RIESGO

Aquí, en la obra, todos sabemos que la nuestra es una profesión de riesgo. Lo dicen las estadísticas, pero nosotros no acudimos al trabajo con esta idea en la cabeza. Supongo que nadie acude al trabajo con semejante sensación. No sé si a los toreros, que se la juegan a ras del suelo, sin un triste andamio al que subirse cuando la bestia se arranca resoplando, se les pasa por la cabeza la estadística. Además, aunque la estadística no lo diga, el riesgo surge allí donde menos te lo esperas.
Yo he estado dos veces a punto de matarme. Una ya hace años, en accidente de tráfico. La otra, ayer por la tarde. Donde menos me lo esperaba, allí me vi con la de la guadaña, recogidita, silenciosa y dispuesta a convertirme en estadística. Cuando yo entré en el cuarto de baño, no me percaté de su presencia. Yo llegué con mi libro y solo quería un ratito de intimidad escatológica. Nada más. Es bien penoso, y poco fotogénico, tener que lidiar con la muerte y sus embestidas con los pantalones por las rodillas, pero así los tenía cuando me dispuse a sentarme en la taza del wáter. Fue entonces, en el último momento, cuando vi con horror que el asiento no estaba puesto, que mi culito se iba a posar directamente sobre la fría porcelana. Esa sensación siempre me ha sobrecogido, se me eriza el cabello y un pánico cerval asciende por mi cuerpo, por dentro, hasta la nuca. La reacción, la mía, fue automática, en una fracción de segundo, como una gacela ante su depredador, por todos los medios intente abortar el descenso y a un mismo tiempo bajar el asiento. Entonces, resbalé. Este momento de indefensión y desamparo, este instante crítico, este punto de no retorno, es lo que yo llamo “la mutación del cuarto de baño”. Un simple resbalón convierte un entrañable y acogedor cuarto de baño en algo mucho peor que una cámara de tortura. Todo su mobiliario, (recordemos que el cuarto de baño es la única estancia de la casa donde los muebles están atornillados al suelo y esto los hace mucho más contundentes y dañinos en caso de golpeo) todas sus esquinas y aristas, todos sus bordes, cantos y vértices cobran vida. Todos giran ansiosos en busca de alguno de tus huesos, quieren romperlos, machacar tus tendones, dislocar tus articulaciones y hematomizar tu cuerpo. La palabra hematomizar no existe, me la acabo de inventar, pero dice exactamente lo que quiero decir.
Resbalé y el cuarto de baño mutó. Un pantalón por las rodillas no favorece la defensa, la dificulta, y mucho. Intentas mover las piernas como lo harías normalmente, recuperar el equilibrio, pero del placaje de un pantalón por las rodillas, con los zapatos puestos, no se zafa ni Dios. Acudo a los brazos, busco un algo, lo que sea, a lo que agarrarme y arranco un colgador de toallas con el que me auto golpeo en la sien derecha. Los colgadores de toallas están hechos para colgar toallas, no para salvar vidas. Me deshago del colgador mientras sigo descendiendo como un pelele de trapo. El bidé está demasiado cerca, el lavabo demasiado lejos, lejos para agarrarme, pero no tan lejos que no pueda desnucarme con él. Mis piernas no responden, el pantalón no me suelta. Caigo entre la taza y el bidé. Tengo un brazo retorcido dentro de la taza. No lo rompo gracias a que mis costillas se estrellan contra el borde de la taza y me impiden seguir cayendo y respirando. Los golpes en las costillas tienen un especial sabor, ya lo creo. También ayuda que me he agarrado a la cisterna con una de mis cejas, y se me he roto porque sangra abundantemente y no veo nada con ese ojo. Es casi fijo, me estoy matando. Del otro brazo solo siento la mitad, me he golpeado el codo contra el borde del bidé, justo en ese punto donde se duermen todos los dedos y solo entonces he soltado el libro.
Mientras todo esto pasaba y yo descendía, los pantalones hacían exactamente lo contrario y ahora mis piernas están por encima de mi cabeza. Saco mi brazo de la taza y me agarro al borde para intentar levantarme, ahora cae el asiento, él solito, y me pilla los dedos que aún siento. Espero unos minutos sin intentar siquiera moverme, por ver si acaso tengo alguna lesión interna y me desangro, y pierdo el conocimiento, y acaba todo.
Yo solo quería un ratito de intimidad, pero el riesgo acecha en cualquier parte, lo digan o no las estadísticas.
Haya salud y suerte.

5 pensamientos en “RIESGO

  1. Hasta para relatar la manera en la que estás a punto de matarte lo haces de forma graciosa….Me ha recordado a algunas de las escenas que salían en la película de “Agárralo cómo puedas”.

    Consejo: Yo tengo un amigo que cuando va al baño, a labores semejantes a la tuya, se quita completamente el pantalón y el calzoncillo. La sensación de libertad es mucho mayor y evitarías situaciones dramáticas como la que has tenido que pasar.

    Ay, Chambombo!!! igual lo de las cuadras no era tan mala idea…por lo menos ,no había este tipo de riesgos.

  2. Caramba Chambombo, ¡vaya susto! No era mi intención reírme tanto con una situación tan arriesgada, de tanto peligro, pero no he podido evitarlo. Espero me perdones.

  3. Si es que hay algunas veces que es mejor ser estreñido…
    ¡¡ Quien no ha sufrido esa sensación de ir al baño, sentarte y encontrarte con que tapa no estaba puesta!!, saltas como un muelle, con esa sensación, imposible por otro lado, de que el pompis se iba a tragar por el agujero abajo
    A partir de ahora deberás tomar medidas ¿o mejor no? es que ha sido muy divertido

  4. Mientras cuidaba de una tortilla de patatas decidí visitar tu blog, eres un cabrón, cómo te envidio por ser capaz de transformar temas tan cotidianos en algo tan divertido. Sólo espero que sea ficción, si no lo fuera entonces la cuestión es cómo te encuentras?

  5. Y yo ya tengo la ración de risa que me hacía falta para seguir currando. Gracias una vez más.

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