa que casarse con una filistea. Este Sansón no es precisamente un patriarca al uso como a los que estábamos acostumbrados. Este me parece a mí algo más tunante y pendenciero. Cuando era mozo mató un cachorro de león con sus propias manos. Yo, cuando era niño, también maté un cachorro de gato. Lo quería tanto que lo asfixié de un abrazo. Seguimos con Sansón. En una fiesta propuso a treinta mozos filisteos una adivinanza. Si la acertaban les daría treinta preciosos vestidos, y si no se los darían a él. Su mujer, que era filistea, le sonsacó la solución y se fue con el cuento a sus paisanos. Sansón perdió la apuesta, así que se fue hasta Ascalón, mato a treinta hombres, les quitó los vestidos, pagó la deuda y abandonó a la pécora de su mujer. Es que estos elegidos del Señor Dios no son capaces de escoger una mujer en condiciones. No hay manera. Cuando se le pasó el enfado volvió a buscar a su mujer, pero ya se la habían dado a otro. No me digan a mí que no es para enfadarse. Sansón se fue disgustadísimo, cazó trescientas zorras, las ató de dos en dos por el rabo, les puso una tea ardiendo y las soltó por los campos de trigo de los filisteos. Adiós cosecha. Y zorras no creo que quedase ninguna suelta por aquellos parajes. Los filisteos como respuesta quemaron a la mujer de Sansón y la casa de su suegro. Yo estas venganzas de los filisteos no las entiendo bien, seguro que intentaron matar las zorras pero no pudieron. Dice el libro que Sansón les dio una paliza que no les quedó un hueso sano. Los rencores entre filisteos y Sansón van en aumento y los israelitas, haciendo alarde de ese carácter suyo tan especial y sospechoso, entregan a Sansón, su paisano, atado de pies y manos a los filisteos. Fue entonces cuando “el espíritu del Señor se apoderó de él; las sogas con que estaba atado fueron como hilos de lino quemados por el fuego… Vio cerca una quijada de asno fresca…” Las quijadas de asno hay que tener mucho cuidado dónde se dejan, porque en aquellos tiempos una quijada de asno era, más o menos, lo que es hoy un fusil ametrallador. Mil filisteos probaron la quijada. Yo imagino que Sansón no pudo matar más porque la quijada se le pulverizó en las manos a base de golpes. Mil filisteos muertos a golpes con una quijada de asno. Esto fue una burrada que no gustó entre los filisteos. Sansón se vuelve a casar, esta vez con Dalila. Resulto ser, la Dalila esta, una intrigante y filibustera que a base de carantoñas y arrumacos consiguió sonsacar a Sansón su más preciado secreto, que la fuerza le venía de su larga cabellera. Conocido el secreto por Dalila, le faltó tiempo para hacer la canallada. Esto de las mujeres, en este libro, ya clama al cielo, Este Sansón, terrible en las pendencias, cuando se trata de faldas se le afloja la lengua y así, por fatuo, se vio con el pelo cortado al dos, sin ojos, que algún filisteo se los sacó aprovechando la algarada, y atado a las columnas del edificio donde los filisteos celebraban su triunfo.
“Entonces Sansón invocó al Señor…”
Y allí murieron todos, incluido Sansón, y el edificio reducido a escombros. Es mentar al Señor Dios y echarse a temblar. No hay ni un solo capítulo, ni una anécdota, ni una, en la que el Señor Dios, viendo a su pueblo en una refriega a puño cerrado contra los filisteos, por ejemplo, acuda a la llamada de su pueblo y los ilumine con la cegadora luz del amor y la comprensión, los impulse a perdonar y abrazarse con sus enemigos para convivir y compartir en una próspera y fértil comunidad, ni una. Azufre, terror divino, espadazo limpio, que no quede un filisteo, ni filistea, ni filisteín sin descuartizar, y después les coméis los hígados, les cortáis las orejas y los pincháis en unas estacas por todo el camino de Samaria, y con la piel de los más niños os haréis unos tambores que aporrearéis sembrando el terror en toda la tierra prometida, para que sepan los filisteos, los jebuseos, los amorrreos y todos los otros pueblos, que vosotros sois los elegidos del Señor misericordioso, que a vosotros se os dará esta tierra que mana leche y miel, aunque ahora esté encharcada de sangre. Y esto es lo que hay, hijos.
Sospecho que los guionistas de Hollywood también se han leído esto. Que el cincuenta por ciento de sus películas son variaciones de este relato. Ahora, el Rambo de turno, en lugar de quijadas de asno utiliza aparatosas ametralladoras, pero el resto, calcado.
Es posible que este Sansón causara admiración por aquel entonces, y también ahora, pero a mí casi me da pena. Se puede matar leones a puñetazos, filisteos a golpe de quijada, correrse buenas fiestas y hazañas varias pero, ¿de qué sirve todo esto, si cuando llegas al hogar lo que te espera es una mujer perversa, renegada y desleal? ¿Pero es que no había por allí alguna humilde y abnegada campesina, amante de su familia? ¿Dónde buscaba Sansón las mujeres? ¿No podría el Señor Dios desatender un poquito las matanzas y degollinas, y atender a la buena coyunda de sus elegidos?
RUT.
Ojito. Un relato bíblico con nombre de mujer. Además esta mujer, para sorpresa y estupefacción mía, es moabita, pueblo nada agradable a los ojos del Señor Dios, por lo menos, según se dijo en este libro, hasta la décima generación. No es un milagro, pero lo parece.
Rut, que era muy buena, se quedó viuda y se quedó a vivir con su suegra pobre y sin familia. Recogía espigas detrás de los segadores como sustento. El amo y señor de estos segadores la vio, se encariñó con ella y la hizo su esposa. Dice el libro que el Señor Dios hizo que concibiese y tuviera un hijo. ¿Y su marido qué? ¿No tuvo nada que ver? Este hijo fue el abuelo de David y por eso se habla aquí de ella. Otro de esos relatos que no encajan con la línea amedrentadora habitual.

SAMUEL.
Aunque este texto lleva el nombre de Samuel, nos cuenta la historia del propio Samuel, de Saúl y de David. Es una especie de transición en la que el pueblo elegido decide olvidarse de patriarcas, jueces y cabecillas, y tener reyes como Dios manda, como los demás pueblos. Esto no parece que al Señor Dios le guste demasiado, que prefieran un rey mortal e imperfecto y no se conformen con un Dios como el que tienen, pero aún así les concede el capricho. Samuel es el último de los jueces y su madre era… estéril, sí señor.
Samuel, iluminado, aconsejado y ordenado por el Señor Dios, nombra rey a Saúl. Saúl fue un botarate toda su vida. Desobedeció las órdenes del supremo hacedor y éste le retiró su confianza. Cayó en una depresión profunda, le daban ataques de no se sabe qué, montaba en cólera, que no es cosa rara en este libro, pero éste parece ser que montaba y desmontaba sin razón ni fundamento. En definitiva un rey, el primero, bastante acorde con el pueblo que lo deseaba. Fue entonces que Samuel, iluminado, aconsejado y ordenado por el de siempre, escogió otro sucesor; David. Este David era menudito y espabilado, pastoreaba ovejas a su aire mientras el pueblo andaba en pendencia con los filisteos. Los filisteos eran un pueblo que se pasó muchísimos años ocupando, guerreando, y pisando sin respeto la tierra prometida, cuando ningún Dios se la había dado, o si acaso algún dios de segunda fila, en nada comparable al Dios de Israel. David entró como músico en casa del rey Saúl. Tocaba la cítara cada vez que el rey montaba en cólera depresiva y con la música de David se le pasaba. Esto lo dice bien claro el libro, no me invento ni una coma. En una pendencia de estas con los filisteos apareció con ellos un gigante que medía tres metros desde la coronilla hasta el suelo. Se llamaba Goliat y desafió a los israelitas. De entre todos los hombres de Israel no aparecía ninguno que estuviera lo suficientemente majareta como para pelear con aquel fenómeno. Entonces se ofreció voluntario David. Cogió un callado, su honda y cinco piedras, y se enfrentó con el gigante. Le sobraron cuatro piedras. Con la primera le acertó al bruto en la frente y lo acabó. Todo le sale bien a este David, el Señor está con él, el pueblo lo alaba y quiere. Esto al rey Saúl, que está como una cabra y es algo envidioso, le causa resentimiento, y el resentimiento le causa odio, y el odio le enciende la ira, y lo único que quiere es ver a David muerto. Durante mucho tiempo, aquí en el libro muchas páginas, se nos cuentan dos cosas: las trifulcas constantes con los filisteos y los esfuerzos constantes del rey Saúl por liquidar a David. Unos días quiere matarlo. Otros, lo perdona. Al siguiente le da a su hija por esposa. Ahora lo intenta pinchar en una lanza. Ahora ve a David en la sopa. Después toca arrepentimiento. Hay que tener en cuenta que el pobre rey Saúl tiene un problema anímico y mental muy grave. Al final no pudo con David y se suicidó, viéndose perdido, en una de las batallas con los filisteos. Y el arca de la alianza que no paran de moverla de un sitio para otro.
Se nos cuentan a continuación las aventuras y desventuras de David al frente de la nación elegida. Los hijos que tuvo. Las intrigas, componendas, asesinatos, incestos, deslealtades y traiciones que estos hijos, y otros, tuvieron entre sí y con otros. Un auténtico manual de perrerías. El Señor Dios escogió como sucesor de David a su hijo Salomón. Este hijo lo tuvo David con Betsabé, que era la mujer del hitita Urías. Antes tuvo que deshacerse del bueno de Urías mandándolo al matadero, allí donde más recia era la batalla, para que la cosa pareciera un accidente. Esto no gustó al Señor Dios y el primer hijo de esta pareja lo despachó de unas fiebres. El segundo ya le gustó más. Ya tenemos sucesor, Salomón. Como el rey David había acabado con intrigantes y filisteos, el reinado de Salomón fue mucho más tranquilo y próspero.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo 12º

LEVÍTICO.
Llamado así por estar dirigido a los descendientes de la tribu de Leví, por ser ellos los encargados del culto y sus leyes. Si alguien desciende de tal tribu que lo lea con detenimiento como yo lo he leído, a pesar de mi antipatía por las leyes y de no descender de semejante tribu.
Se divide este libro en seis bonitas partes.
PRIMERA PARTE.
Holocaustos, ofrendas y reparaciones, todo a base de sacrificar pero no cualquier bestia, no señor, solo animales sin defecto que lo dice el Señor Dios. Cuidadito con aprovechar el sacrificio para deshacerse de la cabra coja esa que no quiere nadie. Animales sin defecto y respetando todo un ritual, que las formas son de vital importancia a los ojos del Señor Dios. De vital importancia porque si no le gusta como lo haces te quita la vida. Todo un manual de charcutería, semejante a los ya conocidos, nos ofrece este impresionante documento. Forma y manera de descuartizar y colocar vísceras, procedimientos a seguir para la correcta distribución de grasas y sangre, que serán quemadas unas y untada la otra allí donde el Señor lo indique. Toda una carnicería imprescindible para ser digno de recibir el perdón solicitado y para que los sacerdotes reciban su tributo en ricas carnes a la brasa, horno o sartén. Y nada de hacer morcillas ni torreznos, que aquel que coma grasa o sangre será extirpado de su pueblo.
Sacrificios. También de sacrificios se nos habla aquí. De todos los tipos y clases. Sacrificios de reparación, de reconciliación, de la comunidad, de un sacerdote, de un hombre del pueblo, votivos y espontáneos. Sean cuales sean, todos con mucha sangre.
Yo no acabo de hacerme a la idea de que este Señor Dios sea el mismo que aquel que separó la luz de las tinieblas.
SEGUNDA PARTE.
Ceremonias para la consagración de los sacerdotes.
Charcutería y despiece segundo ciclo. Especialización para sacerdotes. Formación y prácticas.
“Los hijos de Aarón, Nadab y Abihú, tomaron cada uno su incensario, pusieron fuego en él, echaron encima el incienso y ofrecieron ante el Señor un fuego profano que él no les había ordenado. Salió entonces de la presencia del Señor un fuego que los abrasó. Así murieron en presencia del Señor”
Esto se dijo, se advirtió. Hay que estar muy atento cuando el Señor imparte sus cursillos para sacerdotes porque luego pasan estas cosas. No se puede improvisar un sacrificio haciendo humo con cualquier cosa. Tiene que ser un aroma agradable al Señor Dios, con las materias precisas y oportunas, no con un puñado de hierbas. Que al todo poderoso estas cosas lo ponen hecho una fiera. En fin, que con ejemplos como este, la atención a los cursillos está garantizada y el aprendizaje avanza. Que ser sacerdote no es cualquier cosa y tiene unos riesgos que hay que asumir para una mayor gloria y engrandecimiento del Señor Dios.
TERCERA PARTE.
Leyes sobre lo puro y lo impuro.
Se nos da aquí una lista de animales, personas y situaciones que se consideran impuras a los ojos del Señor, por lo que hay que mantenerse alejado de unos y de otras si queremos mantener la pureza que al pueblo elegido se le exige.
Animales terrestres puros y comestibles son los rumiantes de pezuña partida y te cuidarás mucho de no comer camello, ni conejo, ni liebre, ni cerdo que, aunque tiene la pezuña partida, no es rumiante aunque estuviera mascando chicle. Yo pido perdón, pues a excepción de camello, de todos he comido, por ignorancia claro está, que yo esto no lo sabía.
Animales acuáticos comestibles son todos los que tienen aletas o escamas. Impuros los que no las tienen. ¿La cola de langosta se considera aleta? ¿Se puede admitir la concha de la ostra como una escama muy dura? Hay que especificar más estas cosas. Tampoco sabía yo que ratones y comadrejas son catalogados como reptiles inmundos e impuros, -luego ya vendría Darwin con su origen de las especies a tirar por tierra y complicar lo que estaba más que claro-, no así algunos insectos que son puros y comestibles, los saltarines en general.
A continuación y siguiendo con las impurezas nos habla el Señor Dios, por medio de Moisés (yo tengo mis dudas), de la mujer. Y hablando de la mujer casi extraña que, a juzgar por el trato que se le da en este libro, no la hayan incluido entre los animales de pezuña partida. Que dice aquí que después de dar a luz un varón la mujer será impura siete días, como en el tiempo de la menstruación, y continuará retirada, purificando su sangre, durante treinta y tres días más. Es decir, impura como un reptil. Eso si ha parido varón, porque si pare una hembra la cosa es doblemente impura, como no podía ser de otra manera. Una hembra que encima da a luz a otra hembra se pasa casi tres meses contaminando todo lo que toca. Yo pregunto ¿Habrá algo más puro en la tierra que una hembra recién parida?
También el Señor Dios nos da a continuación la información médica necesaria en lo que a lepra, úlceras, llagas, quemaduras y calvicie se refiere, que unas son impuras y otras no y es necesario tener esto muy claro para evitar contaminaciones indeseables.
Impurezas sexuales del hombre es lo que toca ahora. Menudo follón, y perdón por la palabra. Una vez que derramas tu semen donde no debes, que el semen se ha de depositar en su receptáculo natural a tal efecto concebido, que es una mujer y aquí estoy yo totalmente de acuerdo, eres impuro y extiendes tu peste allí por donde pasas, contaminando cuanto tocas y a quienes lo tocan después de ti. Una autentica epidemia a menos que adviertas a los demás de tu inmunda condición.
De la mujer conviene saber cuan impura es su menstruación y todo lo que toca mientras ésta dura y cuan impuro se vuelve el que con ella se acueste en tal estado. Inmundicias de las que hay que purificarse, que no todos tenemos esclavas a las que llegarnos cuando la esposa es impura. Así es que si estás leyendo esto y eres mujer: Cuidadito donde te sientas, guapa.
CUARTA PARTE.
El día del gran perdón.
“El séptimo mes, el día diez del mes, ayunaréis y no haréis trabajo alguno… Es, en efecto, el día en que se hará el rito de absolución sobre vosotros para purificaros; seréis purificados de todos vuestros pecados delante del Señor.”
Una vez al año, el diez de Julio (según mi propio y particular calendario, que nada tiene que ver con el de entonces) parafernalia, holocausto y charcutería. Borrón y cuenta nueva.
QUINTA PARTE.
La ley de la santidad.
Bendiciones y maldiciones, premios y castigos, sacrificios y leyes, ofrendas, perdones, fiestas, sábados, lo que sí y lo que no, y un deporte por encima de todos, matar a pedradas. Veamos unos ejemplos de lo que el Señor Dios aconseja.
“Cuando hagáis la recolección de vuestras tierras no segaréis hasta la misma orilla del campo. No recogerás las espigas caídas, no harás el rebusco en tus viñas ni prestarás atención a la fruta caída en tu huerta; lo dejarás para el pobre y el extranjero… No robaréis, no mentiréis ni os engañaréis unos a otros. No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el salario del jornalero. No insultarás al sordo ni pondrás tropiezos delante del ciego…No haréis injusticias en los juicios: ni beneficiarás al débil ni favorecerás al poderoso: juzgarás con justicia a tu prójimo. No andarás difamando. No guardarás odio a tu hermano. No serás vengativo.”
Todos ellos me parecen buenos y muy aconsejables de seguir, pero bien demostrado ha quedado, desde entonces hasta hoy, que salió el hombre de muy escasa memoria, o que entendió este párrafo justo al revés. La Biblia, ser, será sagrada y los que la comentan, la nombran, juran sobre ella, fingen su importancia y amenazan con ella son muchedumbre, que diría el libro, pero lo que es leerla, respetarla y seguir sus preceptos, esos ¿cuántos son?
Otros muchos consejos nos ofrece el Señor Dios para el correcto funcionamiento de la familia y las relaciones. Casi todos recomendables, sobre todo porque el no cumplirlos es considerado por el Señor como comportamiento infame, causará su aborrecimiento y el consiguiente exterminio. En fin, los consejos son buenos, las penas excesivas a mi juicio, pero donde hay patrón no manda marinero.
Dice también aquí muy claramente que no cualquiera sirve para el sacerdocio, no señor. Absténganse de ofrecer alimento a su Dios los defectuosos, sean ciegos o cojos, mutilados o deformes, lisiados, jorobados, enanos, bisojos, sarnosos, tiñosos, herniados o cualquier otro que tuviese defecto. Eso sería profanar el santuario del Bondad Infinita.
A mí estas cosas no me cuadran con el Señor Dios. Me cuadran con algún patriarca lleno de prejuicios, que quiere rodearse de gente guapa y bien proporcionada, que dé una imagen majestuosa y perfecta, que quiere impresionar con lo superficial, un ser que oculta, detrás de unas impolutas apariencias, su alma ruin. Tener un brazo más corto que otro queda muy mal en escena. Los enanos no llegan a los altares y no es cosa buena que tengan que andar a saltitos de aquí para allá en asunto tan serio. Además aquí se anda con fuego y sacrificando animales y no se puede dejar el mechero o el cuchillo en manos de cualquier ciego, a saber a qué le pega fuego o a quién la cuchillada. Hace falta seriedad y compostura y no un tiñoso que se pase toda la ceremonia rascándose. A veces hay que sacrificar bueyes o lo que haga falta, y entonces, hay que hacer esfuerzos que no son aconsejables para un herniado. No podemos tampoco dejar que sea un cojo el que transporte las vasijas con la mucha sangre que se genera y que tiene que ir donde tiene que ir, con elegancia y precisión. No podemos consentir que una ceremonia de sacrificio al Señor Dios se nos convierta en un circo. Solo los guapos, sin defecto, así no se notan tanto las miserias y la podredumbre. Así seguimos todavía hoy. En la tele, el templo de nuestro tiempo, nunca aparecen tiñosos, o bizcas, o enanas. Esto no se puede reflejar en los estatutos, si dices o escribes hoy algo como lo que pone el libro te vas a los tribunales. Hacerlo sí se puede, lo vemos cada día, decirlo no.
SEXTA PARTE.
Conclusión
Siendo la conclusión no podíamos esperar otra cosa que hablar de dinero contante y sonante. Al fin y al cabo a eso se reduce todo desde el principio de los tiempos. Tanto vale un viejo, tanto vale un joven. Eso sí, la mujer la mitad que el hombre, faltaría más.
Anda el Señor Dios, desde que acabó el Éxodo, mucho menos trascendental y divino y más ocupado en intendencias y asuntos terrenales y mundanos. Yo no estaba allí, no oí sus palabras ni lo que dijo a Moisés, y dando por hecho que tal dialogo existió, tengo la sensación de que, a la hora de contarlo, quien quiera que fuese, puso mucho de su propia cosecha y delirios. Que todo esto me suena a mí a tribulaciones muy humanas y bien poco divinas. Yo no puedo extenderme en las reflexiones porque, es tanta mi ignorancia, que entre más me extiendo en ellas, más se me nota la falta de instrucción y conocimientos. Aún así, no puedo dejar de sentir tristeza al ver el camino que lleva aquella divina creación, aquel paraíso natural primigenio que tan alto apuntaba. Es verdad que anduvo Eva algo ingenua tragándose la manzana pero, con pecado original y todo, parecía un lindo planeta este para procrear y hacer vida sin más leyes que las que de suyo natural imperaban. Pero no sé si el Señor Dios por su cuenta, o el hombre por su natural inclinación a la estupidez, a base de leyes, normas y preceptos se han dedicado desde entonces a convertir lo que era un paraíso en una patética charca. Y si es cosa del Señor Dios, ¿por qué tanta dedicación al hombre? ¿Y los perros, vacas, tigres, focas, lagartos y bestias en general? Esos pueden campar a sus anchas, comen lo que quieren, mean donde les da la gana y no llevan registro de nada. Es verdad que bastante castigo tienen compartiendo planeta con nosotros, pero yo, como ser humano concebido a imagen y semejanza del Señor Dios, me veo vigilado, perseguido, sometido, obligado. De rey de la creación, nada.
Hasta aquí el Levítico, mucho más espeso.