EL CONTABLE

EL CONTABLE. CAPÍTULO UNO.
Folio segundo
Yo era bien pequeño cuando Marina tuvo “el asunto”. Así era como le llamaban todos a Urbano cuando todavía no había nacido. Yo no soy familia de Marina, ni tengo con ella otra cosa que haber vivido en el mismo pueblo. Ni siquiera soy nacido en él, que yo era por entonces un nómada obligado. Yo viví en aquel pueblo como viví en otros muchos, porque mi padre se mudaba y nos mudaba a todos con él. Y yo cambiaba de escuela, tardaba mucho en hacer amigos nuevos, por eso me fijaba más en lo que decían los mayores, para impresionar después a otros niños con lo mucho que yo sabía de las cosas de los mayores.
Por eso cuento lo que escuchaba, sin entender muchas veces lo que querían decir, ni por qué se reían de cosas que a mí no me parecían nada graciosas. El caso es que durante una temporada, fuera dónde fuera, siempre salía la misma conversación, “el asunto” de Marina.
La señora Perpetua dijo por aquel entonces que Marina estaba triste y que si no se espabilaba, el niño le saldría mermado. Bueno, ella dijo mermao, pero a mí me había dicho el maestro que eso estaba mal dicho y que había que escribirlo incrustando la de, porque dos vocales juntas siempre traen problemas, siempre. Nunca sabes si hay que poner acento, ni cuál de ellas se lo lleva. Urbano, como decía la señora Perpetua, salió mermado, o sea, menudito y esmirriado, porque Marina estaba triste y “acambonada”. Yo sé que esta palabra no está en el diccionario, pero la señora Perpetua la dijo. Porque la señora Perpetua, igual que muchas personas de la comarca, decía palabras y más palabras que no estaban en el diccionario, pero tenían significado, como las que sí están. Significa acobardada.
La señora Perpetua era un bulto de ropa negra. La señora Perpetua no se vestía, se envolvía. Del cuerpo solo se le podía ver aquella cara arrugada como una manzana reineta, y dos ojos escondidos. Solo le quedaba un diente y siempre estaba fuera de la boca, como si también él quisiera marcharse como habían hecho los demás. Pero la señora Perpetua era la enciclopedia del pueblo. Lo sabía todo. El tiempo, las enfermedades de los hombres y de las bestias, los remedios, las recetas de cocina y todo lo que le preguntaban los vecinos. Todo menos el nombre del que le había preparado “el asunto” a Marina. La señora Perpetua fue la culpable de que Marina le pusiera al niño el nombre de su difunto marido, Urbano.

Un pensamiento en “EL CONTABLE

  1. Pero bueno!!! Seguimos así? Yo a este paso no voy a poder soportar la espera. Aunque sólo sea para controlar la inquietud y desazón ¿cuántas hojas va a llevar el capítulo uno?¿hay más capítulos? ¿en cuál se descubre al padre del asunto? ¿por qué letrita empieza?
    Que para mi es el cura…

Los comentarios están cerrados.