REFLEXIONES NAVIDEÑAS II (CARTA A LOS REYES MAGOS)

Queridos Reyes Magos:
Soy un niño de cincuenta y ocho años y hace ahora cincuenta que dejé de escribirles. Dejé de hacerlo porque en la escuela me enteré por otros niños mayores de que lo suyo era todo una patraña. Me enteré en el kiosco al que acudíamos a fumar mientras las inocentes criaturas de nuestra misma edad seguían disfrutando del recreo allá en el patio y creyéndose a pies juntillas que entraban ustedes por la ventana con camellos y todo. Me lo dijo Balboa, que ya por aquel entonces apuntaba maneras y falta de piedad. No empatizaba, que dirían ahora. El caso es que me enteré y dejé de escribir esas cartas que nunca llegarían a parte alguna. Aunque bien pensado nunca agradecí a Balboa que fuera tan honesto conmigo, cruel sí, pero honesto a carta cabal, porque él pensaba que con unos hombrecitos como nosotros, que arriesgábamos reputación y nalgas para fumar un pitillo a escondidas, no pegaba ya esa ignorancia ñoña. Cuando lo soltó allá en el kiosco, entre volutas de humo, lo dijo como si fuera una cosa sin importancia para que la importancia recayera toda en su persona. Se armó una buena trifulca porque alguno de los ignorantes no encajó la revelación como encajamos estas cosas los hombres bien templados. Yo, por el contrario, le di una larga chupada a mi cigarrillo, miré de soslayo a Balboa entrecerrando un ojo y dije lentamente, con parsimonia, como sin ganas, -Ya me lo temía, no me coges de nuevas, Balboa. Más tarde, cuando salí de la escuela, ya lloré camino de casa todo lo que quise, pero allí, en el kiosco, allí aguanté el tipo.
Entonces, se preguntarán sus majestades, si no crees en nosotros ¿por qué nos escribes?
Pues es que ahora vuelvo a creer. No me ha quedado otro remedio que volver a creer un montón de mentiras que ya tenía abandonadas. Me trago, cada día, una mentira detrás de otra, sin descanso. En la tele, en el periódico, en internet, en la puta sopa. Los que tienen sueldos, pensiones y privilegios de emperador piden más sacrificio y menos protesta. Dan lecciones de honradez los que meten la mano en el cajón y tragan a dos carrillos. Pregonan trabajo duro y sacrificio los vividores de coche oficial, profesionales de la comisión y la mordida. Hablan de bienestar, de derechos, de logros, metas, avances, éxitos, beneficios y recompensas los que las disfrutan y reparten. Piden respeto por la ley y la justicia los que la tienen comprada. Y todo me lo creo. Todo. Por eso me ha costado muy poco volver a creer en ustedes, los Reyes Magos de Oriente. Ha sido súper fácil, que diría mi prima la cursi.
Bueno, ahora voy con la parte de petición que me corresponde.

Queridos Reyes Magos:
Quiero un traje de político de la talla 54 para poder mentir, comer, viajar y follar a costa del erario público, tener pensión asegurada y todos esos privilegios sin importancia que mis votantes me otorgan con alegría y aplauso.
Instrucciones de entrega.
Dejaré la puerta de mi casa abierta para que no tengan ustedes que andar a sus años saltando por las ventanas ni corriendo riesgos innecesarios. Una vez en el pasillo, la segunda puerta de la derecha es el dormitorio de mi madre, ya es mayorcita la pobre y tiene el sueño ligero, entren despacito y con cuidado porque como despierten a mi madre salgo y los deslomo. Los camellos se dejan fuera, ataditos en la baranda del porche.
No busquen golosinas porque no voy a dejarles ninguna, que los he visto estos días en la tele y están ustedes algo más que fondones.
P. D.
A ver si una puta vez traen ustedes lo que les pido.

 

3 pensamientos en “REFLEXIONES NAVIDEÑAS II (CARTA A LOS REYES MAGOS)

  1. Que bueno, Chambombo!
    Yo no quiero que te lo dejen porque entonces igual te conviertes en uno de ellos( no lo creó)….pero nunca, nunca pierdas la ilusión.
    Un abrazo fuerte

  2. Para mí esta cartina ya es un regalo de los Reyes Magos. A ver si siguen las entradas en el 2016.

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