LA BIBLIA DE LOS LOCOS SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO 3º

LAS TENTACIONES DE JESÚS.
“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al final tuvo hambre.”
Así, recién bautizado, sin tiempo ni para pensárselo, se ve Jesús en el desierto. Allí le anduvo el demonio buscando las vueltas al bueno de Jesús, pero nada pudo. Esto son cosas del Señor Dios. Llevar a su hijo amado, su predilecto, al desierto para ser tentado. Dice que después de cuarenta días de ayuno, al final tuvo hambre. Y ¿qué esperaba? Lo que no sé es como siguió hablándose con su padre después de cabronada semejante. Cuarenta días sin un triste saltamontes con miel que llevarse a la boca y seguir vivo, otro milagro. El Señor Dios tiene un camino, un estilo propio para componer sus designios. Le gustan estas cosas y no voy a llegar yo, dos mil años más tarde, a ponerlas en tela de juicio. Siempre le han gustado, desde el principio de los tiempos nos ha colocado episodios de este tipo, Él, o los que se apuntaron a escribir esto que tengo entre las manos. Por ejemplo: Le gusta el número cuarenta. Es más, yo diría que es su número favorito.
En el diluvio, ¿cuántos días estuvo lloviendo con las compuertas del cielo abiertas? Cuarenta, sí señor.
Moisés, ¿cuántos días estuvo con el Señor Dios sin bajar del monte Sinaí? Cuarenta, otra vez.
Israel, pueblo elegido, ¿Cuántos años vagó por el desierto comiéndose el maná famoso? Exactamente, cuarenta.
La mujer, según se dijo en este libro, después de dar a luz a un barón será impura por siete días y continuará purificando su sangre treinta y tres días más, que sumados a los siete anteriores nos da, ¿qué cifra? Cuarenta que te casco.
El ayuno de Jesús, ¿cuántos días nos ha durado? Cuarenta, justos y clavados.
Alí Babá, ¿de cuántos ladrones hablamos? Ni más ni menos que cuarenta. Ya sé, no tiene nada que ver con la biblia.
Son enigmas, números mágicos con mensajes cifrados, o descifrados, yo qué sé. El que tenga interés que indague sobre el número cuarenta, u otros que también aparecen con frecuencia en este libro. También es curioso cómo, a lo largo del mucho tiempo que transcurre en este sagrado libro, de los personajes que van y vienen con sus cuitas y gazapos, se nos cuentan sus ascendientes y descendientes, su concepción milagrosa o no, su edad, sus mujeres y concubinas, las cabras que tenían, de todo, sin embargo con el demonio, que sigue siendo el mismo de la primera página, en ningún caso se ha perdido un momento para darnos algún dato más sobre él. Solo que se ha pasado la historia toda maquinando tentaciones, que se le da bien, porque es hoy el día que las sigue fabricando y cada día de más calidad, más elaboradas. Que yo las he tenido y visto que ni contarlas puedo.
JESÚS LLEGA A GALILEA.
“Jesús, impulsado por el espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca.”
Impulsado por el espíritu. Dicho así, más que una paloma, parece que regresó a Galilea en una moto Vespa.
JESÚS, RECHAZADO EN NAZARET.
Aquí, en la sinagoga de Nazaret, fue donde Jesús empezó a decir verdades, con el peligro que acarrean estas cosas entre los judíos de la época. Esta fue la primera:
“Ningún profeta es bien recibido en su tierra”
La broma casi le cuesta la piel, que se lo llevaron a la cima del monte donde estaba edificada la ciudad con intención de despeñarlo, digo yo que por hacer cierta la máxima que tan alegremente había expuesto. Sin embargo la cosa se quedó en susto, porque dice el libro: “Pero Jesús pasó por en medio de todos y se fue” Esto podría considerarse el primero de sus milagros. Que la muchedumbre esta, famosa por su afición a las lapidaciones y masacres, se quede paralizada mientras el faltón se vuelve a su casa sin despeinarse, está muy cerca de lo milagroso. Muy cerca.
CURA A UN ENDEMONIADO.
Aquí el asunto ya se escapa al común entendimiento. Porque no sabemos lo que entonces entendían por endemoniado. Hoy en día este trabajo lo resuelven un montón de sicopedagogos y especialistas en trastornos antisociales de la conducta. Hay todo un arsenal de sabiondos, sabelotodo dispuestos a desmantelarle el cerebro y volvérselo a montar al primer síntoma del desgraciado. Un minucioso examen de su comportamiento lleva a estos especialistas a descubrir sin ningún género de duda la causa de las dolencias mentales del paciente. Así puede darse el caso de que todo provenga de vivencias o traumas de su infancia y juventud. Hay que tener mucho cuidado con los niños porque el día de mañana puedes tener en casa un monstruo sicópata. Por eso hoy en día se permite a los niños hacer cualquier estupidez que se les antoje, para que no se traumaticen y se conviertan en monstruos mañana, es mejor que sean monstruos ya, desde la infancia. Acabada la terapia uno se queda peor que cuando la empezó, pero con un montón de trucos, recursos y pastillas para que no se note. Nada que ver con un milagro.
JESÚS CURA A LA SUEGRA DE PEDRO Y A OTROS MUCHOS.
Lo mismo da que sean fiebres, que cualquier otra dolencia, que a todos imponía las manos y los sanaba. De ellos salía la enfermedad y los demonios si los hubiere, y en este caso es fácil que los hubiera por tratarse de una suegra, que todos sabemos cuán dados son los demonios a intervenir en ellas. Dice el libro que los demonios salían gritando:”Tú eres el hijo de Dios” y él los mandaba callar. Yo he visto casos en los que quien grita es directamente la suegra, sin demonios. Este hombre pasó a la historia por ser el hijo de Dios, que no es poca cosa, pero como médico también podría haber pasado. Ya no te digo si se hubiese dedicado a sacar demonios alojados en suegras. Yo tengo que reflexionar sobre este tema. Es increíble como esta intervención diabólica en las suegras se viene produciendo desde la antigüedad. ¿Por qué esta dolencia no se manifiesta en la mujer hasta que no se convierte en suegra? ¿O es que tienen un gen encubierto que se activa en cuanto se casa la descendencia? No sé. Tendré que investigarlo.
JESÚS RECORRE GALILEA.
“Debo anunciar también el reino de Dios a las demás ciudades, porque para esto he sido enviado. Y marchó a predicar en las sinagogas por toda galilea.”
Desde luego al que le toca en este libro llevar a cabo una misión, la que sea, lo mismo da como patriarca, que como profeta, que como mesías, ya puede preparar las sandalias, porque lo que es andar de un lugar a otro sin descanso, eso, lo tiene garantizado. Bien claro tenía Jesús que la campaña de propaganda era importante. Marketing lo llaman hoy.
JESÚS CURA A UN LEPROSO.
En cuestiones médicas no parece haber secretos para el Mesías. El los sana y ellos se marchan pregonando a voces el milagro, a pesar de que Jesús les pide que guarden silencio. Poco conocía Jesús al género humano si creía que después de sanar cómo sana, alguien se iba a quedar calladito. Sanar milagrosamente de una enfermedad y no poder airearlo a los cuatro vientos es peor que seguir enfermo. Así las cosas ya todo el mundo sabe de los prodigios y Jesús tiene que evitar las ciudades y tumultos.
“Andaba fuera de poblado, en lugares solitarios, y acudían a él de todas partes.”
CURA A UN PARALÍTICO.
Estando Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa, y se organizo un tumulto más que importante. Todos querían curación y consejo y ya no cabían. Entonces se presentaron cuatro trapecistas acompañando a un paralítico, pero no había manera de llegar al Mesías, así que ni cortos ni perezosos se subieron al tejado, hicieron un boquete donde estaba Jesús y por allí descolgaron al paralítico con su camilla. Jesús, viendo tanta fe le perdonó los pecados (yo creo que el paralítico venía a otra cosa). Podían haberse caído todos por el boquete abajo y entonces el milagro habría sido otro. Había entre la multitud allí reunida algunos maestros de la ley y se preguntaron:
” ¿Cómo habla así este? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”
No sé qué hacían en casa de Jesús estos señores con tantas ganas de pleito. Jesús, para que vieran que el hijo de Dios tiene poder para eso y para más, curó al paralítico, que salió de allí por su propio pie(a esto es a lo que venía el paralítico, creo yo), limpio de pecado y más contento que unas pascuas. No sabemos qué fue de la camilla ni quién reparó el agujero del tejado, porque en estas reuniones y jaranas, cuando se acaban, la gente se va cada uno a su casita y nadie quiere saber nada de los desperfectos causados.

LA BIBLIA DE LOS LOCOS SEGUNDA PARTE.

CAPÍTULO 2º

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS.
“Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella…”
Esto se lo preguntaron al mismísimo rey Herodes. No sé qué tipo de estrella o señal usaban estos magos de pacotilla, que en lugar de llevarlos directamente hasta el niño les hizo dar de morros con Herodes. Tampoco dice en ningún sitio que fueran tres, ni que fueran reyes, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, y desde luego nada de que Baltasar fuese negro. Solo se habla aquí de magos de oriente. Investigando sobre este asunto he encontrado algunas explicaciones pero, lo que es en la Biblia, no lo dice en ninguna parte. Yo, después de mucho consultar, he decidido escribir aquí la más fiable a mi modo de ver. Le pregunté a un consumado experto sobre el tema. Mi sobrino, seis años tiene. Dice que, efectivamente, los reyes magos son tres. Se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar. Baltasar es negrito. Viajan en camello y cualquiera puede comprobarlo cada año por navidad por muy palurdo que sea.
Yo con esto de los tres reyes magos me he llevado una gran decepción. Menuda patraña. Con la cantidad de golosinas, agua para los camellos y zapatillas que se han puesto en miles de hogares y resulta que en La Biblia ni se menciona a estos tres. No solo se ha engañado a los niños haciéndoles creer que volvían cada año con regalitos, se nos ha engañado a todos. Todos los padres del mundo haciéndoles el trabajo y ganando para ellos una estupenda reputación, y no existieron nunca. Nunca. NUNCA.
Bueno, pues como esta es La Biblia de los Locos, voy a explicar yo cómo es que sí existieron. Los reyes magos eran tres vendedores de enciclopedias puerta a puerta. No eran magos pero como se daba el caso de que el noventa por ciento de las enciclopedias que vendían, se las vendían a gente que no sabía leer, hoy sigue pasando, pues la gente pensaba que algo de magos tenían que tener. Además vendían mucho y por eso aunque no eran reyes vivían como tales. Entonces fue que llegaron al portal de Belén porque se enteraron por unos pastores. Los pastores como todos sabemos se pasan mucho tiempo en soledad, sin otra cosa que hacer que ojear todo lo que cae en sus manos, y aunque muchos no supieran leer, se distraían mirando los santos (ilustraciones), por eso compraban enciclopedias y trataban con estos vendedores. Los pastores eran los únicos que sabían lo del niño Jesús y las profecías y así fue como los tres vendedores acabaron en el portal de Belén, porque allí había tumulto y personal al que endilgarle otra enciclopedia. Baltasá no era negro, Baltasá(la erre se la pusieron después) era el encargado de atizar la lumbre y atender el fogón allí donde acampaban, por eso andaba tiznado todo el día. Eso se puede ver también en nuestros días, que en muchas de las cabalgatas se ve claramente que Baltasar no es negro, que va tiznado. En el portal de Belén vendieron mucha mercancía porque entre pastores, curiosos y creyentes se juntó una muchedumbre toda la noche. En atención a aquella humilde familia, que soportaba tanto ajetreo con paciencia y amabilidad, le dejaron al niño un montón de regalos además de una edición especial de la “Enciclopedia del Saber de Todo lo Habido y lo por Haber” encuadernada en piel de camello palestino. Cuando se dio por terminada la celebración y bienvenida, al amanecer, y fueron a emprender de nuevo viaje comprobaron que les faltaban dos de los tres camellos, por eso, desde entonces, vienen a traer regalos y presentes, pero clandestinamente, sin público.
LA HUIDA A EGIPTO. MATANZA DE LOS INOCENTES Y REGRESO A NAZARET.
Al igual que en el antiguo testamento, la vida de los elegidos, profetas, jueces o mesías, tiene un principio y condición ineludible, la huida. El Señor Dios se aparece en sueños a José para que pongan tierra de por medio. A Herodes, rey con un amplísimo historial de crueldades y salvajismo, le ha parecido muy mal que los magos de oriente no le dieran aviso del lugar en que había nacido el rey de los judíos. Así es que todos los niños de la comarca que tengan menos de dos años, que se olviden de cumplir más. Vamos a degollarlos a todos. Otra matanza, que en este libro ya es cosa común. Matar todos los niños de dos años para abajo es cosa salvaje que no tiene disculpa, es cierto. Yo siempre he imaginado este episodio como una masacre, con montones de niños inocentes ajusticiados, al estilo de este libro, a machetazo limpio, por la brava mientras sus madres y padres gritan desconsolados y se tiran de los pelos. Sin embargo, después de consultadas algunas fuentes, parece ser que Herodes nunca hizo semejante cosa. Y si la hizo, los niños menores de dos años nacidos en Belén en aquel tiempo no llegarían a la docena, cantidad que hoy en día tenemos más que degollada para el telediario de las tres sin que sepamos a qué Herodes atribuírsela.
“Al morir Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel…”
Antes de esto, con motivo de la matanza infantil arriba dicha, había huido José con su virginal esposa y el niño a toda mecha pero en dirección contraria. A mí, este José, con tantos sueños, sustos y revelaciones me da un poco de lástima. Él, un carpintero tranquilo y bonachón sin otro afán que sacar virutas con su garlopa, anda ahora corriendo escondido de un lado para otro, tirando de un burro, con el corazón en un puño, durmiendo a ratos entre sueños y revelaciones, con todo el peso de la divina misión sobre sus espaldas. Del burro nunca se ha dicho nada. Ni su nombre ni filiación alguna, aunque pudiera ser que también haya sido un embuste, que salga en las postales porque queda bien, entrañable y la huida y posterior regreso lo hicieran a pinrel.
EL NIÑO JESÚS EN JERUSALÉN.
Cuando el niño Jesús tenía doce años sus padres lo llevaron a las fiestas de Jerusalén, no sé si en burro o andando. Cuando acabaron las fiestas y emprendieron regreso, el niño Jesús se quedó en Jerusalén y sus padres no se dieron cuenta, creyendo que iba en la caravana con otros parientes. Al siguiente día volvieron a buscarlo y lo encontraron en el templo dando palique a los doctores, admirándolos con su inteligencia, dice el libro. Un niño normal se habría quedado jugando a pica, al escondite inglés o filisteo, atiborrándose de la repostería típica del lugar, pero el Mesías no, el Mesías se quedó contrastando pareceres con los doctores y disertando sobre temas serios. Esto a todas luces indica que el niño ya entonces era raro, un niño raro. Cuando sus padres le recriminaron por esto y por el disgusto que tenían, el muchachito les contestó:
“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi padre?”
Y aquí, en la biblia de los locos, este es el momento en que el Mesías se llevaría una buena bofetada por contestón. Que en aquellos tiempos no estaba mal visto ni hubiera extrañado a nadie. Pobre José, además del susto, tener que aguantar esto sabiendo como sabemos que hijo suyo, lo que se dice suyo, no es.- ¿Los asuntos de tu padre? -Pues a ver quién te ha criado desagradecido. ¿Dónde estaba tu padre cuando las caquitas?
ALTO EN EL CAMINO Y ACLARACIÓN.
Voy a hacer aquí un alto y aclaración porque, aunque parezca mentira, en este libro que tengo delante, o faltan páginas, o faltó la iluminación acostumbrada a la hora de escribirlo. Digo esto porque nos hemos quedado sin la infancia y pubertad del Mesías. Nada, que no dice el libro ni una palabra más de las ya dichas. Se nos van los escribientes a contar lo que hizo y predicó Jesucristo con treinta años. ¿A que parece mentira que haya tanto que contar de sus últimos tres años de vida, de su milagrosa concepción, de magos y pastores, de Herodes y niños muertos y nada del Jesús con granos y la edad del pavo? Vamos a ver: Si ya se sabía que este niño era cosa del Señor Dios. Si anduvieron los magos de oriente indagando más de la cuenta porque había una estrella que lo anunciaba. Si se mataron criaturas de menos de dos años por causa de su nacimiento. ¿Cómo es posible que le perdieran la pista hasta los treinta años?
¡VAMOS A VER! ¿CÓMO ES POSIBLE QUE NADIE SEPA NADA DE ESTE NIÑO? ¿ES QUE EN ESTE LIBRO NO SE VA A CONTAR NADA CON NORMALIDAD, O QUÉ?
Se me han de perdonar las voces del párrafo anterior, pero es que hay cosas en este libro que me enfurecen.
Ya decía el Señor Dios en capítulos anteriores que este era un pueblo cabezón y de poca memoria. De ninguna diría yo.
Dando por sentado que fuera el nacimiento de Jesús tal y como aquí se cuenta, con tan misteriosa concepción, a nadie hubiera extrañado que, dentro del milagro, naciera el niño con treinta años cumplidos y barba cerrada. Con bien poca fe de más se habría tenido el asunto por cosa ordinaria y corriente, porque con nacimiento tan fantástico, y muerte tan trascendental como la que tuvo, se echa de menos una infancia y juventud en este libro. Es verdad que la infancia existe fuera de él, en los llamados evangelios apócrifos, pero yo ya tengo bastante con dar término a esta empresa sin meterme en otras nuevas.
PREDICACIÓN DE JUAN.
“Juan tenía un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.”
Dicho así, más parece un hippy montonero que un profeta. Pero este Juan es el artífice del bautismo. Predicaba en el desierto de Judea, confesaba los pecados y bautizaba gritando a los cuatro vientos la venida del hijo de Dios, la hora de la verdad, el juicio final, el acabose. No anduvo fino en los cálculos, porque él lo creía cercano y llevamos dos mil años sin que llegue tal cosa. Yo, que también soy casi profeta, no puedo adelantar fechas, pero llegar llegará, creo que sin aviso previo, porque estamos haciendo méritos para conseguirlo sin que medie ningún Dios en ello, por nuestra cuenta. Si habrá o no juicio final, eso no lo sé, yo creo que vamos a ser aniquilados todos, sin preguntar. Por supuesto que yo, después de escribir esto, en el juicio final no tengo posibilidades, el Señor Dios me apuntará con el dedo y me señalará el camino al infierno sin mediar palabra. La sorpresa será para otros que creen tener el cielo ganado y se van a venir por la misma puerta.
Tanto empeño puso Juan que hasta él se llegó el mismísimo Jesús para ser bautizado, cosa a la que Juan puso trabas, que no es cosa normal que bautice el profeta al mesías profetizado. Es verdad que el Mesías se nos presenta al bautizo algo mayorcito ya, que con las maneras que apuntaba cuando tenía doce años, en las fiestas de Jerusalén platicando con los doctores, podría esperarse un entendimiento más temprano, pero así es como nos lo cuentan aquí. Se ha de decir aquí que Juan el Bautista y Jesús, el Mesías, eran primos, por parte de madre, claro, según se deduce de lo escrito en este libro. Yo no sé si lo que tal vez empezó como un juego siendo niños, (que no sería de extrañar que los pequeñuelos jugasen por aquél entonces a ser profetas unos, mesías otros, centuriones los más brutos, sacerdotes y filisteos dispuestos a crucificarse unos a otros y toda esa mezcolanza de personajes y amenazas con que los mayores andaban) se les fue de las manos a medida que crecieron.
-Que tú eres el Mesías, Jesús, que te lo digo yo. Que llevo años aquí en el desierto diciéndolo y bautizando al personal, y comiendo saltamontes con mi vestido de pelo de camello y mi cinturón de cuero a la cintura.
-Vale. Venga, ahora me bautizas y ya me pongo yo a predicar también.
Allí se abrieron los cielos, bajó el espíritu de Dios en forma de paloma y se oyó la voz del todopoderoso: “Este es mi hijo amado, mi predilecto.”
Y hacía pero que mucho tiempo, en este libro, que el Señor Dios no hablaba así, directamente, sin intermediarios.
Así queda confirmado, sin género de duda, que Jesús es el mesías, el hijo de Dios. Y Juan el Bautista, aplicando la lógica asnal que me caracteriza, es el sobrino de Dios, que no es moco de pavo. Al que no lo tenga claro más le valdría preparar sus tiernas carnes para el fuego abrasador del infierno profundo. Allí nos vemos.

 

REFLEXIONES NAVIDEÑAS II (CARTA A LOS REYES MAGOS)

Queridos Reyes Magos:
Soy un niño de cincuenta y ocho años y hace ahora cincuenta que dejé de escribirles. Dejé de hacerlo porque en la escuela me enteré por otros niños mayores de que lo suyo era todo una patraña. Me enteré en el kiosco al que acudíamos a fumar mientras las inocentes criaturas de nuestra misma edad seguían disfrutando del recreo allá en el patio y creyéndose a pies juntillas que entraban ustedes por la ventana con camellos y todo. Me lo dijo Balboa, que ya por aquel entonces apuntaba maneras y falta de piedad. No empatizaba, que dirían ahora. El caso es que me enteré y dejé de escribir esas cartas que nunca llegarían a parte alguna. Aunque bien pensado nunca agradecí a Balboa que fuera tan honesto conmigo, cruel sí, pero honesto a carta cabal, porque él pensaba que con unos hombrecitos como nosotros, que arriesgábamos reputación y nalgas para fumar un pitillo a escondidas, no pegaba ya esa ignorancia ñoña. Cuando lo soltó allá en el kiosco, entre volutas de humo, lo dijo como si fuera una cosa sin importancia para que la importancia recayera toda en su persona. Se armó una buena trifulca porque alguno de los ignorantes no encajó la revelación como encajamos estas cosas los hombres bien templados. Yo, por el contrario, le di una larga chupada a mi cigarrillo, miré de soslayo a Balboa entrecerrando un ojo y dije lentamente, con parsimonia, como sin ganas, -Ya me lo temía, no me coges de nuevas, Balboa. Más tarde, cuando salí de la escuela, ya lloré camino de casa todo lo que quise, pero allí, en el kiosco, allí aguanté el tipo.
Entonces, se preguntarán sus majestades, si no crees en nosotros ¿por qué nos escribes?
Pues es que ahora vuelvo a creer. No me ha quedado otro remedio que volver a creer un montón de mentiras que ya tenía abandonadas. Me trago, cada día, una mentira detrás de otra, sin descanso. En la tele, en el periódico, en internet, en la puta sopa. Los que tienen sueldos, pensiones y privilegios de emperador piden más sacrificio y menos protesta. Dan lecciones de honradez los que meten la mano en el cajón y tragan a dos carrillos. Pregonan trabajo duro y sacrificio los vividores de coche oficial, profesionales de la comisión y la mordida. Hablan de bienestar, de derechos, de logros, metas, avances, éxitos, beneficios y recompensas los que las disfrutan y reparten. Piden respeto por la ley y la justicia los que la tienen comprada. Y todo me lo creo. Todo. Por eso me ha costado muy poco volver a creer en ustedes, los Reyes Magos de Oriente. Ha sido súper fácil, que diría mi prima la cursi.
Bueno, ahora voy con la parte de petición que me corresponde.

Queridos Reyes Magos:
Quiero un traje de político de la talla 54 para poder mentir, comer, viajar y follar a costa del erario público, tener pensión asegurada y todos esos privilegios sin importancia que mis votantes me otorgan con alegría y aplauso.
Instrucciones de entrega.
Dejaré la puerta de mi casa abierta para que no tengan ustedes que andar a sus años saltando por las ventanas ni corriendo riesgos innecesarios. Una vez en el pasillo, la segunda puerta de la derecha es el dormitorio de mi madre, ya es mayorcita la pobre y tiene el sueño ligero, entren despacito y con cuidado porque como despierten a mi madre salgo y los deslomo. Los camellos se dejan fuera, ataditos en la baranda del porche.
No busquen golosinas porque no voy a dejarles ninguna, que los he visto estos días en la tele y están ustedes algo más que fondones.
P. D.
A ver si una puta vez traen ustedes lo que les pido.

 

LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.

Yo, como ha sido mi costumbre desde que inicié este particular análisis, seguiré en esta segunda parte de “La Biblia de los locos” regalando alegremente esta ignorancia que me consume y dejaré que sean otros, mucho más instruidos, los que juzguen. Estos, los instruidos, han manejado este mundo desde tiempos inmemoriales, han decidido lo que sí y lo que no, lo que es cierto y lo que es falso, lo que se ha de hacer y lo que no se ha de hacer. A mí, lo que han hecho con el mundo en estos miles de años, me espanta. No sé que habría sido del mundo si otros más ignorantes y menos preparados hubieran tenido vela en este entierro, pero sospecho que no lo habrían hecho peor. Yo, personalmente, aprecio más los consejos y opiniones de los que esta clase culta y formada considera ignorantes sin instrucción, porque están libres de dogmas y de catecismo interesado y por eso, como parte de este colectivo de borricos, digo lo que digo. Soy un borrico desde mi más tierna infancia. Así que me llegué a la escuela, ya certificaron esta condición. No progresaba adecuadamente, no prestaba la atención que mis maestros creían merecer, no participaba del maravilloso proceso de aprendizaje planeado para mí. Tenía la cabeza en otros asuntos más interesantes, divertidos, placenteros y humanos. Hoy, aceptada esta condición, disfruto de ella y veo la vida desde una perspectiva diferente y extraña para todos aquellos que progresaron adecuadamente, prestaron atención y se creyeron la fritanga educativa de los instruidos. Veo la vida con mis gafas oscuras, muy oscuras, con cristales ahumados. Me las ha recetado el oculista, no me las quito porque, no sé si a ustedes también les pasa, o si será la edad, el caso es que cada día veo más gilipollas. Digo esto porque se sepa qué tipo de cavernícola montaraz es el autor de esto que tienes ante los ojos.
Seguiré pues con el Nuevo Testamento. No sé por qué sigue llamándose así si tiene años suficientes como para llamarle viejo.
LA BIBLIA DE LOS LOCOS. SEGUNDA PARTE.
CAPÍTULO 1º
Al lector. “Si encuentras una verdad, algo importante que decir, ni se te ocurra abrir la boca”.
Concluida la lectura trivial e ignorante del Antiguo Testamento debería de haber quedado claro y explicado para todos, los miembros del pueblo elegido y los que no lo somos, que el Señor Dios hace y deshace a su antojo, que no tiene que rendir cuentas ante nadie, que los hombres no tienen que entender las divinas razones y que esto que estás leyendo es uno más de los pecados que acostumbramos a cometer los que, a modo de relleno, poblamos la tierra sin haber sido elegidos. No es de extrañar, pues no se espera otra cosa de nosotros que el deambular desorientado entre el terror divino y la bestialidad a la que nos inclina nuestra humana condición, la mía por lo menos. Hora disfrutamos de la paz y el progreso, hora nos exterminan por ocupar un espacio reservado a los que, a los ojos de Dios, lo merecen. Yo lo prefiero así. Que nadie tenga para mí un plan, ni expectativa tan elevada, que convierta mi paso por la tierra en una sucesión de pruebas estúpidas. Que no tenga yo un glorioso paraíso sin el que poder quedarme, ni el deseo de lograrlo que me trastorne el espíritu convirtiéndome en esclavo de las reglas que lo alcanzan.
Empieza el Nuevo Testamento con los evangelios. Son cuatro. Tres sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Y el de Juan. Si alguien está esperando que yo explique aquí por qué estos cuatro y no otros, por qué estos nombres y categorías, se ha equivocado de libro, eso queda bien claro leyendo el cuento de los tres cerditos. Tampoco pienso explicar el por qué este Nuevo Testamento discurre paralelo y cumpliendo mansamente las profecías del Antiguo Testamento. Cada cual lo interprete según su criterio, si es que ha sido capaz de conservarlo formando parte de este rebaño amaestrado en que nos hemos convertido. Baste decir que estos cuatro evangelios son los que la iglesia católica reconoce como inspirados por Dios, y esto mismo me hace a mí dudar de ellos. El por qué otros no estaban inspirados por el Señor Dios, es algo que explican los doctores de la iglesia con argumentos y razones que ya sabemos todos a qué suenan.
Jesucristo se limitó a predicar la buena nueva al pueblo sin escribir cosa alguna, que se sepa. Nada tiene de extraño dando por sentado que es hijo, según se asegura en este libro, del mismísimo Señor Dios. Al igual que su padre lo suyo es iluminar, por medio del espíritu santo, a aquellos que han de escribir su palabra y hechos, sin dejar ni una letra propia y así, al leer el Nuevo Testamento, nos encontramos ante la misma disyuntiva que nos presentaba el Antiguo Testamento. ¿Es lo que leemos palabra de Dios y verdad? ¿O es palabra de hombre y por lo tanto atiborrada de mentiras?
Yo, después de tantas horas dedicadas a la lectura de las creaciones, maravillas y prodigios de su santo padre, no quiero asegurar nada. Sospechas tengo, pero seguro solo estoy de una cosa, “la que no hace distinción”, me ha de llegar y acabarme. A mí y a todos. Es verdad que mandar un hijo al matadero, para redimir a quienes han de matarlo, es cosa que cuadra con las divinas ocurrencias que ya conocemos y es hecho cuya comprensión no está al alcance de mi pobre condición. Porque a mí estas ocurrencias que se dan por divinas, como divinas no las entiendo. Como humanas, salidas de mente humana, iluminada además, sí. Ya las entiendo. .
Dicho esto seguiré con mi lectura ignorante y despreocupada. Y escribiendo sin otra iluminación que la bombilla acostumbrada.
Siguiendo con lo que en este libro es tradición, los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas son, básicamente, la misma cosa contada tres veces. Repetición. El de Juan también cuenta esto mismo, pero con otro aire. También es costumbre que sean contados los hechos y milagros por gente que no estuvo en ellos. Yo, que tampoco estuve allí, lo contaré una vez sola, a mi ignorante entender y manera, basándome en lo que ellos y otros escribieron y sin atreverme a suponer que lo que yo escribo ahora fuera alguna vez verdad cierta.
LOS ASCENDIENTES DE JESUS.
Lo primero: genealogía completa desde Abrahán hasta la concepción virginal de Jesús. Aunque de la concepción virginal, Marcos y Juan en su evangelio no parecen saber nada. Es cosa bien extraña que naciendo Jesucristo de mujer virgen no hagan estos escribientes ni mención. A mí me parece tanto milagro este como separar las aguas del mar Rojo, si no más. Porque las aguas son al fin y al cabo aguas, sometidas a unas leyes físicas que el Señor Dios controla a la perfección, pero las mujeres no están sometidas a ninguna ley física. Ni entonces ni ahora hay ley física que explique ni controle lo que una mujer puede hacer o no hacer según su propio criterio, ni un Dios capaz de manejar esos genios. Otra cosa me pregunto: si, según se cuenta en este relato, es José quien desciende del rey David, y la virgen María concibió por medio del espíritu santo, sin tener relaciones con José, ¿cómo se puede mantener que Jesús descienda del rey David? Cientos de expertos y estudiosos se han encargado de explicar esta curiosa cuestión con argumentos irrefutables, es decir, indemostrables, es decir, que cada uno crea lo que le venga en gana. Lo que sí está claro es que, por parte de su madre, el árbol genealógico de Jesús está llenito de mujeres de dudosa reputación. Tamar, que se hace pasar por prostituta. Rajab, que es prostituta declarada. Rut, que tuvo que meterse debajo de alguna manta y Betsabe que engendró a Salomón entre homicidio y adulterio. Esto no es cosa mía, esto lo dice el libro. Con estos antecedentes la vida de este chico ya promete. A mí me gusta.
ANUNCIO Y NACIMIENTO DE CRISTO.
Aquí el Señor Dios va a mostrar de nuevo su poder en asunto de concepciones. Un nuevo reto, pues ya no se trata de hacer concebir a una hembra estéril, cosa más que dominada a estas alturas, sino de hacer concebir a una mujer sin que nadie le toque un pelo. Y esto ya requiere, o más poder para realizarlo, o más fe para creérselo. Ya había quedado bien claro en el Antiguo Testamento que al Señor Dios estos asuntos de la concepción y fertilidad femenina le apasionan, ahora, en esta nueva entrega, asistimos a un nuevo y más ambicioso proyecto. La concepción sin contacto. Ojito, porque esta tecnología en según qué manos…
María era una joven virgen prometida a un hombre descendiente de David, llamado José. Un día, cuando María estaba quitando bolas a un jersey de lana, se le apareció un ángel que se llamaba Gabriel y le dijo:
-Oye María, si te cuento una cosa no te la crees.
María, asustada por el fogonazo que desprenden los ángeles al aparecerse, le contesto sorprendida.
-¡Ay por favor! ¿Qué me dices?
-Agárrate.- dijo Gabriel, y sacándose de la pechera una libreta de apuntes leyó –Vas a ser la madre del hijo de Dios. Vas a concebir un hijo altísimo. No, perdón, del Altísimo.
-¿Pero cómo? Dijo María. –Si yo no tengo relaciones.
A lo que el ángel Gabriel, mirándola de arriba abajo, le contestó.
– Pues, querida mía, no será porque no las merezcas. Bueno, a lo que vamos, tú queda tranquila. Eso es cosa nuestra. Ya el espíritu santo tiene instrucciones precisas.
Y allí se quedó María, pensando cómo explicarle al pobre José que un ángel del Señor había decidido arruinarles la boda.
Conviene recordar que en aquel tiempo era cosa más que común la aparición de un ángel del Señor en cualquier vereda, sendero o encrucijada, con órdenes, mensajes o promesas, según convenga a la historia y a lo que el Señor Dios tenga en proyecto. Y esto que contado hoy, en boca de una virgen, daría mucho que hablar y con los huesos de María en alguna clínica siquiátrica, no extrañó entonces a nadie.
Por si acaso, el Señor Dios mandó un ángel para que, en sueños, sin fogonazos ni sobresaltos, pusiera a José en antecedentes. José creyó, aceptó y consintió. Ni una mala palabra salió de su boca. Tengamos también en cuenta que los ángeles, en aquellos tiempos, encajaban muy mal la falta de fe en sus apariciones. Y tenían potestad, otorgada directamente por el Señor Dios, para dejarte ciego, mudo o tullido si ponías en duda sus palabras. Y esto también ayuda a creer. Sí señor.
Ahora, la época presente, estas cosas importantes te las dan por escrito y con tres copias, para que no haya falsas interpretaciones y quede constancia de qué es lo que se dijo, cómo se dijo, cuándo se dijo y quién lo dijo. Sin fogonazos ni angelotes.

REFLEXIONES NAVIDEÑAS

OTRA NAVIDAD Y JESUCRISTO QUE NO VUELVE
Aquí está otra vez. Yo juraría que no han pasado 365 días, que cuando era pequeño los años duraban más. La Navidad, el nacimiento de Cristo, el hijo del Señor Dios, ese que gobierna el universo todo, todo. Que es capaz de manejar la creación de una supernova más allá del universo conocido, sin dejar de tener un ojo puesto en cualquier hincha de la Ponferradina, a ver qué pecados comete. Un tío increíble el Señor Dios. Nos hizo a su imagen y semejanza. Esto tiene que ser afirmación humana, porque un Dios que se precie y se tenga por tal, no puede andar por el inmenso orbe cacareando a los cuatro vientos que este ser atolondrado y estúpido es imagen y semejanza suya. Sería el hazme reír de los demás Dioses. Los dioses de los otros, los malos. Afirmaciones del ser humano, verdades irrefutables, dogmas inequívocos. Como que la tierra era plana y el sol giraba a su alrededor. Nada de malo tendrían estas verdades si no fuera el hombre tan aficionado a inventarlas como a matar al que no se las crea. Así, matando cada cual con su verdad, nos hemos presentado en esta Navidad 2015
Yo, personalmente, lo que se dice en persona, no he matado a nadie. Animales tampoco. Todos los que me como llegan a mi mesa ya muertos, perfectamente etiquetados y con su registro sanitario. Ya sé lo que está pensando mucha gente pero no quiero hablar de esto, no voy a hablar de esto, yo no he matado a nadie, no te escucho, no te oigo, no no no no la la la la la la la la la la la la la…
A ver, coincidiendo con esta Navidad, yo quiero presentar una queja, hacer una petición al sumo hacedor. Se me trajo a este mundo sin contar conmigo para nada. Además yo creo que demasiado pronto porque llegué siendo un perfecto inútil. Incapaz de nada. Me hubiera gustado presentar esta queja entonces, pero ni hablar podía. Y aún cuando hubiera sabido hablar, ¿cómo consigo yo que mi queja sea tenida en cuenta y se le dé la importancia necesaria si apenas sujeto la cabeza quieta y me hago las necesidades encima? Es verdad que se me ha ido el tiempo entre unas cosas y otras y me he metido en los cincuenta sin presentarla, pero así lo hago con más fundamento.
“Que no me gusta el sitio, jefe, que me cambies de destino”.
Bueno, aquí lo dejo, que ando muy atareado tensando la zambomba para los villancicos, poniendo nacimiento, árbol, espumillón, luces, guirnaldas y una sonrisota de oreja a oreja.
Haya salud y suerte.