CARTA A DIOS

CARTA A DIOS
Hoy nos hemos puesto trascendentales en la obra. El día, que estaba oscuro y tristón, y nosotros, los tres, que no somos lo que se dice creyentes, nos hemos visto dándole vueltas al peliagudo asunto de si existe, o no existe, un Supremo Hacedor que todo lo gobierna. Que nosotros también somos, en cierta manera, creadores. También hacemos obra.
A simple vista, dice Fery, cuesta creer que alguien gobierne esta desgracia de planeta. Doc no tiene dudas, él está seguro, aquí no hay más Dios que el dinero y la única que gobierna y dispone, queramos o no, es la madre naturaleza, y el hombre, ser atolondrado y engreído, además de pagar a hacienda, pagará también muy cara su estupidez, y al final paga por aquí y paga por allí y siempre pagando. Yo digo que de religión no quiero ni hablar, si a alguien le sirve para algo que le aproveche, que muchos han llevado vida de lujo y relajo a su costa y otros, por ella, han soportado y soportan lo insoportable y nadie sabe si llegaron al premio que tan seguro tenían, pero, con su sacrificio y fe, dejaron aquí bien pagado el que otros disfrutan en vida. Además estas religiones, todas iguales, el sacrificio y la penitencia te lo cobran en vida, y la gloria y los premios para cuando te mueras.
Una cosa tenemos segura, por aquí, por la obra, nunca se le ha visto aunque, mentar, se le mienta. Y es que, después de las iglesias, donde más se nombra al Supremo Hacedor es en las obras, casi siempre apellidando una cagada, o para desafiarlo cuando alguna cuerda queda bien atada. (P.ej.-Esto no lo suelta ni Dios). Pero estas cosas, el Señor, si existe, no las tiene en cuenta, Él, creó al hombre a su imagen y semejanza pero a los albañiles nos hizo mucho más burros. Así están las cosas.
Por eso yo, terminada la faena, voy a escribirle una carta al mismísimo, aquí, en la libreta eléctrica. Nadie la tome a mal, que está escrita, como es notorio, público y manifiesto, desde el atrevimiento que da la ignorancia y el ayuno de instrucción que tengo por castigo.
Mejor dicho, que la tome a mal quien quiera hacerlo, que yo me escribo con quien me da la gana. (No podía dejar pasar esta oportunidad de mostrar cuán embrutecido e ignorante soy).
Carta a Dios:
Ha de perdonarme, el Supremo Hacedor, que no sepa yo encabezar esta carta como Dios, “usted mismo,” manda, ni en qué manera dirigirme a vos con el decoro y respeto que su figura merece, si es que mereciera alguno, que es bien difícil acertar la condición verdadera de aquel que solo de oídas conozco.
Dicen unos de su bondad infinita, de redención y perdones prometiendo paraíso, otros hacen amenaza con la ira del Señor, con el castigo divino pregonando cruel infierno y así no hay forma, ni manera, de llegar a conclusión. Así me veo yo aquí escribiendo en la total ignorancia de con quién abro correspondencia, de si he de esperar respuesta, o voy a recibir castigo. Como sea que el castigo, por lo que tengo vivido, ya lo llevo adelantado, no ha de hacerme desistir de decirle cuatro cosas, por si fuera cierto que existe y tuviera a bien leer lo que tiene que decir éste que, a imagen suya y semejanza, fue creado. Esperando pues se me perdone lo que arriba queda dicho, escribo ya despreocupado lo que no ha de tener perdón, ni quiero solicitarlo.
Si, como Dios todo poderoso creador de cielo y tierra, es usted autor del mundo, le alabo yo las maneras, que mejor y más hermoso no creo que nadie lo hiciera. Otra cosa bien distinta es el mantenimiento, que desde aquel día y hasta hoy deja bien que desear, no por defecto de obra o calidad material, que a todo se dio remate de primorosa manera, si no por haberlo dejado en manos, por voluntad suya de usted, de la más necia y nociva de todas las criaturas. Teniendo a su disposición todas ellas, bien errado anduvo a la hora de escoger la que habría de ser reina y señora de toda la creación, y siendo vos, como dicen que sois, señor todo poderoso, autor justo y perfecto de todo lo que es, no acierto yo a comprender esa pereza divina para ponerle remedio. No cabe pues la ignorancia para quien todo lo ve y en todas partes se halla.
Sepa el supremo hacedor que aquel caos que gobernaba, antes de obrar, ya casi lo tenemos de nuevo conseguido y en muchas partes superado. Por esto me atrevo yo a pedir humildemente que vuelva usted por el sitio, porque siendo la obra incalificable por la perfección y maravilla, bien merecía descansar el día séptimo, aún siendo obra de Dios, pero ya el descanso, por lo largo, le está igualando el calibre.
Pienso yo que, viendo tantísima crueldad de hombres matando hombres, de niños muriendo inocentes por no llegarles bocado, de seres exterminados por la codicia malsana de los que todo lo pueden, de mil y una bajezas que a este mundo le son propias, sería acaso que el soplido de vida y conocimiento que en las narices recibió de usted Adán, algún otro, por el uso que le está dando, pudo recibirlo en partes menos nobles. Pienso también, aunque suene irreverente, que puede usted mandarnos de nuevo, al igual que mandó a Cristo, otro Mesías que nos venga a redimir, que aquí ya todos estamos listos para volver a matarlo. Mejor que se viniera usted mismo con todo su gran poder, por ver si fuera posible el remedio, que no el perdón.
También quiero yo decir que si, como pregonan algunos, es este mundo una prueba por ganar otros mejores, al premio le pueden dar mierda.
Ruego sea la respuesta, si es que la hubiera, manuscrita o de viva voz, que pueda yo interpretarlas con la poca o mucha sabiduría que usted me dio, que los milagros, señales y gloriosas apariciones, cada uno los entiende como mejor le conviene y queriendo predicar amor, caridad y limosna, se convierten en mercadería y opulencia. Haya salud y suerte para usted que las reparte, aunque no las necesite.

2 pensamientos en “CARTA A DIOS

  1. Pues si no os importa avisadme a mi también por favor. Es por estar preparada y no hacer esperar a ni …., a nadie quería decir

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