LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo primero

Si te consideras una persona medianamente inteligente, ecuánime, racional, de mente abierta, es que estás como una cabra.
Yo soy lo que hoy en día se considera un ignorante, no tengo formación académica. Ningún diploma colgado en la pared que certifique mi paso por la universidad. No hablo más idioma que este, y lo hablo mal. De informática estoy pez, escribo en el ordenador con dos dedos, un centollo también podría hacerlo. He dedicado toda mi vida a realizar el único máster que he conseguido. El máster en nada. Por eso me llevé una enorme sorpresa cuando sentí la necesidad de emplear mi tiempo en un concienzudo estudio de la Biblia. El análisis que nadie había hecho antes, el análisis de un ignorante. Sobre La Biblia hay análisis, tesis, cátedras y todo tipo de estudios e interpretaciones. Ninguno desde un punto de vista tan particular, tan ignorante como el mío. Como autor de este trabajo, no me hago responsable del posible deterioro neuronal de aquellos que decidan leerlo, ni de cualquiera otra lesión, rotura, agresión o desperfecto que se cause por medio, a través, o mediante el presente volumen.
Lejos de la iluminación divina que otros escribientes tuvieron para pasar al papel la palabra de Dios, yo, en esta versión para enajenados, solo he contado con una bombilla de sesenta vatios. Tanto la primera parte como la segunda están escritas desde la demencia que, como loco, disfruto. Si alguien alimenta la esperanza de entender la Biblia, la verdadera y sagrada, a través de la lectura de esta sacrílega mamarrachada que tiene en las manos, está perdiendo el tiempo. Si alguien se siente ofendido, vejado, insultado, injuriado o herido con la lectura de La biblia de los locos, es porque quiere, solo ha de cerrar el libro. Esta biblia es para los locos, lo dice bien claro su nombre. Aquellos que no lo son, aquellos que se tienen por cuerdos, tienen otros muchos libros con los que pasar su tiempo sin meter las narices en el nuestro.
Hace muchos años, aproximadamente tres mil, comenzó a escribirse el primero de los libros, La Biblia. Esto lo dicen expertos en la materia, entre los que yo no me encuentro, lo dicen antropólogos, teólogos, estudiosos y un alto número de especialistas que coinciden en una única cuestión; ninguno estaba allí. La Biblia es un libro gordísimo sobre el que los hombres juran con solemnidad decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. Testigo, por tanto, de las más miserables mentiras. Un curioso mazacote de hojas que adorna las mesitas de noche de medio mundo. Las mesitas de personas ilustrísimas que han hecho grandes obras y sacrificios en favor de la humanidad, y también las mesitas de redomados hijos de puta que han sacrificado a la humanidad en su propio beneficio. Además puede encontrarse en las mesitas de todas las habitaciones de los moteles repartidos a lo largo y ancho de los Estados Unidos de América sin que se sepa qué tipo de individuo las ojea. Este singular documento asiste con igual gravedad y excelencia al juramento de la verdad, como a la despedida del condenado sobre el patíbulo. También asistía con otra gravedad distinta, la de Newton, cuando el que escribe era castigado de rodillas, con los brazos en cruz y un enorme ejemplar, de la que nos ocupa, en cada mano. Muchos son los que consideran La Biblia un libro sagrado y lo que en ella se dice como palabra de Dios. También considerarán como blasfemia y herejía lo que yo estoy haciendo con ella. Yo no creo que Dios, si es que existe, necesitara los servicios de escribiente alguno para hacer llegar su palabra a los hombres. ¿Y qué pasa con los que nunca la leyeron? Se supone que somos creación suya. A qué tanto afán en que leamos su palabra. Otras criaturas, también creación del mismo Dios y que no saben leer, no parece que hayan tenido tantos problemas de memoria y comunicación con él, a pesar de no ser creados a imagen y semejanza, ni tampoco han necesitado más instrucciones para llevar una existencia mucho más acorde y pacífica que la nuestra con sus semejantes y entorno.
Si fuera cierto que La Biblia es la palabra de nuestro creador, me pregunto por qué tenemos que estudiar teología y dos carreras para entender su mensaje. Quienes pasaron esta su palabra al papel lo hicieron, yo supongo, por él iluminados para que llegara a nosotros con sencillez, para que nos resultara fácil su entendimiento. Hoy yo intento leerla, también iluminado, pero la luz eléctrica no sirve, al menos la que yo tengo sobre la mesa, para ver ese sentido divino en sus palabras. Yo veo historia, leyendas, costumbres y un afán desmesurado por amedrentar. Por eso, al enfrentarme a la lectura de tan ilustre documento, voy a hacerlo prescindiendo de enfoque alguno y de los consejos de los muchos expertos que sobre el tema cría el pan. Leeré y razonaré según mi criterio, buscando el significado que me proporcione mi primitivo cerebro, sin otro ánimo que el de alcanzar una visión más relajada y divertida de lo que siempre se me ha presentado como solemne, y sin pretender con ello ofender ni hacer mofa de los que con otra intención lo hacen. Que la burla y el menosprecio se lo hacen a este libro los que juran sobre ella cargos que no respetan, deberes que no cumplen, y verdades que no sienten. Y los que, escudados en él, avergüenzan, vejan y ofenden la libertad del espíritu humano.
Bien es verdad que por su tamaño, la extremada delgadez de sus hojas y la solemnidad con que siempre se habla de él, causa este libro un cierto desaliento al que, como yo, pretende leerlo todo e interpretarlo por cuenta propia sin perder el buen humor.
Empiezo pues con el primero de los cinco libros que forman el Pentateuco o antiguo testamento: el Génesis.

GÉNESIS.
LA CREACIÓN. “Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos, y las tinieblas cubrían el abismo; y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. Dios dijo: haya luz, y hubo luz. Vio Dios que la luz era buena, y la separó de las tinieblas, y llamó a la luz día, y a las tinieblas noche. Hubo así tarde y mañana: día primero”
En un día no se puede pedir más. Nosotros estamos acostumbrados a disfrutar del luminoso día con su mañana y su tarde, con el sol en el cielo dándonos su calor desde hace miles de años, pero cuando las tinieblas cubren el abismo y en la tierra reinan la soledad y el caos, así de repente, sin andamios ni cables, que aparezca un flamante día con su luz y su mañana y su tarde, es cosa impresionante y digna de contar. Lástima que no hubiera nadie para verlo. Bien es verdad que estamos hablando de un Dios todopoderoso y no de un simple aficionado al bricolaje. Tampoco sería moco de pavo haberlo visto antes, con su soledad y su caos, y su abismo y sus tinieblas, y el espíritu de Dios aleteando sobre las aguas, hora estilo crol, hora estilo espalda.
En mi humilde opinión, ya la cosa no empieza del todo bien colocando tarde y mañana, que esto, para una vida contemplativa y sin pecado original está muy bien, pero para lo que ha venido después solo favorece la jornada partida, y así el día no rinde lo que sería deseable. Yo lo habría hecho de jornada continua y treinta minutos para el bocadillo.
Observamos al seguir con la lectura que a pesar de crear la luz el primer día y separarla de las tinieblas, no colocó el sol hasta el día cuarto. Dando retoques aquí y allá dignos de un Dios inexperto, como corresponde al principio de los tiempos, que si hubiera tenido experiencia se habría cuidado muy mucho de no separar las tinieblas de la luz y dejarlo todo en claro, sin necesidad de bombillas que son un enorme gasto. No sé yo si no tendrá el todopoderoso Señor Dios algo que ver con las, también todopoderosas, empresas eléctricas. No parece que tuviera el Señor Dios idea preconcebida, ni se le pasó por la cabeza que andando el tiempo, llegados donde hoy estamos, el día se nos quedaría pequeño y el sol insuficiente. Y ahora nosotros, para reparar esta divina falta de previsión, hemos tenido que sembrar el planeta de plantas generadoras, térmicas, hidroeléctricas, nucleares y un sinfín de otros ingenios con los que estamos decorándolo todo. El sol lo creó el Señor Dios demasiado caluroso, para nuestro gusto, en el verano. Esto nos obliga a producir ingentes cantidades de energía para conseguir estar bien fresquitos, nosotros y nuestros alimentos y bebidas. Demasiado fresco el invierno, otro derroche de energías para calentarnos. La noche demasiado larga, bombillas por todo el planeta para alargar el día…
Quiero, antes de seguir adelante, poner un par de puntos sobre un par de íes. El primer punto: cuando hablo de los logros y avances que a día de hoy ha conseguido el ser humano, suponiendo que sean logros y avances, lo hago refiriéndome a este primer mundo donde algunos pocos hemos tenido la suerte de nacer, vivir y hacer cabronadas. No olvido que la gran mayoría de los habitantes del planeta sufren condiciones de vida más cercanas a las del libro que a las nuestras.
El segundo punto: cuando hablo de las atrocidades, barbaridades e injusticias que el ser humano cometió y sigue cometiendo, me refiero a todos los seres humanos. Que en esto, en cometer ignominias, no encuentro diferencia entre este primer mundo y los que le siguen. En eso es este un mundo bien solidario. De momento no hay más puntos que poner.
En este frenesí creador dijo Dios:”Pulule en las aguas un hormigueo de seres vivientes y revoloteen las aves por encima de la tierra y cara al firmamento del cielo”
Desde entonces, y hasta hoy, ya nos hemos encargado nosotros de menguar ese hormigueo de seres vivientes pululando a lo loco, estorbándose unos a otros, en las aguas. Es posible que en un principio las aves volaran cara al firmamento del cielo pero, ante la cantidad de tendidos eléctricos y antenas con que hemos adornado el planeta, no les ha quedado más remedio que darse la vuelta y volar de cara a la tierra para evitar morir desnucadas contra algún poste. Y también aquí tienen que ver las todopoderosas empresas eléctricas.
Después de cinco días creando sin descanso, separando las aguas de arriba de las de abajo, ordenando semillas según su especie, poniendo gobierno donde no lo había, dice:”Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie. Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien”
Vio Dios que esto estaba bien y como no había nadie más por allí, así se nos quedó para siempre. Y es una pena que nadie pudiera en aquel momento hacerle ver al Señor Dios que, curiosamente el sexto día, el mismo día en que creó al hombre, también creó las bestias de la tierra. Yo supongo que los planos se mezclaron en algún despiste. También creó los reptiles campestres, que son algo así como un cocodrilo, con una tortilla metida en una cesta, buscando un rincón agradable donde merendar.
EL HOMBRE. “Dios dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra”.
¿A quién le dice el Señor Dios, “hagamos” al hombre a “nuestra” imagen y semejanza? A ver ¿Quién estaba allí con Él? ¿Es que ninguno de los allí presentes, quién quiera que fuese, vio que la cosa no estaba quedando bien?
Yo, con humildad lo digo, creo que aquí al Señor Dios pecó de optimista. ¿Hizo al hombre a su imagen y semejanza, como si de un autorretrato se tratara? La verdad, como creador de mundos y paraísos bien me parece a mí un Dios, pero el autorretrato no es lo suyo, no señor. No puede ser que el hombre esté concebido a imagen y semejanza de un Dios todo justicia y bondad infinita, todo amor y misericordia. Yo creo que habría sido mejor comienzo crear un espejo en el que poder mirarse, que el autorretrato, sin espejo, hasta para un Dios es bien difícil si a los resultados nos atenemos. Si la obra maestra de la creación fue este ser atolondrado y miserable, que campa por el planeta torturando a sus semejantes y destruyendo su propio paraíso, no veo yo donde está la semejanza entre un Dios creador y un hombre tan idiota y destructor. Yo me inclino a creer que nos creó a semejanza del abismo, las tinieblas y el caos que reinaban cuando el Señor Dios aleteaba aburrido de acá para allá. Esta imagen se le quedaría en el subconsciente y luego, a la hora de crear, el artista vuelca sobre su obra todas aquellas imágenes que bla, bla y bla, y sería una explicación. Tal vez el Señor Dios nunca hiciera tal hombre y solo seamos una más de las bestias salvajes, según su especie, que dice más arriba. El resto parece que el que escribió esto, se lo iba inventando sobre la marcha, de manera que nos colocara por encima de las demás bestias y emparentados directamente, casi nada, a imagen y semejanza, con el supremo hacedor. Como buscando una disculpa para no tener que dar cuentas de lo que había de venir después y a lo que nos hemos dedicado durante siglos, a hacer el cabrón entre todas las especies. Porque si no es así, y somos realmente una creación divina a imagen y semejanza de Dios, cuesta mucho creer que nos haya dejado seguir aquí con tantos desmanes y tan poco parecido, sin plantearse eliminarnos y empezar de nuevo. A menos que el Señor Dios fuese un tipo bastante estúpido, y entonces sí sería verdad que nos creó a imagen y semejanza suya.
EL PARAÍSO. “Cuando el Señor hizo el cielo no había todavía arbusto alguno del campo sobre la tierra, ni había germinado hierba alguna porque el Señor Dios no había hecho todavía llover sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo. El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, le insufló en sus narices un hálito de vida y así el hombre llegó a ser un ser viviente. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado”…
No dudo que el Señor Dios insuflara a Adán un hálito de vida en sus narices que nos hizo distintos al resto de seres que pueblan el planeta, pero a juzgar por el camino que la humanidad ha seguido a partir de dicho soplo, es evidente que algún otro hombre recibió el mismo soplo de vida pero en otro orificio cuya función y emplazamiento hacen indigna su mención.
Dice también aquí que el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y no me parece a mí que este hecho esté en consonancia con la magnitud de la obra que nos traemos entre manos. Esto es una creación divina, de un Dios todo poderoso, que todo lo puede, todo. Recurrir así, sobre la marcha, al polvo de la tierra para formar al hombre, “rey de la creación”, como intentando contener el presupuesto, no encaja demasiado en este derroche de materia prima en que nos movíamos. Que todo lo hasta aquí creado lo había sido de forma original y única. ¿Por qué no dice –“Haya hombres sobre la tierra” y se deja de andar amasando barros y dando soplos? Estos recortes a la hora de seleccionar los materiales con los que se ha de crear al que, por designio divino, está destinado a gobernar sobre todas las otras especies hacen que ya, desde este mismo momento, el Génesis en que nos encontramos, se sospechen defectos de funcionamiento, comportamiento, razonamiento y prestaciones que hoy, cinco mil años más tarde, constatamos como realidad. A tal punto que estos, los defectos, son nuestra definición como especie.
“Dios dio por terminada su obra el séptimo día, y en este día descansó de toda su obra”.
¿A qué obedecen estas prisas? Decía mi abuelo que había dos maneras de hacer las cosas; una, deprisa, la otra, bien. Que cuando una cosa estaba bien hecha, nadie preguntaba por el tiempo empleado, pero claro, mi abuelo era solo un hombre de Zamora.
Este mismo día en que Dios da por terminada la creación y descansa, es cuando el hombre da por inaugurada la destrucción y comienza. Bien merecido tenía el descanso Dios después de tan maravillosa obra, que más bonita y grandiosa no creo que nadie la hiciera, pero ya el descanso, por lo largo, le está igualando el calibre.
CREACIÓN DE LA MUJER.”El Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le daré una ayuda apropiada. Dios hizo caer sobre el hombre un sueño profundo, y mientras dormía le quitó una de sus costillas, poniendo carne en su lugar. De la costilla tomada del hombre, el Señor Dios formó a la mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne, esta será llamada hembra porque ha sido tomada del hombre”
Mira que era extraño el amigo Adán. Solo uno de cada mil hombres haría semejante comentario ante la primera de las mujeres, los otros novecientos noventa y nueve habrían exclamado. ¡Hija de mi vida, pero que cosa más rica! En fin, cosas de la Biblia.
Yo no sé si es que Dios creó a la mujer después del séptimo día, cuando ya estaba descansando, o si es que al escribiente, quien quiera que fuese, se le descolocaron los apuntes y no supo ya como arreglarlo. Así la mujer, que bien merecía ser tratada como otra de las maravillas del Señor y ser creada como algo nuevo, que hubiera sido lo apropiado a tamaña obra, es “formada” de un retal del hombre. ¿Por qué no la formó del polvo de la tierra, igual que formó al hombre? A ver, que me lo expliquen. Aún así es curioso que formando a la mujer a partir de una costilla de hombre, a mi parecer, le quedó mucho mejor esta que aquel. Esto me hace reflexionar sobre la idea de si no habría sido mejor formar al hombre de la costilla de una bestia campestre, el resultado habría sido, visto lo visto, muchísimo mejor.
He aquí que tenemos a la mujer “formada” de la costilla de Adán. He aquí, también, que tenemos a un Adán asombrado de lo que el Señor Dios ha hecho con una simple costilla. Él, Adán, dominador de los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra, rey de la creación y señor del mundo por un día, el sexto, porque el séptimo ya el Señor Dios tiene práctica y maña en asunto de creaciones y la mujer es prueba de ello. Le ha salido la mujer con más armonía en sus formas, finura y elegancia en sus modales, una creación llena de gracia y distinción, sugestiva, tentadora, un primor de creación. Es fácil imaginarse al pobre Adán, si no contrariado, sí sorprendido. Yo sí me lo imagino algo resentido diciéndole al Señor Dios, con la boca pequeña: -¡Jo! A ella la hiciste mejor. -Es que así, la reina de la creación parece ella. -Y menudo cuerpo que le has hecho, mucho más lindo que el mío. –Y la cara también es más bonita, y vaya par de…ojos. -¡BASTA! Diría aquí el Señor Dios. –Adán. -¿Qué es lo que quieres? -¿De qué te quejas? -Si la he creado para ti, ella va a ser la razón y madre de todos tus descendientes y tú solo tendrás que pasearte por el paraíso triscando frutas de acá para allá. –Como sigas con esa actitud, indigna del primero de los hombres, y esas envidias que adivino en tus preguntas, te coloco una menstruación a ti también, a ver qué te parece.
En este punto, y por suerte para los hombres que después de él han nacido en este mundo, Adán se quedó más calladito y se fue culebreando cabizbajo en busca de una plácida sombra, allí se acostó y se quedó dormido jugando con el pito. Como digo, imaginaciones mías.
Como sea que llevamos siete días de furor creativo, y antes de seguir adelante, quiero hacer yo alguna pregunta: Al principio de los tiempos, antes de crear Dios el cielo y la tierra y de que su espíritu aleteara por encima de las aguas como una sardina ¿Qué hacía Dios?
Nada, absolutamente nada. Sí, es un concepto difícil de asimilar, una dura revelación. Un Señor Dios todo poderoso mano sobre mano, en reposo. Alguien capaz de crear maravillas inimaginables y sin dar palo al agua. De repente crea el mundo, lo pone en marcha en siete días y de nuevo mano sobre mano hasta hoy. No era tan difícil de asimilar como parecía.
Hay otra pregunta a la que, no sé si por estupidez o por deporte, el hombre necesita responderse toda su vida. ¿Por qué?
¿Por qué creó Dios el mundo? ¿Y por qué el hombre se pregunta esto? ¿Eh? Tal vez la pregunta sea para qué, y eso está por venir, y estaríamos poniendo el carro delante de los bueyes. Tal vez no exista un por qué para que nosotros estemos aquí. Tal vez no somos tan importantes como para necesitarlo. Lo que sí somos es demasiado engreídos y soberbios como para aceptarlo. No puede ser que seamos fruto de caprichosas y biológicas circunstancias sin finalidad concreta, una sencilla casualidad genética, que no puede ser. También pudiera ser que ese por qué existiera, no nos cerremos en banda. Y que ese por qué, que nosotros queremos saber, no nos gustase en absoluto.
¿Por qué creó Dios al hombre?
1ª-Puro aburrimiento.
2ª-Porque la tierra es otra más de las granjas de cría y engorde de ganado humano para alimentar a otros seres, come hombres, que habitan una lejana galaxia y que cada cinco mil años se dan un garbeo por el universo recolectando.
3ª-Porque primero fue el hombre, luego este se inventó un Dios, y después le echó la culpa de todo, y ahora quiere que Dios, que es un invento propio, le deje bien clarito por qué creó al hombre que lo inventó a Él
4ª-Porque los de la Coca cola necesitaban gente para probar la chispa de la vida.
5ª-Porque quiso crear un ser inteligente, lleno de entendimiento, capaz de razonar y relacionarse con sus semejantes. Que llenara la tierra y se multiplicara, y después que se liaran a palos unos con otros, que se exterminaran entre pueblos vecinos, se dominaran torturaran esclavizaran y mataran entre ellos, que lucharan por poseer, dominar y esquilmar todo el planeta si fuera posible, que dejaran morir de hambre, frio y enfermedad a tres cuartas partes de la humanidad, mientras la otra parte se baña gorda y desnuda en un fango lixiviado de comida podrida y de sangre.
Si la razón era esta última, tranquilos, vamos por buen camino.
UN SUEÑO QUE HE TENIDO
He tenido un sueño y lo voy a contar aquí. Escuchad el sueño que he tenido: Soñé que Adán no había sido creado a imagen y semejanza de nadie. Adán era un gorrino que nadaba en el abismo, por entre las tinieblas, antes de que Dios hiciera nada. Cuando Dios aleteaba sobre las aguas para un lado, él chapoteaba como podía para el otro. Entonces Dios arregló lo del caos, hizo la luz y vio que Adán, el gorrino, andaba resoplando medio ciego por aquel lodazal. Como la luz era cosa nueva, a Adán le hacía daño en los ojos, porque no estaba acostumbrado, y el Señor Dios le hizo unas gafas de sol. Adán el gorrino andaba de un sitio para otro, con sus gafas de sol nuevas, mirando todo lo que el señor Dios iba creando. Así, cuando el Señor Dios estaba contemplando su paraíso recién creado y todavía tierno, vio venir al gorrino pisándolo todo, metido hasta las rodillas.
–Menudo chocolate tienes aquí- le dijo Adán resoplando. -Tienes que poner carteles de aviso, hombre. Que pasa cualquiera y se mete hasta el cuello.
El Señor Dios, también conocido por “Paciencia Infinita”, sonrió para sus adentros y le hizo a Adán un par de botas de goma. El gorrino se calzó sus flamantes botas en las patas traseras y se fue, erguido, paseando paraíso adentro. Cuando volvió a aparecer por el lugar, el Señor Dios estaba ensimismado creando la mujer. Adán miró durante un buen rato aquello que el Señor se traía entre manos y como no parecía darse cuenta de su presencia, tapándose la boca con una pata, le habló con disimulo por un lado de la boca
-Psst. Psst. Ponle tetas. Si le pones tetas te queda más guapa.
El Señor Dios le contestó:
-Le pondré dos filas de tetas. Tres para cada lado. Para que pueda amamantar al menos seis cachorros.
Adán se levanto las gafas de sol y con cara de entendido en creaciones dijo:
-Yo le pondría dos. Y bien gordas.
El Señor Dios no sabía quién era aquel gorrino ni de dónde había salido, pero le hacía gracia verlo investigando la obra de acá para allá con sus gafas de sol y su par de botas. Así que le hizo caso en lo de las tetas a condición de que una vez terminada la obra no se acercara por allí, ni molestara a Eva, que así se iba a llamar. Era un proyecto muy especial y no quería interferencias.
Cuando el Señor Dios dio por terminada su obra y se dispuso a descansar, el séptimo día, antes de llegar al catre, ya estaba Adán el gorrino, con sus gafas de sol y su par de botas, dándole conversación a la recién creada mujer.
-¿Así que tú eres la famosa Eva? ¿Vaya sitio guapo este para vivir, eh?
-Yo soy Adán. ¿Viste que gafas tengo más cojonudas?
Como la mujer no contestaba, Adán seguía con su charla.
-Esto antes no estaba así. Lo ha hecho el tipo este en una semana. Yo lo he visto todo. Sé cómo está hecho. Aquí antes no había ni luz, no se veían tres en un burro, es verdad que no los había, pero si los hubiera habido no se habrían visto. Ahora sí da gusto darse un garbeo y ver la fruta, y los pajarillos y tantísimas cosas como ha puesto el tipo este por aquí. Hace un rato, sin ir más lejos, vi una culebra, comiendo manzanas, que medía más de dos metros. Ya no se puede andar por aquí sin llevar un palo en la mano. Voy a tener que decirle que tenga cuidado con tanto bicho como ha soltado. Bueno, me largo, que me parece que viene y me dijo que no se me ocurriera asomarme por aquí. Tú no digas ni palabra de que me conoces, eh. Ya nos veremos, encanto.
Adán salió del paraíso tan aprisa como fue capaz, porque aún no estaba acostumbrado a sus botas y a caminar erguido, y se perdió camino de lo que no era paraíso.
Justamente aquí, viendo alejarse a Adán, orgulloso con sus gafas de sol y su par de botas, me desperté. Tengo la esperanza de, cuando vuelva a dormirme, seguir soñando donde lo dejé.

5 pensamientos en “LA BIBLIA DE LOS LOCOS Capítulo primero

  1. Sencillamente MAGISTRAL. Me quito el sombrero ante tal alarde de imaginación, cada día eres más incisivo. De lo mejor que he leído en muchos años.
    Creo que es el momento de plantearse editar un libro.
    Un fortísimu abradu.

    • Gracias, Nestor. Si con esto que mi cerebro segrega de forma espontánea, sin que tenga yo otra culpa ni mérito que sufrirlo como demencia, alegro la vida de alguien, o mejoro en algo sus momentos, habrá merecido la pena. Fortísimo el abradu también para ti

  2. Yo, como otra loca que soy, estoy encantada con tu particular estudio de la Biblia.
    Por favor, sigue soñando de esta manera y así podrás continuar dándonos momentos tan entretenidos como el que acabo de pasar yo.
    Eres un genio. Un abrazo enorme.

  3. No sé si eres consciente de la gravedad de este pecado, la vida te da, que conozco yo a alguien allí arriba y te echará un cable…………………………………………………, todo por una módica cantidad por supuesto.
    Nicolás

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