VACACIONES VIII

11 DE AGOSTO DE 2011.
De camino al hotel, Elvira recibe otra llamada de la agencia. Nos han conseguido tres noches en Burdeos, en un buen hotel, para que no nos tengamos que volver a España con este mal sabor de boca, lo que a estas alturas de agosto es casi un milagro. Nos las regalan. Es un detalle que tienen con Elvira, porque estoy seguro de que a mí no me hubieran compensado con nada, me habrían devuelto el dinero del crucero y santas pascuas. Y eso que yo era el capitán del Flor de Planyol. Llegamos al hotel, donde tenemos las maletas, discutiendo las posibilidades de la oferta. Tenemos que cambiarnos al nuevo, donde pasaremos esta noche. Tiene piscina, así es que el plan es cambiar las maletas, darse un buen baño nada más llegar, una ducha y bien relajaditos a cenar algo en Cahors. Mañana rumbo a Burdeos. Este era el plan que teníamos nosotros. Este que voy a contar es el plan que, para nosotros, tenía el bucle.
Llegamos al hotel para recoger las maletas y llevárnoslas al nuevo. Bajamos del coche. Elvira y yo nos acercamos a nuestro coche, que habíamos dejado aparcado aquí, en el hotel, para dejar algunas cosas. Son casi las ocho, la tarde es hermosa y aún hace calor. Por fin tenemos un plan para los próximos cuatro días, todo un lujo después de tanto sobresalto y tanta llamada. Esta sensación hace que nos sintamos algo más relajados. Con la guardia baja. Blanca, que está hurgando en el maletero, dice que algunas de nuestras cosas siguen en su coche. Yo digo que ya las cambiaremos en el otro hotel. Txugui dice que se va a pegar un baño de tres pares cuando lleguemos. Elvira, mi reina, que está cansada, que ya está harta de llamadas, harta de posibilidades, harta de vacaciones, de maletas, de coches, harta del capitán y solo quiere relajarse un poquito, se acerca hasta el coche, a recoger lo que sea que se ha quedado en él. El portón trasero no está abierto del todo, está un poco bajo. Elvira lo abre del todo de un cabezazo como yo no he visto otro en toda mi vida. ¡MADRE DE DIOS! ¡QUÉ COSCORRÓN! Yo corro a consolarla, Txugui corre a consolarla, Blanca ya está consolándola. Intentamos gastarle alguna broma para quitar importancia a la embestida pero Elvira no la entiende, no la escucha, no le hace gracia, acaba de perder el conocimiento. La echamos en el suelo, no respira, yo tampoco respiro, tengo un susto en el cuerpo que no me deja respirar. Es el ojo del bucle, estamos atravesando el mismísimo vórtice del bucle. Se puede sentir. Es angustia, miedo, susto, impotencia. Maldita sea su estirpe. Ahora mismo podría destrozar a puñetazos toda Francia, Bélgica, los Países Bajos y la parte más septentrional de Alemania. ¡Una ambulancia!
Durante un par de minutos Elvira no está con nosotros, yo creo que está en el ojo del bucle, intentando desconectarlo de una vez. Cuando vuelve no sabe lo que ha pasado, pero le duele mucho la cabeza. Por una vez los franchutes actúan con diligencia. En diez minutos llega una ambulancia llenita de ellos. Así que aquí estamos ahora mi reina y yo. A bordo de una ambulancia francesa, camino de un hospital francés. Nada de piscina y baño relajante, nada de ducha reconstituyente, nada de cena turística en Cahors. A cambio, el bucle nos ha regalado un paseo turístico sanitario por las calles de Cahors al son de una sirena. Cuando llegamos al hospital las constantes vitales de mi reina son perfectas. El examen médico y las pruebas realizadas en la ambulancia dicen que está perfectamente. De momento no es necesario realizar otras pruebas, pero tendrá que quedarse en observación, al menos durante dos horas. Nos quedamos en uno de los receptáculos de observación, a esperar. Salgo un momento para informar a Blanca y Txugui de que todo va bien, dentro de lo que acostumbramos, y que en cuanto podamos nos largamos de aquí. Ellos se quedan fuera, esperando y bebiendo agua.
Mi reina, cuando está grogi, es muy obediente y tranquila, pero cuando se le pasa empieza a dar guerra. Es como los tiburones, que si dejan de nadar se van al fondo.
-Yo ya estoy bien. – Vete y pregunta a ver si me puedo marchar ya.
Yo voy y pregunto. Que no, que tienes que esperarte.
-Pues yo no voy a estar aquí tumbada dos horas cuando ya veo yo que estoy perfectamente. Además quiero hacer pis. Pregunta a ver si puedo levantarme al baño.
Yo voy y pregunto. Que ahora viene la enfermera. La enfermera dice que nada de levantarse. Que haga pipi en la chata.
-Yo creo que me voy a levantar porque estoy perfectamente. Y si sigo aquí nos quedamos sin cenar.
Como Elvira ya no para quieta, le comunico a la enfermera que nos vamos. Dice que Elvira tendrá que firmar que se va por su cuenta y riesgo y nos da unas instrucciones. Como el golpe ha sido en la cabeza tengo que estar atento y vigilante, por si se produce algún cambio notable en su conducta o se marease en las próximas horas o días. He de estar atento por si actuara o hablase de manera incongruente. Yo le digo que esto ya lo hacía antes del cabezazo, pero no se me hace caso. A las nueve horas abandonamos el hospital por nuestro propio pie y nos reunimos con Blanca y Txugui. Nos vamos al hotel, cambiamos las maletas, nos damos una ducha y nos vamos a ver si alguien en algún sitio nos quiere dar de cenar. Que aquí, en Francia, cenar a las diez de la noche es casi un desayuno. Cenamos en Cahors, en un restaurante, el que sea. El cabezazo se lo dio Elvira pero estamos todos tan aturdidos como ella. Es como si los cabezazos franceses fueran contagiosos.
Pasamos la noche en Cahors y a la mañana siguiente, 12 de agosto de 2011, salimos temprano hacia Burdeos. Estuvimos tres días en Burdeos, deambulando por sus calles como turistas, pero no lo éramos. Éramos cuatro aturdidos supervivientes de un bucle. Aún en Burdeos sufrimos sus últimos coletazos. Yo perdí mi gorra favorita, traída directamente de Chicago para ir a dar con sus huesos en algún tugurio de Burdeos. Txugui perdió su jersey de marino misteriosamente. No sé cuando dejo el bucle de manejar nuestra realidad. No he querido escribir esto hasta que no me he sentido a salvo de él. Ni siquiera ahora estoy seguro de estarlo. Haya para todos salud y suerte.

3 pensamientos en “VACACIONES VIII

  1. Pero éso no puede ser…. Me alegro de que hayais salido ya del bucle, pero no de que se os hayan acabado esas tan entretenidas vacaciones.Queremos saber muchas más cosas: ¿Qué tal por Burdeos?,luego ¿dónde fuisteis?,¿la dejaron a Elvira medicada de por vida después del traumatismo craneoencefálico?,¿sigue existiendo el Flor de Planyol?….Me tienes en áscuas.

  2. Después de tanto tiempo sin que escribieses en tu libreta eléctrica, me encuentro con los capítulos de tus vacaciones y … ha sido fabuloso porque necesitaba reírme con ganas. ¿Seguro que fuisteis a Francia o al triángulo de las Bermudas? ¡Ojalá lleguen pronto las próximas vaciones! Pero esta vez sin hospitales, eh?

  3. Muy buen trabajo Carlos, no sólo como capitán, sino como responsable del cuaderno de bitácora. No se te podía pedir más que traerlos a todos vivos de vuelta y eso lo conseguiste pero por favor no se te ocurra intentarlo en el mar, ahí las orillas están mucho más lejos.
    Un abrazo.

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