EL CONTABLE. CAPÍTULO TRES.

Folio primero.
Aquí se va a desvelar, para satisfacción de alguno y descanso del que escribe, el nombre y filiación del que fue padre de nuestro querido Urbano. De aquel que mancilló a la pobre Marina y se dio el piro. De aquel que fue comidilla y desasosiego para toda la comarca. Y esto es noticia de primera mano y primicia, porque nadie, excepto Marina, Urbano, y el que escribe, ha sabido hasta ahora el nombre y catadura de la persona que en este escrito se da conocer. Así será la manera de poder seguir con mi relato sin distracciones morbosas, o de, si lo considero oportuno, dar por finalizado el intento de mostrar al mundo la historia y vida de un ciudadano casi anónimo y vulgar, al que no se le conoció otro mérito en la vida que el de ser contable.
Dicho esto, paso ya sin más demora a desvelar el secreto que nos ocupa.
El padre de Urbano no fue otro que la señora Perpetua. ¿A que no se lo esperaba nadie? ¡Eh!
Ha sido una broma. Tranquilos que solo ha sido una broma.
El verdadero padre se llamaba Oicnelis erpmeis arap ódraug, aicnetsixe al elracilpmoc on rop, sojih e rejum aínet etnacitcarp le euq odneibas y adicedarga aniraM. aniraM a euf adnucef ozih euq al a, oicifo us odnucef recah y nóicaruc al riugesnoc rop náfa us ed, íha ed y, radus a alraduya arap aniraM noc óitem es omsim lé nabasap on serbeif sal euq areiv omoc, seupsed saíD. salradus euq aíbah serbeif salleuqa euqrop, satnam noc areirbuc es y amac aradraug euq odajesnoca aíbah eL. serbeif sanitneper y sañartxe sanu ed aniraM a redneta arap odiduca aíbaH. ordeP abamall eS. olbeup le ne etnacitcarp ed aícreje secnotne leuqa rop euq le euq orto are on, omsim lé ósefnoc em núges, onabrU ed erdap lE
Bueno, pues ya está. El secreto que tanto interesaba a la vista de todos. Y es que a veces las cosas no salen como uno esperaba y tienes que acabar escribiendo el relato al revés de cómo pensabas hacerlo.
Es una pena que a estas alturas la señora Perpetua ya no esté entre nosotros, porque habría dado el último de sus dientes por saber lo que sabemos nosotros. El secreto de Marina.

4 pensamientos en “EL CONTABLE. CAPÍTULO TRES.

  1. Una vez más sorprendiendo. Tú cuántos recursos tienes…?. Esta vez nos lo has hecho currar, pero bien.
    Ahora sabemos quíen fué el padre de Urbano, pero sigue contándonos más cosas de su vida.
    Oye, por cierto ,muy aplicado el practicante.

  2. ¿Y si agarras la patente y lo vendes como actividad para evitar el Alzheimer? O cómo si escriba. Porque yo sentía las neuronas trabajando a tope mientras trataba de descifrar el misterio.
    Quedo a la espera de dónde te/nos llevará el relato.

  3. Desde luego hay algunas personas que se toman tan a pecho su Oficio que lo llevan a extremos insospechados. Tápate con mantas, tápate con mantas… si fue él quien se las quitó!!

  4. me ha encantado la idea, pero por favor no escribas todo el libro así vale?
    aunque tiene razón Ester que puede demostrarse una práctica fantástica contra esas enfermedades de la vejez que ella menciona.

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