VACACIONES VII

Aquí, en el taxi, yo ya no soy capitán ni nada. He perdido mi rango, mi barco y la autoridad que se me suponía. En media hora, el taxi, nos deja en la oficina de la base. En la puerta de la oficina porque, como nos habían anticipado, está cerrada. Descargamos nuestros bártulos y los llevamos a nuestros respectivos vehículos. Mientras llega la tarde francesa nosotros nos tomamos un tente en pie para ganar energías, que seguramente nos harán falta. A las catorce horas abandonamos el aparcamiento-comedor y volvemos a la oficina. Ya está abierta. La muchacha que habla español no está, a estas horas estará dando cristiana sepultura a la parte de su amigo que no se comió el tiburón. Las negociaciones se llevarán a cabo contra un empleado que habla inglés, por lo que nuestra voz es ahora Blanca. Dicho y hecho, la negociación ha empezado. Hablan y hablan sin parar. Elvira, Txugui y yo seguimos atentamente esta conversación de la que no entendemos nada, aunque se ve claramente que Blanca ataca y el franchute defiende. La cosa se alarga. Mi contramaestre, que aquí en tierra ya no lo es, dice que lo acompañe hasta el aparcamiento, que tiene que hacer no sé qué cosa. Lo acompaño. Lo que tiene que hacer en el coche es un gin tonic. Los coches están al sol, yo no sé cómo puede beberse eso, porque la tónica hierve en el bote, pero mi contramaestre es un tipo bien duro y curtido que no se amilana por naderías como esta. Volvemos a la oficina. La cosa no parece ir muy bien porque Blanca está hablando un inglés furibundo. Yo no entiendo nada de lo que dice pero, viendo sus gestos y ademanes, podría traducirlo fácilmente. No sé si esto en inglés es normal pero la lengua de Blanca empieza a correr peligro, este idioma hablado con tanta intensidad y frenesí somete a la lengua a posturas, torsiones, chasquidos y estiramientos indescriptibles. ¡Qué barbaridad! La energía que está consumiendo esa lengua. Los ademanes son cada vez más ostentosos y el volumen más alto, juraría que acabo de ver a Blanca lanzar una patada estilo Bruce Lee. Supongo que la sopa de tónica que me dio Txugui me hace ver alucinaciones. Menos mal que yo no le puse ginebra.
Mientras pasa todo esto, media docena de clientes espera su turno a distancia prudencial. Es posible que tampoco ellos entiendan el inglés pero, aunque Blanca hablara en camboyano, percibirían que es peligroso acercarse. La discusión, porque esto ya no es negociación, sigue aumentando de nivel y, si esto sigue así, pronto alcanzaremos el nivel combate, y no me extrañaría que alguien acabara este maravilloso crucero fluvial pernoctando en los calabozos de la gendarmería francesa. Que también sería una opción porque, que yo sepa, no tenemos hotel para esta noche. Hablan los dos a la vez y cada vez más deprisa, y el inglés si lo hablas muy deprisa escupes. El franchute de la oficina habla bien el inglés pero creo que no lo ha practicado tanto como Blanca y eso empieza a notarse. Debe de empezar a sentir agujetas en la lengua porque por cada veinte palabras de Blanca, él, a duras penas enchufa una. Ahora el franchute asiente y parpadea sin cesar, y yo no sé si es porque lo entiende todo o porque Blanca, hablando tan deprisa, le está llenando los ojos de perdigonadas.
A las catorce horas y cuarenta y cinco minutos el franchute empieza a hacer llamadas telefónicas. El nivel desciende de nuevo a negociación. Blanca se sienta, por fin, frente al franchute observándolo. Lo observa como un pit bull a una gallina. -¡Al primer movimiento en falso, te como!
Mientras, a dos metros de allí, Elvira sigue atendiendo llamadas sin descanso.
Llamada de la agencia – Que siguen buscando alternativas.
Llamada del mayorista – Que siguen en tratos con la naviera.
Llamada de la agencia – Que ha vuelto a marcar el número sin querer, perdón.
Llamada de una mujer con acento latinoamericano – Que tiene un estupendo regalo para Elvira
Elvira – Que no es momento este de estupideces.
Mujer desconocida – Que es un regalo estupendo que no puede despreciar.
Elvira – Que no quiero nada. Haga el favor de dejar la línea libre.
Mujer desconocida – Pero si aún no le he dicho de qué se trata.
Elvira –Déjeme en paz señorita.
Mujer desconocida – Pues usted se lo pierde, porque es un…
El Capitán – Mire usted, señora colombiana de los cojones. Le habla el capitán Nemo. Me acaban de hundir el Nautilus entre Popeye, una morsa amaestrada y cuatro franchutes. Tengo a mi tripulación con una mano delante y la otra detrás en país extraño. No quiero regalos, obsequios ni presentes. Lo único que quiero es una bomba atómica, si no la tiene, métase sus regalitos…
La mujer desconocida ya colgó.
A las quince horas y siete minutos la refriega llega a su fin. Tenemos dos noches de hotel en Cahors, a media hora de aquí, y un día de crucero fluvial gratuito como consolación a nuestra mala fortuna y su mucha negligencia.
El resto de la tarde lo pasamos visitando pueblos pintorescos de la comarca. Elvira sigue de telefonista. En las siguientes dos horas recibe alrededor de veinte llamadas, las atiende todas con exquisita educación y luego las comentamos. Somos cuatro, pero hay cinco opiniones distintas sobre lo que deberíamos, o no deberíamos, hacer. Esto no me gusta, yo opino que tendríamos que subir al coche y largarnos de aquí inmediatamente, hoy, ahora. Poner tierra de por medio y alejarnos cuanto antes del bucle. No se me escucha, porque ya no soy capitán.
A las seis de la tarde estamos agotados. Nos vamos a Cahors. Una ducha, una cena en tierra firme y a soñar con los angelitos. Por un momento parecía que el bucle perdía intensidad, pero solo lo parecía.
11 de agosto de 2011-
Amanece un precioso día francés. Desayunamos en Cahors y nos dirigimos a la base. A por el barquito de cuatro plazas, con un camarote en proa, que nos proporciona la naviera para nuestro tour de consolación. Pasamos el día en el barco, río arriba, pasando esclusas y contemplando el bonito paisaje. Es divertido, lo pasamos bien, pero el ambiente marinero se ha esfumado. El espacio es reducido, mi contramaestre no tiene sus cañas, aunque sí se ha traído su generosa provisión de cerveza, Elvira parece relajada y ahora es Blanca la que, a base de teléfono, intenta resolver un problema con su banco en España. Yo ya no soy capitán de nadie. En el barco reina la anarquía y una extraña sensación de incertidumbre. No sé los demás, pero yo sigo oliendo a bucle por todas partes. A las seis horas regresamos a la base y entregamos el barco. El franchute que habla inglés se acerca a Blanca y le comenta algo. Blanca pasa de cero a cien en un pestañeo. Ya estamos otra vez como ayer. El jefe, el que estaba de vacaciones, ha decidido que las dos noches que nos habían ofrecido se van a quedar en una sola. Es decir, que esta noche, si queremos dormir a cubierto será en el coche. O nos volvemos a España del tirón. Blanca les está llamando cosas feas pero como es en inglés no se nota. Txugui dice, en español, que si le conseguimos una pistola a Blanca esto se resuelve en dos minutos. Elvira coge el teléfono y se pone en funcionamiento Llamada a la agencia y otra vez al carrusel telefónico. A las siete horas la agencia de Elvira nos consigue habitación, en pleno agosto, a cien metros del hotel donde dormimos la noche anterior. Allá nos vamos, a cambiar las maletas cien metros más al norte.

3 pensamientos en “VACACIONES VII

  1. Porque no teníais permiso de armas porque sino os hubieramos visto en la prensa y televisión:” Dos parejas la emprenden a tiros con los responsables de una naviera “;ellos insisten en que el culpable es el bucle.

  2. Pareciera que la licencia poética del autor tiene algo que ver con los acontecimientos descritos, pero tal vez todo fuera el bucle, ¿o no?

    ¿Y si el propósito del bucle hubiera sido devolvernos las entradas de la libreta eléctrica a los que tanto las echábamos de menos?

  3. No sé cómo nos pueden quedar ganas de volver a intentar un viaje en barco. Con lo bien que se pintaba y el montón de cosas que todos pensábamos hacer!!

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