AL PUEBLO INGRATO

Queridos votantes:
Habiendo llagado a este consejo de ministros noticia de vuestro estado de ansiedad y desconcierto, de vuestra necesidad de tutela y dirección, para desterrar de vuestra diaria rutina la incertidumbre y daros clavo al que agarrarse, nos proponemos con el presente escrito, como señores y amos que somos, aclarar vuestras dudas, despejar vuestra preocupación y proporcionaros las certezas que necesita un pueblo holgazán y soñador como vosotros, para regenerar la virtud y disciplina que os ayude a convertiros en el pueblo laborioso, obediente y entregado que vuestros gobernantes merecemos. Albergamos en este consejo la esperanza de que sea recibido este discurso, y el ímprobo trabajo que desinteresadamente hemos puesto en él, con la alegría de un pueblo agradecido y sabedor de cuan inútiles serían sus vidas y afanes sin la dedicación y renuncia de aquellos que desde este consejo nos sacrificamos diariamente para gobernaros.
Obediencia y abnegación es cuanto necesitáis. Si atendiera el pueblo a estas, y menos a las reivindicaciones y algaradas, mejor camino llevaría y más descansada vida le daría a aquellos que, renunciando al propio beneficio y con vocación de servicio, sufrimos los sinsabores y perjuicios de gobernar, con rectitud y conducta ejemplar, a pueblo tan ingrato y desleal.
No ha de haber entre vosotros, pueblo llano e ignorante, cosa más digna y que más os engrandezca que la obediencia ciega y el trabajo duro. Obediencia a una ley justa y protectora que nos mantenga a nosotros, ejemplo de honradez y decencia, a salvo de los recelos y la inquina del pueblo envidioso que gobernamos. Una ley recta que castigue y enmiende la innata tendencia a delinquir que anida en vuestros corazones. Una ley pura que deje meridianamente clara la frontera que separa a las honorables personas que altruistamente nos sacrificamos para llevar el timón, de las ovejas modorras que sesteáis en la cubierta. El trabajo dignifica y eleva vuestra baja condición, y lo eleva en mayor medida cuanto más sacrificio supone. Así, siendo el trabajo penoso, cuanto menos sea el jornal que recibáis por vuestra labor, mayor es el sacrificio que por vuestra nación hacéis, mayor por tanto la dignidad y el honor que generosamente os reconocemos. Y si se diera el caso que ni siquiera trabajo tuvierais, no habéis de culpar a este consejo, ni pedirlo como derecho, sino engrandeceros en el sufrimiento y dar gracias de que a pesar de vuestra total inutilidad y lo innecesario de vuestra existencia, seguís teniendo el privilegio de ser gobernados por aquellos que, pudiendo atender otros mejores negocios, nos entregamos a lo público en cuerpo y alma.
Seguid pues aportando sin queja el fruto de vuestro esfuerzo diario, renunciad con alegría a tantos placeres insanos que os envilecerían, olvidar sueños pueriles y los deseos enfermizos de acaparar bienes materiales que en nada mejoran a la persona. Conduciros con obediencia y generosidad para con vuestra patria y madre. Sembrad en vuestros hijos e hijas la semilla de la obediencia y el orgullo de servir y entregar el voto mansamente, sin esperar nada a cambio, así también el agradecimiento hacia aquellos que han de dirigir los designios de un pueblo holgazán y desagradecido que, gracias a nuestra entrega y sacrificio, ha conseguido sentir la modernidad y el progreso como propios.
No habéis de sentir frustración, desprecio ni cólera por la vida de ostentación y privilegios que vuestros gobernantes soportamos, muy al contrario, pues es cosa de mucho orgullo y satisfacción que un pueblo, tan falto de instrucción, desconfiado y corto de miras, alcance a mantener el gobierno y dirección de estirpe tan gloriosa e inmerecida como la que nosotros suponemos y que, a pesar de vosotros, podamos vuestros gobernantes vivir y perpetuarnos sin ninguna cuenta que rendir, ni conducta que cuidar. Criad pues hijos que nos defiendan y protejan, hijas que nos sirvan y, si están de buen ver, nos consuelen y acompañen en esta ingrata y sacrificada labor de dar hijos, grandeza y dignidad a este pueblo ignorante y holgazán que no entiende, ni merece, otra cosa que palo y desprecio. En muestra de nuestra enorme generosidad olvidaremos vuestros odios y rencores, vuestra inquina por nuestra impagable labor para, una vez más, recoger y convertir vuestro voto desganado y simplón en garantía y razón para nuestro engorde y mejora, que mejorando nosotros, mejora la imagen que como pueblo tendréis en el mundo. Nada hay que defina mejor a un pueblo que la condición de aquellos que elige para su gobierno. No vamos a extendernos más en este escrito porque queda, con lo dicho, meridianamente clara nuestra condición y la vuestra, vuestras obligaciones y nuestros derechos. Laborad pues sin desfallecer y obedeced nuestras directrices sin titubeos. Nosotros, como padres amantísimos, haremos bueno el refrán que la sabiduría popular, la vuestra, nos otorga, “cuando seas padre comerás huevos…”

Haya salud y suerte.

4 pensamientos en “AL PUEBLO INGRATO

  1. GRande eres!! Chambombo for president y de banda sonora ChamBBabilon!!

  2. No sé si tienes alguna otra faceta con la que nos vayas a sorprender pero en ésta, como orador también eres genial.

  3. Sencillamente magistral. Una vez mas me quito el sombrero, y me arrodillo ante tu inmensa capacidad literaria, no sin antes lanzarte el envenenado dardo de la envidia que me das.
    Que bien escribes jodío.

  4. Gracias ohh mi Señor por ser tan condescendiente con estos pobres ignorantes e iluminarnos con la luz de vuestra infinita sabiduría…………………………

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