REGRESO AL PASADO

Cuando yo tenía ocho años, hoy tengo cincuenta, España aún no había despegado. Esta letanía la vengo escuchando, de bocas agradecidas y progres de academia, los últimos veinte años. Yo, mientras tanto, permanecía en silencio, rumiando a solas, con la filosofía de boina que heredé de mi abuelo, el negro vuelo que le adivinaba yo a tan estupendo despegue.
Cuando yo tenía ocho años, en mi pueblo había un sastre. Había también un peluquero. Fotógrafo también teníamos, y oficina de correos, y dos taxistas, un gestor, tres bares, salón de baile, dos tiendas, un taller mecánico, herrero, carpintero, electricista, escuela con dos maestros, cura, médico con su consulta, practicante, coche de línea tres veces al día, mercado el quince de cada mes y un cine. Miseria de la España profunda aún por despegar.
Entonces llegó el famoso despegue y se llevó con él todo lo que aquel rural entorno prometía. A cambio, aterrizó en el pueblo el progreso. El progreso es un ente de apetito voraz y estómago insaciable. Así, sin descanso, devoró el progreso al sastre, al peluquero y al gestor, al fotógrafo y al taxista. Cerró bares y cantinas, talleres, tiendas y consultas y dejó el pueblo en manos de grandes superficies, estupendos profesionales y políticos visionarios, todos ellos lejos, muy lejos de mi pequeño pueblo. Con el tiempo y la ayuda de gobernantes vividores y filibusteros aquel despegue tan tremebundo, que tanta maravilla prometía y del que yo tanto desconfiaba, consumió más combustible del conveniente y lo que prometía elegante vuelo acabó en caída de barriga.
Hoy, con los cincuenta años ya dichos, mi pueblo, gracias al progreso y al despegue, no tiene tienda, ni taller. No tiene médico cercano que atienda nuestras urgencias. No tiene practicante, ni gestor, ni peluquero. No tiene oficina de correos ni de ninguna otra cosa. No tiene cine en ochenta km a la redonda, ni mercado, ni taxista. Nos han quitado el coche de línea y nos van a quitar el único tren que nos une con la capital, donde hemos de acudir, “por obligación”, a resolver nuestros asuntos, a comprar nuestros alimentos. Quitarán el tren de cercanías, el de alta velocidad no, ese les hace falta a los tiralevitas, ese no para en estaciones rurales a recoger pobres. Hoy mi pueblo no tiene nada, no tiene gobernantes ni gestores que miren por él, no tiene nada que ofrecer a estos “busca –tajadas”. Aún así, todos pagamos nuestros impuestos y nuestras multas, que a eso si se acerca la administración. Dice mi madre que ella nunca creyó que vería un día lo que está viendo.
Estamos pensando, los pocos aldeanos que aquí quedamos, que andan los catalanes queriendo que España se olvide de ellos, y nosotros ya lo hemos conseguido, sin disputas ni consultas. Que nos han olvidado sin más. Ganas nos dan de colocar alambrada, cortar dos carreteras y listo, independencia total. Para que no puedan acercarse a recoger nuestros dineros, que eso si les interesa y engorda. Además, que andamos ahora con las matanzas y esas cosas rurales y primitivas, y lo que sobran aquí son cerdos.
Haya salud y suerte.

3 pensamientos en “REGRESO AL PASADO

  1. Por Dios, y yo que he estado haciendo todos estos días, que no sabía que habías vuelto a la libreta….Te echábamos de menos!!!!

  2. ¡¡Volviste!! y como siempre dando en el clavo. No puedo estar más de acuerdo contigo. Un abrazo desde Asturias.

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