YO VOY A IR AL CIELO

Tengo la libreta eléctrica bien fría y distante últimamente. Ni siquiera he juntado el poco ánimo necesario para felicitar esta Navidad a los que, a falta de cosa mejor, leéis estas matracas. No sé si es cosa mía o sensación general, pero yo esta Navidad no la he visto, se me ha colado como si fuera una fiesta institucional, como si la gente, incapaz de disfrutarla, la celebrara por obligación. No me extrañaría que algún avispado propusiera cambiar la fecha para que coincida mejor, para que no haga frío, o caiga siempre en lunes. Juntar todos los festivos del tirón para no dispersar tanto la actividad y conseguir unos mayores beneficios en todos los ámbitos. Sería cosa del bien común, que es argumento de peso que se utiliza cuando se toma una medida que, para favorecer a los de siempre, perjudica a todo bicho viviente. Nada nuevo. Además, empieza a estar fuera de sitio tanta adoración al nacimiento de Jesús, a sus enseñanzas de amor y paz y a su padre, que había sido, hasta hace un tiempo, Dios indiscutible. Pero ya no, amiguitos. Ahora las adoraciones, pleitesías y reverencias se las tendría que llevar otro dios, más actual, más mundano, más poderoso, más cruel, que ya es decir, el dinero. Las enseñanzas de Cristo se han quedado algo trasnochadas y en poco tiempo, allá en el cielo, se van a quedar más solos que la una, porque ahora todo el mundo tiene el mismo afán, tener más, juntar más, ahorrar más, pensar menos, nada que ver con lo que predicó nuestro querido Susi para llegarse a la diestra de su padre, y esto me hace a mí recapacitar, cambiar de rumbo. ¿Por qué? Pues porque yo siempre pensé que no quería ir al cielo, demasiada gente santurrona, obediente, aburrida, pura y angelical. Un aburrimiento con demasiada gente. Yo prefería el infierno casi vacío, claro, porque aquí, en esta tierra, todo estaba lleno de dignísimas personas que iban derechitas al cielo y a mí siempre me han caído mejor los que tienen pinta de ir al infierno, que a esos vino Cristo a redimir, y no a los santos. A mí las aglomeraciones me aturden y no me dejan moverme a mi aire. Pero ahora, estos últimos años, con este giro social que hace ver la codicia como virtud y el desapego como enfermedad mental, con tanta gente pendiente de su propio ombligo y de las estupideces innecesarias con las que vivimos, con media humanidad matándose por un quítate tú para ponerme yo, pues tengo que pensármelo porque el infierno se va a poner hasta arriba. Tengo que ser buenecito, que el cielo se está quedando vacio y tranquilo, como a mí me gusta. Haya salud y suerte.

3 pensamientos en “YO VOY A IR AL CIELO

  1. No se donde irás, pero de seguro que donde vayas, habrá un seat 850 y un amigo para recorrer el lugar y soñar con mil cosas que nunca se hicieron, pero que se disfrutaron tanto o mas que haciéndolas realidad.
    Un abrazo, amigo

  2. ¡Ojalá! que escribir en esta libreta sea parte de ser buenecito y así podremos disfrutar del cielo aquí mismito y ya mismo algunos.

  3. Disfruta del dia a dia, como creo que haces, porque cuando nos muramos seguramente no vayamos a ningún sitio…CARPE DIEM.
    Y si después de morir hay algo que hacer yo me pido donde vayas a estar tú, que las risas estarán aseguradas.

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