AL PUEBLO INGRATO-(Contestación 2ª)

Yo soy votante rústico, rural, del pueblo. Voy a contestar por escrito a su proclama, aunque a mí me parece que méritos han hecho para hacerlo con la garrota. La garrota la tengo inactiva desde hace no sé cuánto tiempo y ya se nota, ya, que se me ha perdido el respeto y se me vapulea sin miedo alguno ni precaución. Ahora, en estos tiempos que corren, está mal visto que un aldeano como el que escribe se llame a la garrota para evitar insolencias, faltas de respeto e indecencias como las que ustedes cometen. Otra cosa sería si no tuviera yo los ochenta años que tengo, que tendría la garrota bailando de unas costillas a las siguientes de tanto cabrón como ha medrado en este sin dios que tienen ustedes en marcha. Así, con la garrota activa, no vendrían ustedes por aquí tan ufanos y complacientes, con promesas tan estupendas como falsas cuando quieren el voto, ni tendrían el descaro de dar lección y consejo a quienes han demostrado con largueza ser más trabajadores, más honrados, más solidarios y menos codiciosos que esa ralea suya. Bien se ve que vienen ustedes de familia licenciosa y corrompida, que no supo darles los valores y principios que nos piden a nosotros. Que si su padre hubiera tenido la garrota más a mano no habrían salido ustedes tan desmemoriados, fulleros y de manos largas.
La cosa tiene mala solución, porque han extendido ustedes la podredumbre hasta los mismos cimientos de esos partidos suyos, que no son otra cosa que criadero de tiralevitas con ganas de tocar pelo y engordar en vanidad. Hasta las gentes de pueblo, como yo, han sucumbido a esa peste suya que convierte la codicia y el servilismo en virtudes rentables. Ahora la boina está mal vista, a no ser que la lleve un artista de esos que medran y comen a la sombra de ustedes. La boina es cosa rural y con mala prensa, la prensa que ustedes, los del traje y la corbata, se han encargado de darle. También los currelas son cosa vulgar, sin estilo ni cultura. Gente bruta que no aprecia el auténtico sentido de los tiempos modernos que vivimos, que no está preparada para tomar las riendas más allá de soltar el voto, que necesitan la tutela y el gobierno de ustedes. Ahí arriba, en el gobierno, han olvidado que la boina y los currelas son los que han pagado esos trajes caros con los que se disfrazan ustedes, esos autos lujosos en los que se saltan los semáforos, esos despachos fresquitos en verano y calentitos en invierno, esos sillones de buen cuero donde restriegan sus culos, las carreras universitarias de postín que sus hijos estudian en Canadá, los trenes de altas velocidades con los que favorecen a sus amigos, las buenas carreteras que cuestan diez veces más para cubrir sus vicios, la sanidad pública que apechuga con sus clínicas privadas, y hasta el marisco, las putas y todos esos vicios a los que se han acostumbrado y que pagan con nuestros dineros.
Yo, seguramente porque soy rústico y me aprieta la boina, me inclino a pensar que a ustedes les está haciendo falta una buena dosis de garrota, para que tengan en la memoria lo mucho que a sus paisanos nos ha costado sacar adelante un país tan lleno de ansiosos, ladrones y fulleros, para que sus madres no se avergüencen de haberlos traído al mundo y nosotros no tengamos que acordarnos de ellas con tanta frecuencia, para que les quede algo de decencia y esperanza a los que vienen detrás, para que los de su ralea mantengan las manitas bien lejos de la bolsa común y dejen de ver como normal el zampar a puñados. Un buen repaso de garrota, sin excesos, lo justo. Para que se vayan calentitos a dormir y se les quiten las ganas de medrar tan sin decoro y esa risita putera con que nos obsequian desde su púlpito. Pero, como digo, soy paisano rústico, tosco, sin estudios, no tuve la suerte de pasar por una universidad en la que suavizaran este afán mío por la garrota.
Haya salud y suerte

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