VACACIONES. Capítulo III

Dario de a bordo del Flor de Planyol. 10 de agosto de 2011.
El canal, como dijo Txugui, está llenito de barcos. Unos van y otro viene. El que viene es mucho más grande que el nuestro y los que se cruzan con él las pasan bien canutas. Nosotros no nos cruzamos con él. Nos rozamos, que es una técnica singular que solo algunos capitanes, con tripulación especialmente entrenada, sabemos utilizar. Pasado este peligro se nos ordena amarrar el barco a la orilla, como han hecho los barcos que nos preceden. La orden ha venido pasando de barco en barco, sin que se sepa muy bien de quién ha salido ni por qué. El agua está embarrada, no se ve el fondo, la maniobra se complica y, aunque yo no digo nada, esta cafetera flotante vuelve a fallar, no responde, así es que solo dispongo de un diez por ciento de la potencia para el atraque. La maniobra se complica, ya lo dije, así que atracamos el barco a la española, que es una maniobra complicadísima al alcance de muy pocos marinos. Consiste en chocar contra otro barco que ya esté amarrado y después, mientras se gira el timón con decisión poniendo la palanca de mando en “atrás a toda máquina”, embarrancar contra las hierbas de la orilla. Todo esto entre grandes voces y órdenes de marinería. Aquí ya no es necesario amarrar el barco porque está encallado. Porque el agua estaba embarrada y no se veía el fondo.
Elvira y Txugui saltan a tierra y se van río abajo en busca de las razones por las que estamos en esta situación. Minutos más tarde aparecen de vuelta. Elvira tiene los ojos como platos y por los ademanes que nos hacen con los brazos se diría que, canal abajo, está King Kong bañándose y dando manotazos. No es King Kong, es una máquina monstruosa que está dragando el fondo del canal. Precisamente hoy. Dicen que semejante monstruo solo deja un espacio libre de poco más de tres metros para pasar con el barco. El barco mide tres metros de ancho sin contar las bollas de rozamiento. Aunque en este caso la técnica del rozamiento no es aconsejable. Dicho esto, Elvira y Txugui se vuelven hacia la esclusa para esperar nuestro turno y darnos aviso cuando proceda. A bordo quedamos Blanca y el que escribe, a la espera y bien dispuestos.
Mientras esperamos el turno voy a aprovechar para explicar lo que son las esclusas y cómo se ha de proceder en ellas.
ESCLUSA. Una esclusa es un compartimento con compuertas de entrada y salida, que se construye en un canal de navegación para que los barcos puedan pasar de un tramo a otro de distinto nivel, para lo cual se llena de agua o se vacía el espacio comprendido entre compuertas. Más claro, el agua.
Cómo preceder para el paso de una esclusa: Si al llegar a una esclusa las compuertas están abiertas, metemos el barco entre los muros de hormigón que forman la esclusa y lo amarramos de forma que no se mueva pero que pueda subir y bajar de nivel (cosas de nudos y esas gaitas). Si las compuertas no están abiertas es conveniente abrirlas, porque cerradas no se puede meter el barco. Después, si descendemos de nivel se ha de vaciar la esclusa, si subimos de nivel se ha de llenar. Siempre teniendo presente que antes del llenado o vaciado se han de cerrar las compuertas que lo permiten, que si no podemos estar tres días pasando agua de un lado al otro sin resultado. Las compuertas constan de dos hojas cada una y se necesitan dos operarios para manejarlas. Todos estos mecanismos de compuerta son accionados manualmente por medio de manivelas. Estas manivelas tienen una especial particularidad: una vez que la compuerta ha llegado al final de su recorrido, si seguimos dando vueltas a la manivela, esta, la manivela, por medio de no sé qué estúpido sistema, parece acumular las vueltas de más que le das y si la sueltas distraídamente, te las devuelve todas, pero a velocidad de espanto. Como una hélice de avión. Una vez terminada esta tarea, los operarios que la han llevado a cabo, han de abrir las compuertas de salida, soltar amarras y volver al barco rápidamente por unas larguísimas escaleras, especialmente diseñadas para matarse, porque si no se quedan en tierra. Todo esto es, de por sí, un trabajo duro. Y se endurece todavía más por una cuestión que en las esclusas es inevitable. Por alguna extraña razón, todos los que se apuntan a este menester, yo lo pude comprobar en mis propias carnes, sufren un repentino aceleramiento en sus acciones. Así que se agarra uno a la manivela, se apodera de su cuerpo un afán competitivo por cerrar la compuerta antes que la de su camarada, y es tal el frenesí con que se accionan las manivelas que más parece una olimpiada que un paseo en barco.
Elvira y Txugui nos están haciendo señas. Ya nos toca sortear el monstruo dragador y entrar en la esclusa. Blanca y yo nos ponemos a la faena. Primero tenemos que desencallar este trasto del barro. Lo intentamos con el motor pero la poca potencia que entrega (esto Blanca no lo sabe, solo lo sé yo) no es suficiente. Lo intentamos con los bicheros (pértigas de madera que el barco lleva para ayudarse en las maniobras) y tampoco somos capaces. Yo intento ayudar con el motor mientras Blanca suda sangre con el bichero. Dejo el motor en atrás a toda máquina y me largo corriendo a empujar con Blanca. Vuelvo corriendo al puesto de mando por si las moscas, no vaya a ser que de repente empiece este chisme a funcionar y nos salgamos del canal por la otra orilla sin nadie que tire de la palanca y pare las máquinas. Corro otra vez a popa. Ahora vuelvo al puesto de mando, atrás a toda, atrás a toda, atrás a toda, cojones, atrás a toda. El motor ruge pero la hélice debe de dar tres vueltas por minuto. Nada, que no salimos de aquí. La situación empieza a ser más que tensa, estamos sudando, corriendo de un lado a otro, intentándolo todo, ya no sé qué hacer. Vuelvo, una vez más, a colocar la palanca en atrás a toda, y grito:
–Atenta Blanca, muy atenta ahora, tenemos que sacar el barco de aquí.
Acelero a fondo, el motor ruge, yo rezo, Blanca está…Blanca está, con una sangre fría como solo un lobo de mar puede tener, hablando por teléfono en la popa del barco, con la misma tranquilidad que en una cafetería de la costa azul. Aquí, en este punto, yo coloco la palanca en punto muerto, motor a ralentí, me voy a popa, cojo el bichero, lo hinco en el fondo, y por mis cojones que este chisme lo saco de aquí. Yo no soy amigo de contar hazañas ni de dármelas de fuerte, pero juro que así salió el Flor de Planyol de aquella ciénaga.
Ahora nos toca sortear la dragadora de marras. Por extraño que parezca, esto fue coser y cantar. Seguimos hacia la esclusa a velocidad de deriva, porque este cascarón no quiere componerse. Allí nos esperan Elvira y Txugui, prestos a la faena, con las manivelas preparadas. Entramos en la esclusa, lanzamos los cabos (quiero decir que les tiramos las cuerdas a Elvira y Txugui para que aten el barco), cierran las compuertas de popa, y a esperar que se vacíe. Una vez vaciada la esclusa, Elvira y Txugui abren las compuertas de salida. Txugui le da a la manivela unas cuantas vueltas de más, el día está siendo muy trabajoso, la tensión ha sido mucha, queremos salir de aquí cuanto antes, Txugui le sigue dando vueltas, Elvira dice que ya vale, está cansada y sudorosa, Txugui le da otro par de vueltas, la manivela se escapa. Parece un ventilador. (Véase el apartado ESCLUSA) Cómo dicen por mi tierra –“Pa haberse matao”. Por fortuna la manivela golpeó a mi contramaestre en un brazo oblicuamente, de soslayo, al sesgo, o sea, de refilón. Esto lo supimos cuando mi contramaestre volvió al barco. Que de su boca no salió queja alguna a pesar de tener un moretón sanguinolento del tamaño de una zapatilla.
Todos a bordo. Nos vamos de aquí, de este canal donde mora la fatalidad náutica.

2 pensamientos en “VACACIONES. Capítulo III

  1. No me digáis que esto no son unas buenas vacaciones, uno siempre busca tranquilidad, sosiego y diversión… ¡qué más podíamos pedir!.
    Y, cuidadito, a todo eso que chambombo cuenta hay que añadir que las maniobras de amarre y paso de esclusas debían efectuarse con guantes de refuerzo para que no terminaras con las manos medio destrozadas

  2. Me he acelerado hasta yo leyéndolo. Pero, digo yo…por estas vacaciones os pagarían a vosotros y no al revés como es habitual. O ¿ dónde estaba la cámara oculta?

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