EL CERO ABSOLUTO

EL CERO ABSOLUTO
Así es como me siento yo a veces, en la obra y fuera de ella, como un cero. Cada día me acerco más a la definición del cero absoluto. Últimamente, con demasiada frecuencia para mi gusto, me siento cero. ¿No lo habéis sentido vosotros alguna vez? Que hablas y no se te escucha. Que tu opinión y preferencias pasan desapercibidas a los otros, a los que te rodean, no se tienen en cuenta. Que siempre estás haciendo lo que apetece a otro, lo que se espera de ti.
La vida es cuestión de prioridades. Prioridades por todos los sitios pero ¿Cuándo las marco yo? ¿A mí, cuándo me toca?
Creo que si esto sigue así, en cualquier momento, desaparezco. Involuciono hacia mis propios adentros y me sumo a la nada que gobierna en la total falta de materia del cero. En este caso más bien me resto.
Pondré un ejemplo: Un día cualquiera, fin de semana, ya puestos a imaginar, que no sea laboral. A pesar de esto, el día se te va en conversaciones en las que nadie te escucha, en labores y faenas “obligatorias”, en prioridades. Si vas al mercado, las señoras, mucho más curtidas que tú en estos lances, te saltan el turno. En la pescadería más de lo mismo, te ignoran, no te ven, eres un mueble y apenas se te escucha hasta que alzas la voz, y entonces ya eres algo desagradable. Un cafetito, tomaremos un cafetito.-La leche muy, muy caliente por favor. Nada, ni caso, la leche fría. Si lo pides -solo templado por favor. ¡Hirviendo! Te lo dan hirviendo. ¿Es que no se me oye? Y tú empiezas a sentir esa extraña sensación de perder entidad, masa, o lo que sea que te diferencia del cero. El cero empieza a engullírsete. Pero llega por fin el anochecer, la puesta de sol maravillosa que no puedes ver, porque estás ocupado en ese momento con una prioridad en el sótano que se llama colada. Puesta de sol hay todos los días. Colada, solo los sábados. No pasa nada porque hoy tengo previsto, después de cenar, sentarme bien repanchigado en mi sofá y tragarme una película enterita, o un libro, o escuchar un disco. Es igual, lo que sea. Es una prioridad de las mías. Ya la cosa no empieza bien, porque no se cena lo que yo quiero. Hay otros gustos, otras opiniones, otras personas que tienen más poder de persuasión que yo, o son pequeñitos a los que nada cuesta complacer, o son grandes con mejor criterio que el mío, o mandan más que yo, o tienen mucho peor carácter que yo, o no se parecen tanto al cero absoluto como yo. Al final, el cero, también cena. Ahora sí, ahora toca esa pequeña prioridad, esa película que quieres ver desde hace dos meses. Bueno, todavía no. Hay que fregar. Y barrer la cocina. Mientras y tanto se charla un poquito. ¿De qué? De cualquier cosa, no importa, te sacan una conversación y cuando te has involucrado en ella, se van y te dejan hablando con los platos. Se te traga el cero hijo, se te está tragando. Por cierto, querido cero ¿tú te has duchado hoy? De acuerdo. La película puede esperar un poquito, hay que ducharse. ¿Y ese pitido que oigo??? El cero se ducha. El cero se seca. El cero se pone cremita. ¿Oigo un pitido? Me largo a ver la película. ¿Dónde crees que vas, cerito? Cierto, hay que limpiar el baño, la mampara, todo, no seamos guarros. Ahora ya sí, toca sofá. ¿Otra vez ese pitido? Sí, oigo un pitido, es la lavadora que ya ha terminado. Prioridad a la vista, la ropa no se puede quedar en el bombo mientras tú ves la película repanchigado en el sofá. Nos vamos a tender la ropa, cero. Por cierto, cero cenó pescado. Los deshechos están en la basura. Sería “prioritario” bajarla ahora mismo porque mañana ya será tarde. De paso, puedo aprovechar para sacar al perro. Cero no tiene perro.
El cero se me ha tragado, soy cero absoluto, No me veo en los espejos. En el cero absoluto no hay nada, nada.
Me voy a la cama, a dormir, a involucionarme hacia mis adentros.
¿No lo habéis sentido vosotros alguna vez?

2 pensamientos en “EL CERO ABSOLUTO

  1. Claro que lo he sentido, es la historia de mi vida, sobre todo desde que nacieron las niñas.
    Bueno, este cero debe ir a explicar las funciones del lenguaje a una de ellas y ayudar a aprender formas verbales a otra, aunque lo que me apetezca sea leer.
    Hasta pronto. Quizá mañana pueda robar otro minuto a alguna de las muchas obligaciones.

  2. No tengo la menor duda de que en la historia de nuestra vida todos, alguna vez, nos hemos sentido ceros absolutos. Cuántas veces en el trabajo te has dado cuenta de que si pareces, no voy a decir importante, sólo necesario, es porque sirves para conseguir unos objetivos superiores, pero lo que pienses o digas no tiene ninguna importancia para ellos salvo la descrita, como mucho consigues caer bien a un jefe y mal a dos compañeros (o viceversa, porque ambas cosas juntas son incompatibles). Eres un cero a la izquierda.
    Bien, como en la empresa no parece que se nos escuche o valore, nos vamos a casa a devolver a nuestro ego toda su energía, que aquí las cosas tienen ya otro orden. Pues tampoco, ahí sólo nos saluda el perro al entrar en casa y para que lo saques a hacer pipí, o la vecina para decirte que tiene una pequeña humedad, tú le explicas que no puede ser de tu casa, que cambiaste las cañerías ¿te escucha? no, ella sigue con su humedad como si hubieras mantenido un total hermetismo ¿No me digas que no es mejor meterte en la cama y no volver a levantarte en una semana?
    Ánimo chambombo que por esa situación pasamos de vez en cuando todos

Los comentarios están cerrados.