EL OSO LAMETONES. (obsequio navideño)

No sé cuantos sois los que me leéis asiduamente, pero supongo que, como Doc, algo de lobo tendréis. Yo quiero desde aquí, desde la libreta eléctrica, imbuido por este ambiente navideño, olvidarme de las ovejas y regalaros un cuento que escribí una vez para una personita a la que quiero, también cuando no es navidad. Es el cuento del Oso Lametones. Un cuento infantil escrito para los mayores, porque lo que se cuenta aquí, los niños no lo han olvidado.
Érase una vez, allá en la lejana sierra, un oso viejo y amable al que todos sus vecinos le llamaban Lametones. Se había ganado ese nombre por su exceso de cariño, por lamer a todo aquel que en su camino encontraba, queriéndole así mostrar cuanto afecto le tenía, a todas las criaturas, aquel oso tan amable. Afición tan excesiva conseguía que sus vecinos intentaran no toparse, con demasiada frecuencia, con el viejo Lametones, porque, sin mediar palabra, mostraba su cariño lamiendo de arriba abajo a quien tuviera delante. Era esta la razón por la que, las más de las veces, andaba sin compañía, dormitando bajo un roble, disfrutando largas siestas que nadie le interrumpía.
No muy lejos de aquel roble donde dormía Lametones, andaba un joven conejo corriendo arriba y abajo, buscando entre la maleza alguna ganancia o fruto que llevarse a la barriga. Tan alegre y distraído no se dio cuenta el conejo de que metía la cabeza en un traicionero lazo, que es trampa y bellaquería que solo al hombre interesa. Con gran desesperación y por sacar la cabeza hizo más de mil intentos, pero tan grandes orejas hacían inútil su esfuerzo y acabaron por dejarlo exhausto y casi sin fuerzas. Llorando su desgracia estaba cuando llegó hasta él la raposa que, viendo su situación, hizo por ayudarlo. Intentó morder el cable con sus afilados dientes, pero el cable no cedía por más que ella lo intentaba. Pasó entonces la cigüeña y quiso librar al joven dando golpes con su pico, que es muy fuerte y afilado, pero tampoco hubo forma de que se rompiera el lazo. Llegó también una cabra que tirando con sus cuernos tampoco pudo salvarlo. De todas partes del bosque iban llegando vecinos, cada cual como podía intentaba liberarlo, pero el lazo no cedía y ya ninguno sabía cómo librar al conejo de tan grave situación.
Se despertó Lametones oyendo aquel alboroto que sus vecinos traían y allá se fue monte abajo en busca de las razones de tan extraña reunión. Así que llegó al lugar, ya todos le iban contando la angustiosa situación, haciéndole mil preguntas sobre cómo podría él librar al pobre conejo.
-Pobrecita criatura- Le dijo al joven conejo mientras, fiel a su costumbre, le lamía todo el cuerpo. Estando el conejo preso pudo el oso lamerlo todo cuanto quería.- Pobrecita criatura- Lametones repetía.
Así, de tanto lamer, quedó el conejo empapado y, de puro resbaladizo, se escurrió del prieto lazo. Desde entonces, y hasta hoy, fue Lametones un héroe al que ya nadie esquivaba, porque a todos hizo ver que, en la más cruel situación, es bálsamo y salvación que quien te quiere te lama.
Haya salud y suerte, majos.

3 pensamientos en “EL OSO LAMETONES. (obsequio navideño)

  1. Que bonito cuento y que gran moraleja. Gracias por el regalo, por acordarte de tus lectores tambien en estas fechas. Se lo leeré a mis niños esta noche.

  2. Me parece un precioso regalo, no es necesario decir más
    ¿Podremos tener más cuentos?

  3. Hola soy Aitor yo creo que ya me lo habías contado pero me lo he vuelto a

    leer.

    Ha sido muy bonito!

    Ha sido un buen regalo. Muchas gracias por el cuento!!!!!.

    Podrias hacer mas para contarlos.

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